12 de octubre de 2016

Llaves

Cierra la puerta.
Baja un paso
y otro
y otro
y otro mas.

Echa la llave
de otra puerta
baja la escalera
un escalón
y otro
y otro
y otro más.

Suspira.

Un manojo de llaves
doradas
plateadas
de cristal
de madera
de lustroso latón.

Suspira.

Echa otra llave.

Llaves construidas para cerrar y abrir las puertas secretas
propias
de otros.

Guardiana de puertas que ni siquiera entiende.

Sale del pasillo, se quita los zapatos. Ahí está el hilo.

Primero un pie, luego el otro
Funambulista, niña, artista
Las plantas de los pies hechas un callo
sangre manando de la cicatriz perpetua
de la tanza

Primero un pie, luego el otro
Sin venda en los ojos, sin pértiga en las manos
cruzando de nuevo el hilo afilado, hacia un nuevo amanecer
¿Llegará algún día al último?

Los pies sangran, las piernas arden
la espalda se acalambra
bajo el peso de los días, de los años, de las dudas
del miedo, de los errores, de los reproches, del tiempo transcurrido

Pero avanza. Primero un pie, luego el otro.
Mirando a ratos estoicamente el vacío que bajo el hilo espera

Hay días en avanza por el hilo entre carcajadas y pasos de baile, cantando a gritos mientras da volteretas sobre la frágil tanza, que en esos momentos parece indestructible.

Hoy no es uno de esos días.
Hoy sus pies se aferran al hilo entre gotas de sudor que amenazan con hacer resbaladizo el camino. Hoy el silencio se le clava entre las sienes y siente entre sus brazos el peso propio y ajeno. Hoy la tanza parece frágil, quebradiza y traicionera. Hoy las lágrimas le manchan la sangre de los pies.

Sabe que no pasa nada, todos los días son necesarios y hermosos. Sabe que mañana se sentirá aliviada del camino recorrido y lo recordará con amor. También sabe que necesita sentir el dolor en toda su crudeza. Y sabe que debe hacerlo sola.

Hay tanta soledad en la vida del funambulista...
A veces es soledad ansiada, silencio brillante y luz de luna en la piel.
Otras veces es soledad odiosa, gritos mudos y el frío horadando los pulmones.

Primero un pie, después el otro
deslizándose por el hilo de pescar
caminando hacia la próxima meta, el próximo descanso
Con el manojo de llaves a la cintura
con la mochila llena de sueños
con la piel llena de heridas
con los ojos llenos de vida
y de llanto
y de risa
y de sangre
y de amor

Con cosquillas alrededor de la cintura
amoratada
enamorada

Con el apunte de náusea
y las perlas en los dedos
brillando como pequeñas lunas

Funambulista, niña, artista

Funambulista
Recorriendo el hilo
manteniendo el equilibrio
aceptando cada día el riesgo de caer
aceptando cada día el riesgo de llegar
caminando
sangrando
riendo
bailando

Niña
Sintiendo el miedo a la oscuridad
brillando de inocencia
y entusiasmo,
oliendo a flores frescas
saltando
cantando
jugando
volando

Artista
Llevando cada instante a su máxima perfección
puliendo los detalles como delicadas joyas
dejando el alma
rozando
creando
amando
fluyendo

Funambulista, niña, artista
recorriendo cada noche su hilo de pescar
lleno de luces

Qué lejos parece hoy la meta, y qué engañosa es esa percepción. Lo sabe. Lo sabe tanto que le dan ganas de cortar el hilo, de caer, de descubrir qué demonios ocurre si se deja ir hasta el fondo más profundo, hasta el suelo de ese engañoso abismo que le acompaña a cada paso.

Pero no.

Primero un pie, después el otro
Sin prestar atención a las llaves que tintinean en su cintura
con las voces de las puertas abiertas
y cerradas
entre tantas escaleras resbaladizas.

Llaves de metal, de madera, de corcho, piel y cristal
Llaves que se abren a mundos luminosos o a nuevos abismos oscuros
Llaves propias y ajenas
Llaves que esperan

El pie roza el final
Suspira.

Funambulista, niña, artista.
Duerme. Respira.
Sigue viviendo orientada hacia esa luz.
Mañana será más dulce
mañana será distinto
tan bello como hoy
pero de una forma nueva y desconocida.



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