2 de agosto de 2016

Reapareciendo

Madre mía, cuánto tiempo hacía que no volvía a este rinconcito. Han pasado tantas cosas...
¿Cómo empiezo yo a explicarme?
¿Cómo me disculpo yo antes las tres personas que leían regularmente?
¿Cómo comienzo a contar lo que ha pasado en estos meses?

No escribo aquí desde enero, y sin embargo no he dejado de escribir. Una historia que se llevaba construyendo en mi cabeza desde hacía años sin yo saberlo me estalló en los dedos y me cautivó cada segundo que pasaba fuera del trabajo.
Me asaltaban ideas de entradas, y me apetecía volver al Baúl, pero la incipiente historia necesitaba de toda mi atención. Como un bebé recién nacido, una hoguera que acaba de prender, o una planta que apenas brota, amenazaba con quedar en nada si no cuidaba de ella a cada instante, alimentándola, amándola.

Y pasaron los meses.
Pasaron las páginas de los cuadernos en los que un mundo nuevo se entretejía.
Pasaron las páginas en Word, construyendo vidas imaginarias cada vez más reales.
Pasaron los vientos de ese invierno tan extraño que nunca llegaba a ser invierno del todo.
Pasaron las horas en yoga.
Pasó una lumbalgia.
Pasaron las hojas de una agenda saturada.
Pasó una neumonía.
Pasaron las tardes en el centro de salud, enganchada a la bombona de oxígeno 40 minutos al día.
Pasaron las noches de tos.
Pasó un bloqueo creativo de tres meses.
Pasó la incorporación de dos nuevas miembros de la familia, pequeñas, peludas y maullantes.
Pasaron las semanas de mayor estrés de mi vida laboral y personal.
Pasó un gran final.
Pasó un shock.
Pasó una nueva oportunidad.
Pasaron cinco días maravillosos en Italia, entre los muros de Florencia y sobre las calles de Pisa.
Pasaron unas segundas elecciones.
Pasó un comienzo de verano.
Pasaron muchas risas y muchos llantos.
Pasaron varias revelaciones...
Y aquí estamos.

Resulta que, de manera totalmente inesperada, la vida me lanzó al destino que llevaba desde los ocho años barruntando, imaginando para más adelante... Hasta que más adelante se presentó en mi puerta cargado de páginas en blanco, diciéndome que ya era hora y que me sentase de una buena vez a hacer lo único que he deseado hacer toda mi vida.

Y en todos estos meses primero no tuve ganas, más tarde no tuve tiempo y por último no tuve inspiración para volver a este rincón.
Pero esta noche, ahora que empiezo a sentir con todo el corazón que las letras son mi profesión, ahora que he diseñado una estrategia, una rutina, y tengo un cuaderno amarillo como muleta para ser productiva y que esto funcione de verdad, he sentido unas ganas inmensas de volver aquí. De abrir las ventanas, airear los cuartos, poner cortinas nuevas, tirar ese espantoso sofá y llenarlo todo de palabras a estrenar.

Porque ahora que todo mi tiempo se desgrana entre páginas de papel y páginas de pantalla, no puedo estar escribiendo sólo fantasía, ni largas historias inventadas. Necesito otros formatos, otros tonos, otros sonidos que me alimenten.
Y, qué coño, tengo unas ganas locas de derramar un poco de mis barruntos diarios, mis tonterías y mis opiniones de nuevo. Éste no deja de ser mi sitio.

Tengo que confesar que, en parte, ninguna entrada me parecía lo bastante buena como para desterrar a la que durante todos estos meses ha encabezado el blog. Me encanta ese post, y me daba pena relegarlo. Pero ya es tiempo de seguir, aun teniéndolo presente a cada paso.

No sé de qué voy a escribir a partir de ahora. Tal vez aparezcan aquí retazos de la otra historia, que crece hermosa y lozana. O me dedique a hacer monográficos sobre esas mininas que últimamente me revolucionan la casa y los abrazos. O, como siempre, un día despotrique sobre política y otro me ponga moñas, mientras que un tercero me da por soltar el subconsciente a sus anchas. Qué más da.

No prometo plazos, porque a saber. Dependiendo de la inspiración y el tiempo, igual desaparezco un mes que planto tres entradas en un día. ¿Qué más da? Al fin y al cabo disto mucho de ser una influencer, y bien poco que me importa. Este blog lo leen tres amigos, dos cotillas, las hordas de quienes, como yo, no soportan El Principito y la manada de salidos que buscan cómo tener sexo en Blablacar y aterrizan en este post y en éste otro.
Éste ha sido siempre un baúl donde echar lo que me parecía y así seguirá de momento. Espero que disfrutéis de lo que venga, y os pido disculpas si me habéis echado de menos estos meses.

Y si no, pues no pasa nada. Yo vuelvo igual y os quiero de todas formas.

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