19 de agosto de 2016

Carta a un convulso 2016

Querido 2016,

Estás que no paras, ¿eh?
Desde que llegaste he oído a muchísima gente cagarse en ti. Creo que eres el año más odiado que he visto en mi vida.

Y no hablo de los acontecimientos grandes. Porque aunque estemos sin gobierno y haya habido atentados, guerras y horrores, en ese sentido hemos tenido años peores.

No. Yo hablo del terremoto que estás causando en las personas.

Y es que a todos nos están pasando mogollón de cosas desde que tú llegaste, y la mayoría han sido bastante revulsivas. Despidos, rupturas, enfermedades, cambios forzosos de casa... Lo que mucha gente consideraría "putadas".

Yo no lo veo así, la verdad. Creo que la inmensa mayoría de los cambios son para bien y que nos falta desapegarnos de lo viejo y aceptar lo bueno que pueda venir.
Pero claro, eso no significa que cuando me diste a mí mi gran cambio hace unos meses no me hinchase a llorar. Pá qué te voy a mentir.

Ayer el cambio le tocó a C. Me he enterado esta mañana y me he quedado pensativa. Y he decidido escribirte esta carta.

Gracias, 2016. De corazón. Por estar ayudándonos a todos a cambiar de etapa, a encontrar nuestro sitio. Estás forzando cambios que probablemente nunca hubiésemos escogido, pero que nos están sacando de nuestra zona de confort y nos están llevando a ser mejores. Nos estás llevando por caminos nuevos que dan mucho miedo y nos obligan a respirar hondo y explorar. Y eso es maravilloso.

Mi madre tenía la teoría de que los años pares son peores que los impares. Para mí era al revés: los pares eran la leche y los impares unos indeseables. Cuando cambié el chip, me di cuenta de que en mi vida los años impares habían sido años convulsos, de sembrar cosas que florecían en los años pares.

En tu caso, te estás saltando mi norma (sigues más bien la de mi madre). Y es interesante, porque el 2015 estuvo petado de cambios y cosas que yo interpreté como sembrados... Pero este año no estamos cosechando demasiado, más bien seguimos sembrando.

Eso, por un lado, me preocupa. Porque puede significar que vamos a tener 3 años seguidos de cambios y siembras, para volver a recoger en año par (2018 nada menos). Pero por otro lado, me flipa. Porque con tantos sembrados tan nuevos e inesperados, la cosecha va a ser la leche.

En cualquier caso, todos sabemos que la división en años de enero a diciembre es una arbitrariedad. De hecho, si yo catalogase mi vida en años por acontecimientos, mi año nuevo comenzó en noviembre de 2015, cuando cambié de casa y curro.
Pero tú me entiendes. La sociedad se nos mete en el cerebro y nos hace contar las cosas enmarcadas en calendarios.

Estoy divagando mogollón, 2016, perdona. 

Aún te quedan más de 4 meses con nosotros, un tercio de tu vida en el que te da tiempo a un montón de cambios más. Y no sabemos si tu primo 2017 vendrá en el mismo son o en otro. Es emocionante pensarlo.

Yo sólo te voy a pedir un poco de amor, de calorcito, para todos a los que nos estás cambiando la vida. Para C., para Alano, para Melazzura, para el chico del sombrero, para Vidya, para Quero, para mí... Porque por mucho que nos gusten las montañas rusas, a partir del quinto looping nos entra un apunte de náusea en el estómago y sudores fríos. Y en ese estado cuesta recordar que nos hemos subido a esto porque nos hace felices, y aceptando los loopings que tengan que venir.

Eso es todo, querido año 2016. Espero que estos cuatro meses sean geniales. Y no dejes que te llamen annus horribilis, que no te lo mereces. Nos estás ayudando a evolucionar.

Un abrazo,

La Buhonera.

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