16 de diciembre de 2015

Ir a la Universidad no debería servir para nada

Con el acoso electoral de estos días, una oye muchas tonterías opiniones. Algunas pasan sin dejar nada. Otras llaman la atención. Y unas pocas se quedan dando vueltas en mi cabeza hasta que salen de nuevo en forma de post.

Hemos oído hablar bastante en estos meses sobre la educación, y la Universidad. Precios de matrículas, contenidos, salidas profesionales, privatización... Parece que todos los partidos quieren hacer reformas universitarias, como si con la catástrofe de Bolonia no hubiésemos tenido suficiente.

Una de las opiniones que me llamó la atención fue la del ministro de educación, que opina que en España hay demasiados universitarios. Es una opinión que me hizo pensar.

¿Hay en este país demasiados universitarios?

Pues depende.

Si el objetivo de la Universidad es que cada persona que estudie en ella tenga una profesión cualificada, pagada al nivel de su titulación y en el ámbito laboral en el que ha estudiado... sin duda. Hay demasiados universitarios, demasiados licenciados, graduados y másters que jamás van a ejercer su profesión.

El tema es que yo no pienso que la Universidad sirva para eso.

Nadie debería estudiar una carrera para trabajar de sus estudios, nadie debería estudiar una carrera buscando salir de ella con un trabajo. Eso es una aberración.

Todo el que empieza una carrera debería hacerlo por vocación pura, por pasión, con entusiasmo. Sin tener ni por un momento en su cabeza las palabras "salidas", "trabajo", "pragmatismo" o "sueldo".
Todos deberíamos estudiar lo que nos apasionase o aquello en lo que destacásemos, simplemente por el placer de desarrollar nuestra pasión o nuestro don.

Lo sé, soy una idealista y una perroflauta que no vive en este mundo. Al precio que están las carreras, como para hacerlas por amor al arte, o estudiar cosas como filosofía o bellas artes que no sirven para nada.

"Que no sirven para nada"

Cuidado.

Yo estudié periodismo, el paradigma de las carreras que "no sirven para nada". Una de las carreras con más paro de España, con chorrocientas universidades, de la que cada año salen miles de licenciados y graduados, cuyo único futuro como periodistas será ser becarios, como ya expliqué aquí y aquí.

Profesionalmente, se podría decir que mi carrera no me ha servido para nada.
Pero es que yo la volvería a hacer, una y mil veces.

Porque en mi carrera aprendí un montón de cosas. De periodismo poquitas, la verdad. Pero aprendí un montón sobre relaciones internacionales, de economía, de sociología, de técnicas para redactar, e incluso de psicología. Aprendí muchas cosas muy útiles, que me abrieron la mente a muchas disciplinas nuevas y alimentaron mi curiosidad patológica.

Yo estudié periodismo por vocación, nadie estudia periodismo porque tenga más salidas que otras carreras. Y me alegro.
Y el ser capaz de decidir una carrera por vocación me ha permitido tomar decisiones profesionales que me han hecho feliz, por encima de opciones que me habrían hecho más fácil la vida económicamente. Y me alegro mucho.

He visto a muchos compañeros de instituto hacer carreras como ingeniería sin vocación ninguna, sólo por tener asegurado un trabajo. Y les he visto más tarde quedarse en trabajos que odiaban, sólo porque ganaban un dineral.
He visto a compañeros opositar sin medida, simplemente por tener un trabajo fijo que les permita salir a su hora y vivir al margen de ninguna profesión.

Y me parece la muerte del espíritu.


Que no se me entienda mal, todas las opciones de buscarse la vida son igualmente dignas. Pero esa necesidad de hacerlo buscando el inmovilismo (estabilidad lo llaman algunos) y el dinero me parece tristísima.

Lo mejor que nos puede pasar es que ir a la universidad no nos sirva para nada, profesionalmente. Que estudiemos algo que nos guste, que nos motive y nos llene, y haga que esos años sean ilusionantes y nos hagan felices, y nos permitan desarrollarnos y hacer actividades que nos gusten y nos enriquezcan.
Porque así, conseguiremos que la universidad cumpla SU ÚNICO PROPÓSITO, que es formarnos. De buscarnos trabajo nos tenemos que encargar nosotros, con nuestras habilidades, no con un papelito que diga que somos una cosa u otra.

El problema es que nosotros mismos nos hemos creído el cuento, y vamos a estudiar la carrera convencidos de que vamos a vivir de lo que estudiemos. Y no. Muy pocos vivirán de ser filósofos teóricos, o artistas, o filólogos clásicos. Pero es que eso es lo de menos.
Lo importante es que lo aprendido sirva para seguir progresando, en el ámbito que sea.
Porque tal vez aunque estudiases matemáticas puras, tu futuro está en el diseño de modas. A saber. 

Lo importante es la vocación, la pasión. Si entras en la carrera como una ameba, esperando que a la salida te den el trabajo con el título sólo porque has estudiado, te vas a decepcionar. Mucho.

Así que, señor ministro, no hay demasiados universitarios en España. Hay demasiado pocos. Lo que hay son demasiados equivocados que piensan que la universidad es la siguiente etapa tras el instituto, al final de la cual está el trabajo que tendrán para el resto de su vida.

Por lo tanto, en vez de cerrar universidades, o recortar carreras, o hablar de carreras más útiles que otras, animemos a formarse a quien quiera formarse, sin juzgar mejores unas carreras que otras, y dejando claro que estudiar una carrera no tiene por qué ser algo que sirva para darte un trabajo indefinido. En absoluto.

Sirve para cosas muchísimo más importantes.