22 de enero de 2015

Otoño en el invierno

Una hoja cayó
sobre su pelo.

La miró,
tan hermosa
tan perfecta
tan sencilla.

¿La hoja o ella?
Tanto daba

Era belleza
era la pureza de las cosas reveladas
era el aliento cálido que pone los pelos de punta.

Sonrió.

Las hojas caían y caían
en un otoño atrasado en el calendario
¿pueden madurar las granadas en enero?
Sólo en los sueños…

Mejor hojas
que la nieve que el invierno a veces regalaba
motas blancas de frío helador, de muerte, de agua rota y paralizada
¿Cómo podía gustarles la nieve?
cubría el mundo de silencio, de un manto de blanco, color de muerte, color de frío
color de olvido

Mojaba los pies y el corazón
hacía inseguros los pasos.

¿Cómo podían amar la nieve?

El otoño traía el dorado y rojo de las hojas
la tibieza de la leña
los cielos jalonados de nubes
grises y blancas
y más oscuras
y la lluvia que cantaba y arreciaba
como una cortina

La primavera la explosión de los colores
y las alergias
el verdor
más lluvia

Y el verano el amarillo del sol
el turquesa del cielo despejado

Sólo el invierno estaba muerto y sin color
con aquel manto de luto (pues blanco es el color de la muerte en realidad)
sobre árboles y montes.


Volvió
a ver la belleza de aquella hoja seca en su pelo
entre sus rizos
en su belleza
y alargó la mano, sin saber si quería retirar el regalo otoñal
o acariciar
lo mismo daba

Se giró y le miró
con aquellos ojos
hechos de luz
de sol
hechos para sonreír
para tocar el corazón

Y se acordó en aquel momento de todas las tonterías escritas
por poetas
por músicos
sobre corazones detenidos y música de violines
el amor no era eso
el amor era vivir el instante perfecto
cotidiano
con hojas sucias en el pelo
con Camela sonando en los balcones
con frío en las manos
y calor en el sexo
(pues amor sin sexo poco amor resulta)
y sentir que es perfecto

Con Camela
Con el frío
Con el calentón
Sin vestidos de princesa ni promesas dichas

Perfecto en su normalidad
perfecto como el tacto de su piel
llena de pequeñas irregularidades
que nada tenían de imperfecciones
porque le daban humanidad
¿Y qué hay más perfecto que lo que nos hace humanos,
si fuimos los humanos quienes la perfección inventamos?

La miró,
tan hermosa
tan perfecta
tan sencilla.


Tan otoñal en aquella mañana de invierno…