9 de octubre de 2015

Herramientas mágicas: Desapego

Llevo tiempo pensando en hacer una pequeña serie de entradas con emociones o actitudes que creo que son muy buenas y que muchas veces no conocemos ni utilizamos. Las que quizás podemos llamar "herramientas mágicas"...

El desapego es una herramienta especialmente mágica y poderosa, pero es complicada de entender, y a veces también de poner en práctica.

El desapego es duro porque, para que funcione, se debe aplicar por igual a quienes nos sacan de quicio y a quienes queremos. Y eso es más complejo de lo que parece.

Pero, ¿qué es el desapego?
El desapego es dejar de sentirnos atados a lo que nos rodea. Que no nos importe cómo nos hablan los demás, qué desgracias nos llegan ni quiénes estén de nuestro lado.

Pero, ¡atención! Desapego no es pasotismo, indiferencia ni desidia. Yo puedo amar intensamente a una persona y estar desapegada de ella. ¿Qué significa eso? Que sé que no necesito a esa persona, que mi amor es un amor sin dependencia, que sus opiniones sobre mí no me afectan y que si un día se marcha, yo podré seguir siendo feliz.

El desapego nos permite saber que lo que ocurre en nuestra vida sólo nos hace daño, o nos condiciona emocionalmente, si lo permitimos.

Por ejemplo, si yo soy una persona insegura, con la autoestima baja, estaré tremendamente apegada a la opinión que otros tengan de mí. Y una crítica me hará sentirme profundamente infeliz, mientras que un elogio me hará brillar.
Si estoy desapegada de las opiniones ajenas, lo que me digan no me afectará emocionalmente. Podré ver si son ciertas o falsas sus apreciaciones, pero nunca dejar que condicionen cómo me veo yo. Porque no hay apego.

El desapego sirve para ahorrarnos angustias, miedos y enfados malos para nosotros.
Si, por ejemplo, un amigo nos ataca verbalmente, el desapego nos permite responderle con serenidad y sin dar ningún valor extra a sus palabras. Es lo que él piensa (o lo que el enfado le hace decir), así que simplemente lo aceptamos, y seguimos nuestro camino. No tiene nada que ver con nosotros. No estamos apegados a esa persona, ni a las opiniones ajenas. 

El desapego también es útil para que nos dé igual tener razón. En una discusión o un debate, normalmente nuestro impulso es continuar discutiendo para llevar razón, o bien retirarnos porque odiamos el conflicto. Si vivimos en el desapego, podemos debatir por el simple placer de debatir, pero no nos enfadará que los argumentos de nuestro contrario sean estúpidos, o que nos insulten. Como estamos desapegados, podremos abandonar el debate sin que nos importa tener razón o dejar la conversación a medias.

Cuando nos encontramos en una mala situación, por ejemplo si nos echan del trabajo o si estamos mal de dinero, el desapego es una herramienta maravillosa.
¿Por qué? Porque en esas situaciones tendemos a obsesionarnos, a pensar continuamente en lo que nos agobia, a contar nuestro dinero cada cinco minutos...
Si estamos desapegados, no nos afectará el no tener dinero o el no tener trabajo. Por supuesto, seremos muy conscientes de las consecuencias que eso tiene en nuestra vida, y trabajaremos para resolver la situación, pero no tendremos el come-come mental absurdo y agotador de "no tengo dinero, dios mío qué voy a hacer, y si nadie me contrata, cómo voy a llegar a fin de mes..."
Y sin esa cháchara mental tan tóxica nos será mucho más fácil encontrar soluciones y pasar por cualquier situación conservando la calma.

Aunque no lo parezca, el desapego también nos ayuda a relacionarnos con las personas a las que queremos. Si estamos desapegados no convertiremos sus problemas en los nuestros, y será más sencillo dar con soluciones, aconsejar o, si es lo mejor, simplemente consolar y apoyar a quien sufre.
Una persona desapegada puede ver a alguien de su entorno tomar malas decisiones y no machacarle con un continuo "te estás equivocando". Porque acepta que todo el mundo tiene derecho a sufrir y hacer su vida infeliz si es lo que quiere, y que nuestro papel es estar ahí, no cambiar la vida de nadie que no quiera cambiar.

Así descrito parece pan comido, pero lo cierto es que no lo es. Es muy difícil desapegarse de absolutamente todo. Incluso quienes lo trabajamos todos los días muchas veces caemos, nos cabreamos, nos sentimos dolidos o tenemos miedo. Es normal, nuestra mente está hecha para los caminos del apego, y nuestras emociones son, en general, volubles.
Pero el simple hecho de tener siempre la intención de desapegarnos, de vivir lejos de esa cadena, nos ayuda a ir consiguiendo pequeños triunfos que se hacen cada vez mayores.

Muchas veces el forzarnos a actuar con desapego aunque nuestra mente está apegada es una ayuda.

Por ejemplo: Una persona nos hace un comentario hiriente que claramente busca comenzar una discusión. Nos enfadamos, mucho, y nos viene a la boca un comentario sarcástico o una respuesta agresiva. Estamos sintiendo apego. Pero, como somos conscientes de ello, decidimos dar una respuesta tranquila, que deje el conflicto de lado.
Estamos actuando con desapego, y eso nos ayudará a aquietar la mente y a que el desapego llegue a ella.

El desapego nos hace personas más felices. Hace que no necesitemos emocionalmente nada de lo que nos rodea, y que podamos disfrutar intensamente de ello. Hace que el conflicto no nos toque, y que los problemas (propios y ajenos) pasen por nuestra vida sin destrozarnos.

El desapego, como muchas otras cosas que valen la pena, es a veces difícil de alcanzar. Pero es tan maravilloso, que cualquier esfuerzo por tenerlo es recompensado mil veces.


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