12 de agosto de 2015

No me llames "guapa"

No me conoces. Es la primera vez que me ves en tu vida, y muy probablemente será la última.
No somos amigos, ni siquiera conocidos. Desde luego no somos familia, ni somos amantes.
Así que no me llames "guapa".

No me llames "reina".
No me llames "chati".
No me llames "cariño".
No me llames "princesa".
No me llames "linda".
No me llames "preciosa".
No me llames "chiqui".
Desde luego, ni se te ocurra llamarme "chochi".

No me conoces de nada, y sin embargo usas conmigo epítetos cariñosos que ni siquiera dejaría utilizar a mi familia.

Eres cajero, camarero, repartidor, peluquero, esteticién, portera, cartera...
Yo soy tu cliente, o la que te ha abierto la puerta, o la que se cruza contigo por la calle.
No tienes derecho a llamarme por nombres cariñosos sin mi permiso.

Nunca lo haces con él, con ellos.
Nunca hay un "rey", ni un "chato", ni un "churrita", ni un "guapo". 
Como mucho, le llamas "majo", si eres una señora mayor. O "campeón", si eres un tío.
No se te pasa por la cabeza decirle "¡Hola guapo! ¿Me echas una firmita?" cuando le entregas un paquete. Porque te tragas el paquete.
Pero a mí me dices "¡Hola guapa! ¿Me echas una firmita?" y hasta me guiñas un ojo. Qué gracioso.

No es algo que hagas de manera ofensiva, ni siquiera estás intentando ligar conmigo. Lo haces porque es lo normal, porque incluso lo consideras de buena educación. Lo mismo, incluso pretendes halagarme o sacarme una sonrisa.

Me da igual. No me gusta. No tienes derecho.

Los nombres son importantes. Todos tenemos muchos nombres diferentes, aunque no nos demos cuenta. Los nombres por los que nos llama la familia, los amigos, la pareja, la gente del trabajo...
En general, a tu familia le permites motes que normalmente no dejas que salgan de casa, y lo mismo ocurre con tu pareja. Si mi pareja me llama "amor", "tesoro" o "azucarillito mío" en la más estricta intimidad, es algo entre nosotros, consentido y privado.

Contigo no tengo ningún consenso. No tienes derecho a llamarme nada porque es la primera vez que te veo en mi vida. Y me molesta.

Me molesta porque soy un poco arisca con la gente que no me es cercana, y me siento violenta si alguien pretende tener una confianza tremenda conmigo sin apenas conocerme.
Me molesta porque no me llamas "guapa" porque lo sea, sino porque todas las chicas somos "guapa". Nunca "campeona", ni "jefa", ni otros adjetivos que sí usas con los tíos, y que si se dicen a una mujer suenan irónicos. 
Me molesta porque con tu "guapa" me estás cosificando sin darte cuenta, y eso me cabrea.
Me molesta porque sé que si te digo "por favor, no me llames guapa", se te va a helar la sonrisa, y te irás pensando que soy una borde y una desagradable. Y eso no es justo.
Me molesta porque es condescendiente. Mucho. Muchísimo.
Me molesta porque es sexismo. Un sexismo sutil, pequeño y bastante inofensivo, pero es machismo desde el momento en que a los hombres no se les cuelgan epítetos gratuitos.

Así que, por favor, no me llames "reina", ni "cielo", ni "cari", ni "niña", ni "chocho", ni "princesa" ni "preciosa".
No me llames "guapa".
Porque no tienes derecho.
Porque no me da la gana.
Y porque tengo todo el derecho de elegir cómo se dirigen a mí las personas que me hablan.

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