11 de agosto de 2015

"Los niños de hoy en día no tienen infancia"

Últimamente aparece continuamente en mi Facebook un vídeo, de esos emotivos y ñoños que están de moda, con títulos muy agresivos. En este caso "Le hicieron la misma pregunta a tres generaciones. Las respuestas son dolorosamente diferentes".
Oh, dios mío.

Cabe destacar que se trata un ANUNCIO DE BARRITAS DE CEREALES. Cómo se nota que no se dirigen a la generación infantil, que de momento pasa de complementos alimenticios.

Al ver el vídeo, no hay sorpresas: Abuelos hablando de que cogían fruta en el bosque y pescaban en el río, padres hablando de que jugaban en la calle, y niños enganchados a los aparatitos. ¡Qué fatalidad! ¡Qué malignas son las nuevas generaciones, que están dejándose llevar por la terrible tecnología!

El vídeo es cansino, entre otras cosas porque repite un mensaje muy manido: "Los niños de ahora hacen ________ peor que los de antes".
 SIEMPRE que se habla de los niños o adolescentes de las nuevas generaciones, la generación anterior se lleva las manos a la cabeza. Incluso si esa "generación anterior" tiene apenas 20 años y es ridículo que cuestione nada.

Yo pertenezco a la generación Pokémon. Esa generación que iba a vivir idiotizada por las videoconsolas, aletargada por la televisión, alejada de los libros por Internet, antisocial por culpa del Messenger.
Esa generación hipersexualizada que iba a quedar embarazada con 15 años por culpa de los mensajes sexuales de la tele, y de las clases sobre condones en el instituto.
La generación maleducada por excelencia, que no llamaba a nadie de usted, gritaba en la calle y no respetaba a los mayores.

Todas esas cosas las fui escuchando decir a los mayores sobre mi generación desde bien pequeña. ¿Y sabéis qué?

Me encantaba ver pelis de Disney en el VHS de mi casa, me quedaba hipnotizada mirando la pantalla (mientras mi hermano daba volteretas y saltos con triple tirabuzón encima del sofá). Estaba totalmente enganchada a Pokémon, Digimon, La Banda del Patio y otro montón de series.
Tuve una Game Boy Color a los 8 años, y me enganché a todos los juegos de Pokémon que salieron, hasta tal punto que un día me dejé la mochila del cole en casa por salir pegada a la consola.

Y a la vez, empecé a leer con cinco años, y devoraba libros desde los siete. Salía a la montaña con mi padre, y más tarde con los scouts. Iba a la playa, jugaba en la plazoleta con los niños del barrio. Me iba a casa de una amiga a jugar a los Sims en su ordenador, y cuando nos aburríamos jugábamos a ser astronautas, o periodistas, o madres de telenovela.

Nunca bebí una gota de alcohol, siempre me ha dado asco. Y entre mis amigos ha habido borracheras muy gordas, pero también gente que sólo se tomaba una copa de vez en cuando.
Entre mis amigos, los más precoces se iniciaron en el sexo con 14, pero la mayoría rondaba más bien los 17.

Pasaba muchas horas en el Messenger, hablando con amigos, con amores platónicos, y con enormes grupos de gente de todos los colores. Cuando estaba en casa de mis abuelos, mi abuela de vez en cuando se asomaba a la puerta del despacho a decirme que a ese paso iba a terminar autista.
Pero también hacíamos corrillo en el recreo, o quedábamos los sábados para andar por la calle, o por un parque, quejándonos de nuestras terribles vidas adolescentes.
Y estuve en el coro de la iglesia, cuando era católica y al poco de dejar de serlo, y quedábamos para ensayar, y para tomar algo después.

Éramos tan educados como puede ser un niño, o adolescente, al que se ha educado en el respeto. Llamabas de usted a los viejos, al cura, y a los profesores que te lo pedían. Al resto no, entre otras cosas porque si lo intentabas te decían "¡Por dios, no me llames de usted, con lo joven que soy!".

Y, en general, hemos salido bien.

De los niños y adolescentes de ahora, se dicen cosas iguales o peores. Que están enganchados a las tablets, que usan móvil, que van a acabar idiotizados... Una de las madres del vídeo dice, con la voz tomada por las lágrimas, "temo que mi hijo nunca llegue a hacer nada fuera".
Pobrecita...

¿Sabes qué pasa? Que yo de pequeña tenía un horario de televisión muy estricto, incluso estricto de más, que me prohibía ver películas de vídeo entre semana, y sólo me permitía ver la tele sola los fines de semana de 9 a 11, y entre semana por las tardes, casi siempre con mi madre.

Un niño no coge una tablet, la usa, la maneja y se engancha a ella por sí solo, igual que no decide repentinamente irse al campo a coger moras por un instintuo cazador-recolector que le surja de pronto. A un niño hay que darle una tablet, o llevarle al monte. Y eso es cosa de los padres.

De los padres de mi generación se decía que en vez de educarnos nos enchufaban a la tele, y de los de ahora, que le dan al niño una tablet para que se calle. Y en parte, era y es cierto. Los niños son bichos ruidosos, sucios, alborotadores y caóticos. Y muchas veces, la mejor forma de contener toda su energía es poner delante algo que les distraiga.

¡Y no es malo! Está bien que los niños vean pelis, que jueguen con los aparatos que haya en casa y los conozcan. El problema es eso, usar los aparatos como forma de contener una energía que en el niño está para aprovecharla al máximo.

No conozco a ningún niño con padres sensatos (y como exmonitora he tenido y tengo a bastantes alrededor) que únicamente se distraiga con la tecnología. A veces juega con sus amigos en un parque, o quedan todos a jugar en casa de uno de ellos, o van a la playa, o al campo, o al parque de atracciones...
Y a veces, cuando dan mucho por saco en un restaurante, les dan el móvil para que jueguen a Angry Birds y se distraigan. Pues bueno. A mi hermano le daban un boli para que dibujase en los salvamanteles de papel del restaurante. Tampoco me parece tan grave que en lugar de eso tire pájaros en la pantalla.

Es cierto que esos niños no siembran patatas ni domestican osos, ni esas cosas tan extrañas y rurales que se cuentan en el vídeo, pero desde luego no son monstruitos enganchados a una pantalla.

Normalmente, los monstruitos son aquellos cuyos padres prohíben terminantemente todo tipo de aparato, haciéndolos diez veces más atractivos y provocando que en cuanto haya uno a mano, el niño desaparezca.
O bien, aquellos niños a los que se deja "al cuidado de la tablet" para que no dé la lata, y se le deja usar el cacharro indefinidamente, sin control ni conocimiento ninguno.

Porque ésa es otra, padres totalmente analfabetos digitales, que no saben usar ni un aparato, y se quejan de que el niño sólo vive para eso. ¿Alguien ha enseñado a ese niño para qué sirve ese aparato, y sus riesgos? ¿O ha sido autodidacta por pasotismo paterno?
Pues eso.

No es cierto que esta generación sea peor que la mía, o las anteriores. No es cierto que estén más sexualizados, más enganchados a los aparatos, o más maleducados. 
Lo que ocurre es que, por lo general, el ser humano tiende a pensar que "todo tiempo pasado fue mejor", cuando está más que demostrado que, en general, el pasado era una mierda.

Y lo mismo pasa con las generaciones. ¿Esos niños iban a pescar sólo porque les gustaba, o porque no había comida en casa? ¿Recoger sandías era de verdad tan guay, o simplemente el tiempo ha hecho olvidar el calor, el aburrimiento, el sudor, el cansancio...?
En el caso de nuestros abuelos, la mayoría muy cercanos a la posguerra, hablar de infancias idílicas es bastante atrevido. Ellos eran felices y lo pasaban bien, porque eran niños y los niños lo pasan bien siempre que pueden. Pero es estúpido pensar que sólo porque hubiera menos tecnología las cosas eran mejores.

Y esto, sin entrar en el debate de los múltiples beneficios de los videojuegos, y de todas las ventajas que tiene aprender a usar (bien) la tecnología, incluidas las redes sociales. Yo, gracias a internet, hice en mi adolescencia amigos en otros lugares de España, e incluso en otros países, que aún conservo. Algo que en el pasado habría sido muy difícil.

En la tecnología, como en casi todo, se trata de encontrar un equilibrio que haga que las cosas sean provechosas sin ser excesivas. Y, ante todo, de saber EDUCAR.

Así que menos vídeos ñoños y estúpidos, y más sentido común: Que levanten la mano los hijos de la generación Pokémon y viciados al Messenger que hoy son adultos funcionales, sanos, emocionalmente estables y socialmente adaptados (aunque sea en un nicho friki).

Aprendamos de las nuevas generaciones, y compartamos con ellas, en vez de intentar meterles por el gaznate nuestra nostalgia.


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