6 de julio de 2015

Superar una ruptura: Historia de las últimas semanas

El 23 de mayo dejé de ser responsable scout.

Fue una decisión muy dolorosa, muy meditada, y con un detonante muy claro e insoslayable. El 23 de mayo fue mi último día, y desde entonces han pasado un montón de cosas.

La verdad es que desde el principio sentí ese cambio de rumbo como una ruptura de pareja, y la he vivido así:

Al principio, ves las señales de que la relación no va bien. Sientes que algo no funciona, que hay cosas que no te llenan como antes, pero lo dejas pasar. Porque sigue habiendo muchas cosas que te enamoran, te encantan, te aportan... y cuando las tienes delante lo compensan todo.

Poco a poco notas el desgaste. Notas que no te hacen tanta ilusión los momentos juntos, que la magia se está perdiendo y, sobre todo, que no estás bien. Que la relación ya no sólo se desgasta, sino que te hace daño. Y sabes que, con el tiempo, acabará haciendo daño a la otra parte.
Pero claro, son muchos años a su lado. ¿Cómo vas a dejarlo? ¿Cómo vas a defraudar así?

Hasta que llega ese clic, ese detonante, esa explosión que te hace dar el paso. Con nervios, con dolor, con culpa, con una mezcla de emociones extrañísima, tomas la decisión y la anuncias: Se ha acabado.

Hay mil reacciones, unas más inesperadas que otras, tanto de la otra parte de la relación como de su círculo. Sorpresa, preocupación, enfado, indignación, comprensión, rechazo, aceptación... Y tú, en el centro de todo, explicando tus razones.

Te marchas, y se te queda un trozo de corazón allí. Las cosa buenas han sido demasiado buenas. Lloras.

Dejas todos los grupos de whatsapp, te alejas en redes sociales, intentas dejar un sano espacio entre vosotros para poder recuperarte. Sabes que si le ves, si estás pendiente, volverás corriendo y le pedirás volver. Y no es eso lo que quieres, no es bueno para ti. Es una relación insana, y lo sabes. Pero el corazón tiene razones que la razón no entiende, y todos nos enganchamos muchas veces a relaciones dañinas.
Así que pones distancia.

Te alejas también, sin querer, de los amigos en común. Te apetece tomarte una cerveza con alguno, pero sabes que no es el momento. Te hablarán de él, de las cosas que hacen, de lo que tu ausencia ha provocado... y no es algo que te apetezca revivir. Todavía no. Está todo muy fresco.

Inevitablemente, te llegan los cotilleos. Que te han llamado egoísta, que se han cabreado contigo, que no lo han entendido, que hay que ver lo rápido que lo has superado...

Hay gente que te sorprende para bien. Otros, para mal.

No te importa, de hecho te sorprende lo poco que te duele. Te sientes en paz contigo, con tu decisión, con tu vida de ahora.
Te escuece que te juzguen sin saber, sin comprender, pero lo aceptas. Es el precio. No pasa nada.

Saldas tus deudas. Le devuelves sus cosas y recuperas las tuyas. Y dejas pasar el tiempo.

Te contienes para no ver fotos, para no sentirte triste. Para no echarlo de menos. Procuras evitar los sitios que frecuentabais juntos.

Al principio notas muchísimo la ausencia. Y, a la vez, hay un extraño subidón al sentir que todas las cosas de la relación que odiabas, se te hacían pesadas o, sencillamente, no iban contigo, han desaparecido de tu vida.

Te asombras de lo sencillo que es hacer planes que te apetezcan, sin angustiarte, sin hacer malabares.

Disfrutas de la paz de llegar un lunes al trabajo plenamente descansada, tranquila, tras un fin de semana de desconexión.

Echas de menos una infinidad de cosas. Sobre todo a las personas por las que mantener la relación valía la pena. Echas de menos las risas, las dispersiones y el orgullo que se siente al ver a otros crecer y ser mejores.

Y de pronto, un día, te das cuenta de que estás siendo plenamenta feliz un sábado a las cuatro y media. Que no le echas de menos, que no volverías.

No hay rencor, enfado, odio ni resentimiento. Piensas en esa relación con cariño, desapego y tranquilidad, y sigues con tu vida, y tus fines de semana.

Eres capaz de desearle lo mejor, sin importarte que te desee a ti.

Te apetece ver a esos amigos en común, tomarte algo con ellos, saber de sus vidas.

Te sientes capaz de volver a visitarle en algún tiempo, aunque desde luego no ahora. No sería bueno para él, ni para ti.

Lo has superado.

Ha pasado más de un mes hasta que he sentido la ruptura completamente superada. Es lógico que se tarde menos que con una pareja, al fin y al cabo no es lo mismo. Pero me ha asombrado todos los puntos en común que he encontrado.

Llegó el momento de comenzar una nueva etapa, y me lancé a ello, y me alegro. Y en ello estoy. No he dejado de ser scout, ya que eso es algo que va mucho más allá de cualquier grupo, de cualquier pañoleta. Simplemente he dejado de vivirlo en un grupo. Y ha sido una muy buena decisión.

Esto me ha hecho reflexionar la cantidad de procesos de duelo y ruptura por los que pasamos en la vida, sin necesidad de que nadie se muera ni nos deje, simplemente por tomar decisiones que nos obligan a dejar cosas de lado. Creo que muchas veces no estamos preparados para ello y nos vemos forzados a lidiar con ellas sin saber cómo.

Pero la vida sigue, nadie se muere por nadie, y las decisiones que tomamos de manera consecuente y para nuestro propio bien, siempre son acertadas.

Así que adelante, que el cielo es el límite y queda mucho por andar...

2 comentarios:

  1. Hola Buhonera, hace tiempo que no entraba por aquí.

    Totalmente de acuerdo en que la pertenencia a un grupo o los colores de una pañoleta son puramente circunstanciales, el ser scout va por dentro y para siempre.
    Sé que pronto me tocará enfrentarme a lo mismo que tú, habrá gente a la que voy a echar mucho de menos y momentos muy intensos que dejaré atrás, es el cruce de caminos en la ruta, que aparece tantas veces en la vida.

    Quedémonos siempre con lo mejor de lo que ya no volverá y adelante con lo que venga, seguro que vendrán cosas igual de buenas o mejores.

    Un abrazo

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    1. ¡Hola Luis! Qué alegría verte de nuevo por aquí ^^

      Ése es el espíritu, saber que vendrán cosas nuevas, y recordar con cariño las que se dejan atrás. Al fin y al cabo, parte de ser scout también es cambiar de ruta con facilidad y entusiasmo.

      Un abrazo.

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