20 de julio de 2015

9 personas tóxicas que todos conocemos... y pocos evitamos

Tóxicos y tóxicas. Personas venenosas en su forma de hablar, actuar y relacionarse. Vampiros que nos roban la energía, la salud y a veces hasta la autoestima. Gente peligrosa.

Todos tenemos alguno cerca, vivimos rodeados de ellos... pero no nos damos cuenta.

A veces (¡muchas veces!) porque nosotros mismos somos terriblemente tóxicos sin saberlo. De hecho, el mejor amigo de una persona tóxica suele ser otra igual o peor. Por eso, a menudo las personas que se dan cuenta de sus toxicidad, y deciden cambiar, se sienten de pronto incómodas con la mayoría de sus antiguos amigos.

Porque ellos ya no desprenden veneno, pero quienes les rodean sí lo hacen.

Tóxicos y tóxicas. ¡Los hay de tantos tipos! Hay, casi, uno por persona. 
Sin embargo, algunos se repiten, porque hasta para la ponzoña el ser humano tiene poca imaginación.

¿Cuáles son estos tóxicos arquetípicos?

1.- La queja viviente. La persona que siempre es infeliz, sin importar lo que le ocurra. Sus días buenos son escasos, y los malos son legión. No puede remediar contar a absolutamente todo el mundo sus problemas, y buscar siempre el lado malo y oscuro a todo lo que le llega.
No soporta a la gente positiva. Le supera. Le destroza los nervios. La existencia de personas positivas y que se superan le desmonta su esquema vital de que todo es una mierda y no tiene solución.

2.- El mártir excelso. Al contrario que en el caso anterior, el mártir es silencioso. No le gusta alardear de su sacrificio, pero lo tiene siempre presente, y de vez en cuando hace comentarios haciendo ver su gran dedicación... a la que dice no dar valor.
Son personas con muy baja autoestima, pero un alto concepto de sí mismas. Les preocupa quedar bien, ya que basan su amor propio en el que otros les demuestran.
Al mártir le jode la vida que haya personas que no basen su existencia en inmolarse por los demás. Acusa a otros de egoísta con una facilidad alarmante, aunque no siempre en voz alta. Al fin y al cabo, el mejor mártir es el que pone siempre la otra mejilla.

3.- El rey de los PEROS. Muy cercano a la queja viviente. El rey del "pero", tiene amor por esta palabra. Ante cualquier propuesta, idea, emoción o iniciativa, responderá con un PERO mayúsculo. Incluso si la idea es suya. Es una persona que, bien encarrilada, podría ser magnífica gestionando riesgos, pero nunca llega más allá del PERO.
A veces, ¡incluso se dice pero a sí mismo!
Los emprendedores son el peor enemigo de este tipo. Esa gente que se lanza a hacer cosas sin pensar en todo lo que puede salir mal... ¡están locos!

4.- El pitbull. ¡Atacan! Y en eso se resume todo. Cualquier mínimo desacuerdo dispara un comentario mordaz, o un insulto en toda la cara. Viven por y para el conflicto, se nutren de él y están curtidos en mil batallas.
La criptonita de los pitbulls es la tranquilidad y el "tienes razón". Si alguien les responde con calma, sin entrar al trapo, y dejando extinguirse el conflicto, se quedan desorientados y sin saber qué hacer. Algunos tratan de morder un par de veces más, con argumentos distintos, pero acaban dejándolo pasar. Hay demasiadas personas que entran en la pelea como para perder el tiempo con los otros.

5.- El "pues yo más". ¿Que has ido de viaje una semana? Pues él ocho días. ¿Que llevas a una cena un bizcocho riquísimo? Uy, pues él tiene una receta para chuparse los dedos... ¿Que eres multiorgásmica en la cama? Él, más, y su pareja ni te cuento.
Este tipo es particularmente desquiciante, porque no se puede hablar con él. Una conversación con uno de estos es como mirarse en un espejo aumentado, y en general aporta poco.
Suele ser gente con un gran complejo de inferioridad, que compensan de esta manera, y que tienen poca o ninguna conversación más allá de sus comparativas.
Son vulnerables a la indiferencia. Si mientras te radian sus múltiples habilidades te dedicas a pensar en otra cosa, se callarán. La ironía ante sus maravillas les despista, pero puede hacerles sentirse heridos, y multiplicar por diez su petulancia. No es recomendable.

6.- El paternalista complaciente. Es incapaz de decir No, y evita el conflicto por todos los medios. Además, se siente "padre" de todos los que le rodean. 
Las personas de este tipo consideran que saben ver lo mejor de cada uno, pero en realidad ven a todo el mundo igual: como pobrecitos que no pueden evitar sus defectos y necesitan que les apoyen en sus virtudes. No son capaces de percibir que alguien sea brillante, y necesitan ayudar y alentar a otros (sin que nadie se lo pida) para sentirse bien.
Un "no" bien dicho les desarma y desconcierta, pero se reponen rápido. Lo mejor es evitar deberles favores, y procurar no entrar en bucle con ellos. Es especialmente importante no encasillarse en la visión que tienen de ti, que suele ser siempre condescendiente.

7.- El parásito. Vive a través de los demás. Como una tenia cualquiera, se come tu alimento haciéndote morir de hambre, y es incapaz de existir sin ti. Siente que su vida es gris, y necesita que otros le den color. 
Anularlo es fácil, basta con dejarle sin huésped. El problema es que hay demasiados mártires, y más de un paternalista, encantados de tener una ristra de parásitos colgando de su cuello.

8.- El manipulador. Mezquindad en estado puro, muchas veces casi inconsciente. El manipulador no entiende por qué el mundo en general (y su ambiente en particular) no se pliega a sus deseos. Por lo tanto, decide que sea así. Para ello utilizan el chantaje emocional, la culpa, y las promesas.
Son increíbles gestores de la culpa ajena, y se aprovechan de que la mayor parte de la sociedad se siente permanentemente culpable por cosas que no tienen nada que ver con ellos.
El manipulador se desarma ante un manipulador aún mayor, o ante alguien que le ignore. Prácticamente cualquier persona con una autoestima fuerte puede obviar la manipulación, siempre que sepa detectarla.

9.- El juez. La verdad está de su parte. Y PUNTO. Posee la ciencia del bien y del mal y nunca se equivoca. Lo que le parece una chorrada, no merece ni un segundo. Lo que considera valioso, es indispebsable. Dios existe porque él lo dice. No hay más que hablar.
Tienen gran facilidad para juzgar a los demás desde un aaalto púlpito, encontrando siempre en ellos los peores defectos.
A veces son personas tan temerosas de salir de su zona de confort que la convierten en una fortaleza inexpugnable. Otras, simplemente se trata de gente intransigente por afición.
En cualquier caso, son los más difíciles de anular, porque de verdad creen tener la verdad absoluta. Darles la razón como a los locos, les puede poner nerviosos, pero la única forma segura de apartarse es sencillamente darse la vuelta.

Por supuesto, hay personas que mezclan varias de estas categorías, siendo especialmente venenosas. Un mártir paternalista, un pitbull "Y yo más" o un parásito manipulador pueden convertirse en la peor pesadilla de cualquiera, y reducir tu energía y tu vitalidad a un charco medio seco en el suelo.



Y, ¿qué es lo peor? Cuando todos estos tóxicos se acumulan. Cuando se crean grupos de amigos, o sociedades, o equipos de trabajo, en los que cada uno de estos pequeños frascos de veneno está presente, cada uno con su propia personalidad y grado de toxicidad.

Lo más divertido es cuando en uno de esos entornos ponzoñosos, las personas que lo integran se apartan de una de ellas por tóxica. Normalmente es la más venenosa del grupo, o sencillamente una designada al azar. Esto es una técnica de supervivencia del sistema, claro. ¿Cómo va a ser mi grupo tóxico, si es ése el que nos envenena? Ay... 

Ningún ambiente está libre de grupos tóxicos. La causa más noble puede reunir a su alrededor a un grupo de personas venenosas que inconscientemente buscan llenar sus respectivos vacíos con un propósito altruista o gratificante. 

En esos grupos, en general, se forman ambientes opresivos, dolorosamente ponzoñosos, en los que cualquier persona emocionalmente sana se sentirá aplastada.

Porque, además, todas las personas tóxicas tienen en común un enorme rechazo a las personas que no lo son. No es algo que perciban ni controlen, pero lo cierto es que las personas saludables por dentro no aguantan mucho tiempo en ambientes llenos de tóxicos. O bien se marchitan hasta ser venenosos ellos también, o se van. 


Por eso, cuando alguien se da cuenta de su toxicidad, y se dedica a trabajar duro para cambiarlo, para ser mejor, para dejar de ser venenoso, y lo consigue, el ambiente tóxico que antes le acogía, suele rechazarle a la par que el rehabilitado busca alejarse del grupo.

Para el ex-tóxico, el grupo se ha convertido en un agujero negro de energía que le consume y le angustia. Para el grupo, el ex-tóxico causa rechazo, pero no saben identificar por qué. Si el grupo es homogéneo y, por ejemplo, todos son jueces, pueden achacarlo a que el antiguo miembro "ahora se cree esas gilipolleces". Si es heterogéneo, cada miembro tendrá una razón... y el grupo simplemente hablará de "malestar" o de que "ya no encaja".
En estos casos, el ex-tóxico abandona el grupo para alivio de todas las partes, aunque quedará una sensación de desazón.

Yo fui una tóxica muy tóxica, mezcla de queja viviente, parásito y mártir, con unos toques de manipuladora y mucho de juez. Y la Buhonera de hoy no sería amiga de la Buhonera tóxica ni por todo el oro del mundo. Precisamente por eso, hace ya tiempo que minimizo la presencia de los tóxicos en mi vida, ya que eliminarla es imposible.
¿Por qué?
Porque hay personas a las que quieres mucho, con las que has tenido un pasado de amistad fantástica, o simplemente de las que no te puedes desprender, y que continúan en tu vida.

¿Y qué se hace en esos casos, para evitar que te chupen la sangre y te roben la vida?
Desapego.
Alejarte emocionalmente de ellos, no dejar que lleguen a tu interior, estar seguro de que tus decisiones son correctas, poner una brillante barrera entre su veneno y tu energía.

Y, si nada funciona, mandarles a joder a otro. Ninguna relación vale más que el propio bienestar.




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