8 de junio de 2015

Un fin de semana perfecto

Viernes:
Llegar a casa de la oficina, muerta de calor.
La comida está hecha. Calentarla, comer, y tirarme en el sofá.
Odio dormir la siesta, pero me quedo frita con Aquí no hay quien viva de fondo.
Me despierta el perro de los vecinos de abajo ladrando, media hora después.
Toda la tarde se extiende ante mí.

¿Hago yoga, medito un rato, cocino, doy un paseo...?

Las agujas me llaman. De momento no me atrevo con el ganchillo, y tengo un proyecto de pañuelo veraniego listo para empezar.
Venga vale, montar los puntos y dar un par de vueltas.

Monto los puntos. Los cuento, los recuento. Empiezo con la insoportable primera vuelta.

Encadeno capítulos de Aquí no hay quien viva mientras tejo.

Cuando levanto la vista de la labor han pasado cuatro horas. Es de noche. Joder.

Me siento improductiva y culpable. Se lo digo al chico del sombrero y me contesta "Es viernes, puedes hacer lo que te dé la gana. ¿Por qué tiene que ser algo productivo?"

Pues también es verdad.

Ceno gazpacho, sigo tejiendo, y me acuesto a las tantas.

Duermo espatarrada, aprovechando que tengo la cama para mí sola.


Sábado:
Abro los ojos a las nueve. Me niego a levantarme.
Abro los ojos a las once. Ahora sí.
Hago yoga, recojo la casa, me visto y salgo por la puerta.
Paseo hasta la feria del libro y me paso la mañana allí, disfrutando como una enana.

A la vuelta, me paro cada cien metros, dejo las bolsas en el suelo y hago fotos. Hay que ver lo fotogénica que es Madrid.

Llego a casa asfixiada de calor.

Coloco los libros nuevos, y reorganizo las estanterías.

Me pongo a hacer una ensalada de arroz XXL: Manzana, zanahoria, tomate, nueces, queso, jamón york, huevo duro... Sin prisa, puedo comer a la hora que me dé la gana.

Después de comer empiezo uno de los libros nuevos.

Por la tarde llegan el chico del sombrero, la agente Colombo y Han Solo. Charlamos, y nos vamos con el resto del grupo al festival de Bollywood en Madrid. Cómo me flipa que en esta ciudad siempre haya algo guay que hacer.

Paseamos, vemos un espectáculo de baile súper divertido que me da ganas de apuntarme a aprender baile de Bollywood.

Me tiro toda la tarde con sensación de domingo. Es el primer sábado en siglos que salgo por la tarde, y mi cuerpo no lo entiende.

Terminamos cenando en un indio, y luego jugando al Time's up con descojone general esperable, ya que éstos se habían apretado dos jarras de sangría.


Domingo:
Me levanto a las once y media. Hablo con C. por wasap durante una hora. Para que luego digan que no se pueden tener amigos a distancia...

Retomo el punto mientras el chico del sombrero hace pesto para comer.

Por la tarde me dedico al blog: Encadeno tres entradas que tenía pendientes, que está feo tener el baúl tal abandonadísimo.

Limpio un poco la casa, ya que las pelusas y yo no cabemos a la vez en ella.

Tras muchísimo tiempo, cojo la guitarra y me pierdo tocándola. Había previsto irme a una clase de yoga por Nepal, pero al final me olvido de ir. Necesitaba la música.

Me voy a dormir contenta, relajada, descansada y a gusto.

Ha sido un fin de semana perfecto. De hacer lo que me apetecía, disfrutar de mí y los míos, y cuidar cosas que hacía mucho que tenía olvidadas.

Y, el que viene, a reecontrarme con la familia, los amigos, y el mar que me esperan en Cádiz.

Así, ¿a quién le importa que mañana sea lunes?

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