8 de mayo de 2015

Neby y Sandokan. El amor de un animal.

(Hoy paso de pseudónimos)

Sonja y Laura no se conocen. Nunca han coincidido en ninguna ciudad, nunca se han visto, creo que ni siquiera han oído hablar la una de la otra.
El único punto de conexión entre ellas soy yo y, hoy, este post.

El 23 de abril, Sonja perdió a Neby. Una gata loca, inquieta, cariñosa y original como pocas que conozco.
Era la reina de su casa, en mandato conjunto con la veterana Ginger.

El 6 de mayo, Laura perdió a Sandokan. Un perro noble, de ojos sabios, cobardica, inteligente y muy sensible.
Era el segundo de abordo de Zipi, a quien siempre le ha gustado mandar más.

Neby llegó a Sonja como un borlón despeluchado y bizco que maullaba con voz de bebé en su piso de Argüelles. La crió allí durante su primer año, hasta que se convirtió en una pantera albina.

Sandokan llegó a Laura en el refugio en que era voluntaria. Eterno abandonado por el estúpido miedo a las razas, hizo falta una operación para que permitieran a Laura llevárselo a casa. Lo tuvo en el piso, compartiendo espacio con Zipi, todo el tiempo que pudo.

Tras ese primer año, Neby se fue a Mallorca con Ginger y el resto de la familia. Causó desperfectos de todos los colores, e incluso algún accidente grave. Era genial verle en vídeos y fotos haciendo el cabra como sólo un gato sabe.

Tras un tiempo, Sandokan se mudó al campo. Tuvos idas y venidas tanto a casa de los padres de Laura como a algún otro piso que apareció por el camino. Corriendo con una manada de perros era más feliz.

Conocí a Neby cuando llegó a Madrid, y jugué con ella hasta hacer que se estampara contra una estantería de puro entusiasmo. Cuando Sonja se iba de viaje, yo me acercaba a su piso, a ver a Neby, a cambiarle la arena, ponerle comida y hacerle compañía.

Conocí a Sandokan en una de esas tardes eternas en el parque Calderón. Era un perrazo encantador, y le vi después varias veces. Una vez estuvo a punto de rayar el coche de mi padre, subiéndose sobre el capó, detalle que le hizo inolvidable para mi hermana.

Neby decidió cruzar la calle en mal momento.

Sandokan tuvo que irse.

Sonja y Laura están de luto, cada una a su manera y con su forma de llevarlo.

Y yo, en cierta forma, también.

Hablamos mucho de los animales. De que debemos cuidarlos, de lo que importan en el medio ambiente, de lo cruel del abandono... Pero pocas veces hablamos de lo que supone perderlos.

En mi familia hemos tenido animales desde siempre, y la muerte es parte de convivir con ellos. Y duele tanto... Es perder un amigo, un consuelo, una compañía, un miembro de la familia. Es una mierda.

Pero, en cierta forma, siguen y seguirán ahí.

Esta entrada es para ellos.Para Sandokan, para Neby, para Laura y para Sonja.



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