18 de marzo de 2015

Meditando

Dibujar.
Un mandala.
Fijar la vista.
Música.
Quitarme las gafas.
Cerrar los ojos.




Abrir el pecho.
Respirar.
Inspiro.
Espiro.
Inspiro.
Espiro.
Mi vientre se hincha.
Se deshincha.

El aire entra. Fluido, calmado, limpio.

Y sale manchado de estrés, de agobio, de pensamientos.

La mente se vacía al son de la respiración.
Los pulmones expulsan los pensamientos con gentileza.
Sólo queda paz.

Y un punto brillante tras la frente, en la mente, que se mueve, que luce.

¿Qué es meditar?
Meditar es silenciar la voz tras los ojos.
Meditar es alcanzar la calma entre el mundanal ruido.
Meditar es crear, visualizar, entrar en una parte de uno mismo que permanece dormida.
Meditar es la persona que lo hace.

Respiro con más profundidad.
Apenas siento el cuerpo.
La música me lleva.
Silencio.
Olor a incienso.
La sensación suave de mi pelo sobre la nuca.

Inspiro.
El diafragma se tensa.
Se hincha el vientre.
El oxígeno entra a raudales.
La sangre cambia de color.
Me estremezco.
Espiro.
El diafragma se relaja.
El vientre se alisa.
El dióxido de carbono sale a borbotones.
Me quedo vacía.




Y la mente flota.
Fluya hacia una playa donde todo es posible, hacia la calma tranquila, hacia los cambios profundos.

Sonido de olas.
Arena, sal, agua y sol.
O una luna tibia.
Rodeada de estrellas afiladas.

Voces tenues, colores suaves.

Y yo, en el centro de mí misma.

¿Qué soy, qué quiero, qué siento, qué hago, qué pienso?

¿Quién me guía?

Preguntas respondidas en ese lugar inventado
que a ratos parece más real que la vida.

¿Dónde ir?

Huellas sobre la arena, camino, sustento.

¿Dónde vas?

Cambiar.
Echar aquello que daña, dejar entrar lo que sana.
Entre asanas y pranayama.
Y mil palabras inventadas que conocí después de conocer
la playa.
La única playa.




Y, de pronto, me crecen raíces

Llega otra música
Soy árbol
Soy tierra
Soy ramas frondosas con nidos de aves
Soy raíces profundas, silenciosas, llenas de hilos
Soy una savia caliente que me recorre y me nutre
Soy un tronco duro.

Y lluvia que se derrama sobre mí, y encharca la tierra.
Y nieve que parece helar mis brazos.
Y sol que vuelve todo luz.

Y mil seres de fantasía que se mueven entre las hojas cambiándolo todo.

Sonrío.


Y vuelvo a ser yo
A estar aquí

De nuevo respiro siendo consciente
Y disfruto de esa paz recién lavada.

Y vuelvo al ruido, a la gente, a la música, a los sentimientos ajenos.
Pero sé que guardo ese lugar para refugiarme cuando lo de fuera no sea suficiente
Para calmar
Para sentir
Para crecer
Para vivir.




 

Abro los ojos.
Me pongo las gafas.
Cambio la música.
Muevo las piernas.

Hola de nuevo.
Vamos allá.






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