9 de febrero de 2015

Por qué me importáis tanto (qué bonito es ser voluntario)

Cuando trabajas con personas, es normal que empatices con ellas
Cuando trabajas con niños, es normal que te despierten ternura.
Cuando trabajas con adolescentes, es normal que te lleguen.
Y si, encima, no trabajas con ellos sino que participas de su vida y educación como voluntaria... acabas enamorándote.

No en un sentido carnal, por supuesto (aunque de todo hay por ahí), sino que te enamoras de lo que representan, de lo que hacen.

Cuando pasas meses, e incluso años, implicado en la evolución de un niño que va, poco a poco, mutando en gremlin adolescente, para después seguir creciendo hasta ser un adulto, un poco de ese niño se te queda en el corazón.

Te ves en ellos. Les ves seguros de tener razón y recuerdas esa sensación embriagadora de poder con todo, de saberlo todo, de entenderlo todo, de ver el mundo reducido a tu talla. Y por un lado te dan cierta pena tierna, al saber que con el tiempo la vida le quitará todas esas certezas y les demostrará que muy a menudo sabrán de la misa, menos de la cuarta parte. Pero por otro lado te inspiran a creer más en tu visión de las cosas, a no dudar de todo, a alejarte del escepticismo cínico que muchas veces asumes con los años.

Te ves reflejada en su extraña y absurda mezcla entre pasión y pereza. Ese entusiasmo desenfrenado por cualquier proyecto, que se desinfla en cuanto requiere un mínimo de planificación.

Ves en ellos todos los clichés adolescentes que cuando tenías su edad aborrecías y estabas segura de incumplir: La importancia absoluta de la música en sus vidas, la certeza de que los amigos que tienen con 16 años los conservarán siempre, la necesidad de la integración (a veces a través de la diferencia). Y te sonríes al ver que ellos también están seguros de ser únicos, y de no tener nada que ver con ningún estereotipo.

Confían en ti. Más o menos, depende de cada uno, pero en general confían en ti con una entrega que da miedo. Te cuentan sus problemas, comparten sus inquietudes, sus pensamientos, sus ilusiones... Y tú te sientes privilegiada por estar ahí, escuchando, y a veces te cagas de miedo por si no sabes responder lo que debieras.

Te encanta cómo viven las cosas. Te encanta cómo sienten hasta el fondo de sí mismos valores que para ti están ya un poco revenidos. Te encanta verles aprender, mejorar, superarse... 
En un mundo en el que la gran mentira de "la gente no puede cambiar" parece instaurada en todas las mentes, el escultismo sigue dando la oportunidad de vivir la gran verdad: todos podemos cambiar si de verdad nos lo proponemos.

Hacen que valgan la pena cosas que en otras circunstancias nunca compensarían. Incluso cuando ves que la mecha se agota y que la cera de tu vela casi ha desaparecido, pensar en ellos ayuda a darle aún un poco más de combustible, sacado de no se sabe dónde, para poder seguir aportando algo a sus increíbles vidas en potencia.

Se te cuelan dentro. Y cuando escuchas una canción, te acuerdas de ellos. Y cuando ves determinado corte de pelo, te acuerdas de ellos. Y cuando ves una actuación de ballet, te acuerdas de ellos. Y cuando ves una frase en griego, te acuerdas de ellos. Y cuando...

Porque son importantes. Y piensas que te encantaría volver a verlos (o seguir viéndolos) en unos años, cuando sean adultos, y charlar como tales, y compartir cosas que ahora no se pueden compartir, como tú misma haces con quienes hace años fueron tus monitores y tus guías en el mundo scout.

Y por eso, mis pioneros, os quiero tanto. Y por eso sigue valiendo la pena salir un sábado a las tres y media de la tarde de casa, con la comida en el gaznate, y volver pasadas las doce después de una reunión de monitores.
Porque saber que, al menos una vez, he conseguido ayudaros, quitaros un dolor, enseñaros algo, transmitiros un poco de energía, contribuir a las personas que llegaréis a ser, basta para llenar los huecos que muchas veces tiene esta "profesión".

Por eso, chicos, me importáis tanto.


"Recuerdo aquella noche tapizada de ilusión
la piel del viejo lobo de ti se desprendió
y el gran clamor se marchó
perdido en un adiós
y el eco de un aullido se quebró.

Al oír "Siempre Listos" tú encontrarás
el camino a seguir, un progreso a terminar.
Y al mirar hacia delante tú te adentrarás
en un mundo que parece de verdad.

Y cuando se ponga el Sol
una llama de dolor
clamará junto a tu voz,
entre risas y temor.

Pero antes de marchar
un recuerdo quedará:
Que en la vida tú serás
UN PIONERO MÁS.

Recuerdo sentimientos que cautivan el corazón
al  pasar del rojo intenso al verde del Honor.
Una lágrima cayó
y el silencio penetró
y el pionero se alejó gritando "¡Acción!"
Y cuando se ponga el Sol
una llama de dolor
clamará junto a tu voz,
entre risas y temor.

Pero antes de marchar
un recuerdo quedará:
que tu Rama te dirá:
NO TE OLVIDARÉ JAMÁS."

2 comentarios:

  1. Me encanta, creo que no se puede añadir nada más. Hace unos meses volví a mi grupo scout en el que crecí durante 15 años desde lobato, ayudar a los demás voluntariamente es la gratificación más profunda que he sentido y me hacía mucha falta. Un saludo de un hermano scout!!

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    1. Es un mundo maravilloso, sobre todo a nivel humano.
      ¡Un abrazo Luis!

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