18 de febrero de 2015

La maravillosa indiferencia por San Valentín

¿Ya está? ¿Se ha acabado la batalla? ¿Podemos salir?
Fiu... vaya semanita...

¿Ya han recogido unos los corazones rosas y las cajas de bombones, y los otros las antorchas y las horcas?
Menos mal...

Una vez más, el 14 de febrero ha pasado, llevándose consigo a las dos facciones enfrentadas que año tras año se regodean en su visión de la fiesta más pastelosa del año.

Como ya comenté hace tiempo hablando de Halloween, parece que no sabemos hacer otra cosa que polarizarnos en cuanto una festividad se asoma por el horizonte.
En el caso de San Valentín, suele haber posiciones muy definidas:

  1. Las parejas pastelosas hasta vomitar. Parece que ellas, y nadie más que ellas, hubieran descubierto el amor en esa fecha concreta del mundo entero. Van derrochando amor (y babas) por donde quiera que van. Se regalan bombones flores, peluches, colgantes con forma de corazón, joyería variada, se mandan cartitas... Y comparten innecesariamente su amor con todo el mundo. Dan grima, porque además no te los crees. Sabes que ese derroche de romanticismo prefabricado se va a venir abajo en cualquier momento, cuando él se dé cuenta de que el 14 había quedado para ir con sus colegas, por ejemplo.
    Ellos lo viven, eso sí, a tope.

  2. Los anti-SanValentín. Aquí quiero destacar la maravillosa reflexión que me hizo hace unos días mi hermana Brujita, comentándome indignada que le parecía lamentable que las parejas celebrasen con besuqueos, y los solteros con llanto, el martirio y asesinato de un pobre hombre. "¡¡Si quieren celebrar San Valentín que le recen un padrenuestro!!" decía, con mucho sentimiento.
    Y lo cierto es que es uno de los argumentos anti-14febrero más originales y razonables que he escuchado. Los demás, de tanto repetirlos, son cansinos: "¡Es una fiesta muy comercial!" (pues como todas, a ver si te crees que Jesucristo sería feliz con el consumismo navideño, o que los regalos de aniversario no son comerciales 100%). "¡El amor hay que demostrarlo todos los días!" (Ok. El 14 de febrero es un día, ¿no? ¿O es que hay que demostrar el amor todos los días salvo ése?). "¡Es de no tener personalidad celebrar ese día!" (claro, hacer regalos de cumpleaños es una cosa totalmente innovadora que sólo haces tú en el mundo entero).

    Son cansinos, la verdad, tanto como los primeros.

  3. Los solteros deprimidos. Insisten en que San Valentín es sólo otro día del año. Insisten mucho en ello. Insisten en ese dato de manera obsesiva y machacona.
    Insisten tanto que ni de coña te lo crees. Se pasan el día, la semana, el mes, haciendo retuits de críticas a San Valentín, para acto seguido cambiarse el nombre por "Forever alone pérez xD". Dan un poco de pena, un poco de vergüenza ajena y un poco de exasperación. ¡Reconoce que te gustaría tener pareja para celebrar el puto 14 de febrero y ya está! Tampoco es malo, maldita sea.
Y luego, estamos los indiferentes pata negra. Hace ya un puñado de años, acercándose el
primer febrero que el chico del sombrero y yo pasamos juntos, recuerdo que le dije "Oye, ¿te importa si por San Valentín pasamos de hacer nada? Es que siempre me ha parecido un poco absurdo". Y él me dijo "Ah, claro, pasando". Y así ha sido hasta el día de hoy.
Eso tiene varias consecuencias maravillosas: para empezar, no tienes presión. Es un día más, en el que se puede hacer algo especial en pareja, o simplemente tender la ropa y limpiar la casa. Es más, ¡podéis no pasarlo juntos!
De hecho, este año lo he pasado de acampada a 200 km de él.

La segunda cosa buena es que cuando las cosas se pusieron feas y pasamos unos meses sin saber nada el uno del otro, San Valentín pasó por nuestras vidas como un día cualquiera, sin pena ni gloria. No estuvimos especialmente deprimidos aquel día, ni nos atacó una nostalgia feroz. Era 14 de febrero, pos vale. Como si es 5 de septiembre.

Ahora que volvemos a estar juntos, y más juntos que nunca, el día de San Valentín, San Corteinlgés, San Compretín, el día de los enamorados, el día de los tontos... nos sigue resultando tan interesante y romántico como un posavasos de plástico azul (por ejemplo).

Y se vive tan bien...

Ojo, me parece genial que quien lo quiera celebrar lo celebre. Y me parece estupendo que al que esta fecha le provoque urticaria se alce en armas cibernéticas contra ella. 

A mí, sinceramente, me es totalmente indiferente. Y soy mucho más feliz así.

Os dejo con esta maravillosa escena de The Newsroom, por si alguno se la quiere preparar para el año que viene.

3 comentarios:

  1. Hola, Buhonera:

    Yo pienso que hay tres tipos de fechas-celebración en la vida de la gente:

    1. Las fechas que son importantes para ti, como individuo: tu cumpleaños, el día de tu graduación, el día que te sacaste el carnet de conducir, el día que subiste a la cima del Everest... Yo qué sé, una circunstancia o logro que a ti, de manera personal, te produzca una emoción y creas que merece la pena celebrar.

    2. Las fechas que son importantes (quizá no) para la pareja: el día que empezaron a salir, el día que echaron el primer polvete, el día que se casaron, el día que montaron por primera vez en piragua... En fin, lo que a cada pareja le resulte de emotividad conjunta.

    3. Y luego están las celebraciones impuestas por motivos comerciales y/o culturales, que son ajenas a la propia persona: San Valentín, Reyes, el día del Padre, el de la Madre, el del Vecino del quinto... Ah, ¿que esa no existe? Tú dales tiempo, seguro que por sacar tajada se la inventan un día de estos.

    Allá cada cuál cómo y cuándo quiere demostrar sus emociones. Pero presionarse y sufrir por no celebrar una fiesta que, en realidad, ni te va ni te viene, me parece cuando menos masoca...

    Un saludo desde Nantes.

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    1. Es una muy buena clasificación, Brestoise ^^
      Si ya es un poco absurdo enfadarse cuando a uno no le celebran el cumpleaños como quiere, desde luego disgustarse por la celebración de la muerte de un señor romano es bastante innecesario...

      ¡Un saludo!

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  2. Yo fuí por fases:
    1) lo amaba (producto de la testosterona de las primeras relaciones):me vestía de rojo y hasta organizaba fiestas temáticas (época choni, cuánto reniego de tí).

    2) Renegué de San Compretín como de la mierda, identificándolo como una fiesta made in Corte Inglés y cayendo en la cuenta que celebrarlo, vestirse de rojo o llenar las libretas de corazones, no te dan más amor, sino que no llevaban a nada. Y como para colmo estaba ya en el paro, pues decidí no gastarme un dinero que no tenía en fiestas impuestas.

    3) Vivo en una dulce inopia en la que lo que cuenta es el día a día, y hago lo que encarta hacer según las circunstancias: si encarta ese día salir a cenar o a almorzar, salgo; si me encarta gym, voy; si me encarta estudiar, estudio.

    Así de fácil y así de "chármico". Viviendo y dejando vivir (aunque me tachen de poco romántica).

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