30 de septiembre de 2014

Acaba septiembre

Acaba septiembre, lleno de dudas, de cosas nuevas, y de incertidumbre.

Acaba septiembre, con estrés, felicidad, y cansancio.

Acaba septiembre, con mil promesas.

Habrá que ver
que buenas nuevas nos trae octubre.


15 de septiembre de 2014

15 de septiembre

¿Sabéis? Hoy es quince de septiembre.
También es lunes, y es otras cosas, pero para mí es importante el que sea 15 de septiembre.

Hoy hace un año que tomé en Sevilla un avión a París, y luego un tren a Niort.
Hoy hace un año que llegué a la casa grande.
Hoy hace un año que vi a C. con las gafas puestas, sentado en una manta de cuadros.
Hoy hace un año que conocí a Veramente, a Fleur y a los demás.
Hoy hace un año de un wasap deseándome suerte que me dio escalofríos.
Que de cosas, ¿verdad?

Contaba en su momento que Niort iba a ser mi hogar durante unos meses, y que saldría de él transformada. En aquel momento no era yo muy consciente de hasta qué punto eso iba a ser así.

Niort fue un retiro espiritual de tres meses. También fue una epifanía laboral, una oportunidad de hablar un idioma que me encanta, un lugar en el que conocí a personas increíbles y a otras odiosas, y una puerta a muchos viajes y experiencias.
Pero fue, ante todo, un retiro espiritual en el que cambiar la cabeza y el corazón.

Me fui a Niort a trocitos, recompuesta con alambres y a punto de volverme a romper. Y volví entera, nueva, reconstruida y sin fisuras.

Hoy hace un año que me fui. Este septiembre no para de hacer un año de muchas cosas: Un año de una cruel despedida en una estación de autobuses. Un año de una conversación por Skype que me hizo tomar distancia. Ahora un año de aquella llegada. Y pronto un año de la decisión definitiva que lo cambiaría todo.

Un mes de cambios entonces, y un mes de cambios (menos radicales) ahora. Y hay quienes piden que les despierten cuando acabe. ¡Ay, si yo me hubiera dormido aquel septiembre! Qué catástrofe habría sido.

Hoy es, también, el cumpleaños de C. Me resulta curioso que cumplan años a la vez mi proceso interno y el amigo que encontré mientras lo llevaba a cabo. Para quienes dicen que no existen las señales.

Aquel 15 de septiembre fue raro.
Me pasé la noche anterior escribiendo en el cuaderno de París. No dormí.
A las cinco y media llegué al aeropuerto. A las seis y diecisiete recibí una despedida que no esperaba, con dolor e ilusión.
Me quedé dormida en el avión.
Llegué a París y fui de Orly a Montparnasse en taxi. Me asombró una vez más que, siendo París tan aberrantemente cara, sus taxis sean más baratos que en Madrid.
En Montparnasse esperé durante horas, leyendo "La Orden del Fénix".
Tomé el tren a Niort. Me enamoraron los paisajes del centro y sur de Francia, que no conocía.

Llegué a la Gare de Niort, que llegaría a conocer muy bien, y esperé a que me recogieran..
Entré a la casa un poco asombrada por su estado. Saludé a los demás, me encerré en la habitación y me eché a llorar.
Salí a ver la ciudad y me maravillé. Era preciosa. Maravillosa. Estaba llena de rincones.

Esa noche llegaron los demás.

Y empezó la aventura.

Al día siguiente le compramos a C. una tarta de cumpleaños en el Carrefour grande.


Hoy, mi llegada a esa ciudad y el chico que conocía allí y que ha llegado a ser uno de mis mejores amigos, cumplen años.

Muchas felicidades, C. Que tu cuarto de siglo sea tan genial como todo apunta a que va a ser. Este año igual la tarta la tomamos en Madrid ^^
(Sé que no le das importancia a tus cumpleaños, pero sabes que yo sí, así que mala suerte, te toca felicitación pública ñ_ñ ).



Muchas gracias por todo, Niort.

Y ahora, a por más.



13 de septiembre de 2014

El derecho a decidir gana la partida

Hoy nos hemos levantado con una buena noticia que ha venido de nuestro Gobierno. Algo excepcional en España, y más en los últimos tiempos. El Ejecutivo de Mariano Rajoy ha decidido aparcar el proyecto de la nueva ley de "derechos del concebido y no nacido" (alias ley del aborto) con el que Gallardón lleva amenazándonos casi un año ya. Oportunamente, han comunicado esto apenas quince días antes del día por la despenalización del aborto, que se celebra el 28 de septiembre.

Los populares se han echado atrás, y el ex-alcalde de Madrid se ha quedado solo en su cruzada contra la libertad de decisión de las mujeres españolas.

No puedo más que alegrarme por la decisión de desistir de esta ley absolutamente abominable que, como ya expliqué aquí, suponía un retroceso de más de treinta años en la libertad reproductiva de las mujeres españolas.

No me alegro porque me parezca que el aborto sea algo positivo. Como he dicho infinidad de veces, el aborto es siempre un drama y una experiencia terrible. En una sociedad igualitaria, con buena educación sexual, con una economía solidaria y sin enfermedades, el aborto no sería necesario en ningún caso. Pero en nuestra imperfecta sociedad, desgraciadamente a veces el aborto es el menor de dos males, y por eso debe protegerse el derecho de la mujer a decidir qué mal le viene mejor, sin coacciones.

Y, por ahora, nuestro Gobierno nos permitirá seguir escogiendo si queremos o no, si podemos o no, ser madres. Sin penalizarnos, sin tomarnos por inconscientes, sin obligarnos a demostrar que no somos emocionalmente estables, sin criminalizar a los médicos que decidan proteger ese derecho. Seguiremos pudiendo decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad.

Merece la pena, dejando un segundo al margen las celebraciones, pararse a pensar qué ha llevado al Ejecutivo español dejar de lado una de sus apuestas más fuertes en esta legislatura.

En la noticia que enlazaba al principio del post, comentaban que incluso dentro del partido muchos estaban en desacuerdo con esta ley, por considerarla excesiva. Sobre todo cuando se comenzó a hablar de votar listas de malformaciones aceptables como causa de aborto, algo absolutamente dantesco.

Además, se incide en que los votantes del PP no se han sentido cómodos con esta ley. Esto, la verdad, me hace mucha gracia. En la primera entrada que escribí sobre este tema, un comentarista anónimo dijo que por mala que fuera la ley, estaba en el programa electoral "popular". Y es cierto. Los votantes del PP deberían haber tenido claro que si el partido al que votaban llegaba a gobernar, ésa sería una de las promesas electorales que se verían realizadas.
¿Cuál ha sido el problema? En primer lugar, que la gran mayoría de los españoles que votaron al PP en 2011 no lo hicieron por creer en ese partido sino por castigar en las urnas al PSOE. Una irresponsabilidad política tristemente habitual en este país.

En segundo lugar, que por mucho ruido que hagan la Conferencia Episcopal y las asociaciones antiabortistas, España es un país que está, en general, de acuerdo con la libertad de elección. Tal vez no para ir a manifestaciones, pero sí para ir a un hospital a abortar cuando llega el marrón. Por tanto, ver perfilarse una ley aún más restrictiva que la del 85, daba mucho miedo hasta a quienes de manera "cotidiana" se consideran antiabortistas, pero que no tienen claro qué harían si el bombo les tocase a ellos.
Y creo que, en tercer lugar, incomoda mucho a unos votantes que eligieron a Rajoy por no soportar más al PSOE que se persista tanto en esta ley cuando la crisis es cada vez más profunda y no está teniendo las soluciones prometidas. Cuando otras promesas electorales como las bajadas de impuestos o el respeto a las pensiones no sólo no se han cumplido sino que se han tirado por el váter para hacer justo lo contrario.

Y luego, está Europa. Comenté a principios de años que, intentando defender lo indefendible, Gallardón había argumentado en el Parlamento europeo que su ley era estupenda porque, además de ser una ley feminista ("de género", ponía en el informe del ministro), ¡nos iba a sacar de la crisis!
Sin embargo, Europa flipaba con nuestra ley retrógrada y espeluznantemente misógina, y en las elecciones europeas el PP pierde dos millones de votos españoles, dejándose aún más en evidencia.

Por lo tanto, un PP que ve las elecciones municipales y generales cada vez más cerca, que ve en las estadísticas que está a punto de perder su supremacía imperial, que asiste con asombro al ascenso de partidos inesperados, y que no ha tomado ni una decisión apoyada por los españoles en el tiempo que lleva gobernando, tira por la línea "moderada" en este único asunto. Al fin y al cabo, es de las pocas cosas que nos dejan decidir solos, sin injerencia europea.

También es cierto que dejando esta ley de lado el PP pierde lo que yo llamaba "la cortina de humo del feto muerto". Es decir, ya tendrá más difícil soltar a Gallardón hablando de las nuevas restricciones de esta ley cada vez que quieran aprobar una medida impopular. Decir que el proyecto se aparca, justo a principios de curso y con unas cuentas medidas impopulares a punto de ser votadas, ha sido (de momento) la última vez que el truco de lanzar este debate polémico a las masas para distraerla les funciona.

Dice Rajoy que le preocupa cómo se tome Gallardón la noticia, que el ministro se sienta desautorizado. Me llama la atención esa solidaridad hacia su colega, que nunca mostró hacia las españolas cuando esta ley le parecía lo mejor desde la fanta de limón.
A mí, personalmente, me la trae al pairo si Gallardón se va a pasar meses sintiéndose desplazado y escribiendo en su diario que nadie le quiere. Al fin y al cabo, hay que legislar para la ciudadanía, no para que el ego de los ministros ronronee.

En conclusión: el PP ha vuelto a incumplir su programa electoral (¿le queda algo todavía que pueda decir que ha cumplido?) pero en esta ocasión, a muchos nos ha dado una inmensa alegría.

Porque el derecho de las mujeres a decidir si quieren ser madres o no, ha ganado una dura batalla.

Feliz sábado.




8 de septiembre de 2014

Agua de mar y asfalto

Alzó la mirada y contuvo la respiración por un segundo.
Soltó el aire, despacio, sintiendo cómo el Sol le calentaba los párpados entrecerrados.
El tacto de la arena bajo sus dedos era tan real...
Escuchaba, sin oírlo, el vaivén de las olas.
Suspiró, dejando que un olor a salitre inventado le pintase la nariz de blanco.
Sabor a sal en sus rizos secos que olían a fruta.

"¿Dónde estás?"
"En el mar..."

Mil tardes vividas con los pies cubiertos por las olas hacían que hoy no le fuera posible salir de esa playa que sólo estaba en su mente.
Una playa sin turistas, sin levante, con días y noches calmos. Perros paseando, parejas abrigadas, niños bañándose en una playa atemporal.

¿Cómo es posible echar de menos un puñado de arena y unos litros de agua salada como si fueran el ser más querido?

El verano era playa. Playa que de niña llegaba a hastiarla, que le hacía inventar mil excusas para poder escapar de aquella rutina de madrugar para bajar a la arena y quedarse jugando hasta la hora de comer.
Playa que de adolescente fue el refugio de mil tardes que hubieran sido infernales sin el alivio de mirar a un mar que nunca le devolvía la mirada.
Playa que al crecer fue morriña constante. Que al visitarla fue modelo de mil fotos, testigo de mil pensamientos, de mil besos.
Playa que hoy estaba tan tan tan lejos...

...que no podía quitársela de encima.

Sabía, de esa extraña forma en que se saben las cosas que nadie nos explicó nunca, que aquel mar era parte de ella misma, como su color de ojos o el timbre de su voz al cantar.
Que era ésa la razón de que ahora, al cerrar los ojos, sólo viera olas tras sus párpados.

Navegó desde un espantoso sofá cubierto por una funda aún más espantosa.
Navegó por una bahía que sólo era para ella, en un velero con la génova desplegada y la mayor flameando...
...flameando... sonrió, al recordar otra risa que suscitó aquella palabra.
Navegó sobre un mar que pasó de repente de verdoso a azul intenso.
La belleza de lo inmenso...
¿Cómo es posible navegar en una ciudad sin mares?
Porque el mar se lleva dentro.

Vio, sin verlo, cómo la costa se alejaba en un murmullo de viento contra la lona.
El Sol quemaba, el agua refrescaba.
Y las millas fluían en una carrera contra el casco.

Sabor a sal, olor a soga.
Tacto de madera agrietada.

Atracar en puerto, saltar.

Y ahí seguía, en aquel salón absurdo en una casa absurda, en una ciudad maravillosa.
Y es que fuera, tras las ventanas, Madrid observaba y esperaba.


Fuera, el asfalto, el calor, los edificios... Una miríada de gente recorría las calles.
La ciudad tanto tiempo añorada, que tan pocas veces había decepcionado.
Llena de ruidos, de coches, de aceras, de portales en los que pintar noches en blanco.
Seis millones de personas tejiendo una red interminable de encuentros deslavazados y llenos de casualidad.
Madrid, llena de luces.
Tan bella a su propia manera, sin nada que ver con el mar.
Madrid, llena de momentos.
La de los atardeceres hermosos.


Cerró los ojos. Sonrió. Sus labios parecían perfilados con un estilete.
Una mano llena de arena y agua de mar.
La otra sosteniendo las llaves de una casa a un paso de una boca de metro.
¿Cómo dos universos tan diferentes podían significar tanto para una sola persona?
Raíces en un lado, frutos en otro.
Plenitud de tener lo mejor de las dos cosas, aunque nunca fuera a la vez.

Se asomó a una ventana que daba a ninguna parte que se pudiera encontrar fuera.
La felicidad era tan linda de ser vivida...