29 de junio de 2014

Sangre a 67€ la bolsa... segunda parte (el que tiene boca, mete la pata)

(Esta entrada es una revisión y rectificación de la entrada titulada "Sangre a 67€ la bolsa, otra mentira de Internet", si has llegado a este post directamente, te recomiendo que leas antes el otro)

El que tiene boca se equivoca, y normalmente el que lanza lo que le sale de la boca a la red, más aún. Y si el viernes yo propugnaba que hay que tener mil filtros con lo que se lee en Internet, no me acordé de tener otros mil con lo que te cuentan por la calle.

El sábado, representantes de la Asociación de Trabajadores Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid me comentaron por Twitter que lo que yo contaba en el post sobre la donación de sangre en Madrid no era verdad, o al menos no todo. De muy buenas formas y con mucha prudencia (cosa de agradecer en la jaula de fieras que a menudo es Twitter) me aconsejaron informarme mejor y me pasaron documentación.

Por supuesto, hubo alguno que aprovechó para llamarme ignorante sin aportar nada constructivo. Cómo mola atacar escondido detrás de una pantalla.

Entre la documentación que me hicieron llegar estaba el convenio en cuestión. Yo me lo leí por encima en su día, cuando la avalancha de eventos energuménicos, y esta vez, aunque lo busqué para colgarlo, no lo pude encontrar. Error, claramente.

Así que, tras leer el documento y buscar más información, publico esta entrada para rectificar lo que estaba mal y matizar algunas cosas.

Antes que nada, dejar muy claro que ni la anterior entrada ni esta pretenden descalificar a ningún organismo que participe en la cadena de que va del donante al receptor de sangre.

Dicho esto, revisemos:

De las cosas que yo afirmaba en el post del viernes, las siguientes no era ciertas:

-"Cruz Roja paga el material estéril no reutilizable".
Los suministros de bolsas, lancetas y demás material no reutilizable, los provee la Comunidad de Madrid, no Cruz Roja. Hay estipuladas entregas para el primer año de convenio (una cantidad) y casi el doble anual para todos los años que dure el convenio (un mínimo de seis).

-"Cruz Roja paga el material de uso continuo".
Lo mismo para camillas, tensiómetros, aparatos para medir la hemoglobina... En este caso, Cruz Roja debe reponer lo que sea necesario, pero de primeras se le da todo el que tenía el Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid.

-"En los autobuses va personal tanto de Cruz Roja como de la Comunidad de Madrid".
En los autobuses SÓLO VA PERSONAL DE CRUZ ROJA. Deja de haber enfermeros y médicos de la Comunidad de Madrid.

No sé qué interés pudieron tener en mentirme, sobre todo con una mentira tan fácil de tumbar. De hecho, creo que es algo que perjudica más que beneficia, ya que la confianza que yo pudiera sentir por esa persona casi que se evapora.


Sin embargo, las siguientes cosas que comenté sí son ciertas:

-Cruz Roja paga el combustible y mantenimiento de los vehículos.

-Cruz Roja paga los salarios del personal de los autobuses. De hecho, se ha contratado a bastantes sanitarios para cubrir las plazas de los autobuses cedidos.

-Se ha hecho un registro único de donantes aunando las bases de datos de Cruz Roja y de la Comunidad de Madrid.

Es decir, que sí hay gastos que cubrir.


Por último, unas cuantas cosas que yo no sabía y me han llamado la atención al leerlas en el convenio.

-La Comunidad de Madrid se encarga ahora del análisis, el abastecimiento y la distribución de la sangre a los hospitales de la región, tanto públicos como privados (antes del convenio, la CM sólo daba sangre a centros públicos, y CR a privados, otras comunidades, etc).

-La Comunidad de Madrid, pese a poner su logo en los autobuses y facilitar el material, renuncia a cualquier responsabilidad de lo ocurrido durante las donaciones. Si a ti en un descuido te matan, la responsabilidad es exclusivamente de Cruz Roja.

-En el convenio no se detalla qué está pagando la Comunidad de Madrid a Cruz Roja. Sólo se estipula la cantidad pero no el servicio. Para mí, esto es la base del bulo de la venta de sangre, y es una metedura de pata.

En fin, esto es lo que he aprendido y sacado en claro tras hacer los deberes. Pido perdón por haber hablado sin saber de parte de la historia.

Asimismo, vuelvo a repetir los dos puntos que para mí son los más importantes, y en los que creo que es necesario insistir hasta la saciedad.

-La venta de sangre en Europa es ILEGAL y por tanto Cruz Roja no está vendiendo sangre a la Comunidad de Madrid.
El precio de 67€ por bolsa de sangre (que está desafortunadamente así expresado, llamando a equívoco por todas partes) es un cálculo de lo que vale el servicio de Cruz Roja como extractora. Se ha delimitado un cupo de extracciones que Cruz Roja debe realizar, y se ha estipulado un precio por cada una de ellas. Pero no se compra la sangre, sino que se paga el servicio. Puede parecer lo mismo, pero no lo es. Ni la Comunidad de Madrid ni Cruz Roja comercian con la sangre donada en España.

-Este convenio es una privatización de un servicio de la sanidad pública, contra el que se debe protestar.
Dado que la Comunidad de Madrid continúa extrayendo en los hospitales y centros de salud, una buena forma de protesta es dejar de donar en autobuses e ir directamente a los centros médicos. La PEOR forma de protestar es dejar de donar. De hecho ni siquiera es una forma de protestar, es pasotismo absoluto.
Atacar, agredir e insultar al personal de Cruz Roja tampoco es una forma lícita de protestar. Es ir contra trabajadores que no tienen ninguna culpa de la privatización del servicio, y que hacen una labor estupenda favoreciendo que quien quiera donar, done.
Dejar de donar con Cruz Roja en otros lugares donde no exista esa privatización (por ejemplo, en Andalucía) tampoco es una buena forma de protesta.

Y eso es todo. Creo que ya está toda la información del tema que puede resultar interesante. Por supuesto, ni borro ni modifico la entrada anterior, porque la metida de pata fue ésa y fue así, y al final tener más puntos de vista siempre enriquece, aunque sea sobre la compulsión de mentir del ser humano cuando se siente atacado.

Queda publicada la primera rectificación del blog. Y me alegro, que estas cosas enriquecen.


27 de junio de 2014

Sangre a 67€ la bolsa, otra mentira de Internet

(Este post tiene una "segunda parte", rectificando errores y añadiendo matices en la entrada "Sangre a 67€ la bolsa... segunda parte (el que tiene boca, mete la pata)" )


Primera norma del usuario de Internet responsable: No te creas NADA sin contrastarlo primero.
Segunda norma del usuario de Internet responsable: Todo lo que "se cuenta" en Internet es MENTIRA hasta que se demuestre lo contrario.
Tercera norma del usuario de Internet responsable: Los linchamientos ocasionados por cosas "contadas" en Internet son de GILIPOLLAS.

Hace unos meses empezaron a circular por las redes artículos, eventos, peticiones de firmas y protestas varias por el acuerdo firmado entre Cruz Roja y la Comunidad de Madrid.
Las protestas decían, sin excepción, que la Comunidad de Madrid iba a dejar de extraer sangre en colectas callejeras, iba a regalar sus autobuses a Cruz Roja, e iba a comprar la sangre a dicha organización a 67€ la bolsa. Los eslogans eran del tipo "lo que tú donas, ellos lo venden".
Vale la pena saber que la compraventa de sangre es algo PROHIBIDO en España por el Real Decreto 1945/1985 de 1985, refrendado por las directivas 2002/98/CE2004/33/CE de la Unión Europea y de nuevo sostenido en el Real Decreto 1088/2005. La sangre se dona de manera altruista. No se puede comerciar con sangre en la UE. Punto pelota.

Por lo tanto, gritar a los cuatro vientos que uno de los movimientos humanitarios más antiguos e importantes del mundo, y la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, se iban a pasar por el forro dicha legalidad española y europea, ya huele mal. Huele a exageración histérica de internautas desbocados y de medios de comunicación oportunistas y sensacionalistas (que fueron todos menos los de extrema derecha, que ya sabemos que apoyan a los suyos digan la verdad o mientan).

Yo me quedé muy parada, porque a mí ya me habían explicado en mi casa, cuando empecé a donar, que la venta de sangre es un delito igual que la venta de riñones humanos. Y lo mejor es que nadie me sabía confirmar si aquello de verdad era así.

Y hoy, después de casi un año, he ido a donar sangre. No he podido hasta ahora por unas cosas y otras, pero hoy me he montado en el autobús que está en la Puerta del Sol y en el que había logos tanto de Cruz Roja como de la Comunidad de Madrid.

Me subí, me dieron el cuestionario, y ya vi cosa diferentes: El cuestionario era nuevo, me pidieron los dos carnets de donante, y había personal más familiarizado con las cosas que yo ya había visto en Cruz Roja, y otro con las que yo conocía de donar con la Comunidad de Madrid.

Y me llamó muchísimo la atención que el autobús estaba vacío, cuando normalmente en Sol hay siempre cola para donar. O la había hasta el verano pasado, cuando lo hice por última vez.

Mientras me hacían el reconocimiento médico, le pregunté a la doctora por el tema de los 67€ por bolsa, y me lo explicó muy claro y con mucha amabilidad, de la siguiente manera:

-La Comunidad de Madrid decide dejar de extraer sangre en las calles, y cede esta competencia a Cruz Roja, dejándoles los autobuses.
-Se organiza un único registro de donantes común entre Cruz Roja y la Comunidad.
-La Comunidad de Madrid se ocupa por completo de las colectas de sangre en hospitales, y puede organizar campañas de donación.
-En los autobuses va personal tanto de Cruz Roja como de la Comunidad de Madrid.
-La extracción de sangre en la calle tiene unos costes, a saber:

  • Sueldo de enfermeros, médicos y conductores.
  • Gasolina de los autobuses (tanto para moverse como para calefacción/aire acondicionado)
  • Bolsas de sangre
  • Material estéril no reutilizable (agujas, tubos, guantes...)
  • Material de uso continuo (el cacharro de mirar la hemoglobina cuesta 50cts cada vez que mide a una persona)

-Se decide establecer ese coste en unos 67€ POR EXTRACCIÓN. Es decir, que el que tú llegues, te hagan las pruebas, y dones, cuesta 67€ al que lo haga. Sea la Comunidad de Madrid, Cruz Roja o el Conde Drácula (aunque ese se ahorra las agujas). Lo que se paga no es la sangre, sino el servicio de la colecta, que SIEMPRE tiene un coste.
De hecho, establecer el precio en donaciones es más justo que fijar, por ejemplo, una mensualidad, ya que si Cruz Roja no hace extracciones, la Comunidad de Madrid no paga. Es decir: Si un día a una colecta no va ni un solo donante, la Comunidad no paga ese dinero destinado a, por ejemplo, salarios que SÍ se van a cobrar.
¿De verdad creemos que Cruz Roja hace negocio con esto? Por favor...

Esto que me explicó amablemente la doctora aparece también en la web de Cruz Roja muy clarito.

Lo que no aparece, es que las protestas de los energúmenos que se han enterado de la
misa la media han consistido, entre otras cosas, en tirar cubos de pintura roja a trabajadores de Cruz Roja, en atacar autobuses, y, sobre todo, en dejar de ir a donar sangre. No, no es que ahora vayan sólo a los hospitales, donde la extracción sí la lleva la Comunidad. Han dejado de ir, y punto. Y los pacientes, que se jodan.

Cuidado, no estoy defendiendo el acuerdo, ni la decisión de la Comunidad de Madrid, estoy tratando de poner las cosas en perspectiva.

¿Es esta externalización algo negativo? SÍ.
Para empezar, es una privatización. Se cede a un organismo ajeno al Estado una competencia desempeñada hasta ahora por la Sanidad Pública. No hay que pagar, no hay cambios para el público, pero es una privatización de algo que en España teóricamente es público y universal.
Para seguir, va en contra del principio de independencia de Cruz Roja. Se ve bastante bien en este artículo.
Para terminar, supone un cambio muy importante que puede ser un precedente para otras regiones que también quieran externalizar sus colectas de sangre en las ciudades.

Pero... ¿es esto compraventa de sangre? NO. NO. NO. Y NO.

Y, yendo más allá, ¿dejar de donar en las colectas paraliza la privatización o sirve para algo más que para dejar sin sangre a pacientes que la necesitan? TAMPOCO.

Llevo donando sangre dos o tres veces al año desde los dieciocho. He donado en autobuses, en hospitales y en puestos colocados en el Metro. He donado con Cruz Roja y con la Comunidad de Madrid. He donado en todas las épocas del año. Y he donado para ayudar a quien pueda necesitar de sangre para encontrarse mejor. Y cuando he dejado de ir a donar varios meses ha sido por encontrarme en el extranjero, o por saber que no me iban a dejar donar por razones varias.

Protestar por una privatización me parece lícito no, licitísimo.
Protestar por la venta de sangre en países en donde se venda sangre me parece una obligación moral.
Protestar por una cosa que no se sabe lo que es, me parece de ser ignorantes. 
Y protestar dejando de donar sangre me parece de un egoísmo que da miedo.
¿No quieres donar con Cruz Roja? Vete a cualquier hospital. Pero sigue donando.
Si dejas de donar por no ir a los autobuses, es que a ti la donación sólo te interesa si te la ponen delante, y la protesta es lo que menos te importa. Una verdadera protestapor la privatización de la extracción de sangre sería colapsar los hospitales de donantes, demostrar que el número de personas decididas a donar es tal que los autobuses PÚBLICOS son necesarios.

Y todo esto, si partimos de la base que el que la sangre la recoja Cruz Roja es algo malo. Ya que eso 67€ por bolsa (que, repito, no es por la sangre, es una forma de calcular el gasto) los pagaría igualmente la Comunidad en salarios, gasolina, material e infraestructura.
Y vale la pena recordar que hasta ahora la recogían de manera independiente aunque conjunta, y que en el resto de comunidades de España, la siguen recogiendo.

Sé que este post es una gota en un mar de gritos sordos, pero me parece que hay gotas que son importantes. Que protestar por las razones correctas es importante. Y que defender lo justo es siempre importante.

Que con todas las razones lícitas que tenemos para llevarnos las manos a la cabeza y echarnos a la calle, la mitad de las veces acabamos eligiendo las que son mentira, las que están tergiversadas, o las que son gilipolleces, joder.


***

Con todo mi cariño para la doctora y las cuatro enfermeras que han estado hoy en el bus conmigo, que se han portado fenomenal, me han hecho la extracción menos dolorosa de mi vida como donante, y han sido encantadoras.
No sé cómo os llamáis, pero va por vosotras.



(Repito: Este post tiene una "segunda parte", rectificando errores y añadiendo matices en la entrada "Sangre a 67€ la bolsa... segunda parte (el que tiene boca, mete la pata)" )

25 de junio de 2014

El absurdo autonómico

Soy andaluza. Nacida y criada en Andalucía.
Eso no tiene el menor mérito: mis padres eran andaluces, se conocieron en Andalucía y procrearon allí. No tuve la menor participación en el proceso.
No me siento particularmente orgullosa de ser andaluza, igual que no me siento orgullosa de tener el pelo rizado. No tiene nada que ver conmigo, me llegó así.

Viví hasta los diecisiete años en Andalucía, sin ser demasiado consciente de las diferencias entre mi región y las otras, las que estudiábamos en "Cono" o en sociales, y las que visitaba de vez en cuando con mis padres.

Con diecisiete años, decidí irme a estudiar la carrera a Madrid: Mejores universidades, muchas más oportunidades de empleo, y la posibilidad de estar lejos de un sitio que me asfixiaba, lleno de gente a la que quería perder de vista (aunque tuviera en él también a personas muy queridas).

Yo pensaba que iba a ser poco menos que automático. Al fin y al cabo, era España.

Para solicitar la Universidad de Sevilla, sólo tenía que entrar en Internet y rellenar un formulario muy sencillo.
Para hacer preinscripción en Madrid tenía que enviar carta certificada.
Además, tenía que trasladar mi expediente de la Universidad de Cádiz (donde hice selectividad) a la Complutense. De haber elegido Sevilla, no habría tenido por qué.
Pero es que Madrid es otra comunidad autónoma.

Si me hubiera querido matricular en una universidad catalana, o más adelante trabajar en Cataluña, se me habría exigido saber hablar un idioma que no he escuchado más que en la tele, que no se enseña en todo el país. Sin embargo, ellos no tienen trabas para trabajar en el resto de España. Esto no es un ataque hacia el catalán, es la constatación de una injusticia que deriva de nuestro modelo nacional.

Cuando llegué a Madrid, me informaron de que tenía que pedir cobertura sanitaria. Yo respondí que tengo mi tarjeta de la seguridad social desde siempre.
Me explicaron que la sanidad pública española, no es exactamente española. Es más bien autonómica.
Si yo tengo cobertura sanitaria andaluza y me desplazo a otra comunidad, tengo que empadronarme en esa comunidad para poder tener médico de cabecera. De otra manera, sólo tengo derecho a ir a urgencias (y aún así me han puesto pegas).
Los estudiantes tienen derecho a ir cada año escolar a un centro de salud con su tarjeta y la matrícula del curso, y eso les da derecho a un año de cobertura.
Bueno, no en todos los casos. Por alguna razón que desconozco, los catalanes y mallorquines no tienen derecho a ese convenio, y directamente tienen la otra sanidad de desplazado, que ahora comentaré. Y eso que yo sepa, no viví con gente de todas las comunidades que me lo pudiera contar.
Una vez terminas la carrera, o te empadronas en Madrid (o en la comunidad en que estés, ojo, esto no es exclusivo ni mucho menos de Madrid) o tienes tres meses de sanidad. Después puedes renovarla.
Ahora mismo, que pese a estar trabajando y cotizando sigo empadronada en Andalucía por razones que no tienen anda que ver con el tema, yo sigo sin sanidad en Madrid.
Estoy pagando a una seguridad social NACIONAL, pero se me ofrece un servicio autonómico.

Cuando me inscribí en el INEM... Me explicaron que el INEM ya no existía. Que está el SEPE, que es nacional, y luego las delegaciones autonómicas.
¿Y sabían ustedes que sólo pueden buscar trabajo dentro de su comunidad? Bueno, es cierto que al rellenar la solicitud te preguntan si buscas curro en Andalucía, España, o el mundo mundial, pero tu solicitud de empleo está en Andalucía.
Cuando me trasladé a Madrid tuve que pedir que trasladasen mi demanda.

Me enteré, ya aquí, de que los programas de estudios son diferentes. Compañeros de comunidades "orgullosas de su acervo cultural" se habían examinado, como yo, de temas tipo "la cultura romana en la bética" o "ciencias aplicadas en Andalucía/Extremadura/Galicia...". Los madrileños, y los castellanos, no.
Ellos estudiaron a Niezstche mientras yo aprendía sobre la infumable filosofía de María Zambrano, sólo porque era andaluza (bueno, y mujer, pero de esa gilipollez pseudoigualitaria hablaremos otro día).

Aprendí en Derecho, en tercero de carrera, que mantenemos Parlamentos en todas las comunidades, amén de un Tribunal Superior de Justicia autonómico que se añade a las Audiencias Provinciales, y con el que a veces hay conflicto de competencias.

Una profesora que tuve en París, de Derecho de la Comunicación, me comentó que nunca había entendido el modelo de Estado español. "¿Sois federalistas o unitarios? Porque tenéis todos esos parlamentos, y juzgados... pero en teoría no sois un estado federal, ¿no? ¿Cómo funciona eso? ¿Y cómo lo podéis mantener?". No supe qué contestarle, lógicamente.

Estoy en contra de las comunidades autónomas. Muy en contra. Tremendamente en contra. Me parecen un agujero negro económico, un multiplicador exponencial de la burocracia y una forma tremendamente efectiva de tener a los españoles separados y gritando por veinte cosas diferentes, por considerarse distintos, en lugar de hacer causa común en cualquiera de las muchas cosas que nos afectan a todos.

Ya comenté cuando el día de Andalucía que son, además, una manera de lavarnos el cerebro para que nos creamos especiales pro haber nacido en un sitio particular, alimentando el regionalismo (que no es más que un tipo de nacionalismo), una de las ideologías más catetas y cerradas que se pueden encontrar, sobre todo en un momento en que el mundo está cada vez más cerca de nosotros, y la sociedad es más global.

El hecho de que si una familia se traslada de comunidad tenga que cambiar de tarjetas sanitarias, hacer traslados de expedientes, modificar datos legales o administrativos... es una barbaridad. Máxime cuando dichos trámites no existen, o se reducen al mínimo, si la mudanza es dentro de la misma región.
Dificulta la movilidad dentro de España. ¡Joder, si casi era más fácil irse de Erasmus o a currar fuera! De hecho, la tarjeta sanitaria europea también te la dan por tres meses. Será que irse a Madrid desde Andalucía es como irse a París desde Madrid. Qué cosas.

Nuestros políticos aprovechan los beneficios que este modelo tiene para ellos, que son todos: Diciesiete parlamentos para proliferar, además de las dos Cámaras nacionales, los ayuntamientos, las diputaciones y demás. Además de la oportunidad de cambiar por completo cosas como la enseñanza y la sanidad según el sitio en el que estén.

Yo me quedé PASMADA al llegar a Madrid, al comprobar que aquí los colegios públicos eran "malos", y que la mayoría de los niños iban a privados o a concertados. En mi ciudad, concertados hay dos o tres, privados dos. Y de siempre se mira mejor a los de los públicos porque se sabe que aprueban estudiando y no pagando.
Lo que se ha hecho con la educación pública en Madrid es vergonzoso.
Y eso deriva de las autonomías.

Yo votaría encantada a un partido que se comprometiese a desmantelar por completo este modelo de Estado. De mil amores.

Ojo, eso no implica que esté en contra de las particularidades regionales. Me parece que son interesantes, que está bien que se aprendan. Pero no son cruciales. Y no deberían comerse el tiempo que se comen en la educación.
Además, esas particularidades no necesitan de una estructura política que las sustente. Y muchísimo menos de la aberración que suponen las embajadas y consulados autonómicos que hay repartidos por ahí.

O, si no, vamos a hacernos federales, como Estados Unidos o como Alemania. Todo delegado a las autonomías y a tomar por saco. Pero una cosa racional, no un batiburrillo absurdo como el que tenemos.

Sin embargo, desgraciadamente, a día de hoy es imposible cambiar esta barbaridad. Hay demasiados españoles encantados con su "yo no elegir nacer en ________ simplemente tuve suerte", y con su orgullo regional y sus rencores hacia las demás comunidades, o hacia España en general.
Son muchas generaciones de lavado de cerebro, de discurso político engañoso, y ya es casi imposible explicar que ese cambio, además de ahorrarnos un dineral, facilitaría mucho las vidas de quienes salimos de nuestra región. Pero claro, es saliendo como se aprende a abrir la mente y se da cuenta uno de la gilipollez que supone dividir en lugar de unir. Y a quien no sale, lo mismo le da. "¿Para qué voy a salir? Yo me quedo aquí, con mi madre, con mi gente. En mi tierra".
Si hoy un partido en el Gobierno propone el fin de las autonomías, se le echa del parlamento de una patada en el culo: Si proponen federalismo, los amantes de la patria Una Grande y Libre, por querer romper la unidad de España (imaginen la E adornada y en tipografía gótica). Si se propone unitarismo, el resto por querer desvirtuar la pureza cultural de las regiones y someter al yugo del Estado y del malvad Madrid oscuro de Felipe II la maravillosa diversidad de las comunidades.
Somos así de gilipollas.

Y así nos mangonean como quieren, porque firmamos para ser mangoneados. Porque votamos para ser mangoneados. Y estamos felices en el mangoneo. Es maravilloso pertenecer a esta hermosa región y que nos chupen la sangre, y no poder ir al médico de cabecera, y tener que hacer mil papeles para cualquier traslado.
Porque eso conserva nuestra identidad regional, y permite que nadie olvide que Lorca era andaluza, y de ninguna otra parte... aunque estudiase en Madrid muchos años, viviese en Nueva York, Cuba, Sudamérica y de andaluz al final le quedase el acervo cultural (que dudo que se lo enseñasen en el colegio). Todo para que le fusilaran en Fuentevaqueros por rojo y por maricón, que seguro que el pobre habría preferido quedarse en América, o en cualquier otro sitio, en lugar de en este país absurdo que lucha por pelearse consigo mismo desde el principio de su Historia.

24 de junio de 2014

Las chanclas

Que las modas siempre vuelven es un mantra que todos hemos escuchado y/o pronunciado innumerables veces, pero para mí siempre había sido algo así como una norma lejana. Como lo de que el cartero siempre llama dos veces, o que rosa con rojo puñetazo en el ojo. Cosas que no me afectaban.
Es verdad que cuando voy a las tiendas de ropa, un año me encuentro pantalones pitillo y al siguiente de campana, con una frecuencia bianual impecable, pero eso para mí no era retorno de ninguna moda, sino gana de tocar los huevos de los que deciden la ropa para el año en curso.

Sin embargo, el retorno de los armarios del pasado me ha dado hoy una patada en la boca casi literal.

Iba yo andando por la calle, volviendo de comer, pensando en que últimamente estoy sobreinspirada y se me está llenando el blog de borradores que tienen sólo título porque se me ocurren docenas de temas a la semana pero nunca tengo tiempo de sentarme a desarrollarlo, y cuando lo hago la mitad de las veces es para escribir uno nuevo que para nada era lo planeado, y claro, dices, bueno no pasa nada, es mi blog, escribiré lo que quiera cuando me dé la gana, pero entonces piensas ¿¡¿¡¿y todos esos temas sin tratar!?!?!? ¡¡¡se me van a pasar de fecha!!! y es muy triste pensar en posts caducados antes de empezar como tristes yogures con trozos olvidados en el fondo de la nevera; aunque al mismo tiempo, mira la entrada del agua de Madrid, que de hecho comenzó como un borrador en 2012, y en 2014 le di salida, coño si le di salida, como que a lo tonto fue el pequeño detonante que precipitó las cosas para que todo volviera a su cauce; pero aún así es un estrés decir "oh, casi me linchan en Facebook por soltar un presunto spoiler, ¿y si hago un post sobre los spoilers?" "vaya, esta agenda es curiosa, ¿y si cuento en el blog sobre mi TOC con las agendas y los calendarios?" "qué pesaditos con Felipesesto... ¿me marco una entrada sobre el tema?", por citar sólo 3 de esta última semana, pues no se puede vivir porque no tengo horas para tanto post, y la idea de escribirlos en el metro en la hora muerta que tengo al ir a la Fábrica de Ideas, y la hora muerta de vuelta, pues está muy bien pero es que tendría que cargar el ordenador... ¿no sería la leche encontrarme una tablet sin dueño por ahí? ¿o que me regalasen una en calidad de bloguera estresada? anda que no molaría...

.....

¿de qué hablábamos?

Ah, sí, perdonad.

Decía que iba yo esta tarde por la calle, después de ir a comer, y mucho después de salir de currar, y poco después de comprarme una agenda roja y maravillosa de la que a lo mejor os hablo en otro momento, cuando vi en una zapatería algo que jamás pensé que volverían a ver mis ojos.


Esas chanclas.
Esas chanclas de plástico transparente, de tiras, con hebilla.
Esas chanclas que mi padre llevaba toda la vida, desde que yo tengo recuerdos de ir a la playa.

Si hay un artículo indumentario por el que yo habría apostado dinero a que no volvía a ponerse de moda... eran esas chanclas. Lo juro.
¿Por qué? Porque son absolutamente de otra época. Son como los impertinentes, los monóculos o las togas, cosas que SABES que son antiguas, que es OBVIO que no volverán a ser "trendy" (palabra cursi donde las haya).

Pero ahí estaban, para quitarme la razón y el sentido lógico de la existencia.

Para mí esas chanclas son casi una reliquia familiar. De hecho he estado muy tentada de comprarme unas sólo para dárselas a mi padre (que sospecho que aún tiene las suyas en algún rincón de su Diógenes ordenado y particular) o para ponerlas en un altar en mi salón.

Esas chanclas son los veranos en la playa de Roche, cuando yo era una enana que quería tirarse al mar nada más llegar. Mis padres siempre me decían que "probase el agua" y les dijera si estaba buena para entonces ir ellos. Y yo iba, me metía en el agua, me pasaba una hora haciendo el mongui en el mar, y luego informaba de lo estupenda que estaba.
Mi padre se tiraba al mar a coger olas con la tabla, y como yo era muy pequeña le esperaba en la orilla y le ponía "tapas y cocacolas" consistentes en puñaditos de arena sobre la tabla cuando llegaba lanzado.
Cuando me aburría, hacía castillos de "churritos" con mi madre en la orilla (para quien no sepa lo que son: imaginad la Sagrada Familia, y reducidla a 10 cm de altura. Se hacen dejando caer arena mojada entre los dedos, Gaudí no inventó nada).
A veces mi padre me llevaba hombros hasta lo hondo, donde estaban las olas enormes (teníamos una clasificación muy compleja, la más enorme era la ola churriburritracatraca) y siempre salíamos del agua con mi padre poniendo una voz muy grave y cantando o bien esta canción, o bien ésta otra.
Eso son esas chanclas.

Creo recordar que yo llegué a tener unas de color rosa (por supuesto, transparentes) y tengo el recuerdo de que mi hermano tuvo otras que eran tamaño minipié cuando era casi un bebé.
Sé de cierto que para cuando mi hermana Brujita llegó a la familia (entonces ya yo cogía olas con mi propia tabla, sufriendo revolcones espectaculares, y era mi hermano el que iba a hombros) ella no tuvo chanclas así.

Para mí ver esas chanclas en una zapatería es como que vendan viajes al pasado por 12 euros. Me han dejado alucinada.

Porque además, no son nada bonitas, y sólo son prácticas a medias.
Se pegan al pie, y si andas mucho con ellas la marca que queda es espantosa, y nada discreta. Se ponen opacas, de un color amarillento, a los pocos meses. El pie se te cuece, porque no termina de estar al aire y está rodeado de plástico. Son mufeas.

De bueno tienen que sujetan bien el pie, no se te salen, pero para eso también valen las chanclas cangrejeras (o chanclas de río) que son más monas, y más cómodas.

O sea, que ponerlas de moda es o bien un intento de retrotraer a mi generación a su infancia más profunda, o una malvada estrategia para que los más "fashion" lleven cosas espantosas en los pies por puro placer sádico.

Nunca seré capaz de entender la moda. Pero oye, la cosa me ha dado para un post, un desvarío, un recuerdo de la infancia y unas risas...

...que para ser unas chanclas feas, tampoco está nada mal.



La noche más mágica del año

Noche de fuego.
De purificación.
De mar y estrellas.

Noche de magia.
De brujas.
De maravilla.
De belleza.

Noche de ritos
de sorprender
de sorprenderse
de cambiar.

Noche de celebrar.
Noche de purificar.
Noche de alimentar.
Noche de desear.
Noche de soñar.

Y me pilla lejos del mar, pero con el corazón muy cerca.

Feliz noche de San Juan.


20 de junio de 2014

PastaBox... tu me manques.

Te echo de menos.
Te echo de menos con una amargura que me corroe las entrañas.
Te echo de menos varias veces por semana.
Te echo de menos y sé que no tiene solución. Que de momento no puedo volver a verte.
Y sufro.

Sufro porque llego del trabajo cansada, hambrienta, saturada… y no estás esperándome.
No estás como estabas en Niort, o en París, aguardando en un silencio plácido a que yo fuese en tu busca.
No estás, preparado en todo momento para consolarme y hacerme la vida más fácil.
No estás ahí, en tu rincón, a la espera de tu momento.

Y me cuesta vivir sin ti.
No teníamos una relación demasiado cercana, lo nuestro era ocasional.
En el Carrefour te elegía, normalmente elegía a varios como tú, y os dejaba en la nevera.
Y me olvidaba de vosotros.
Hasta ese momento.
Hasta ese día crucial, que se daba cinco o seis veces al mes, en que llegaba demasiado cansada, o triste, o sencillamente vaga. En que no me apetecía pensar, ni cocinar, ni hacer nada.

O hasta esas noches en que sólo pensar en la hora de comer en la oficina al día siguiente me daba escalofríos, porque sólo quería tumbarme a descansar.

Y allí estabais, esperando, amables y honestos.

Y yo alargaba la mano, en una caricia de alivio, llena de triunfo. Y te elegía.

Y abría con delicadeza la tapa de cartón.

Y retiraba solamente la punta de la capa de plástico.

Y te observaba dar vueltas, calentándote poco a poco… hasta que estabas casi hirviendo en ti mismo.

Y me deleitaba en tu sabor, dejaba que tu suave textura me acariciase los labios, notaba cómo se fundían tus jugos en mi lengua…
Y luego tragaba.

Ahora no te encuentro. No estás en ninguna parte y mi vida sin ti es mucho menos cómoda, carece de la calma y la belleza de esos pequeños instantes en que apartaba el frasco de mermelada “La bonne maman”, y te encontraba allí.

Algunos me dicen que exagero. Que te idealizo. Pero ellos no te han tenido entre sus manos, no te han saboreado entre sus labios, no han pinchado cada gramo de ti con ese tenedorcito de plástico desmontable que era parte intrínseca de tu misma esencia.

Sé que no eras bueno para mí. La nuestra no era una relación sana. Tenías conservantes, tenías grasas, tenías muchos menos nutrientes de los adecuados. Y es por eso que sólo nos veíamos unas cuantas veces al mes.
Pero a ti nunca te importó. Entendías que mi salud estaba por encima, y lo respetabas con tu silencio frío, ocultando siempre lo que llevabas dentro en tu frío rincón.

Te echo tanto de menos, mi Pastabox.



Los precocinados en España no son lo mismo. No han llegado a la perfección de tu concepto. A esas cajas de plástico con cubierta de cartón, dentro de las cuales podía encontrar pasta carbonara, pasta con tomate, pasta con salsa de queso, fideos chinos, o incluso carne de kebab con patatas.
Sé que eso es bueno, que obligarme a cocinar cada día es algo que mi salud agradece. Pero el estómago, el corazón y la pereza tienen motivos que la razón no entiende, y no puedo evitar anhelar la comodidad que me entregabas sin pedir nunca nada a cambio.

Los tres minutos que tardabas en estar listo para mí.
La humildad de no pretender que te fregasen, de dejarte caer con una elegancia admirable en el cubo de basura, consciente de que tal era tu destino, sin ningún reproche para el mundo.
La variedad que ofrecías desde tu estante refrigerado.
Tu marketing cutre de colores estridentes, totalmente innecesario, pues nadie tenía que convencerme de elegirte a ti. Sólo a ti. Nada más que a ti.

Te echo de menos, Pastabox. Cuando llego del trabajo, de pasar una hora en el metro, y en mi nevera sólo encuentro materias primas. Cuando tengo que comer fuera y debo preparar un tupper que luego se vierte en la bolsa, dejándolo todo pringado. Tú eras tan limpio… tan decente…

Sé que pasará mucho tiempo antes de que vuelva a verte. Que, como los beignets relleno de chocolate, la mermelada Bonne Maman o los deliciosos quesos a dos euros, perteneces al país vecino, y no creo que llegues pronto a mi vida española. Lo sé. Y me resigno a ello con dolor.

Pero eso no quita que te recuerde con cariño, que te anhele, y que me salga hoy del alma dedicarte estas palabras para decirte que tu me manques, y que a menudo desearía haberte raptado en mi maleta…

Au revoir, mi pequeño salvatardes gabacho. No nos veremos pronto, pero no te olvidaré. Puedes estar seguro.


14 de junio de 2014

No entiendo el alcohol

alcohol
No bebo alcohol. Nunca he bebido alcohol.
Y no entiendo el alcohol.

No es una cuestión de principios, ni mucho menos. Cuando, con trece o catorce años, mis amigos empezaron a beber, yo probé una cerveza o un cubata igual que todos. Me supo a rayos. Y me asqueó especialmente ese regusto entre ardiente y picante que se quedaba en la garganta.

Decidí que no me compensaba acostumbrarme a ese sabor, y no perseveré como hicieron (de forma bastante entusiasta) mis congéneres.
De hecho, su perseverancia todavía me creó más rechazo. Salíamos juntos, esas primeras veces en que vas por ahí, y yo veía cómo, con cada copa, se volvían más tontos, más egoístas, más bordes, más depresivos... cada uno evolucionaba según su carácter. Y, al final, como con trece años no mides, había que llevar a alguno a su casa en brazos, limpiarse las salpicaduras de vómito ajeno, o llamar a una ambulancia.
Tomarme una cosa que sabía a rayos, y encima provocaba semejantes cambios en la personalidad me parecía una imbecilidad de libro, así que pasé de seguir investigando.

En la adolescencia eso me supuso salir poco, y ver mi vida social "normal" reducida casi hasta el ridículo, porque lo que se hacía era ir al parque y hacer botellón hasta el desmayo, con eventual visita a una "disco-light" en la que seguir bebiendo y enrollarse con alguien a quien el domingo no recordarías. De hecho, lo guay era enrollarse con unos cuantos, para contar las muescas en la culata el lunes en el recreo.
Y claro, ni ellos querían a una sobria cerca, ni a mí me motivaba ver a mis amigos degenerar hasta ese punto, así que me iba a casa pronto.

Aún así, y cuando vi que había quienes bebían alcohol y se quedaban en un sano "puntito", fui probando diferentes copas. No me hacía falta pagarlas, porque no hay nada que motive más al mundo en general que dar de beber a un abstemio. El que esa noche quería convencerme de beber se pedía una bebida "que no sabe a alcohol, te lo juro, no se nota" y me daba un sorbo.
Por supuesto, sabía a alcoholo. Todas las bebidas alcohólicas saben a alcohol y tienen ese regusto caliente en el cielo de la boca. Todas, sin excepción.

Al final, desistí, y me quedé cómodamente con mis refrescos y mis cócteles "vírgenes".

Aún ahora hay quien me conoce y al saber que no bebo me dice la frasecita "Eso es porque no has probado el (insertebebidaalcohólica)", o la de "Un día sales conmigo y se te quita". 
Son muy monos.

Sin embargo, por cómoda que esté yo siendo abstemia, lo cierto es que hay un amplio campo de la experiencia humana "normal" que desconozco por completo y que a menudo no entiendo.

Por ejemplo: Domingo por la mañana, hace un año y medio. Salgo de mi cuarto y me
encuentro a una de mis compañeras de piso derrengada en el sofá, con cara de muerta viviente, con un vaso de agua delante. Está mirando al vacío, tiene el maquillaje de la noche anterior corrido, y un rictus de dolor.
¿Estás bien...?
No... Tengo resaca...
Su voz suena cascada y ronca. Yo me la quedo mirando y le digo.
¿Y eso cómo es? ¿Cómo es tener resaca?
La cara que la pobre criatura puso en ese momento no se me olvidará en la vida. Creo que si le hubiese preguntado por el sentido de la existencia humana no habría parecido más desconcertada.
Aún así, hizo el esfuerzo.
Claro, que tú no bebes... no sabes lo que es... Pues... es... dolor de cabeza... y... malestar... y... como náusea pero no exactamente... y... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Mira Buhonera, no te lo sé explicar. Es lo peor del mundo.

Evidentemente me quedé sin saber cómo se siente uno con resaca. Aunque por lo que he visto es una sensación asquerosa.

Por la misma razón, y viendo lo que la resaca le hace a la gente, no me cabe en la cabeza la persistencia en creársela la noche de antes.

Aunque claro, hace poco tuve una conversación que me dejó muy claro que es algo que el resacoso no piensa:

Dios qué resaca... me quiero morir.
Pufff y tanto... pásame la manzanilla.
Qué asco tío, que dolor de cabeza...
Shhhh... habla más flojo...
Y... si tan mal os sienta beber... ¿os compensa?
¡¡Hombre claro!!
Joder, por supuesto, ¿tú sabes lo bien que te lo pasas?
Piensa que son tres horas de estar hecha mierda después de ocho horas pasándotelo de puta madre.
Ah...

O sea que lo de "no vuelvo a beber" en muchos casos ni se da.
Además, el "pasárselo de puta madre" requiere un nivel de alcohol en sangre que te deje al día siguiente hecho un guiñapo.
No lo entiendo.

Y eso es sólo el después. El durante lo he vivido también muy de cerca, y tampoco lo comprendo.

Es decir, puedo comprender que una persona busque desinhibirse bebiendo un poco, pero los extremos no me caben en la cabeza. Esa gente que se emborracha con el objetivo de acostarse con alguien, por ejemplo. ¿De verdad crees que puedes resultar más atractivo borracho? ¡Nadie es más atractivo borracho! Si sólo estas "contento", todavía, porque aunque estás más hablador, todavía no has perdido neuronas. Pero alguien borracho que habla a voces, dice gilipolleces, anda dando tumbos y te abraza y besuquea sin razón es el antimorbo por definición.
Aunque supongo que para otro borracho, es el súmmum de la belleza. Sospecho que porque en el fondo sabes que es lo único con lo que vas a ligar: otra persona que vaya tan ciega que no se dé cuenta de lo ciego que vas tú.

Tampoco comprendo el "beber por beber". Es decir, no me bebo una copa como lubricante social, ni por gusto, sino porque quiero tajarme antes de salir de fiesta. 
Eso con quince años, comprendo que es parte de la imbecilidad adolescente.
Con veinte, me chirría.
Con más de veinticinco me parece una subnormalidad.
¿No sabes pasártelo bien una noche sin emborracharte? ¿NECESITAS emborracharte (que no beber) para salir de fiesta?
No sé hasta qué punto eso puede ser considerado una especie de alcoholismo social de fin de semana. Lo mismo exagero, pero a mí me lo parece.
Es decir: Entre semana no bebo, si acaso una caña un jueves por la tarde, pero viernes y sábados dedico dos horas de mi noche (y una buena parte de mi dinero) a intoxicarme con alcohol hasta estar totalmente borracho (se puede medir muy bien este proceso con los decibelios a los que habla el proyecto de bebido) y entonces salgo a divertirme.
Probablemente no recuerde la mitad de mi noche, pero estoy convencido de que me lo habré pasado genial.
Es posible que la cague, llame a alguien a quien no quiero llamar, me acueste con alguien que por la mañana me dará asco, meta la pata en algo importante... pero en algún momento recordaré esos errores garrafales como anécdotas súper guays de mi época fiestera.
Y, por supuesto, no concibo una noche de puta madre sin ir hasta arriba de alcohol.

De verdad, igual es que soy muy estrecha de miras, pero que me expliquen cómo puede resultar eso atractivo para una persona de más de 16 años. Porque yo no le veo el sentido por ninguna parte.
Y si la razón es "tengo muchos problemas y el alcohol me ayuda a pensar en otra cosa", amigo, el alcoholismo está lleno de personas que dieron el primer paso bajo esa premisa.

Obviamente no estoy diciendo que todo el que bebe un sábado tiene un problema con el alcohol, ni estoy demonizando los cubatas.
Supongo que tiene su encanto, y no discuto que la enología es todo un arte (aunque los fans de los cubatas rara vez prueban el vino). Solamente planteo lo ridículo me resulta el beber porque sí, por emborracharse, sin más intención ni objetivo.

Por eso digo que no entiendo el alcohol. Y que con los años, menos ganas o interés tengo por entenderlo, por más que tenga a muchos amigos detrás con la esperanza de emborracharme algún día.

Si a esto le sumamos que no me gustan ni el café ni el té, obtenemos que bebo lo mismo que un niño de doce años, pero en fin, es lo que hay.

Yo soy feliz con mis bebidas infantiles, mis noches lúcidas y mis mañanas sin resaca.





12 de junio de 2014

Retrato de María... también llamada Rozalén

Rozalén
Para mí siempre fue María.
La conocí hace dos años, cuando aún no había revolucionado las radios y los escenarios con sus canciones.
Por aquel entonces mis vivencias del mundo cantautoril era reducidas, y casi todas obtenidas de la mano de Aletheia. Así que cuando, buscando piso, la chica que lo alquilaba me comentó "Vive con nosotros una cantautora, María Rozalén, que canta como los ángeles, no sé si la conoces", el nombre no me dijo nada.

Llegué al piso en julio. Estábamos Tim, Estafadora, María y yo.

Durante el verano apenas la vi. Andaba de arriba abajo, que si Albacete, que si un estudio de grabación... Estafadora me contó que estaba grabando un disco, que había pedido un préstamo para grabarlo por su cuenta. Me flipó.

Andaba también muy estresada con su trabajo de fin de máster, y a ratos no parecía haber diferencia para ella entre la responsabilidad de estar puntual en el estudio, y la de tener el trabajo terminado a tiempo. Una tarde su ordenador se declaró en huelga y el chico del sombrero le tuvo que instalar el Office de emergencia para que llegase a terminarlo.

No la había oído cantar más que en un par de vídeos de Youtube que me convencieron sólo a medias, y no la escuché hasta una noche de agosto en que nos invitó al Libertad 8.

Recuerdo perfectamente que fui después del curro, llevaba una camisa naranja de manga corta y un pantalón pirata blanco, y estaba cansada después de toda la tarde trabajando en el medio en que me explotaban como becaria. Y recuerdo que en cuanto María empezó a cantar me quedé alucinada y se me pasó todo.

Aquel día cantó sola y con los Jamones con Tacones. Y me entusiasmaron. Todos. Mucho. Muchísimo.

Empecé a pasarle sus canciones a mi hermana, a mis amigos, a contarle a todo el mundo que vivía con una chica que hacía unas letras acojonantes y que además era un encanto.

En casa era una chica normal. Cocinaba crema de calabacín, salía de vez en cuando, se levantaba tarde, estudiaba, limpiaba cuando le tocaba, hablaba con sus padres... Una vez le dije a su abuela que se había equivocado de número, y le colgué, porque preguntó por ella con un nombre que no reconocí.

Había, sin embargo, indicios de la artista: Su guitarra, el hecho de que su habitación era tal y como se describe en "Bajar del Mundo", las visitas de músicos, de amigos...

gata rozalénNos trajo a Canela, una gata maravillosa, loca como un cencerro, muy inquieta, que adoraba a María. Era más mala que un dolor, se cargó la pantalla de papel que tenía la lámpara del salón, y jugaba a esconderse en la papelera del baño, en el tambor de la lavadora, en el fregadero... Y cuando María no estaba, no sabía con quién dormir y maullaba de pena toda la noche.

Estuve en el Galileo Galilei, con otras doscientas personas, el 5 de octubre de 2012, cuando María se casó con la música. Cuando de verdad presentó su disco, el que ella solita se pagó, el que hizo con todo el cariño del mundo y apoyada por sus amigos.

Por primera vez vi el dúo en el que ella cantaba con la voz mientras Bea cantaba con las manos. Me entusiasmó.

Tuve el disco esa misma semana. La primera versión, con las letras, con las tapas de cartón pintado... Todavía estoy esperando a que me lo firme.

Y desde esa noche, todo subió a tres mil revoluciones. Llegó el videoclip, las ofertas de discográficas, los carteles de no hay entradas, la gira de nunca acabar... 
Yo la veía por las noches, con su pijama azul, sentada a la mesa, contestando todos y cada uno de los comentarios y mensajes que le enviaban por Facebook y por mail. Y me asombraba su dedicación.

En diciembre anunció que se marchaba, llevándose a Canelita, y me dio una pena enorme. Porque aunque no estaba demasiado en casa, cuando estaba había una chispa especial.

Después seguimos viéndonos a distancia. Cada vez que bajaba a El Puerto a cantar, quedábamos, y yo le llevaba al concierto a mi hermana Brujita (que flipa con sus canciones), a mi madre, a mi tía Correcaminos... Cada vez a más gente.


Rozalén Puerto santa maria
Siempre que sonaba en la radio subía el volumen, siempre que un amigo compartía un vídeo suyo, lo freía a Me gusta. Siempre me sentí un poco grupi, pero me ilusionaba muchísimo ver que una persona tan íntegra, y con las cosas tan claras, llegaba adonde merecía llegar.

Me emocioné hasta las lágrimas cuando le vi actuando en los premios Max. Mi compañera de piso de aquel momento alucinó, pero no me pude contener.

La vi un dieciséis de agosto en El Puerto, estando yo feliz, y la vi un veintiocho de septiembre en Burdeos, estando yo hecha polvo. Y me dio al mismo tiempo un guantazo por tonta y un abrazo, creo que ambos merecidos. Me habría gustado quedarme al concierto, pero no pudo ser.

Desde entonces, y aunque vivimos en la misma provincia, no la he vuelto a ver. Hay un café pendiente, tengo mucho que contarle y no dudo que ella tendrá todavía más. Habrá que esperar un poco.

Trajo a mi vida la música del Kanka, de Road Ramos, de Joaquín Calderón. Con ella conocí a gente maravillosa.

Este blog resurgió gracias a ella, que una noche de agosto me inspiró lo suficiente como para volver a escribir y echarle ganas. Sus conciertos siempre consiguen inspirarme lo indecible, y ya hace demasiado que no voy a uno de ellos.

Ayer la vi en un cartel de conciertos al lado de Jorge Drexler... y sonreí.

Hoy es su cumpleaños, y le he querido dedicar este pequeño retrato, porque no me olvido de ella, aunque no haga tanto que la conozca, aunque sólo compartiésemos piso seis meses, no se me olvida que para mí fue María antes de que para el panorama musical fuese Rozalén.

Muchas felicidades, linda, ¡a ver si nos vemos pronto!


video

9 de junio de 2014

El despertador, enemigo en la mesita de noche

Que todos nos despertamos a diario es un hecho indiscutible, salvo en casos raros.
El cómo nos despertamos, depende de cada uno.

Los habrá que, como hizo la Humanidad hasta hace algo menos de un siglo, se despierten sin necesidad de influjo externo, únicamente con la luz del sol naciente o con su reloj interno. Probablemente sean los menos, ya que el reloj interno se queda sin pilas con bastante facilidad, y en la mayor parte del mundo el sol no nace siempre a la misma hora.

A algunos les despertará su madre, bien por ser niños o bien por... razones que no alcanzo a comprender.

Pero la mayoría de nosotros usamos despertador.
Y el despertador es odioso.

Incluso cuando tiene cara de simpático, como el de la foto (que por cierto era de mi padre y fue el primer despertador que yo conocí cuando aún no usaba ninguno), no hay que fiarse. Es un cacharro inmundo, infame y malvado, odioso por definición.

El despertador es un objeto sádico y psicópata que te espía desde la mesita de noche todos los días de tu vida.
Deja que pase el tiempo, aparentemente indiferente, te deja dormir, hasta que de pronto pega un salto y te lanza a la cara todo el ruido que puede, para sacarte de la cama a empujones.
Es un trabajo que sólo haría una mala persona.

Y da igual los años que pasen, y lo mucho que cambien los modelos.

Los antiguos, estridentes y chillones, te sacaban de quicio. Esos como el de la foto o los otros que aún venden en los chinos, pequeñitos y cuadrados, de plástico, que pitan incesantemente hasta que hundes una pestaña que tienen en la parte de atrás.
En la mayoría de los casos, estos modelos no dan opción a retrasarlos a no ser que te incorpores, enciendas la luz, cambies la pequeña manecilla, y lo dejes de nuevo preparado. Un proceso que se come tu tiempo extra de dormir.

Estaban también los radiodespertadores, tan recurrentes en las pelis americanas. Mis padres tuvieron uno, con los números en luz verde, y a mí me encantaba eso de poder despertarse con música.
Por supuesto, tenía trampa. Si se iba la luz durante la noche, o no configurabas bien la emisora, sonaba un pitido espantoso que ponía a aullar a los perros.

Con la llegada de los móviles, el mundo despertadoril cambió. Podías elegir una musiquita que te sacase del sueño. Algún enfermo mental con añoranza del campo hizo que pudieras incluso ponerte el sonido de un gallo que cantaba desaforadamente. Mi madre usó ese tono durante un verano, y se levantaba de tan mala leche contra el pollo y contra el mundo que terminó por cambiarlo.

Los teléfonos con despertador sí que se podían retrasar para seguir durmiendo, algo en mi opinión muy peligroso, porque a lo tonto a lo tonto, de cinco en cinco minutos, te puedes levantar a las doce del mediodía sin saber exactamente cómo...

Y entonces llegaron los smartphones. Y con ellos aparecieron muchas novedades en cuanto a despertarse, la mayoría nefastas.

-La canción apestada: Realmente, ya en los últimos móviles sin internet podías escuchar música y usarla como despertador, e incluso antes, quienes tuvimos una minicadena como regalo de comunión ya nos despertábamos con música de CD.
Pero realmente el auge de este método lo trajeron los teléfonos "inteligentes". 
Poder despertarte con música implica escoger una canción para que te despiertes TODOS LOS DÍAS QUE TENGAS QUE MADRUGAR. Los hay que eligen canciones animadas y marchosas para empezar con energía (yo odio a esas personas, sobre todo cuando tengo que dormir en su misma habitación). Y los hay, como yo, que prefieren temas suaves para salir del sueño poco a poco.
Pero da igual la canción que escojas, incluso si es tu canción favorita. Terminarás detestándola con toda tu Alma. La saltarás cuando suene en tu mp3, como si fuera veneno. Y no querrás cambiarla porque te dará angustia elegir otro tema que sabes que acabarás aborreciendo con el tiempo.

-La psicosis del móvil apagado: Al contrario que los antiguos móviles, la mayoría de los smartphones desactivan la opción de despertador si están apagados. Yo he llegado tarde a clase, y a un examen, por culpa de un Samsung narcoléptico que tuve en París. Esto te impide descansar y te induce sueños en los que el móvil no suena, llegas tarde, te echan de la facultad... Lo ideal para un descanso apropiado.

-Los trucos infames: ¡Si le das la vuelta, deja de sonar! ¡Si le das a bajar el volumen, se retrasa 10 minutos! Y tú, zombie que escuchas el despertador sin saber ni lo que es, tocas donde no debes, sigues durmiendo, y byebye puntualidad.
Nueva tanda de sueños psicóticos en los que tocas el móvil donde no debes, llegas tarde, te despiden...

-¡¡Cállate!!: Tenemos el problema inverso: Para apagar el despertador hay que deslizar el dedo en una línea recta de izquierda a derecha, y tu psicomotricidad sigue durmiendo aunque tus dedos puedan moverse. O hay que hacer un patrón. O hay que poner una contraseña. Sea lo que sea, te resultará imposible llevarlo a cabo y el despertador no se callará, seguirá gritándote al oído esa horrible canción que un día te gustó, y terminarás tirando el móvil al suelo y despertándote al darte cuenta de que el silencio puede significar que el despertador se ha apagado... o que el móvil está kaput. Eso con los Nokia de antes no pasaba.

-La tortura por adelantado: Se te ha hecho muy tarde leyendo, o estudiando, o enganchado a un videojuego, y pones la alarma para el día siguiente, plenamente consciente de la hora que es.
Y tu móvil, porque sí, por placer, por joder, te avisa de que vas a dormir exactamente 3 horas y 32 minutos. Tú sientes el dolor físico del madrugón tres horas y treinta y dos minutos antes de que se produzca, y al acostarte te angustias, pensando que cada minuto que tardas en dormirte es un minuto menos de sueño. Tres horas y treinta y un minutos. Tres horas y treinta minutos. Tres horas y un minuto.
Hijolagranputamóvilasqueroso...
Y así.

-La omnipresencia: En la mayoría de los móviles, debajo de la hora aparece cuándo está programada la próxima alarma, para que nunca, en ningún momento de tu vida, olvides que muy pronto tendrás que levantarte, y que él y no otro será el encargado de hacer sonar la música maldita.


De todas formas, y para ser justos, creo que la psicopatía sádica no es exclusiva de los diseñadores de alarmas de los smartphones, aunque sí de quienes idean despertadores. En Internet se pueden encontrar todo tipo de despertadores enfermos, diseñados por malas personas que deberían estar en la cárcel, o en el manicomio de Arkham.
Unos que comienzan a triturar un billete auténtico si no le das a apagar. Otros a los que les tienes que sonreír para desactivarlos (con las ganas que tiene uno de sonreír después de dormir tres horas y treinta y dos minutos), otros que tienen un clavo o alfiler, algunos que directamente te tiran cosas... En esta web hay sólo diez de ellos, para demostrar la misantropía en estado puro, incluido uno que da descargas eléctricas. Y los llaman "originales". Viva la eufemística...

Lo curioso es que habrá quienes compren esos cacharros, y los usen, y los disfruten. Porque no hay sádico que ejerza sin masoquista que lo aguante.

En fin, la relación humana conel despertador en todas sus varientes es un caso muy claro de nicontigonisinti porque... ¿quién es el guapo que se despierta hoy en día sin ayuda externa?

Habrá que seguir soportándose, permitiendo a nuestro enemigo vigilar atento desde la mesita de noche... y tratar de dormir a gusto las tres horas y los treinta y dos minutos.

(Por cierto, y como bonus tracks, si queréis joder a alguien hasta el extremo, cambiadle su música de despertador por ésta, y programádselo media hora antes de su hora habitual. Y luego corred, porque su venganza será terrible... y con razón)