28 de febrero de 2014

Última llamada, ¡¡se acerca el final del concurso!!

El próximo lunes terminan las votaciones del público de los premios 20 blogs, a los que el Baúl se ha presentado.

Quiero hacer una llamada a todos los que se pasan por aquí habitualmente, a los que reciben las entradas en su correo, a los que han llegado por error, a los que vienen a insultarme porque odio el Principito, a quienes sólo se pasan de vez en cuando... 

A todos los que creen que El Baúl de la Buhonera es un buen blog, que han disfrutado con las entradas y les gustaría que tuviera un poquito más de empuje.

En este último fin de semana os pido no sólo que votéis, sino que difundáis el blog y su participación en el concurso para intentar que llegue a cuanta más gente mejor, y que los votos se multipliquen.

Sé que hay unos blogs acojonantemente buenos en la misma categoría que el Baúl, pero también sé que este rinconcito mola mucho y que hay calidad en sus textos y en sus seguidores como para ganar el concurso (si no lo pensase sería de idiotas presentarse).

Así que vamos a intentar quedar lo más arriba posible, para que, si no ganamos (porque el premio es tan mío como de quien ha votado con su granito de arena) al menos sepamos que no fue por no intentarlo.

Voy a poner el proceso muy muy muy fácil, pasito a paso, para que nadie se líe.


Para votar:

1.-Antes que nada, registrarse: Entrar en este enlace y rellenar todos los campos, o conectaros con vuestro Facebook o Twitter. Se os mandará un correo para confirmar el registro
2.- Abrir el correo, confirmar el registro
3.-Entrar en este enlace, INICIAR SESIÓN y darle al botoncito azul de "Vota a este blog" (las estrellitas NO CUENTAN)



Para difundir:

1.-Difundir esta entrada directamente

2.-Difundir este evento entre vuestros amigos de Facebook

¡Mil millones de gracias, y a ver si lo conseguimos!


Caelum finis est

Sus pétalos se abrieron lentamente.
Se separaron con delicadeza, poco a poco, como si quisieran preservar la tibieza del sueño antes de salir al mundo.
Pero terminaron por abrirse.

Brillaban bajo el rocío matutino, en el silencio lleno de ruido que caracteriza el bosque.

Tres pétalos arriba, tres abajo. Una simetría casi perfecta. Un mundo de símbolos contenidos en algo tan pequeño, tan sencillo.

Las raíces clavadas con profundidad en la tierra. Madre, creadora, calma. Recogiendo el agua que a veces no sabía llegar del cielo.

Y, a los pies, dos huellas felinas que venían de Asia.

Comenzando una mañana, un día nuevo, un nuevo momento irrepetible...

...a la espera de un ave que dejase caer sus plumas al servicio de la tinta y la belleza. Un regalo del cielo que todo parece saberlo, como muestra de todo lo que cambia y cambió.






Caelum finis est
Hoc, escalae ad beatitudo maiorem est

26 de febrero de 2014

El día de Andalucía en el colegio... y el independentismo Pony

Esta mañana, alrededor de mi casa, he escuchado el himno de Andalucía a toda leche media docena de veces. ¿Por qué? Porque el próximo 28 de febrero es el día de Andalucía, en el que se conmemora el referéndum de 1980 en el que se aprobó la autonomía de esta región.

En los colegios se celebra hoy porque el 28 es festivo y mañana, día 27, se celebra el "día de la comunidad educativa", que no sé exactamente en qué consiste ni por qué merece ser festivo (en mi época no existía), pero no hay clase.
Total, que para los niños de mi ciudad (y, por lo que sé, de unas pocas andaluzas) hoy es viernes.

Hacía seis años que no pasaba en Andalucía esta fecha, y ya no me acordaba de lo importante que era para los escolares.

Todos los años era similar: Durante la semana anterior al 28 se hacían concursos, exposiciones, juegos... con Andalucía como centro. Bien ensalzando a los artistas andaluces, aprendiendo quién era Blas Infante, tocando en música la melodía del himno (que es pomposo y repelente hasta decir basta), o simplemente coloreando banderas verdiblancas con su Hércules en medio.

Y, el día antes de irnos de puente, salíamos al patio, cantábamos el himnos, y normalmente desayunábamos un colacao y pan con aceite y azúcar o algo similar.

En el instituto la cosa iba a menos, pero siempre se hacía algo. Poner música andaluza durante el recreo, o dedicar algo de tiempo en alguna clase a explicar el referéndum.

Yo me fui a vivir a Madrid con 17 años, y comprobé con cierta sorpresa que allí no tenían himno, ni nada muy especial en su día autonómico (el 2 de mayo) más allá del orgullo por echar a los gabachos (que es más español que madrileño, y lo dice una gaditana...).
Los madrileños están más bien orgullosos de ser capitalinos, pero sin mucha estridencia.

Con el tiempo y la distancia, he llegado a darme cuenta de que en realidad el día de Andalucía es menos inocente y más político de lo que te puede parecer cuando eres pequeño. Es una estrategia política, una manera de inculcar en los niños un sentimiento regional que, de manera normal, no se tiene. De hacer hincapié en que su región es diferente a las demás, mejor, y que ha dado cosas imprescindibles que no podían haber surgido en otro lugar.

Una estrategia patente también en las asignaturas. En casi todos los temas de Conocimiento del Medio, Sociales y, más tarde, Historia, latín y griego, había apartados específicos sobre los temas que se daban aplicados a Andalucía. No a España, no, a Andalucía (o la Bética, o Al Andalus, o como se llamase en cada momento).

Es decir, se crea en cada nueva generación una identidad regional fabricada por completo, a través de actos simbólicos escolares que son apoyados por los millones de pesetas y euros invertidos por la Junta de Andalucía en propaganda distintiva andaluza (del tipo "Productos andaluces, de lujo", o cartelitos para comercios en los que pone "aquí se habla andaluz", además de propaganda televisiva de todo tipo).

Identidad alimentada además a través de la manera de hablar. Se enseñan con insistencia los rasgos distintivos del dialecto andaluz, en los medios de comunicación regionales se exagera el acento hasta el ridículo, y se considera que cualquiera con un acento castellano con abundancia de eses habla "fino".

Esto es una putada, porque un dialecto que, a mi parecer, es bonito al oído, tiene palabras preciosas que no existen en otros sitios de España, y gramaticalmente es totalmente correcto, es ridiculizado desde dentro, lo que favorece que no se le tome en serio fuera.

Y caer en la cuenta de todo esto me llevó a otra reflexión, que creo que deberían hacer muchos ciudadanos.

Si en Andalucía, que al fin y al cabo como región "independiente" es de segunda división, se hace este lavado de cerebro a los niños, y se invierte tiempo de su formación en hacerles sentir andaluces... ¿que no se hará en regiones cuya clase política desde hace mucho busca el independentismo? ¿Cuántas generaciones han sido educadas en el sometimiento de su nación al yugo español y en su única y genuina identidad nacional cultural, musical, económica e histórica?

No quiero entrar en el debate de si esto es moral o no. Hace muchos años que se decidió que España sería un Estado de autonomías a medio camino entre el centralismo y el federalismo, y se dio a las regiones carta blanca en educación e identidad propia. Si no nos parecía moral, haber votado otras cosas.

Me voy más bien a la insistencia de muchos en que las ideas independentistas de Ponilandia (por favor, miren esta genialidad que han sacado para los que estén hartos del conflicto catalán) son fruto exclusivamente de su clase política.

Es posible que en un primer momento fuese así. Pero, ¿cuántas generaciones de catalanes, vascos... se han criado siendo educados en su identidad nacional a lo largo de toda su vida escolar? ¿A cuántos se les ha enseñado ese independentismo? Más de dos, seguro.

Por lo tanto, es algo que ya llevan a fuego dentro, sobre todo si no se han planteado nada más allá. Porque yo salí de Andalucía, viví fuera de mi región y fuera de España, y llegué a la conclusión de que lo de la "patria chica" es una estupidez de cerrados de mente, y a que tanto tengo en común con uno de Getafe como con uno de El Ejido.
Y, aún así, me siento andaluza de una forma indefinible, y tengo un apego a la totalidad de Andalucía que no tiene demasiado sentido, ya que hay partes de ella que ni siquiera conozco.

Si en mi caso, que la dogmatización fue leve y sin querer la combatí con sentido común y viajes, ha quedado ese poso, ¿cómo no van a clamar independencia quienes la vivieron con mucha más fuerza, y además no han salido de su región?

Se nos ha educado así. Se nos ha educado en ser diferentes, en que por haber nacido en esta región somos mejores, o simplemente somos una cosa distinta al resto. Y es una educación que ni está cambiando ni va a cambiar, de hecho casi se radicaliza más con cada legislatura que pasa.

Y todas esas generaciones educadas en separarse en lugar de en unir posturas, no van a cambiar de opinión con facilidad. Y menos con una crisis que hace que cualquier alternativa grandiosa parezca un camino hacia la felicidad, y con un Gobierno central ciego, sordo y estúpido para todo lo que no sea la economía.

¿Quieren saber por qué el Estado de las autonomías se convertirá en reinos de taifas? Porque el 26 de febrero los niños en el patio cantan el Himno de Andalucía sin saber lo que están diciendo desde hace 34 años.





***

Igual en un tiempo me da por contar lo que supone irse siendo andaluza a Madrid, y cómo nos ven fuera, y defiendo a muerte las peculiaridades de esta región. Si lo hago, no quiero que me tiren huevos por incongruente. Una cosa es que sea consciente de que se me ha lavado el cerebro, y otra que niegue la realidad actual de que un andaluz y un madrileño hablan y son diferentes en muchas cosas, y que los estereotipos están por todas partes.

Y ya curada en salud (y perdido todo el efecto de mi último y dramático párrafo) me voy con la música a otra parte. En concreto, con la del grande (andaluz, precisamente) que ha fallecido hoy.




25 de febrero de 2014

"Católicos no practicantes", el híbrido español

En España hacemos muchas cosas de manera diferente a como las hacen en otros lugares, unas veces para bien y otras para mal.

A mí una de las que más me chirrían es algo que jamás me había planteado antes de salir de España, y que tal vez habría seguido sin chocarme de no haber ido a parar a Francia.


Se trata del "catolicismo no practicante" que profesa la mayoría de los ciudadanos de este país.

Vivimos en un Estado aconfesional (ja) que mantiene vínculos con la Iglesia católica reglados por la Constitución de 1978. En teoría, la mayoría de la población es católica ya que los niños se bautizan y hacen la comunión, y las parejas se casan por la Iglesia.
En Europa se nos ve como un país profundamente católico.

Y resulta que, en la mayoría de los casos, no es más que un paripé.

Si preguntas a esos católicos españoles, una gran parte de ellos se reconocerán "católicos no practicantes", una modalidad religiosa que consiste en pasar por todos los ritos católicos (salvo, en la mayoría de los casos, la confirmación y la unción de enfermos), en llevar a sus hijos a catequesis y dar religión en el colegio. A menudo, estos "católicos" no están de acuerdo con la doctrina de su Iglesia en casi nada, no se han leído la Biblia ni por curiosidad, desconocen TODO sobre la historia de su religión, y jamás se han planteado por qué son católicos. Son "no practicantes", y con eso vale.

Partiendo de la base de la gilipollez que supone llamarse "católico" cuando la mayoría son una suerte de pseudocristianos que no se ajustan ni a católicos ni a ortodoxos ni a protestantes, es llamativo ese "catolicismo social" que es más una especie de cultura española asimilada que una creencia sincera.

Siendo ya el colmo de esta tendencia los amantes de la semana santa (capillitas, en mi tierra), y de espectáculos como la romería del Rocío. Gente que sólo se acuerda de Dios y la Virgen en su trocito del año correspondiente, y sólo para llorarle a la imagen de turno, o llenar el Facebook de fotos al respecto. Todo esto mientras se comen un chuletón en viernes santo, se han pasado la cuaresma de fiesta cada sábado y no tienen ni idea de por qué se cambia la Pascua de fecha cada año.
Eso sí, si se te ocurre señalar su falta de coherencia, te explican vehementemente que una cosa es la religión y otra la semana santa. Ajam.

Comparemos para aclarar conceptos: Francia es un país laico de pata negra... y sin embargo tiene a algunos de los católicos más profundamente creyentes (llegando al extremismo en algunos casos) que me he tropezado en mi vida. Gente que se confirma, gente que recibe revistas de católicos, gente que viaja a España a la JMJ con una devoción acojonante, gente que de verdad se lo cree.

Curioso, ¿verdad?

Yo he desarrollado mi propia teoría al respecto:

En España llevamos dos tercios de nuestra Historia con la Iglesia (primero cristiana a secas y después católica) subida a la chepa. Hemos tenido Inquisición, hemos tenido obispos, cardenales, y sacerdotes de a pie metidos en política, hemos tenido lucha contra los moros y contra los judíos, hemos tenido monarquía (que conviene no olvidar que es un sistema que se basa en la asunción de un líder nacional que lo es por elección divina de su dinastía) durante casi toda nuestra andadura desde los romanos, hemos tenido hasta hace cuatro días una dictadura católica que de hecho llamó a la guerra civil "Cruzada". Y en la puta vida nos han enseñado teología en condiciones, ni nos han animado a leer la biblia solos (eso es de protestantes) ni nos han enseñado la historia de la religión y la Iglesia.
Eso cala. Eso hace que la religión se incruste en la conciencia colectiva sin un ápice de reflexión, asumiéndola como parte de la cultura hispana, igual que se puede decir del idioma o la querencia por el jamón (algo, por cierto, unido a lo religioso: para que a uno no le quemasen por judaizante o morisco había que tener orgasmos sólo oliendo el jamón).

¿Qué pasó en Francia? Que en el siglo XIX se pasaron por la guillotina a todo el alto clero, amén de la monarquía y de muchos que sólo pasaban por allí. Y que después de eso hubo muchas idas y venidas de emperadores, intentos de reyes, intentos de democracia y repúblicas a tutiplen (van por la quinta y les va bien). Y en un momento dado de todo ese torbellino se hizo borrón y cuenta nueva, se decidió que la sociedad era laica, pero que cabía todo el mundo, y cada cual se dedicó a cultivar su religión en su casa, con una convicción absoluta que no tiene que justificarse ante nadie. Eso conlleva a veces extremos (no hay más que ver las manifestaciones contra el matrimonio homosexual de 2012), pero también una convicción de quien es creyente y una libertad de quien no lo es francamente envidiable.

Un ejemplo en otro sentido puede ser Estados Unidos, que prácticamente vive asentada sobre su cristianismo (en su mayoría luteranismo evolucionado, con lugares donde hay más catolicismo, calvinismo, evangélicos...). Por defecto eres cristiano, el lema es "Dios bendiga América", y sin complejos.
No es un modelo que a mí me guste en absoluto, pero sigue siendo más coherente, en el sentido en el que se da a la religión un lugar en la vida de las personas, más allá de convencionalismos sociales ridículos.

Pero aquí, no.
Aquí la mayor parte de los niños dan religión y hacen la comunión, pero el porcentaje de los adolescentes "católicos" que se confirma es ínfimo.
Aquí los que no dan religión, dan poca cosa. Y encima nuestro gobierno pretende seguir imponiéndonos esa religión concreta en las aulas pese a quien pese.
Aquí es habitual escuchar a una pareja decir "hombre, nos casaremos por la Iglesia, que es más bonito, lo del juzgado no tiene gracia".
Aquí no es extraño que si en una pareja uno cree y el otro no, el hijo se bautice porque "a él/ella le hace ilusión y a mí me da igual". Cuando creo que hay pocas cosas más chungas que iniciar a un bebé en una religión por desidia.
Aquí se llora con la Macarena, pero no se sabe qué son las advocaciones, con qué se hace la ceniza del Miércoles de ceniza, o por qué los sacerdotes católicos no se pueden casar (no siempre fue así, y lo es por razones históricas y no religiosas).

Por supuestísimo que hay católicos devotos, practicantes y que conocen su fe. Pero son los menos. La mayoría se deja llevar y nunca se plantea si lo que hace tiene el menor sentido.

Yo me crié como católica, y desde siempre la religión me ha fascinado. Conozco bien el cristianismo, hasta el punto que más de un creyente se ha sorprendido al comprobar que sé más que él sobre su fe sin compartirla ni de lejos. Intento aprender sobre otras creencias, y entenderlas, porque me resultan fascinantes.

Creo que la espiritualidad es algo muy serio. Creo que es una parte más del ser humano, que debe ser educada y cultivada como lo son el intelecto o el físico. Y me parece que se deja pudrir en el 75% de los individuos. Bien porque se aliena bajo una religión, sin permitir a la persona explorar, descubrir esa religión, vivirla, conocer otras... O bien porque se rechaza cualquier cosa que huela mínimamente a espiritualidad (ya sea religión o simple curiosidad por lo trascendente) y se impide que la persona se forme en ese sentido.

Nos tomamos la religión como un aglutinante social, dejando a un lado todo lo que puede (o no) aportar a una parte de nosotros. Ni la asimilamos (que puede ser una puerta a criticarla, abandonarla y explorar nuevos caminos) ni la sustituimos por otro nutriente espiritual (ya sean otras religiones o cualquier experiencia trascendental, en el fondo todo puede ser útil). Nos refugiamos en la comodidad del "no, yo soy no practicante" para no enfrentar lo vacíos que a menudo estamos en cuanto a cualquier cosa que vaya más allá de la realidad de todos los días.

A veces, llegando a un punto intermedio, entendemos la religión como una suerte de voluntariado, de ayuda al prójimo, pero sin profundizar en su trascendencia. Pensando que por ser católicos y (tal vez) donar algo a Cáritas o marcar la X en la declaración de Hacienda creamos un mundo mejor de manera más activa que el que colabora en una ONG.

Pero no es lo mismo. Una cosa es la espiritualidad y otra la solidaridad. Pueden ir de la mano o no (hay creyentes insolidarios y ateos solidarios), pero son realidades muy diferentes. No por ayudar a otras personas haces crecer tu espiritualidad, igual que por mejorar tu espiritualidad no te mejora la forma física. Son áreas de la persona muy diferente, y todas ellas requieren de atención.

Es por eso que me crispa tanto ese "no practicante", que sin mojarse se queda a medias. Prefiero (aunque a menudo sus ideas choquen frontalmente con las mías, y sus formas me hagan rechinar los dientes) un extremista convencido, informado y ferviente a un indolente aborregado. Mil veces.

Y pienso que deberíamos ser responsables para con nosotros mismos y cuidar esa parte de nuestra humanidad, aunque sea simplemente por conocer más, aprender, y mirar el mundo con una mente más abierta.

Porque al fin y al cabo, si al morirnos resulta que no hay nada, mejor si podemos dejar nuestro cuerpo con la tranquilidad de que intentamos ser mejores en cada aspecto de nuestra vida.
Y, si lo hay, no viene mal hacer currículum, aunque sea en diferentes áreas.



***

"—Si yo hubiera visto a Om, allí de verdad, vivo de verdad, lo llevaría dentro como una fiebre. Si yo pensara que existe un dios quien de verdad le importa más de dos pimientos la gente, que los vigila como un padre y los cuida como una madre... Bueno, a mí no me pillarías diciendo cosas como "Todo se puede ver siempre desde dos lados" o "Tenemos que respetar las creencias de los demás". A mí no me encontrarías siendo amable en general con la esperanza de que todo acabara saliendo bien, no si esa llama estuviera ardiendo dentro de mí como una espada implacable. Y he dicho ardiendo, Señor Avenas, porque así es como estaría. Tú dices que los tuyos ya no queman a la gente ni la sacrifican, pero eso es lo que significaría la fe verdadera, ¿entiendes? Sacrificar la propia vida a la llama, día tras día, declarar su verdad, trabajar por ella, respirar su alma. Eso es la religión. Todo lo demás no es más... no es más que ser amable. Y una forma de estar en contacto con los vecinos.

Yaya se relajó un poco y continuó con voz más tranquila:

—En todo caso, así sería yo, si creyera realmente. Y creo que hoy en día eso no está de moda, porque parece que si hoy en día ves el mal, tienes que retorcerte las manos y decir: "Oh, cielos, esto lo tenemos que debatir". Así opino yo, señor Avena.Mejor dejar las cosas como están. No persigas la fe, porque no la alcanzarás nunca. —Y agregó, casi como una acotación al margen—. Pero tal vez se puede poner fe en la propia vida.

Le rechinaron los dientes cuando una ráfaga de viento helado le sacudió el vestido mojado contra las piernas.

—¿No llevarás encima otro libro de palabras sagradas? —añadió.

—No —dijo Avena, todavía impresionado. Y pensó: Dios mío, si alguna vez esta mujer encuentra una religión, ¿qué va a salir de estas montañas y arrasar los llanos?"

(Carpe Jugulum - Terry Pratchett)

24 de febrero de 2014

Meditando

Velas.
Humo de incienso.
Luz suave.
Motas de colores.
Calma.
Silencio.
Una música tenue, de olas de mar, de metal rozado, de agua, de hierba o de bosque, de piano.

Una manta roja.
Piel o tela.

El escudo dorado.
La piedra transparente que queda al eliminar el bloqueo.
La amatista.
El jade que crea lo increíble.
El ladrillo de la palma de mi mano.
Y todo lo demás.


Las piernas cruzadas.
Los brazos posados.
Cierra los ojos...



Respirar.
Llenar el diafragma, respirar con el estómago.

Agua.

Un bote de remos.
Unos brazos nadando.
Un velero.
Un enorme carguero pintado de negro.
Una puerta que se cierra con un chirrido y un "clonck".

Una playa.
Arena.
Mar.
Retama.

Una figura tan conocida como la mía propia, y a la vez tan ajena...
Un nombre. Una inicial.

Conversaciones de lo posible, lo imposible y lo probable.
Lágrimas derramadas sin saber que fluyen.
Risas sutiles.
Sonrisas de triunfo y comprensión de lo lejano.
Sencillez.


Palabras que se repiten una y mil veces sin que salgan de los labios.
Aceptar
Celebrar
Confiar
Resolver
Crear
Creer
Superar
Avanzar
Realizar
Testar
Desbloquear
Conocer
Felicidad
Objetivos
Vidas

Procesos otrora desconocidos que hoy son rutina amable.
La mirada que se dirige hacia abajo
Dedos que se entrechocan o se escapan
Repetir, confirmar
Apretar una concha de nácar en el bolsillo.

La sensación de perfección, de unidad, de plenitud.
En total soledad, que ya nunca será la misma.

Y mirar atrás con los ojos sabios... y sonreír al ver encajar las piezas
lo que así debe ser
lo que no entendí y hoy comprendo.

Ver desaparecer lo que pensé inherente
y lo que pensé imprescincible:
Miedo
Pesimismo
Angustia
Prisa
Frustración
Susceptibilidad
Inseguridad
Oscuridad
Anticipación
Lucha ingrata.
Durante un instante que lo contiene todo, se marchan y dejan de ser parte. 
Y no vuelven,

Fugazmente, sensaciones me atenazan ese punto recurrente.............. pero ya no son mías. Me las ceden, me las traspasan, sin saberlo ni quererlo... ni esperarlo.

Y me veo rodeada de caras conocidas que no sé por qué llegaron allí.... pero no importa.

Y abrazo, toco, acaricio, sonrío, miro. 
Y es más real que lo real, pero más intangible que una sombra.
Qué bello y qué fugaz.

Notas de guitarra que se desgranan tejiendo una hermosa nana que canto con la fuerza que nunca supe tener... y encontré.
Tres acordes repetidos para recordarme incesantemente lo más importante.

Procesos lentos y rápidos de camino al corazón del mundo.
Chasqueo de dedos.
Matriz y engaño de mentira.
Tres letras al futuro.
Un ocho trazado en el aire de la mano de un ave que no lo era.
Una tigresa, un león, una ninfa, un ser fantástico, dos perros.

Nada es lo que parece, es más sencillo y más difícil.

Un bosque infinito, lleno de árboles, semillas y ninfas maravillosas entre las raíces, que duermen, juegan, saltan, bailan o se llenan el rostro de lluvia.

Un hueco en el punto exacto, que se vacía de trastos viejos y se llena de cosas recién construidas. Una tallada en luz de luna, otra trabajada en arena, una transparente y firme, una surgida de lo siempre sabido, una surcada de piel.
Y todo engrandece. Sin excepción.

La belleza inconmensurable de lo inefable que se descubre a base de desterrar el ego que nunca supo entender el trasfondo que trascendía la intrascendencia de los porqués.

Un camino infinito con los ojos cerrados, llegando a costas por las que jamás esperé navegar.

Y al abrir los ojos......



.....todo está ahí mismo y a la vez muy muy lejos.

Pero la sensación de paz habita ya en mi pecho y mis entrañas.
Y qué felicidad da saber que todo va a salir bien,
y qué calma da entender que las cosas suceden cuando han de ser,
y qué sonrisa cansada y burlona ver la perspectiva nueva.


Cambiar.
Por elección.
Por decisión.
Porque todo el mundo puede hacerlo con el valor necesario.

Y dejar que la piel muestre con orgullo.

Izquierda.
Crear.
Tierra.
Huellas.
Flor.
Explorar.


Derecha.
Conocer.
Cielo.
Aire.
Pluma.
Tinta.
Escribir.

Entender la perfección hasta nuevas posibilidades. Porque no puede ser de otra manera.

Y dormir con los ojos cerrados y la mente activa, y el corazón descansado.


Por haber llegado a interiorizar en el tuétano que todo va a salir bien.



21 de febrero de 2014

El espejo

Hoy he puesto un espejo nuevo en mi habitación. Es pequeño, rectangular, y con el marco con una especie de filigrana plateado.
Es bonito y es, en cierta forma, heredado.
Es uno de los muchos cambios que he hecho en mi habitación este invierno. 

Este cuarto es mío desde hace sólo 3 años, y es la primera habitación para mí sola que he tenido en casa de mi madre desde los once años.
Es una buhardilla con el techo inclinado y una puerta baja con la que es fácil golpearse.
Las paredes están pintadas de azul claro, aunque pronto pasarán a ser verdes.
Tiene dos ventanas: una rectangular y una redonda, como un ojo de buey. La redonda la tapa una larga cortina morada que deja pasar mucha luz, por lo que por las noches la tapo con dos pañuelos.
La lámpara del techo tiene forma de sol, y es chulísima, aunque no admite bombillas muy potentes.

Hay un escritorio y una silla de Ikea que monté con mucha paciencia y un poco de desesperación el verano que pasó a ser mi habitación.
Hay una estantería con sólo algunos de mis libros favoritos, muchos cuadernos y carpetas viejas. En ella hay un caleidoscopio, una máscara veneciana, un Ferrari pequeñito y muchas cajitas llenas de cosas inesperadas.
Hay un baúl de libros que escribí en el instituto.
Hay un póster enorme con la cara de un tigre blanco tamaño XXL que me trajo un amigo de Manchester en 2006. A muchos de los que entran en la habitación les intimida, pero a mí me flipa.
Hay dos meigas galegas: Una muy muy grande sentada en una plataforma donde solía haber una tela y otra pequeñita colgada del techo.
Hay una cama con otra cama debajo, que compraron para mí y mi hermano cuando nació.

Cuando volví de Niort, en diciembre, cambié todos los muebles de sitio y redecoré el cuarto. En aquel momento parecía una idiotez, ya que no pensaba estar aquí mucho tiempo, pero ha resultado ser una buena idea. Tengo mi refugio mientras vivo aquí, y un sitio al que volver cuando regrese a ese Madrid que me llama desde lejos y que tantísimo echo de menos.

Al cambiar la habitación moví la cama debajo de la ventana cuadrada, dejé bajo del ojo de buey un hueco para la guitarra y compré un corcho mucho más grande para llenarlo de fotos.
Lo llené todo de velas y rescaté un viejo incensario del armario.
Utilicé abalorios que ya no me ponía para decorar.
Y, por supuesto, añadí cositas que se vinieron conmigo de Madrid y que son parte de todas las habitaciones que he tenido allí desde que me fui de casa: Sita, la pequeña tigresa de peluche, la lámpara de bola de colores que me compré en Montmartre, el hilo metálico cuelga fotos que me regaló Minette...

También compré una funda nueva para el edredón y una manta roja en el Ikea, y me hice con una colección de piedras, y recogí decenas de conchas de nácar en la playa.
Puse fotos antiguas y otras muy recientes.
Colgué mis pendientes en un pañuelo enganchado a la pared, algo que empecé a hacer en mi penúltimo piso madrileño.
Quité de enmedio la orla del instituto y puse la de la carrera (la pequeña, la del grupo de amigos, creo que la grande no me cabe).

Y hoy he colgado el espejo.

Es curioso. Justo antes de ayer mi póster con las insignias de todas las asociaciones scouts del mundo claudicó y se vino abajo tras 8 años de fiel servicio en 5 paredes diferentes. Y me dejó el hueco perfecto para el espejo.
Si aún creyese en las casualidades, diría que ha sido una muy oportuna.

Es, en rigor, el tercer espejo de mi cuarto.
El primero es de cuerpo entero, y está en la puerta derecha del armario empotrado derecho. Pero ése sólo se ve si abres la puerta para mirarte.
El segundo es de Marruecos, y está colgado junto al corcho, al lado de la puerta. Es el de mirarte justo cuando vas a salir.

Éste lo he colgado justo encima de mi cama. Cuando voy a acostarme, me veo reflejada con la cara de sueño y las gafas a medio quitar. Sin embargo, al levantarme le doy la espalda.

Está sujeto por dos cuelgafáciles que me costó la vida clavar. El martillo no aparecía en ningún sitio de la casa, y tras buscarlo infructuosamente me lo topé en el armario de mi hermana. Me pregunto qué hacía con él ahí... ¿tan grandes son las polillas?
Cuando lo tenía colocado, Quetzalita me dijo que intentara ponerlo en horizontal, que quedaría mejor. Lo descolgué, llevándome por delante uno de los putos cuelgafáciles y comprobé si efectivamente iba mejor del otro lado.
Así era, pero tiene los huecos para colgarlo de manera que sólo puede ir en vertical.
Así que vuelta a clavar los cacharritos y a poner el espejo.

Tengo cierto miedo de que se me venga encima mientras duermo. Pero bueno, si lo hace será sobre el edredón, y mi costado. No creo que cause muchos daños.

Es un espejo estrecho, bonito, que va bien con el estilo mezcla de recuerdos y baúl de mercadillo que tengo en esta habitación que es mía pero que está vacía muchos meses al año.

Es otra cosa de ésas que últimamente llegan a mi vida de manera "casual" y que me llevan a una reflexión absurda que me deja a medio sonreír.

Es un espejo en el que mirarse cuando llegas. En el que sorprenderte por lo guapa que estás aún a estas horas y con el pelo revuelto. En el que fijarte en que con 23 años ya tienes alguna cana que otra. En el que ponerte de rodillas y mirarte con el entrecejo fruncido a ver si ese grano tiene solución. En el que ver reflejada la vela roja de la esquina y sonreír.

Es una excusa perfecta para un post nocturno sin más sentido que darle vueltas a mi habitación.

Buenas noches.

19 de febrero de 2014

Vociferadores

En el universo de Harry Potter existe un tipo de carta especial que se llama "vociferador". Es una misiva que lee en voz muy alta el mensaje que lleva escrito con la voz del remitente. Si lo abres, grita sin más. Si no lo abres, aunque Neville dijo en su día "yo una vez no lo abrí... y fue horrible", lo cierto es que simplemente estalla y vocifera el mensaje igual. La diferencia es que si lo abres, al menos puedes decidir dónde aguantas el griterío.

Hay días en que deseo fervientemente que los vociferadores existan, que sea posible escribir una carta en la que desahogar todas las cosas que se me pasan por la cabeza, y enviarla a quienes parecen vivir ajenos a la realidad y a todo lo que les pueda incomodar remotamente.

Que igual me dicen ustedes, "Pues llámales y móntales el pollo, Buhonera. O mándales una nota de audio, o un vídeo". Pero no es lo mismo. No es lo mismo lo que gritas en un enfado que el torrente de palabras que puedes volcar en una carta cuando de verdad tienes mucho que decir. Las cartas vienen de la razón, aunque la emoción las inspire. Los gritos desaforados no tienen razón por principio.

Un vociferador es una forma de obligar a un idiota, o a un atolondrado, a escuchar las palabras que se niega a aceptar, y que de escucharlas en boca de alguien que grita le permitirían decir "Mira qué número está montando... Si es que quien pierde las formas pierde la razón".

Un vociferador no puede ser tirado a la basura ni ignorado como una carta normal. Porque explota. Explota, le prende fuego a lo que tiene cerca, y te suelta las verdades que alguien ha volcado dentro, quieras escucharlas o no. Las suelta a tal volumen que el Gran Comedor entero gira la cabeza para ver a quién le ha llegado el sobre rojo. Rojo, como se le pone la cara al que recibe la carta que preferiría no escuchar.

Por supuesto, los vociferadores también pueden utilizarse para hacer daño. Para humillar, para que alguien inocente reciba los gritos de un energúmeno que no tiene el valor necesario para plantarse ante él.

Pero yo nunca utilizaría uno de ellos para atacar a nadie. Si tengo que insultar a quien me ha hecho daño, prefiero hacerlo en persona.

Yo utilizaría mis vociferadores para hacer llegar las verdades más sencillas a quienes se
pasan la vida fabricando fuertes que les protejan de ellas. Para obligar a quienes se mienten a sí mismos a mirarse en el espejo. Para poner en evidencia a los cobardes y hacerles ver las consecuencias de sus mezquinos actos, o de la mezquina ausencia de ellos. Para que todas las páginas escritas tuvieran una forma de defenderse ante la ignorancia, la desidia, la indiferencia y el autoengaño.

Haría vociferadores especiales, que se reconstruyeran y volvieran a gritar su mensaje si el destinatario lo olvidara.
Otros que no ardieran hasta que quien los recibiese hubiera escuchado la carta completa, sin taparse los oídos, sin negar un ápice de la realidad.
Otros capaces de llorar. Porque a veces es fácil esconderse de la realidad del sentimiento ajeno cuando nos llega por carta, o cuando grita. Un vociferador con los ojos del remitente, que se clavasen en los del destinatario y llorasen si quien sujetó la pluma lo hizo, corriendo la tinta.
Otros felices. Vociferadores de alegría, para hacer que quienes se empeñan en redondear el mundo hacia abajo vieran lo bueno de la vida y sus posibilidades.

Regalaría vociferadores en blanco a todos aquellos que a veces no saben decir lo que sienten, o que no son escuchados por los que viven felices en una sordera perpetua.
A los débiles.
A los heridos en lo más hondo por el descuido de otros.
A los que por no hacer daño, no actúan.
A los que anteponen la felicidad ajena a la propia.
A los que se sienten oprimidos.
A los abandonados.
Para que todos ellos tuvieran la oportunidad de ser escuchados sin excusas ni escapatoria posible.

Porque este mundo está demasiado lleno de cobardes, de pusilánimes y de sordos y ciegos voluntarios, que prefieren negar la realidad y fingir que todo es perfecto en lugar de ver el daño que causan, o de embarrarse los zapatos creando una realidad mejor.

Porque pasamos la infancia aprendiendo que los gritos desaforados no ayudan a nadie a vivir mejor, pero nadie habla nunca de los dolorosos silencios ni de las frases breves que matan, destruyen y condenan al olvido a quienes no son capaces de gritar.

Hay días en que enviaría decenas de lechuzas transportando sobres rojos, a conocidos, seres queridos y desconocidos que necesitan escuchar verdades que acallan cada segundo, causando daños inconmensurables.

Pero, por desgracia, los sobres rojos aún no existen. Y tengo que conformarme con verter ríos de tinta en cuadernos y cartas (unas que envío y otras que no) y en volcar en un blog mi deseo de poder gritar la realidad tal cual la siento a los que se limitan a pasar por la vida esperando a que algo les ocurra.

Sin embargo, como en el fondo en esta vida todo sucede para bien, a la larga los destinatarios de los vociferadores que no envío se toparán de boca con la realidad que negaron con denuedo. Y tendrán que rendirse ante la evidencia.
O tal vez no. Tal vez insistan en su estúpida testarudez ciega, demostrando que nunca valieron la pena y que se enclaustraron en una fosa de la que no desean salir.


Por el momento, yo sigo escribiendo, porque es lo que mejor sé hacer. En cuadernos, en folios, en blogs y programas de ordenador, a la espera de ese sobre rojo que me permita hacer llegar mi voz a todos los sitios posibles. Conformándome entre tanto con cincelar palabras llenas de toda la verdad que tengo dentro, sirva para lo que sirva, en donde quien quiera y sea honesto pueda reconcerlas, y reconocerse.



"La quinta lechuza salió disparada de la chimenea, tan deprisa que chocó contra el suelo antes de volver a emprender el vuelo con un fuerte aullido. Harry levantó las manos para coger la carta, que iba en un sobre de color escarlata, pero el pájaro pasó volando por encima de su cabeza y se dirigió hacia tía Petunia, que soltó un chillido y se agazapó, tapándose la cara con los brazos. La lechuza dejó caer el sobre rojo sobre la cabeza de tía Petunia, dio media vuelta y volvió a colarse por la chimenea.
Harry se abalanzó sobre su tía para arrebatarle la carta, pero tía Petunia se le adelantó.
—Puedes abrirla si quieres —dijo Harry—, pero de todos modos oiré lo que pone. Es un vociferador.
—¡Suelta eso, Petunia! —rugió tío Vernon—. ¡No lo toques, podría ser peligroso!
—Va dirigida a mí —se excusó tía Petunia con voz trémula—. ¡Va dirigida a mí, Vernon, mira! Señora Petunia Dursley, La Cocina, Privet Drive Número Cuatro…
Contuvo la respiración, horrorizada. El sobre rojo había empezado a echar humo.
—¡Ábrelo! —le pidió Harry—. ¡Ábrelo ya! De todos modos ocurrirá.
—No.
A tía Petunia le temblaba la mano. Miró frenéticamente alrededor, como si buscara una ruta de huida, pero era demasiado tarde: el sobre empezó a arder. Tía Petunia gritó y lo soltó con rapidez. Se oyó una voz imponente que resonaba en el reducido espacio de la cocina; salía de la carta en llamas, que había quedado sobre la mesa.
—«Recuerda mi última… Petunia.»"

(Harry Potter y la Orden del Fénix)

18 de febrero de 2014

No me gusta matar bichos

Ya he comentado alguna vez por aquí que soy scout desde hace años, y que esto ha influido en mi manera de ser en muchos sentidos.

Uno de ellos, tal vez el más absurdo, es que en general no me gusta matar bichos.

Por supuesto, todos tenemos un pasado. Cuando aprendí qué era la ósmosis, y me contaron que si le echabas sal a un caracol o a una babosa se deshacía, me pareció fascinante, y me dediqué a liquidar así a todos los que amenazaban las macetas de mi madre.

Sin embargo, con el paso del tiempo, y en especial desde que me convertí en monitora, empecé a desarrollar más compasión por los insectos y demás fauna pequeña y algo asquerosa, y dejé de matarla.

Bueno, matizo: No mato a ningún bicho que no me haya atacado injustificadamente ni tenga intención de hacerlo. Los mosquitos no se incluyen en esa definición, así que los aplasto sin el menor remordimiento.
Pero a arañas, avispas, polillas, escarabajos, moscas y demás mini animales de los que te encuentras por casa procuro respetarlos. Incluso a las cucarachas, a no ser que sean plaga preocupante.

¿Por qué? Pues porque no encuentro ninguna razón racional para hacerles daño. No tienen nada en mi contra, están haciendo su vida, están indefensos ante la monstruosidad gigantesca que les supongo, su muerte no me proporciona alimento ni seguridad ni ropa ni nada. Así que, ¿por qué acabar con ellos?

Por supuesto, también intento evitar que se maten bichos estando yo delante, algo que me ha llevado a vivir situaciones muy divertidas en más de un piso compartido con amigos aniquilainsectos.

Yo tengo mi técnica: Espero a que el bicho se pose en alguna parte, me acerco con cuidado y le echo encima un vaso, como si fuera una cúpula. Tapo la boca del vaso con un folio o cualquier papel que tenga por ahí, salgo de la casa, destapo el vaso, dejo que el bicho se vaya y me voy a fregar el vaso.
Esos sencillos pasos han salvado la vida de muchos, y acabado con la histeria de más de un compañero entomofóbico.

Siempre es divertido ver la reacción de alguien que me ve hacerlo por primera vez.

Ejemplo: Entra una polilla enorme en la casa.
Gritos, saltos, intentos por aplastarla... (Que digo yo, si cuando entra una mariposa todos observan fascinados, ¿por qué las polillas despiertan ese instinto homicida? Hasta en el reino animal se discrimina a los feos...)
La Buhonera se levanta, va a por un vaso, esquiva a quienes enarbolan escobas, trapos y cojines para aplastar al pobre bicho aterrorizado, encierra la polilla en un vaso y la libera.
Caras de susto y asombro.
"¿¿Qué haces?? ¿Por qué no la has matado?"
"¿Para qué la quieres matar si no te ha hecho nada?"

Este comportamiento me ha hecho merecedora de la sospechas de C de no ser trigo limpio, pero qué le voy a hacer. Mi espíritu scout, y mi mala conciencia por todos los caracoles asesinados con sadismo y sal, me hacen tratar de respetar a los animales más frágiles cuando otros prefieren quitarlos de enmedio.

Hoy he rescatado a una avispa, suma y sigue.

14 de febrero de 2014

Buscando a Wally

-Mira, me han regalado un libro de ésos de Buscar a Wally, ¿quieres jugar?
~Pero, ¿eso todavía existe? Vaya regalo más cutre...
-No es cutre, está chulo... Anda, vamos a jugar.
~Bueno vale, pero sólo un rato.
-¿Quién lo encuentre primero se lleva un premio?
~Vale, si quieres...
-...
~...
-...
~...
-...
~Oye yo no veo nada... ¿Seguro que el libro está bien? A ver si te han engañado...
-No creo, me lo ha regalado un amigo muy amigo, no me regalaría esto si estuviera mal.
~Seguro que es de los chinos...
-¡Que no! Vamos a seguir buscando.
~Bueno, bueno...
-...
~Mira, ése se parece a tu padre...
-Es verdad, tiene la misma nariz.
~¿En qué se inspirará el tío que hace esto para los personajes?
-A saber, para hacer tantos y tan pequeños...
~Yo creo que...
-¡¡Mira!! ¡¡Ahí está!!
~¿Dónde?
-Ahí, entre el perro negro y el puesto de helados, en la esquina.
~¡Anda ya! Ése no es, es un camarero.
-Que no, que es Wally. Lleva el gorro, las gafas...
~Que te digo que no, que no es.
-¿Seguro?
~Que sííííí. Fíate de mí, anda, que tú en seguida te montas una película.
-Me habré confundido...
~Yo tuve uno de estos con cinco o seis años y siempre lo encontraba, era un hacha.
-Yo la verdad es que nunca tuve uno, me molaban más los de ilusiones ópticas y cosas así.
~O sea que no has jugado a esto en tu vida y quieres ganarme... Anda, anda...
-Bueno tampoco te pongas borde, que es para pasar un buen rato.
~Ya.
-...
~...
-...
~...
-¡¡¡Ahora sí!!! ¡¡Ahora sí!! ¡Mira!
~Si pones el dedo encima no lo veo. ¿Dónde?
-Aquí, entre el pingüino con corbata, la señora vestida de cancán y el boxeador.
~Qué se fumará el que diseña los personajes... A ver... ¿ahí? ¡No por favor! ¡Pero si es un tío con la equipación del Atleti!
-¿¿Del Atleti?? Me estás vacilando.
~¡Pero si lleva hasta un balón! Y las calzonas de fútbol. No es Wally.
-¡¡Pero cómo que no es Wally, por favor, si lo tienes delante!! El de antes, vale, yo sigo viendo que es Wally, pero puedo haberme equivocado, pero ¿éste? ¡Está claro! Además, qué coño va a hacer un colchonero en este libro, si es de Estados Unidos.
~Yo qué sé, ahora hay mucho emigrado, igual alguno ha querido honrar a su equipo en el libro... Además, ¿qué es eso de dos Wallys en una página? Está mal seguro. Te tienes que haber equivocado.
-Oye, creo que te estás columpiando... Yo lo veo claramente...
~¿Y qué interés voy a tener yo en decirte que no está si lo veo? No nos hemos apostado la vida... Pero es que no es.
-Bueno, yo qué sé, pues sigamos con el juego, pero no te entiendo.
~¿Te estás picando? Lo dejamos...
-No, no me pico pero es que... Yo veo claramente que es Wally... Y me raya que insistas tanto en que no. Además, uno del Atleti...
~Mira, un intento más y lo dejamos, ¿vale? De buen rollo.
-Venga, vale. Pero deja de negar la evidencia.
~Y tú deja de inventarte paranoias.
-...
~...
-...
~Oye...
-¡Shhh! Que estoy concentrada.
~Vale, vale...
-Perdona, no quería hablarte mal, pero es que ya me he picado.
~No, si yo también, ahora estoy intrigada.
-...
~...
-...
~...
-...
~...
-...
~...
-Ahora sí que sí. Está ahí. Es Wally. Con su gorro, sus gafas, su bufanda, las rayas y todo. Es innegable. Al lado del capitán de barco.
~Mmmmmmmmmmm...
-¿Qué? ¿Me vas a volver a decir que no?
~Es que... Yo no lo veo... Veo a un marinero con camiseta de rayas rojas y blancas, sí... Pero no es Wally... Ni de coña, vamos.
-Mira, lo voy a dejar. Yo lo veo claro. Está ahí, junto al capitán. Y ahí, al lado del pingüino, y ahí, con el helado. Las tres veces. Es Wally. Lo reconozcas o no.
~No sé... Yo no lo veo...
-Te voy a dejar el libro, ¿vale? Y me voy a ir a dar una vuelta. A ver si afinas la vista.
~¿Estás enfadada?
-¿Enfadada? ¡No! Por alguna razón, no eres capaz de verlo, tal vez necesitas mirar más rato. Pero yo lo he visto, así que voy a dedicarme a hacer otras cosas.
~Vale...
-Suerte con la búsqueda. Cuando por fin lo veas, me llamas.
~Pero... ¿y si no lo veo?
-Si no lo ves no pasa nada, yo te ayudaré a encontrarlo. O lo veré por las dos, si confías en mí.
~Me parece una buena solución.

***

Sólo verás lo que quieras ver, sólo creerás lo que quieras creer. Y habrá quien pase la vida entera buscando a Wally mientras se impide a sí mismo encontrarlo.
Pero quien de verdad lo encuentre, quien de verdad lo vea ahí, saludando desde la esquina de la página, sabrá sin lugar a dudas lo que tiene delante, y no podrá sino alegrarse, y vivir encontrando al personajillo en cada lugar donde aparezca.

Aunque a veces te engañe, y parezca más Wall-e que Wally... La fonética no es importante.

Dedicado a Prpr y a Alano.


11 de febrero de 2014

Pelusa


Ésta es Pelusa.
Llegó a casa hace cuatro o cinco años.
Es persa, de color gris.
Antes de ser de mi hermana era de un futbolista relativamente conocido, que llevó una gata nueva a casa. Pelusa (que entonces se llamaba "Woman") no llevó bien la llegada de la intrusa y dejó de comer. Así que le buscaron un nuevo dueño.
Y mi hermana la adoptó.
Le cambió el nombre a Pelusa porque es exactamente lo que parece cuando está hecha una bola: una pelusa gigante de esas que te encuentras cuando te acabas de mudar y metes la escoba debajo de un mueble.

Mi madre, que nunca ha querido bichos en casa aunque ha tenido más de los que cabría esperar, al principio no estaba muy contenta. Poco a poco le cogió cariño, y a día de hoy se duermen las dos en el sofá a la misma hora.

Le encanta el jamón de york, y subirse a la mesa a picar de los platos cuando cree que no la vemos. Una vez la pillamos lamiendo una pared en la que había salpicado aceite de anchoas.

Pese a que tiene pinta de gata cojín de señora rica, le encanta irse a la calle. Salta la tapia del colegio de al lado y se queda allí horas. Pero a veces, cuando nos oye llegar, viene corriendo y entra en casa con nosotros.
Caza pájaros, y se le da genial. Los acecha, salta y los trinca. A veces falla el intento y persigue al pobre animal por todo el porche, en un revuelo de aleteos, plumas y graznidos que no suele acabar bien.
Unas veces se come al pájaro y otras nos lo trae como trofeo. Mi hermana lleva mal lo de agradecer como regalo un cadáver (o un pájaro tetrapléjico, que alguna vez ha sido el caso) pero Pelusa lo hace con buena intención.

No sabe maullar. Hace un ruido que recuerda al que haría una cabra afónica. Una tarde mi hermano intentó enseñarle, con un maullido bastante profesional. Él maullaba y la gata repetía. Lo cierto es que logró mejorar en sonoridad y tono, pero como no perseveraron en las lecciones, Pelusa volvió a su quejido extraño.

Es un poco María Dolores.
Tiene una hernia en el vientre que no le hemos operado, pero que da mucha grima cuando la tocas sin esperarla.
Cuando nos la dieron estuvo un tiempo en tratamiento para las bolas de pelo que formaba en el estómago al limpiarse. Había que darle un jarabe. Recién llegada a casa y con los nervios, nos puso finas a arañazos a mi hermana y a mí.

Hace un año y pico tuvo una herida muy fea en un ojo. Estuvo mucho tiempo en tratamiento, con miedo de que lo perdiese, pero todo acabó bien.
Eso sí, se le quedó una manchita blanca en el cristalino que le hace parecerse al malo de Willy Fog.
Por aquella época, había que ir al veterinario cada semana para ponerle un antibiótico. Una de las veces el doctor le dijo a mi madre que le pusiera ella el pinchazo en casa. Al hacerlo, la gata (que jamás se había quejado en la consulta) soltó un grito y se quedó con las cuatro patas tiesas. Mi hermana empezó a gritar que mi madre había matado a su gata y mi madre llamó al veterinario, acojonada de haberle dado la puntilla a la pobre Pelusa. Pero no. Resulta que los gatos, como muchas personas, se hacen los valientes en el médico y en casa son un pelín más exagerados. Siempre le había dolido mucho, pero sólo lo demostró cuando estuvo en su ambiente. Qué susto.

Por alguna razón, prefiere beber el agua de lluvia que se acumula en cubos en el jardín, y la que dejamos en vasos en el salón, antes que la de su cacharro.

Al principio de tenerla en casa la lavábamos. Era divertido, porque intentaba escaparse, y porque toda su dignidad de gata millonaria desaparecía.
Pero empezamos a comprobar que cuando se secaba empezaba a ponerse pelirroja, de ese tono rojizo feo que les queda a las señoras muy mayores que se tiñen en su casa.
Y desistimos. Con cepillarla, y los lametones que se pega ella, era bastante.
Con el pelazo que tiene, el cepillado es peliagudo. Se le enganchan ramitas y se forma una bola apelmazada que hay que cortar.
Cuando, después de cortar todos los bolondrios, te pones a cepillar, parece que va a quedarse calva. Mucho pelo se queda en el cepillo, y aún más revolotea a tu alrededor. Ella lo soporta con estoicismo, pero en cuanto ve la oportunidad se va corriendo.

Va a su rollo, como todos los gatos. Aparece de pronto en el salón, se enrolla a tus pies, ronronea un rato. De pronto se levanta, va a la puerta y grazna para que le abramos.
Un día está totalmente desaparecida, y la encontramos metida en un armario, o hecha una bola en el garaje.
Le gusta acurrucarse en mantas de colores fuertes, el rojo parece gustarle especialmente.
Es cariñosa a su manera. Intenta que le hagas arrumacos, y ronronea si le acaricias donde le gusta.
Un verano que hicimos obras en casa y estuvimos casi un mes viviendo en otro sitio y sólo íbamos a verla un ratito, nos echó mucho de menos. Cuando por fin volvimos estaba asustada y no quería salir de casa. Seguramente temió que la abandonásemos.
Si te ve llorar se te echa encima y te aplasta. Y no te pide que le acaricies, sino que se queda sobre ti ronroneando sin moverse.

Es mi gata de repuesto, para quitarme el mono de no poder tener una en Madrid. Y yo soy su dueña postiza, que le hago caso cuando estoy pero no la veo demasiado.

Es una gran compañera para las noches de manta y peli, aunque es mejor no dejar que se acerque a las palomitas. Se le pegan a los bigotes y se pone histérica tratando de quitárselas.