13 de septiembre de 2014

El derecho a decidir gana la partida

Hoy nos hemos levantado con una buena noticia que ha venido de nuestro Gobierno. Algo excepcional en España, y más en los últimos tiempos. El Ejecutivo de Mariano Rajoy ha decidido aparcar el proyecto de la nueva ley de "derechos del concebido y no nacido" (alias ley del aborto) con el que Gallardón lleva amenazándonos casi un año ya. Oportunamente, han comunicado esto apenas quince días antes del día por la despenalización del aborto, que se celebra el 28 de septiembre.

Los populares se han echado atrás, y el ex-alcalde de Madrid se ha quedado solo en su cruzada contra la libertad de decisión de las mujeres españolas.

No puedo más que alegrarme por la decisión de desistir de esta ley absolutamente abominable que, como ya expliqué aquí, suponía un retroceso de más de treinta años en la libertad reproductiva de las mujeres españolas.

No me alegro porque me parezca que el aborto sea algo positivo. Como he dicho infinidad de veces, el aborto es siempre un drama y una experiencia terrible. En una sociedad igualitaria, con buena educación sexual, con una economía solidaria y sin enfermedades, el aborto no sería necesario en ningún caso. Pero en nuestra imperfecta sociedad, desgraciadamente a veces el aborto es el menor de dos males, y por eso debe protegerse el derecho de la mujer a decidir qué mal le viene mejor, sin coacciones.

Y, por ahora, nuestro Gobierno nos permitirá seguir escogiendo si queremos o no, si podemos o no, ser madres. Sin penalizarnos, sin tomarnos por inconscientes, sin obligarnos a demostrar que no somos emocionalmente estables, sin criminalizar a los médicos que decidan proteger ese derecho. Seguiremos pudiendo decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad.

Merece la pena, dejando un segundo al margen las celebraciones, pararse a pensar qué ha llevado al Ejecutivo español dejar de lado una de sus apuestas más fuertes en esta legislatura.

En la noticia que enlazaba al principio del post, comentaban que incluso dentro del partido muchos estaban en desacuerdo con esta ley, por considerarla excesiva. Sobre todo cuando se comenzó a hablar de votar listas de malformaciones aceptables como causa de aborto, algo absolutamente dantesco.

Además, se incide en que los votantes del PP no se han sentido cómodos con esta ley. Esto, la verdad, me hace mucha gracia. En la primera entrada que escribí sobre este tema, un comentarista anónimo dijo que por mala que fuera la ley, estaba en el programa electoral "popular". Y es cierto. Los votantes del PP deberían haber tenido claro que si el partido al que votaban llegaba a gobernar, ésa sería una de las promesas electorales que se verían realizadas.
¿Cuál ha sido el problema? En primer lugar, que la gran mayoría de los españoles que votaron al PP en 2011 no lo hicieron por creer en ese partido sino por castigar en las urnas al PSOE. Una irresponsabilidad política tristemente habitual en este país.

En segundo lugar, que por mucho ruido que hagan la Conferencia Episcopal y las asociaciones antiabortistas, España es un país que está, en general, de acuerdo con la libertad de elección. Tal vez no para ir a manifestaciones, pero sí para ir a un hospital a abortar cuando llega el marrón. Por tanto, ver perfilarse una ley aún más restrictiva que la del 85, daba mucho miedo hasta a quienes de manera "cotidiana" se consideran antiabortistas, pero que no tienen claro qué harían si el bombo les tocase a ellos.
Y creo que, en tercer lugar, incomoda mucho a unos votantes que eligieron a Rajoy por no soportar más al PSOE que se persista tanto en esta ley cuando la crisis es cada vez más profunda y no está teniendo las soluciones prometidas. Cuando otras promesas electorales como las bajadas de impuestos o el respeto a las pensiones no sólo no se han cumplido sino que se han tirado por el váter para hacer justo lo contrario.

Y luego, está Europa. Comenté a principios de años que, intentando defender lo indefendible, Gallardón había argumentado en el Parlamento europeo que su ley era estupenda porque, además de ser una ley feminista ("de género", ponía en el informe del ministro), ¡nos iba a sacar de la crisis!
Sin embargo, Europa flipaba con nuestra ley retrógrada y espeluznantemente misógina, y en las elecciones europeas el PP pierde dos millones de votos españoles, dejándose aún más en evidencia.

Por lo tanto, un PP que ve las elecciones municipales y generales cada vez más cerca, que ve en las estadísticas que está a punto de perder su supremacía imperial, que asiste con asombro al ascenso de partidos inesperados, y que no ha tomado ni una decisión apoyada por los españoles en el tiempo que lleva gobernando, tira por la línea "moderada" en este único asunto. Al fin y al cabo, es de las pocas cosas que nos dejan decidir solos, sin injerencia europea.

También es cierto que dejando esta ley de lado el PP pierde lo que yo llamaba "la cortina de humo del feto muerto". Es decir, ya tendrá más difícil soltar a Gallardón hablando de las nuevas restricciones de esta ley cada vez que quieran aprobar una medida impopular. Decir que el proyecto se aparca, justo a principios de curso y con unas cuentas medidas impopulares a punto de ser votadas, ha sido (de momento) la última vez que el truco de lanzar este debate polémico a las masas para distraerla les funciona.

Dice Rajoy que le preocupa cómo se tome Gallardón la noticia, que el ministro se sienta desautorizado. Me llama la atención esa solidaridad hacia su colega, que nunca mostró hacia las españolas cuando esta ley le parecía lo mejor desde la fanta de limón.
A mí, personalmente, me la trae al pairo si Gallardón se va a pasar meses sintiéndose desplazado y escribiendo en su diario que nadie le quiere. Al fin y al cabo, hay que legislar para la ciudadanía, no para que el ego de los ministros ronronee.

En conclusión: el PP ha vuelto a incumplir su programa electoral (¿le queda algo todavía que pueda decir que ha cumplido?) pero en esta ocasión, a muchos nos ha dado una inmensa alegría.

Porque el derecho de las mujeres a decidir si quieren ser madres o no, ha ganado una dura batalla.

Feliz sábado.




4 comentarios:

  1. Pues me alegro de que esto lo haya incumplido. Sinceramente, me alegro. NO se puede OBLIGAR a nadie a tener o no tener hijos. NO.

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  2. ¿Cuándo entenderán los talibanes cristianos que no pueden imponer su prehistórica moral de pastores de cabras analfabetos a una sociedad del siglo XXI? http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2014/01/aunque-lo-diga-el-santo-job-y-lo-repita.html

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    1. Pelín intolerante el comentario, ¿no?
      Desgraciadamente, hay antiabortistas de muchas más creencias, e incluso ateos. Incluso científicos formados del siglo XXI... La moral no siempre va atada a una religión concreta.

      Y hablar de "prehistórica moral de pastores de cabras" me parece considerablemente ofensivo y alejado de la realidad moral cristian, incluso siendo agnóstica. Puedes estar más o menos de acuerdo con determinadas visiones morales cristianas, e incluso de todo su conjunto (aunque hay preceptos morales cristianos que son universalizables, como el rechazo al asesinato) pero caer en la descalificación me parece innecesario...

      En este caso concreto es cierto que es el peso de la Conferencia episcopal y otros grupos católicos quienes han presionado para que esta ley saliese adelante, pero la cosa es más compleja que eso...

      Por último, si los españoles votan a un gobierno que se dice católico y dice en su programa electoral que defenderá eso... tienen (tenemos) lo que se merecen. Aunque esta vez hayamos tenido la suerte de que se hayan echado atrás.

      Gracias por dar tu opinión ^^

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  3. Ni es Gobierno un partido que trata a sus representantes como menores de edad, pues acaba siendo padre; ni es Gobierno un partido que se considera padre de sus representantes, pues pasa ser tutor de los mismos. Solo así se explica tanta promesa incumplida, tanta cortina de humo y la preocupación de quitarle legitimidad a un ministro frente a sus hijos patrios. ¡Qué grande eres, leche!

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