15 de septiembre de 2014

15 de septiembre

¿Sabéis? Hoy es quince de septiembre.
También es lunes, y es otras cosas, pero para mí es importante el que sea 15 de septiembre.

Hoy hace un año que tomé en Sevilla un avión a París, y luego un tren a Niort.
Hoy hace un año que llegué a la casa grande.
Hoy hace un año que vi a C. con las gafas puestas, sentado en una manta de cuadros.
Hoy hace un año que conocí a Veramente, a Fleur y a los demás.
Hoy hace un año de un wasap deseándome suerte que me dio escalofríos.
Que de cosas, ¿verdad?

Contaba en su momento que Niort iba a ser mi hogar durante unos meses, y que saldría de él transformada. En aquel momento no era yo muy consciente de hasta qué punto eso iba a ser así.

Niort fue un retiro espiritual de tres meses. También fue una epifanía laboral, una oportunidad de hablar un idioma que me encanta, un lugar en el que conocí a personas increíbles y a otras odiosas, y una puerta a muchos viajes y experiencias.
Pero fue, ante todo, un retiro espiritual en el que cambiar la cabeza y el corazón.

Me fui a Niort a trocitos, recompuesta con alambres y a punto de volverme a romper. Y volví entera, nueva, reconstruida y sin fisuras.

Hoy hace un año que me fui. Este septiembre no para de hacer un año de muchas cosas: Un año de una cruel despedida en una estación de autobuses. Un año de una conversación por Skype que me hizo tomar distancia. Ahora un año de aquella llegada. Y pronto un año de la decisión definitiva que lo cambiaría todo.

Un mes de cambios entonces, y un mes de cambios (menos radicales) ahora. Y hay quienes piden que les despierten cuando acabe. ¡Ay, si yo me hubiera dormido aquel septiembre! Qué catástrofe habría sido.

Hoy es, también, el cumpleaños de C. Me resulta curioso que cumplan años a la vez mi proceso interno y el amigo que encontré mientras lo llevaba a cabo. Para quienes dicen que no existen las señales.

Aquel 15 de septiembre fue raro.
Me pasé la noche anterior escribiendo en el cuaderno de París. No dormí.
A las cinco y media llegué al aeropuerto. A las seis y diecisiete recibí una despedida que no esperaba, con dolor e ilusión.
Me quedé dormida en el avión.
Llegué a París y fui de Orly a Montparnasse en taxi. Me asombró una vez más que, siendo París tan aberrantemente cara, sus taxis sean más baratos que en Madrid.
En Montparnasse esperé durante horas, leyendo "La Orden del Fénix".
Tomé el tren a Niort. Me enamoraron los paisajes del centro y sur de Francia, que no conocía.

Llegué a la Gare de Niort, que llegaría a conocer muy bien, y esperé a que me recogieran..
Entré a la casa un poco asombrada por su estado. Saludé a los demás, me encerré en la habitación y me eché a llorar.
Salí a ver la ciudad y me maravillé. Era preciosa. Maravillosa. Estaba llena de rincones.

Esa noche llegaron los demás.

Y empezó la aventura.

Al día siguiente le compramos a C. una tarta de cumpleaños en el Carrefour grande.


Hoy, mi llegada a esa ciudad y el chico que conocía allí y que ha llegado a ser uno de mis mejores amigos, cumplen años.

Muchas felicidades, C. Que tu cuarto de siglo sea tan genial como todo apunta a que va a ser. Este año igual la tarta la tomamos en Madrid ^^
(Sé que no le das importancia a tus cumpleaños, pero sabes que yo sí, así que mala suerte, te toca felicitación pública ñ_ñ ).



Muchas gracias por todo, Niort.

Y ahora, a por más.



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