20 de agosto de 2014

El fin de semana en que probé Blablacar en España... y de nuevo eludí el secuestro

Tremendamente fan de este poster
Hace unos meses contaba por aquí mi primera experiencia en coche compartido ("covoiturage" que lo llaman los franchutes) con Blablacar. En aquel momento aseguré que repetiría la experiencia tanto en Francia como en España, pero lo cierto es que hasta este pasado puente no lo había hecho.

Y, continuando con la campaña de despreocupación dirigida a quienes, como yo, eso de compartir coche con desconocidos les de un poquito de aprensión (por si los secuestros) os vengo a contar cómo fue la cosa.

(Ah, si eres uno de los diez o doce internautas que llegan semanalmente a mi blog tecleando en Google "sexo blablacar" o "follar en blablacar", te adelanto que esta historia es para todos los públicos. Lo siento. A ver si empezáis a buscar en otro sitio.)

Quería bajar a casa de mi madre en el puente, y como hace meses que juré por todos los dioses del Olimpo que no volvería a pisar el Sufribus salvo emergencia insoslayable, me puse a buscar alternativas.

Mi primera opción es siempre el tren, pero como Renfe debe usar motores chapados en oro, y los precios de los "Somos rápidos pero no somos AVE aunque costemos lo mismo" ya van por un riñón y cuarto y mitad del otro, decidí pasar. Otras veces he pillado descuentos mágicos, pero en este caso no sonó la flauta.

Total, que descartadas estas dos opciones (y descartadisísísimo el avión, porque es caro y porque se cae del cielo aleatoriamente) me planteé probar de nuevo a ir en coche compartido.

Yo iba tranquila, la verdad. Lo había hecho en Francia, un país extranjero, en otro idioma, sola, y había ido bastante bien. En mi país, lleno de gente conocida y en mi lengua materna sería mucho más fácil.

Así que nada, reservé plaza con un conductor que me dio muy buena impresión y del que sus pasajeros hablaban maravillas (vuelvo a recalcar la importancia de las opiniones en esta plataforma).

El primer "inconveniente" surgió al comentar en Twitter que iba a probar el covoiturage español. Un espontáneo aburrido, de esos que abundan en la red social del pajarito, me soltó que era mejor Amovens. Y al preguntarle por qué, me soltó una perorata sobre el nuevo sistema de Blablacar España, en el que es obligatorio pagar con tarjeta, y la empresa se lleva comisión.

Partamos de la base de que a mí ese sistema no me parece mal. Yo conocí la plataforma ya así en Francia, me funcionó muy bien, y de hecho me parecía más seguro y más serio que dar el dinero en mano. A priori, las quejas españolas me parecieron nuestra habitual tendencia a exigir gratis cosas que no tienen por qué serlo, y a tomar a las empresas por ONGs que regalan lo que podrían cobrar.
Luego he visto que el sistema de tarjeta funciona aquí considerablemente peor que en el país vecino, por el momento, y que la indignación está justificada, no por tener que pagar (eso de verdad que no lo veo reprobable) sino por cómo se están aprovechando de algunos aspectos del tema.

Pero aún en el caso de que yo estuviera cabreadísima por las comisiones, o trabajase en Blablacar, o fuera una activista anticoches, no entiendo a cuento de qué tiene que venir un sujeto a decirme que soy una sumisa pro capitalista (literal) por no estar de acuerdo con él. Al final se achantó un poco, pero en fin, me distrajo la tarde desde luego. Las maravillas de Twitter.

Eso ya me fastidió, aunque mi trayecto era de los que aún se pagan en mano.

Poco después, mi padre me puso los nervios de punta con el temita, convencido de que no iba a salir nada bueno de la experiencia. Introduciendo de nuevo la idea de un secuestro o algo peor ("bueno, en Singapur unos días no se está mal... O en la Atlántida"). Estupendo para tranquilizar a cualquiera.

Total, que me volví a rayar. Qué le voy a hacer, la carne es débil y la mente aún más.
Pregunté entre mis amigos, y todos los que habían viajado con este sistema me dijeron que era totalmente de fiar, tanto los que han ido de pasajeros como de conductores.
Busqué en Internet, y sólo aparecía el caso de una chica que presuntamente desapareció tras coger Blablacar pero que luego apareció sin más consecuencias, por lo que no debió tener mucho que ver en el tema.
Y como los masoquistas no nos conformamos con las respuestas positivas, y lo que queremos es alimentar el miedo, me puse a investigar al futuro conductor de mi viaje con todas las herramientas de las que mi bagaje como bicho internauta me ha provisto. Y parecía una persona perfectamente decente.
Además, reitero que en las opiniones quienes habían viajado con él le hacían la ola, lo cual debería haberme tranquilizado mucho.

¿Ustedes no han escuchado nunca esa vocecita que cuando están intentando tranquilizarse se pone en lo peor? Bueno, pues la mía me decía "si tú quisieras secuestrar a alguien usando esto, ¿no sería mejor acumular un montón de opiniones buenas, para luego no levantar sospechas? Además, con el sistema español el viaje no aparece reservado como en el francés, dirías que no has recogido a nadie y en paz...".
Hijaputa la vocecita...

Vamos, que entre unas cosas y otras llegué al punto de encuentro atacaíta, la verdad.

Por supuesto, todos mis miedos eran absolutamente infundados, del primero al último.

El viaje de ida fue agradable, aunque más bien aburrido. Apenas hubo conversación, igualito que en mi primer viaje franchute. Tan aburrido fue, y tantas horas de sueño tenía yo pendientes, que me quedé frita con el cuello tronchado y la boca abierta. Que si quieren, me llevan hasta el puerto de Lisboa para embarcarme a Tailandia a hacer zapatillas y ni me entero. Mi hermano me dijo cuando se lo conté que qué vergüenza, que hay que aguantar... qué razón tiene.

Yo iba poniendo al día a mi familia por wasap de las novedades del viaje, porque algunos estaban en un sinvivir. Que si el coche era cómodo, que quiénes viajábamos, que cuánto me costaba...

Me dejaron en la puerta de mi casa, y me bajé del coche reconciliada con el mundo y encantada de haberme conocido. Por supuesto, de los que estaban asustados alguno me dijo que qué ingenua, que si me creía que todas las experiencias eran iguales...
Pasando.

La vuelta fue muchísimo más divertida. La hice con el mismo conductor, pero con distintos pasajeros, y esta vez sí que hubo conversación.

Los otros dos que viajaban "de paquete" eran veteranos en esto de compartir coche, y estuvieron contando sus experiencias más desagradables. Todas estaban relacionadas con coches pequeños con cinco plazas ocupadas, conductor borde, viaje caro... Lo normal cuando uno se pone en manos de alguien que se cree que esto es para sacar pasta en vez de ahorrar. Pero en ningún caso un susto, una persona chunga o un mal rato en serio.
Más tranquilidad para mi mente, y un nuevo puñetazo para la vocecita amordazada y atada de pies y manos.

El viaje fue largo, así que dio para mucho. Conversaciones laborales, un largo debate sobre la piratería, las tarifas de Blablacar y si los españoles somos unos ratas, una parada a comer algo, y muy buena música.

Llegué a Madrid muy tarde, muy cansada y muy contenta. Con ganas de contar esta experiencia. Porque aunque creamos que no, existe aún bastante reticencia de cara a estos sistemas, muy alimentada por las propias empresas de autobuses y otros transportes. Y pese a que puede pasar algo (siempre puede pasar algo), normalmente el miedo hará que las cosas parezcan peores de lo que podrían llegar a ser.

Por mi parte, estoy ya totalmente decidida a que Blablacar (o la empresa que sea, covoiturage al fin y al cabo) sea mi segunda opción en todos los viajes de este tipo.

La primera es y será siempre el tren, pero es que entre el tren y yo hay algo especial... Ya os lo contaré otro día.



4 comentarios:

  1. Me encanta tanto este articulo como el de Francia! yo también tengo un problema jajaja y pienso que me van a raptar porque mi conductor de Amovens no tiene foto y tiene varias cuentas en distintas webs, y la que me transmite más confianza es en Blablacar y no tengo tarjeta de crédito :( Así que si en unos días ves en la tele que un chico ha sido raptado yendo a Málaga que sepas que soy yo. Aún así tus mensajes me han tranquilizado un poco. Y esto debería ser cita célebre:
    "Mi primera opción es siempre el tren, pero como Renfe debe usar motores chapados en oro, y los precios de los "Somos rápidos pero no somos AVE aunque costemos lo mismo" ya van por un riñón y cuarto y mitad del otro" jajajaja
    Gracias por callar un poco mi vocecita del miedo, aunque en dos días estará hablandome de nuevo. Un saludo!

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    1. Jajajajajajaja. ¡Ánimo y suerte Abraham! Seguro que todo sale bien. Pásate por aquí a la vuelta para quedarnos tranquilos.
      ¡Un saludo!

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  2. Hola de nuevo! oye que al final me raptaron y tuvieron que pagar un rescate por mi :( (es broma jajaja). Fue todo estupendo, exceptuando al volver que mis padres me castigaron porque me escapé a malaga por amor sin su permiso...pero bueno. Por eso no he podido escribir hasta ahora, recomiendo estos tipos de transportes en todos los niveles, más barato, más entretenido, conoces gente...ya perdí el miedo jajaja Un saludo!!

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    1. Me alegro mucho de que la experiencia fuera buena!! En cuanto al castigo... ¡el amor tiene esos riesgos!

      Un saludo ^^

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