17 de agosto de 2014

"El día más bonito de mi vida, mi boda": La psicosis

Tarde tonta de puente, en El Puerto.
Tirada en el sofá, sola en casa, aprovecho para ver la tele, que en el piso no tenemos.
Ponen Friends. No me entusiasma, creo que está un poco sobrevalorada, pero no hay nada más.

Veo el capítulo y lo flipo.

Una de las protagonistas tiene un berrinche tremendo porque sus padres se han gastado el dinero ahorrado durante toda la vida para su boda en una casa en la playa (yo pensaba que los padres americanos sólo ahorraban toda la vida para la universidad de sus churumbeles). Tras la histeria, pide a su prometido que gaste todos sus ahorros en "la boda de sus sueños", porque será "el día más importante de nuestras vidas". Él se muestra reticente hacia gastar todo su dinero en "una fiesta", a lo que ella responde: "Si vuelves a referirte a mi boda como "una fiesta", a lo mejor no estás invitado".

Oh dios mío, emergencia nacional, no vamos a poder tener la boda de la Barbie.

Lo peor es que no es un caso aislado, ni limitado a la ficción, ni siquiera a la sociedad estadounidense.
Poco a poco voy alcanzando la edad en que la gente a mi alrededor se casa, y veo que muchísimas parejas invierten en su boda una cantidad prohibitiva de dinero y esfuerzo, y que en concreto para las novias a menudo es un proyecto vital crucial, y se refieren a él como "el día más bonito de mi vida".
No sé si esta excesiva preocupación de las mujeres por el matrimonio es consecuencia del sexismo que aún envenena muchos aspectos de nuestra sociedad, o tiene que ver con otras causas, pero me llama mucho la atención cómo a tantas de ellas se les va completamente la pinza en cuanto la boda asoma en el horizonte.

Para empezar, está el concepto del matrimonio en sí. Si nos vamos a la RAE, encontramos las dos siguientes definiciones:
1.Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.
2. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia.

[Inciso: Que me perdonen los lectores homosexuales, pero hoy me centraré en bodas heteros, porque creo que esta psicosis se da más de estos casos. Aunque si se quieren hacer aportaciones en los comentarios sobre cómo va este circo en las bodas homosexuales, fenomenal, así ampliamos puntos de vista.]

Tenemos, por lo tanto, dos acepciones: Unión de una pareja acorde a ritos, y unión para toda la vida a los ojos de Dios.
Ninguno de los dos casos contempla una fiesta millonaria con vestido archicaro, comida pija ni Paquito el chocolatero en la orquesta.
Ninguno de los dos casos contempla que este día sea el más importante de la vida de una persona.

Y sin embargo, así se concibe en muchísimas mentes occidentales, especialmente femeninas.

Porque la boda, tal y como está planteada en la actualidad, es un evento hecho para la mujer. Es su capricho. Ella tiene el vestido bonito, ella elige el ochenta por ciento de los detalles, y ella lo vive como algo inigualable. El novio está de figurante.

La cosa es un circo ya desde sus inicios. Veámoslo paso por paso:

-La pedida: Voy a ser muy clara. A mí mi pareja me monta un circo de tres pares de narices, y me pide que me case con él rodilla en tierra y con un anillo mileurista... y le mando a pastar.
Una boda es cosa de dos. ¿Por qué lo único realmente importante, que es la decisión de casarse, la tiene que tomar el hombre? Y aunque fuese la mujer. ¿Por qué la boda no existe "de facto" hasta que uno de los dos hace el panoli? Me parece una responsabilidad terrible, y me parece, si la otra persona no sabe nada, ponerla en un compromiso. Porque, ¿cómo decir que no, aunque no te quieras casar, después de que un delfín amaestrado te dé un anillo tras saltar en paracaídas desde un helicóptero pilotado por tu novio? Pobrecillo, qué putada.
Y, si el tema está ya más que hablado, el trámite de la pedida es eso, un trámite, sin ningún valor real.
Una vez C. me contó que unos conocidos suyos se casaron después de que un día, estando los dos en el sofá, tras mucho tiempo como pareja y viviendo juntos, uno le dijera al otro "Oye... nos podíamos casar, ¿no?". Así, sí. Con naturalidad y sensatez. Y no esto.

-Los preparativos: Sitio de ceremonia. ¿Por el templo o por lo civil? Si eres católico, musulmán, judío, o pastafari, te irás al templo. Si no, quizás vayas al juzgado o, como eres católico no practicante y "por la Iglesia es más bonito" te irás al templo igual. En este momento de sus vidas muchas parejas "católicas" descubren que existe el sacramento de la confirmación, y se rayan por si se van a quedar sin altar por no haber pasado por él.
A mí, personalmente, casarse por un rito religioso por estética me parece una falta de respeto tremenda hacia los creyentes verdaderos de esa fe. Y creo que las diferentes creencias tendrían que ser bastante más estrictas antes de dejar al personal casarse por lo religioso sin fe ninguna. Pero claro. Las bodas dan mucho dinero.

Comida.
Menú para los primos vegetarianos, la abuela diabética, los niños de mi cuñada y el capullo de tu compañero del trabajo que sólo come cosas caducadas.
Una tarta (de fondant, por supuesto, que es perfecta), y barra libre hasta morir.

Vestido de princesa que sólo te vas a poner una vez en la vida pero en el que te vas a gastar un dineral. Esto además de los complementos. Y los zapatos. Y el peinado. Y el maquillaje. Tengo que estar radiante... ¡¡¡¡va a ser el día más importante y bonito de mi vida!!!
Él puede ir simplemente en traje, y no se suele esperar que se maquille.

Flores.
Orquesta o cantante que imite bien a Coyote Dax.
Detalles especiales (photocall, vídeo de los novios de niños, momento friki/scout/rociero/motero/introduzca la tribu urbana o secta o afición a su gusto, regalos para los invitados...).
Invitaciones.

Invitados.
¿Invito a la tía Puri aunque haga dos años que no la veo? ¿Quieres que vengan los clientes de la empresa de tu padre? Yo paso de que venga el novio de Piluca que es un gilipollas... pero claro, no se lo puedo decir.
Oh, vaya, mi boda está llena de gente a la que apenas conozco, a la que hace años que no veo o que directamente me cae mal... porque hay que cumplir con todo el mundo. Qué guay compartir con ellos el día más bonito de mi vida.

Meses y meses de cuenta atrás, preparando todo hasta el último detalle. Porque todo debe ser perfecto. Nada debe dejarse al azar.
Nos conocimos por casualidad, hemos ido improvisando nuestra relación a medida que nos conocíamos, pero el día en que firmamos el contrato que nos hace pareja oficial ante el Estado no hay margen para la espontaneidad. La espontaneidad no es perfecta.

-El Día D: Y llega el gran momento.
Nunca es perfecto, porque la perfección es totalmente ajena a la realidad humana.
Siempre se pierden las flores, o le sale una mancha al vestido, o llueve a cántaros, o la niña de las arras tiene varicela, o en el convite el padrino se emborracha e intenta meter mano a la sobrina del novio, o pasa cualquier pseudo desastre.
Ante esto hay novios que, hipnotizados por el cuento de hadas pasan olímpicamante de todo altercado y viven su sueño, y otros que lloran amargamente ante las imperfecciones del día más feliz y maravilloso de sus días.

Y ya está. Os habéis gastado un dineral, se acaba ese día, tenéis una noche de "sexo socialmente aprobado", en palabras de Amy Farrah Fowler (eso si no estáis reventados y/o muy borrachos), y os vais de Luna de Miel, la única cosa que a mi parecer mola de todo este circo.

Y... ¿qué ocurre después? Porque en todos los cuentos de Disney tras la boda salen los títulos de crédito. Nunca nos paramos a pensar que Mulán 2, la Sirenita 2, la Cenicienta 2... son siempre una basura que ni siquiera echan en el cine, ni en la tele. (Para más info sobre el "después" de Disney, por favor ved esta maravilla de vídeo, y su segunda parte).

Pues después pasa que muchas mujeres sienten una sensación de vacío, de añoranza, que les hace mirar una y otra vez hacia ese momento. Hacia el que se han empeñado en denominar "el día más bonito de su vida", que ya ha pasado.

No creo que yo fuese capaz de definir ningún día de mi vida pasada, presente, ni muchísimo menos futura como "el más bonito". Me parece desmerecer a todos los demás de una forma brutal.
Ni siquiera el día en que tenga un hijo. O el día en que mis hijos tengan hijos. O el día en que mi perro tenga perritos.
¿¿Cómo voy a decidir hoy cuál será el momento más bonito de toda mi existencia?? ¿Y si cuando llega resulta ser una chapuza? ¿Y si el día en que tenga un hijo casi me muero desangrada, o la episotomía me deja los genitales deformados, o el cirujano se resbala en la placenta, se cae de culo y me denuncia? ¡¡El día más bonito de mi vida habrá sido un desastre!! ¿Qué voy a hacer con los demás días de mi vida? ¿Seguir quedándome embarazada a ver si algún parto es idílico? ¿¿Y si ninguno lo es?? ¿¿Qué haré, con doce hijos y doce días más bonitos de mi vida convertidos en carne de Vídeos de Primera?
Qué estrés...

Sólo cuando vaya a morir, y ya haya vivido todos los días que me hayan tocado, me atreveré a juzgar cuál fue el más especial. Y aún así, dudo que lo haga. Porque la vida está llena de momentos perfectos que valen oro por sí mismos. ¿Cómo escoger sólo uno?

Yo en esto soy lo menos cursi (o "romántica", porque en esta sociedad amor y pastelosismo se confunden a menudo) del mundo. Para mí el matrimonio es un contrato que dos personas que están enamoradas y quieren pasar su vida juntas firman para adquirir una serie de beneficios y reconocimientos legales en su Estado y en otros. Es especialmente importante si se quieren tener hijos, para dar a éstos todo el marco legal que pueda ayudarles. Y no tiene ningún significado místico. Si dos personas de verdad tienen una relación sana, con sensatez creen en un proyecto de vida en común (siendo conscientes de que puede acabar), y de corazón se quieren, no necesitan una boda para confirmar ese amor ni para nada más. Si eres religioso es otro tema, porque en tu vida de pareja es importante la bendición divina a tu unión. Pero aún así, no es pa tanto.

Estamos de acuerdo en que es una decisión importante, en que los humanos necesitamos ritos de paso, y en que mola celebrar estas cosas con los amigos pero... ¿por qué tiene que ser todo tan ostentoso?

¿Sabéis cómo sería mi boda ideal? Ir al juzgado con los testigos de rigor, en vaqueros. Casarme sin más ceremonias y luego dar una barbacoa con mis amigos y familia más cercanos. Fin de la película. ¿Para qué necesito más?
Y aún así, sé que probablemente no sea de esa forma, porque en la pareja somos dos, y no se va a hacer sólo lo que yo quiera. Viva el consenso parejil que evita resentimientos posteriores.

¿Y vosotros? ¿Cómo veis el matrimonio y sus celebraciones?



5 comentarios:

  1. Lo bueno de las bodas homo es que, como parten de una premisa distinta y relativamente novedosa, cualquier cambio en la celebración o en el nivel de ostentosidad no se ve tan mal porque queda sometido aún al imperio de la novedad. Aún así, yo como gay, quiero cambiar las formas. Y quiero joder en la ceremonia y quiero dar de comer en la noche de bodas. Para lo primero, me casaré en la almudena y me bendecirá Rouco Varela. Para lo segundo, daré a todos mis amigos tarta en mi habitación de hotel. Jajajaja. Genial, como siempre, buhonera.

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  2. Hombre, importancia es la que le quieras dar. Yo no puedo hablar mal de mi boda, porque me casé y ese día, fue uno de los más bonitos de mi vida. No por el hecho de casarme propiamente dicho, sino porque estuvieron mis padres, mi familia (que es muy difícil que estemos todos completos), todo nuestro grupo de amigos (que al estar desperdigados por el mundo, fue de mucho valor que estuvieran allí), compañeros de trabajo, amigos de la infancia.... No sé, yo sólo puedo decir que fue un día muy bonito y especial para mí, no sabría explicarte por qué. Además, fue una boda en la que todo el mundo participó en mayor o menor medida; no sólo nuestros testigos y padres, sino nuestros amigos. Fue una boda también muy DIY (nosotros hicimos las invitaciones, los alfileres y los regalitos de los pekes, y también hicimos el atrezzo del photocall, las mesas de chuches y yo hice unos ramos para repartirlos a las soletaras con baile chorra incluido; ah, y le compuse una canción a mi marido que le canté en directo). Fue lo típico, pero no fue lo típico a la vez.

    ¿Volvería a casarme? Sí, porque lo viví intensamente, como un subidón de adrenalina que nada más podría ocasionarme. También muchas emociones, imposibles de explicar; pero sobre todo, la alegría de tener a toda mi familia y amigos allí reunidos. Eso es único y precioso.

    ¿Fue perfecta? No, pero no existe la boda perfecta. Hay fallos que escapan al control de cada uno (temperatura, actuación del personal del banquete e incluso actuaciones de los invitados), pero dentro de su imperfección, fue perfecta para nosotros.

    Creo que lo volvería a hacer todo igual. Eso sí, si tuviera que cambiar algo, cambiaría sólo algo: QUE DURASE MÁS TIEMPO, PORQUE ES UN DÍA QUE PASA VOLANDO!!!

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  3. La boda o el matrimonio en sí no tienen para mi ninguna importancia intrínseca, tienen el valor que cada uno quiera asociarles en el caso de haber decidido dar el paso, es por tanto una cuestión puramente personal.

    Lo que observo a mi alrededor es que todavía tiene arraigo en muchos sectores de la sociedad el sentido tradicional del matrimonio por la iglesia como paso obligatorio en la vida de toda persona de bien, por supuesto que hay de todo, pero siguen siendo mayoría a mi parecer. Pienso que este hecho tiene relación con la esencia de lo que expones en tu post "23 cosas que a las mujeres sensatas les dan vergüenza ajena", que todavía persiste un modelo estereotipado y socialmente aceptado de mujer, hombre y tipo de vida a seguir, insisto en un amplio sector de población, ni mucho menos en toda.

    Sinceramente me gustaría saber qué relación hay entre este hecho y la elevada tasa de divorcios actual en nuestro país aunque siendo esto incuantificable me quedaré con las ganas.

    Al final cada uno piensa como quiere o como más cómodo le resulta, pero es una verdad indiscutible que si nadie se hubiera replanteado las bases de lo que tiene que ser el matrimonio y la vida en pareja no estaríamos ni de lejos donde estamos ahora ni gozaríamos de libertad alguna en este aspecto para que cada uno pueda escoger lo que más le convenga según sus necesidades o creencias particulares.

    A mis casi 30, no me he planteado nunca casarme aun habiendo tenido pareja estable, si alguna vez decido hacerlo, por mi parte sería en el juzgado con la familia y amigos más cercanos, comida sencilla y unas copas con los amigos por la noche, un mero trámite sin más. Los días más especiales en la vida aunque es cierto que se puede actuar para intentar inducirlos en esencia los dicta el azar.

    Buen post, un saludo!

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    1. Tienes razón Luis, va un poco con el otro post, y es esa mentalidad sexista y con valores muy concretos asociados a la mujer lo que provoca también esta visión del matrimonio.

      La relación entre este fenómeno y los divorcios seguramente sea directa. Ese "el día más bonito de mi vida" lleva aparejado un sentimiento de fin, de meta, de "ya llegué". Muchas veces se oye "claro, los hombres cuando se casan, se relajan", como habiendo alcnzado la meta y sin tener por qué seguir "luchando" o ilusionándose. Y claro, siendo lsa relaciones algo tan complejo, semejante trato las manda a la mierda muy fácilmente.

      Interesante cmentario, como siempre ^^

      ¡un saludo!

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  4. Al fin encuentro alguien que piensa como yo. La boda no tienen nada de mágico. Simplemente es un contrato legal y ya.

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