19 de julio de 2014

Tatuajes por montón

Tatuado Tipo
Durante mucho tiempo, los tatuajes y quienes los llevaban cargaron con un auténtico estigma. Llevar tatuajes era algo propio de presos, marineros, y yonquis rehabilitados. Y cualquiera que anduviese por la calle con una marca en la piel era automáticamente encasillado en uno de los tres grupos... o en los tres. 
Al evocar en un tatuaje se nos venía a la cabeza un ancla, un sol, una calavera... y la canción del Capitán Garfio ("a los que firmen les daréééééé tatuajes por montón").

Con el tiempo se estereotipó un nuevo grupo: los albañiles jóvenes de la burbuja inmobiliaria y kanis varios. Fue necesario establecer esta diferenciación, porque llevar "Jonhatan" tatuado en el antebrazo en letras góticas, o "Yesi y Pako forever" no casaba ni con marineros, ni con presos, ni con yonquis rehabilitados. Lo cual, si uno lo piensa, es una gilipollez.

Peeero con el pasar del tiempo, el cambio de las modas, y la llegada de otra hornada de juventud perdida, corrupta e incorregible (como lo han sido todas para la generación anterior desde que Adán se hizo viejo) la decoración cutánea se ha extendido, y hoy lo raro es que alguien entre los 20 y los 30 años no lleve un tatuaje o esté pensando en hacérselo.

Sin embargo, popularmente continúa sabiéndose poco del proceso por el que se pasa hasta llegar a lucir un tatuaje, y de eso va el post de hoy. Un poquito de divulgación para evitar los prejuicios.

La primera etapa es confusa, porque puede tener dos orígenes: Deseo de tatuarse por considerar que es una manifestación artística chula, o suceso importante en la vida que lleva a la decisión de plasmar ese momento de manera indeleble. No es lo mismo. En el primer caso, la búsqueda de algo que tatuar suele ser estética únicamente, mientras que en el segundo se persigue algo simbólico.

A continuación, viene escoger el diseño. Puedes querer tatuarte un árbol pero, ¿cuál? Hay centenares de tipos, de diseños y variedades.
Los hay que escogen entre los dibujos de un catálogo, los que se dejan asesorar a ciegas por el tatuador... y los que dan por culo a un amigo o familiar durante meses hasta tener un diseño que les convenza.

El dibujo depende mucho de la parte del cuerpo. Plantarte unas alas de águila tamaño natural en la pierna puede quedar horriblemente feo, igual es mejor quedarte sólo en el pico.

También las modas tienen mucho que decir. Los infinitos últimamente son lo más en cuestión de tatuajes femeninos, mientras que hace unos años sólo se veían letrajos chinos.
Entre scouts, es frecuente tatuarse flores de lis de diferente forma y condición...

Las frasecitas son peliagudas y elegir otros idiomas, peligroso. Por un lado, si se desconocen los caracteres de la lengua en cuestión. La mitad de los tatuajes en chino significan cualquier cosa menos lo que uno cree. 
Por otro, si se opta por el inglés o el francés, más vale consultar un diccionario antes de lanzarse. En mi ciudad de origen es tristemente célebre el caso de una persona que se tatuó "Don´t worry, by happy", y sólo se dio cuenta de su error tras la inevitable lapidación en redes sociales.

La elección de la zona corporal tiene también su intríngulis. El vientre, en las mujeres, se deformará si hay embarazo. Las muñecas son muy visibles a la hora de buscar trabajo. La espalda sólo permite que te veas el tatuaje durante una posesión demoníaca. Si eres mujer y quieres que ser militar, desde el otoño pasado no puedes serlo si tienes tatuajes en los pies...
¿Qué es mejor?

Muchas veces el tatuador tiene mucho que decir al respecto. Puede asesorar, aconsejar, y no es raro que adapte los dibujos en función de su critero. Es por eso que escoger a una persona de confianza, y con la que se tenga afinidad, es crucial. Muchas aberraciones son consecuencia de un mal tatuador, o uno que hace lo que le sale del pie en lugar de lo que tú le pides...

Cuando ya están elegidos diseño, parte del cuerpo y tatuador... llegan las dudas.
¿De verdad quiero?
¿Y si me arrepiento?
¿Y si me deformo y mi pequeña mariposa acaba transformada en un monstruo de Lovecraft?
¿Y si me tienen que operar y mi Hello Kitty acaba pareciendo la novia de Chucky?
Oh dios mío.
Que eso va a estar ahí para el resto de mi vida.
A ver... voy a mirarme... dios... ¿cómo será cuando por fin tenga el tatuaje en medio de la frente? ¿Y si busco otro diseño?
¿Y si se descuidan y engancho una hepatitis? ¡O peor! ¿Y si se descuidan y me tatúan otra cosa?
Me han dicho que duele mucho... ¿¿¿Y si duele mucho??? ¿¿Y si no lo puedo soportar y a mitad de tatuaje le tengo que pedir que pare y me quedo con medio dibujo??

Si las dudas superan las ganas o la ilusión... más vale echarse atrás antes de gastarse un pastizal en láser dentro de tres meses. O tatuarse en la planta de los pies, que en unos años se borra.

Y llega el momento. El momento de sentarse en la camilla, vigilar que todo venga estéril, rezar al dios de la elección de cada uno, y al lío.

¿Que si duele? Duele que te cagas. El proceso consiste en que una aguja perfore la piel inyectando tinta durante un tiempo que oscila entre los diez minutos y las varias sesiones de una hora o más.
Dicen que dependiendo de la zona duele más o menos. Pliegues del codo, cara interior de los tobillos y cuello ocupan el top three del dolor.
La resistencia del dolor de la persona también hace variar mucho la sensación. Pero cuidado, es un dolor muy específico que no se parece a nada. Igual tienes una resistencia cojonuda a las patadas en la espinilla, y en cuanto te roza el cacharro te pones a llorar. Es muy subjetivo.

Aquí hay que alabar la figura del tatuador comprensivo que te hace chistes, te consuela, se mete contigo cariñosamente, y detiene el cacharro cuando le suplicas "paraparaparaparaparaparaparaPARAAAA". Te deja respirar hondo, beber agua... y a seguir.

Por cierto, ¿sabíais que hasta los tatuajes en blanco y negro están en color recién hechos? La sangre los deja de un precioso tono que va del bermellón al parduzco con el pasar de los días.

El después depende mucho del artista. Cada uno tiene su fórmula secreta personal e intransferible: Envolverse el tatuaje en papel de plástico cual chopped barato durante una semana + un mes sin tomar el sol, Envolver el tatuaje en papel de plástico sólo 24 horas + lavado cada 4 horas con jabón lagarto, Envolver el tatuaje en papel de plástico una hora + cantos gregorianos en la hora del ángelus... Cada maestrillo tiene su librillo, y en Internet hay un millón de librillos extra. 
Eso sí, nadie se libra de LA CREMA. Esa crema cuyo nombre todo tatuado o amigo de tatuado conoce, que cuesta 9 leuros el bote (nadie explica nunca que el precio del tatuaje no incluye los "n" tubos de crema que vas a tener que comprar). La crema sacrosanta que manchará calcetines, sábanas y demás prendas. Eso sí, es gloria bendita para que se cure y no salga la temida costra que puede mandar a hacer puñetas todo el proceso.

Y te vas para tu casa, con dolor. Y a los pocos días entras en la fase del PICOR con mayúsculas. De las ganas de rascarte con los picos de las mesas, de despertar a medianoche con la sensación de que te corren hormigas por esa zona de la piel. Y, por supuesto, no puedes rascarte, porque corres el riesgo de llevarte la tinta en las uñas y quedarte con un hermoso borrón donde antes había una luna con una estrella y un angelito volando.
Así que toca aguantar con estoicismo, rascarse alrededor del dibujo para engañar al cuerpo, y echarse crema a toneladas.
Por fortuna esta fase dura sólo un par de días.

Tras todo esto, ahí se queda el tatuaje, para siempre hasta que decidas borrártelo, hasta que pierdas un miembro, o la muerte os separe. Crecerá contigo y se adaptará a las arrugas de tu piel. Cambiará sutilmente de color y es posible que tengas que retocarlo para que vuelva un poco a su ser.

Dicen que engancha, que el que se hace uno, repite. Yo he visto de todo: Personas que se hicieron uno y nunca más volvieron a un estudio, personas que sólo pretendían hacerse uno y acabaron como el pirata del principio del post, gente que tiene muy claro que se harán x dibujos concretos y después nunca mais... Como en muchos aspectos de la vida, no hay generalizaciones válidas para todos.

Hoy son una forma de expresarse, de simbolizar hitos de vida, de gastarse el dinero y de decorarse el cuerpo. La sociedad va aprendiendo que no se es menos profesional por tener una calavera tatuada en el gemelo, aunque siga impresionando.

Una vez más, la terrible juventud decadente demuestra que no es pá tanto... por mucho que rabien los que desean la catástrofe.



1 comentario:

  1. Mmmm... Yo tuve mi época de querer hacerme un tatuaje. Quería un unicornio chulísimo que diseñé yo misma, para tatuárme en la espalda, en el omóplato derecho. Estaba muy convencida, tenía mi dinero ahorrado... hasta que llegó el día acordado en que fuí con una amiga a hacérmelo... y me echaron para atrás los gritos de mi amiga (yo no sé qué le hicieron, pero chillaba igual que un guarro el día de la matanza; y me sorprende, porque mucha gente me decía que no era para tanto, pero bueno, debo admitirlo: me cagué y me fuí con mi dinerito) XDDDDDD Puedo decir que soy de esa mayoría que entre los 20 y los 30 años pensé en hacerme un tatu, pero no llegué a hacérmelo. ¿Y el dinero del tatu? Lo invertí en una cenita con mis padres ;)

    ResponderEliminar