9 de julio de 2014

Paréntesis.... y fin del paréntesis

El verano lo cambió todo.
Cambió las calles, que se llenaron de gente.
Cambió los parques, que reventaban de flores.
Cambió a las personas, que de pronto saludaban.
Cambió la habitación.

El invierno había que apretujarse en la cama para no morir de frío. En verano hizo la temperatura perfecta para abrazarse sin calor ni tembleques.

El verano pintó los montes de verde, y por primera vez en mucho tiempo pude patear a gusto. Un día mal vestida para la ocasión, con falda y sandalias, por no saber ni adonde iba. Al otro preparada, con desmontables y botas, mochila al hombro y pañuelo al pelo.

Descubrimos, porque te empeñaste, la poza que no conocía nadie. Aunque casi me mato media docena de veces intentando bajar. Aunque tuviera que sacar una rata muerta del agua.
Mereció la pena.
Porque la poza estaba sacada de un libro. La luz, el sol, el agua helada, las rocas, las nubes, la montaña al fondo.
Y yo, como siempre, como un pescadito, metida en el agua.
Y tú, como siempre, entrando poquito a poco controlando los temblores.

De pronto llegó una familia entera de nudistas, y flipamos.
Eso en invierno no pasa. Qué suerte que fuimos en verano.

El verano trajo los Solero, aunque nos costase encontrarlos. ¿Cómo es posible que no encarguen uno de los helados más ricos del mundo?

Y Hervás era otra cosa. Otro pueblo, otro aire, otro color.

Esas callecitas estrechas parecían otras. Y los chillidos de las golondrinas daban al cielo una vida que en invierno era impensable...
...aunque hubiera que limpiar la mierda de los pájaros casi a costa de nuestra salud.

El verano trajo un absurdo histórico, celebrando en honor de los conversos a los que se asesinaba una fiesta cultural. Manda huevos.

Y un cochinillo con patatas que parecían patatas y sabían a manzana, ¡qué misterio!




Y hubo tiempo para respirar, para hacer el canelo de mil formas, para dormir como ceporros, para asombrarnos de lo bonito que era todo, para andar sin parar.

Y para volver a Madrid.

El verano cambió el pueblo, y nos cambió un poquito a nosotros.

Perdonen por la ausencia. Sólo fueron cuatro días fuera, pero dieron para mucho.

Habrá que volver, ¿no?




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