12 de junio de 2014

Retrato de María... también llamada Rozalén

Rozalén
Para mí siempre fue María.
La conocí hace dos años, cuando aún no había revolucionado las radios y los escenarios con sus canciones.
Por aquel entonces mis vivencias del mundo cantautoril era reducidas, y casi todas obtenidas de la mano de Aletheia. Así que cuando, buscando piso, la chica que lo alquilaba me comentó "Vive con nosotros una cantautora, María Rozalén, que canta como los ángeles, no sé si la conoces", el nombre no me dijo nada.

Llegué al piso en julio. Estábamos Tim, Estafadora, María y yo.

Durante el verano apenas la vi. Andaba de arriba abajo, que si Albacete, que si un estudio de grabación... Estafadora me contó que estaba grabando un disco, que había pedido un préstamo para grabarlo por su cuenta. Me flipó.

Andaba también muy estresada con su trabajo de fin de máster, y a ratos no parecía haber diferencia para ella entre la responsabilidad de estar puntual en el estudio, y la de tener el trabajo terminado a tiempo. Una tarde su ordenador se declaró en huelga y el chico del sombrero le tuvo que instalar el Office de emergencia para que llegase a terminarlo.

No la había oído cantar más que en un par de vídeos de Youtube que me convencieron sólo a medias, y no la escuché hasta una noche de agosto en que nos invitó al Libertad 8.

Recuerdo perfectamente que fui después del curro, llevaba una camisa naranja de manga corta y un pantalón pirata blanco, y estaba cansada después de toda la tarde trabajando en el medio en que me explotaban como becaria. Y recuerdo que en cuanto María empezó a cantar me quedé alucinada y se me pasó todo.

Aquel día cantó sola y con los Jamones con Tacones. Y me entusiasmaron. Todos. Mucho. Muchísimo.

Empecé a pasarle sus canciones a mi hermana, a mis amigos, a contarle a todo el mundo que vivía con una chica que hacía unas letras acojonantes y que además era un encanto.

En casa era una chica normal. Cocinaba crema de calabacín, salía de vez en cuando, se levantaba tarde, estudiaba, limpiaba cuando le tocaba, hablaba con sus padres... Una vez le dije a su abuela que se había equivocado de número, y le colgué, porque preguntó por ella con un nombre que no reconocí.

Había, sin embargo, indicios de la artista: Su guitarra, el hecho de que su habitación era tal y como se describe en "Bajar del Mundo", las visitas de músicos, de amigos...

gata rozalénNos trajo a Canela, una gata maravillosa, loca como un cencerro, muy inquieta, que adoraba a María. Era más mala que un dolor, se cargó la pantalla de papel que tenía la lámpara del salón, y jugaba a esconderse en la papelera del baño, en el tambor de la lavadora, en el fregadero... Y cuando María no estaba, no sabía con quién dormir y maullaba de pena toda la noche.

Estuve en el Galileo Galilei, con otras doscientas personas, el 5 de octubre de 2012, cuando María se casó con la música. Cuando de verdad presentó su disco, el que ella solita se pagó, el que hizo con todo el cariño del mundo y apoyada por sus amigos.

Por primera vez vi el dúo en el que ella cantaba con la voz mientras Bea cantaba con las manos. Me entusiasmó.

Tuve el disco esa misma semana. La primera versión, con las letras, con las tapas de cartón pintado... Todavía estoy esperando a que me lo firme.

Y desde esa noche, todo subió a tres mil revoluciones. Llegó el videoclip, las ofertas de discográficas, los carteles de no hay entradas, la gira de nunca acabar... 
Yo la veía por las noches, con su pijama azul, sentada a la mesa, contestando todos y cada uno de los comentarios y mensajes que le enviaban por Facebook y por mail. Y me asombraba su dedicación.

En diciembre anunció que se marchaba, llevándose a Canelita, y me dio una pena enorme. Porque aunque no estaba demasiado en casa, cuando estaba había una chispa especial.

Después seguimos viéndonos a distancia. Cada vez que bajaba a El Puerto a cantar, quedábamos, y yo le llevaba al concierto a mi hermana Brujita (que flipa con sus canciones), a mi madre, a mi tía Correcaminos... Cada vez a más gente.


Rozalén Puerto santa maria
Siempre que sonaba en la radio subía el volumen, siempre que un amigo compartía un vídeo suyo, lo freía a Me gusta. Siempre me sentí un poco grupi, pero me ilusionaba muchísimo ver que una persona tan íntegra, y con las cosas tan claras, llegaba adonde merecía llegar.

Me emocioné hasta las lágrimas cuando le vi actuando en los premios Max. Mi compañera de piso de aquel momento alucinó, pero no me pude contener.

La vi un dieciséis de agosto en El Puerto, estando yo feliz, y la vi un veintiocho de septiembre en Burdeos, estando yo hecha polvo. Y me dio al mismo tiempo un guantazo por tonta y un abrazo, creo que ambos merecidos. Me habría gustado quedarme al concierto, pero no pudo ser.

Desde entonces, y aunque vivimos en la misma provincia, no la he vuelto a ver. Hay un café pendiente, tengo mucho que contarle y no dudo que ella tendrá todavía más. Habrá que esperar un poco.

Trajo a mi vida la música del Kanka, de Road Ramos, de Joaquín Calderón. Con ella conocí a gente maravillosa.

Este blog resurgió gracias a ella, que una noche de agosto me inspiró lo suficiente como para volver a escribir y echarle ganas. Sus conciertos siempre consiguen inspirarme lo indecible, y ya hace demasiado que no voy a uno de ellos.

Ayer la vi en un cartel de conciertos al lado de Jorge Drexler... y sonreí.

Hoy es su cumpleaños, y le he querido dedicar este pequeño retrato, porque no me olvido de ella, aunque no haga tanto que la conozca, aunque sólo compartiésemos piso seis meses, no se me olvida que para mí fue María antes de que para el panorama musical fuese Rozalén.

Muchas felicidades, linda, ¡a ver si nos vemos pronto!


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