9 de mayo de 2014

Un resfriado insoportable, minuto a minuto

Lunes 5 de mayo, 12h

Chico del sombrero: Pufff creo que me han pegado el catarro del siglo en el Viñarock...Argh...
Buhonera: Qué quejica eres... es un resfriado.

La Buhonera pasa el lunes y el marte cuidando al enfermo, que como todos los tíos está seguro de que morirá de ese catarro y ve su vida pasar ante sus ojos mientras amontona pañuelos usados en la papelera.

Miércoles 7 de mayo

Buhonera: Me encuentro regular...

Primero fue la nariz atascada, y una cierta sensación de pesadez en la cabeza.

Para las cinco de la tarde ya había evolucionado a escalofríos, tos y lo que en mi casa se llama "tener el cuerpo cortado" en proporciones alucinantes.

Buhonera (por teléfono, con la voz tomada por asalto por un escuadrón viscoso): ¡¡Maldito, me has pegado el resfriadoooooo!! No voy al Viña pero me como el catarro del festival... No hay derechoooooo.

Me sueno. Me sueno. Me sueno. Me sueno.
Toso. Toso. Toso. Toso.
Siento los ojos calientes, y una prensa hidráulica pegándome el cerebro contra la base del cráneo.
Toso. Toso. Toso. Toso.
Me pongo a ver la primera temporada de Homeland. Me acuerdo del post de Molinos desde el minuto 1. No creo que llegue a la segunda temporada.
Me sueno. Me sueno. Me sueno. Me sueno.
Veo otro capítulo.

Estornudo. Estornudo. Estornudo. Estornudo.
Me acuerdo de DB, que se metía conmigo porque no sé estornudar y mis estornudos parecen maullidos.
Estornudo.
Estornudo. Estornudo.
Me sueno. Me sueno. Me sueno. Me sueno. Me sueno.

Me llama mi madre, con la compasión de una madre, para preguntarme cómo estoy, decirme qué me tengo que tomar... Mi madre mola.
Luego se pone Brujita y me dice que eso me pasa por estar en Madrid, y no allí con ellas. Tengo una hermana malvada y cruel... Pero yo le quiero igual.

Toso. Toso. Toso.
Me sueno. Me sueno. Me sueno.
La barbacoa de mis ojos debe estar ya a punto para unas chuletillas.

Me drojo.
Se me viene a la cabeza la frase de mi abuelo paterno, médico y sabio, que siempre dice que "Un resfriado dura, con tratamiento, siete días, y sin tratamiento una semana".
No me siento mejor con el tratamiento, pero no me atrevo a no tomármelo por si me siento aún peor.

Estornudo. Estornudo. Estornudo.
La prensa hace que me salga masa encefálica por las orejas... o debería, dada la presión.

Me tengo que poner a preparar la ensalada de pasta, que hemos quedado Melazzura y yo a comer el jueves en el Retiro.
Paso, la hago mañana antes de salir.
El chico del sombrero me dice que no debería ir si estoy así.
Qué tontería, mañana estaré mejor.

Toso. Toso. Toso. Toso.
Me sueno. Me sueno. Me sueeeeeno.

Me acuesto. Doy vueltas en la cama.
Caigo en un sueño comatoso y viscoso.

5AM
Me despierto a medias, y el sueño se me queda encasquillado en una escena que mezcla Plantas contra Zombis 2 con el sadomasoquismo. Algo está muy mal en mi subconsciente.
No soy capaz de moverme ni de salir de la escena que se repite en bucle infinito, llenándome la cabeza de Lanzaguisantes vestidos de cuero negro con pinchos.

Consigo romper el círculo.

Mi cabeza está llena de plomo con la textura del algodón. Me duele la garganta.

No puedo dormir.

Me tengo que en levantar en seis horas, no estoy en condiciones de quedar con nadie, así que escribo a Melazzura y me disculpo infinitamente por no poder quedar con ella. Espero no despertarla.
Resulta que ya le ha despertado uno de sus gatos, y me responde al momento que no pasa nada. Cómo le quiero ahora mismo.

Estornudo.

Me duele la garganta de respirar por la boca mientras duermo.

Voy a la cocina a por algo caliente.
La leche probablemente estará caducadísima (deberían hacer minibricks de leche para quienes la usamos sólo para cocinar).
La única opción es una manzanilla.
No me gusta la manzanilla, tengo en casa porque cuando me sienta muy mal algo me alivia el estómago, y porque después de un día de lentillas revoltosas me calma los ojos.
Pero odio beberla.

Toso. Toso. Toso. Toso. Toso. Toso. Toso.

Vale. Una manzanilla.

Caliento el agua, y mientras espero me sueno e intento no darme contra la encimera de sueño.

Me bebo la manzanilla a sorbos. Está caliente. Me alivia. Está asquerosa, aún con el azúcar.

Termino la infusión, tiro la bolsita en la papelera de mi cuarto y me bebo dos tazas de agua.

Me desmayo en la cama otra vez.

Tengo una pesadilla absolutamente espantosa sobre un niño psicópata, clavadito al rubio a l que le daba clases de español en París, que me persigue por una mansión intentando torturarme, y pidiéndome que torture a sus amiguitos si no quiero cobrar yo.


Jueves 8 de mayo


Abro los ojos. Por fin he escapado del niño demoníaco.

Emito un sonido a medias entre un quejido y un estornudo.

Y yo que llamaba quejica al chico del sombrero...

Bueno, Buhonera, tú no te quejas a no ser que alguien te pregunte. Llevas tu agonía en silencio. Con tal de que no hagas un post sobre el tema, no pasa nada...

Es lo que tiene ponerse mala con tan poca frecuencia, que cuando pega, pega fuerte...

...bueno, eso y que los virus de Villarobledo son mutantes o algo, criados en la mierda de los festivaleros, fermentados en los pulmones llenos de humo de cannabis, y fortalecidos en la humedad de los dobletechos de las tiendas de campaña.

Toso. Toso. Toso.

Como algo para poder tomarme las pastillas.

Estornudo. Estornudo. Me sueno. Me sueno más. Estornudo.

Mi habitación huele a persona enferma. Abro la persiana y la cortina de par en par, que ventile.
Hago la cama y me cambio el pijama por la ropa de estar por casa.
Esto último es una idiotez y una manía, dado que no voy a poner un pie en la calle, pero me da igual. Yo no estoy en casa en pijama, y mucho menos cocino o como en pijama.
Y odio tener la cama deshecha.

Toso. Toso. Toso. Toso. Toso.

Tengo frío. Me pongo la rebeca.
Mucho frío, me pongo los calcetines.

Veo un capítulo de Homeland.
Veo otro capítulo de Homeland.
Veo otro capítulo de Homeland.
Llego a la conclusión de que los personajes de esta serie o me caen mal o me aburren.
Después llego a la conclusión de que Nicholas Brody es el antimorbo hecho carne. Descubro que existe un tipo de tío capaz de ponerme menos que los rubios, que los bajitos, e incluso que los rubios bajitos: Los pelirrojos. Y este panocho que encima va de tipo duro me da mazo de repelús.
Veo otro capítulo de Homeland.
No sé por qué sigo viendo capítulos de Homeland.

Tengo calor. Me quito la rebeca.
Tengo calor. Me remango los pantalones

El chico del sombrero (que por supuesto ya está totalmente curado) viene a verme, y a comer conmigo.
Le doy tanta lástima que termina haciéndome la comida. Arroz con carne, receta de mi abuela Goli.
Uno de esos guisos densos, calentitos, caldosos, tan de abuela, que para mí figuran en la enciclopedia como definición de "comida nutritiva" y que son lo mejor que hay en el mundo en invierno o cuando uno está enfermo.

Friego los platos.

Toso. Toso. Toso. Toso.
Me sueno. Me sueno. Me sueno. Me sueno.

El chico del sombrero se va a clase de inglés, y antes me pregunta cómo estoy.
Me encojo de hombros. Honestamente no puedo decir que me sienta mejor ni peor. Desde el miércoles por la noche la sensación es un constante malestar estático.
Yupi.

Estornudo. Estornudo. Estornudo.
Le han debido echar más carbón a la parrilla postocular y aquello está on fire.

Vegeto en el sofá.
Yo el viernes había quedado en ir a ver a la Agente Colombo por la mañana, pero siendo realistas creo que no es una buena idea.
Le escribo para decirle que no podré ir.

Recuerdo que también he quedado, por la tarde, con Soldado Joe. Digo yo que a eso si llego.

Tengo frío. Me pongo la rebeca.

Me tiro en la cama.
Veo un capítulo de Homeland.

Me llama el chico del sombrero, no tenía que ir hoy a inglés.

Veo un capítulo de Homeland.
La rubia está como un cencerro y la morena es un pan sin sal, como el amante.
El panocho me cae mumal.

Tengo calor. Me quito la rebeca.

Veo un capítulo de Homeland.

Toso. Toso. Toso.
Estornudo.
Una de mis compañeras de piso se ríe de mi estornudo. No me extraña, es ridículo.
Estornudo. Estornudo. Estornudo. Estornudo.

Veo el capítulo de esta semana de Modern Family. Los subtítulos están descuadrados.
Da igual.
Me encantan Cam y Mitchel.

Veo un capítulo de Homeland.

Me decido a escribir en el blog una crónica de este despropósito, aunque sea por desahogar un poco mi malestar.

Claudico y escribo a Soldado Joe diciéndole que no voy a poder ir al teatro.
Para una semana en que la gente podía quedar...

Estornudo. Estornudo. Estornudo.
Toso.

Me acurruco en mi nido compuesto por tres mantas, siete cojines y Mysha, la tigresa blanca de peluche.

Me sueno.

Me llama mi padre para preguntarme cómo estoy, y me recomienda medicinas nuevas para abatir al virus invasor.
Esto de los padres médicos tiene sus ventajas.

Me sueno.
Toso.
Me acurruco más.

Lo más gracioso es que este fin de semana yo tengo tour completo con cenas, comidas, cumpleaños y parque de atracciones incluido, así que abuelo... espero de todo corazón que te equivoques.

Os dejo, que tengo un capítulo de Homeland a medias.



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