17 de mayo de 2014

Retrato de un joven español desempleado

Estás buscando trabajo desde hace meses.
Cada día entras en una docena de portales de empleo, y mandas tu currículum a ofertas que a menudo se repiten en varias de las webs.

Lees las condiciones de ofertas que exigen bastante cualificación, y flipas: "IMPRESCINDIBLE firmar convenio con centro de estudios", "ABSTENERSE LICENCIADOS Y GRADUADOS", "Puesto VOLUNTARIO y NO REMUNERADO". Sientes vergüenza. Y la vergüenza aumenta al ver la cantidad de gente que ha solicitado esos puestos. Recuerdas cuando tú mismo fuiste becario... Y sonríes con tristeza.

Miras el número de personas que postulan para los mismos puestos que tú. Cuando son pocos, 300, cuando son muchos, 3.000.

Cambias un poco tu currículum según a qué estés postulando: para este puesto borro mi título de manipulador de alimentos, para éste otro añado que fui campeona de trapecismo...
Rellenas los cuestionarios de la empresa.
Respondes a preguntas en español, inglés, alemán, mandarín...

Te agobias. Piensas en irte a trabajar fuera, que parece ser hoy la solución para todos los problemas.
Pero lo descartas. Ya has vivido fuera, y no te apetece repetir por el momento. No te crees el cuento de que el extranjero sea El Dorado donde los contratos son indefinidos, los sueldos altos y la vida barata. Conoces a demasiados amigos que se han ido fuera para estrellarse.
Además, quieres vivir en España, y eso no es nada malo, ni es conformismo. Es tu elección. Y la sigues.

Y haces cursos de todos los colores, y te especializas en ocho cosas diferentes, a ver si alguna te abre una puerta nueva.

Te sugieren que oposites pero, ¿opositar de qué? No te llama. Además, las oposiciones no se convocan, y cuando salen son seis o siete plazas. ¿Merece la pena tirarse dos años estudiando, salir del mercado laboral, para prepararse un examen que puede salir... o no?
Y, en cualquier caso, no quieres un trabajo que te ate de por vida, aún no. Aún quieres poder moverte, aprender...

Y en estas reflexiones se te va la noche en vela.

Al día siguiente, revisas las ofertas que solicitaste ayer.

En muchos casos, al revisar el apartado de "Mis candidaturas" han descartado tu perfil sin siquiera ponerse en contacto contigo.

De vez en cuando, te manda un mail con nuevos cuestionarios que rellenar.

A veces, te llaman por teléfono o videollamada para entrevistarte desde casa.

Y una de cada diez veces, te citan para una entrevista en persona.

Te pones tus mejores galas, cuidando mucho el qué y el cómo. Ropa formal pero con la que te sientas cómodo. Zapatos que tal vez son insoportables pero que dan buena imagen. Maquillaje discreto. Olores suaves.
Preparas mil frases que puedas decir, imaginas doce mil preguntas.

Llegas a la empresa.

Unas veces la entrevista es en grupo. Os hacen competir, os piden que hagáis un role playing, os hacen preguntas como si estuvieseis en el colegio... Deprime un poco ver al de al lado alzando el brazo con entusiasmo, cuando sabes que las respuestas importan menos que la actitud. 

Sin embargo, otras entrevistas son exclusivamente personales. Alguien de Recursos Humanos dedica una hora de su tiempo a hablar contigo. Te pregunta por tu paso por la Universidad, por tus hobbys, por tu trabajo remunerado y no remunerado, por tus prácticas, por defectos y virtudes que te ves, por tus ambiciones, por las razones que te llevan a solicitar ese puesto... Durante una hora, esa persona se interesa más por tu vida que muchos de tus amigos más íntimos. Le cuentas cosas que tal vez no has contado nunca a nadie, porque a nadie se le ocurrió preguntártelas. Te explayas. Expones por qué ese puesto es perfecto para ti. Das todo lo que tienes.

Y te vas a casa. Contento. Seguro de que esta vez sí. Confiado.

Es posible que nunca recibas respuesta.
A menudo te dicen que sí, que ellos te llamarán tanto si te escogen como si no. Pero en muchos casos es mentira. Una mentira absurda y mezquina, porque ¿para qué decir algo que no se va a hacer, y que sólo lleva a que el pobre postulante se esté comiendo las uñas hasta darse cuenta de que le han mentido?

Es posible que te llamen para decirte que no te han escogido. Rara vez ocurre, pero es posible.

A veces, te envían un mail. Un correo que por lo general es totalmente impersonal, y empieza con "Querido amigo" o "Apreciado postulante" o "Estimado candidato". No pone tu nombre, y si eres mujer no pone amiga ni candidata. El texto es exactamente el mismo para todos los excluidos, sin excepción.

Y te sientes un trozo de carne. ¿Por qué esa persona que ha pasado una hora de su tiempo interesándose por ti no dedica un segundo a incluir siquiera tu nombre a ese mail "tipo"? ¿Tanto esfuerzo supone para la empresa concederte el ser un individuo al que han rechazado, en vez de una simple dirección de correo entre las miles a las que han enviado el mismo texto?
Entiendes que, para ellos, no eres especial. Que esa persona a la que contaste por qué decidiste hacerte arquitecto no le interesaba lo más mínimo tu historia, estaba haciendo su trabajo y hace mucho que se olvidó de tu cara y tus apellidos. Pero te gustaría sentir que al menos se te reconoce como ser humano independiente, merecedor de una llamada, o al menos de un correo electrónico en que se incluya tu nombre.
Porque de hecho, si la empresa se equivoca, y manda a un excluido un mail felicitándole por su incorporación, y a ti otro excluyéndote, no tendrás forma de saberlo, ya que el correo es estándar.

Sabes que es difícil que te cojan. Sois muchos, muy preparados, los que aspiráis a lo mismo. Y la empresa se aferra a las pequeñas diferencias: Éste es hijo de uno que trabaja en Contabilidad, ése salió una vez de figurante en la tele, aquél ha vivido en China, éste tiene experiencia (tú también, pero ser becario no cuenta como experiencia aunque hayas trabajado más que un directivo).

Sin embargo, de vez en cuando ocurre el milagro. Te llaman. Te contratan.

Obtienes un trabajo.

Por supuesto, es un trabajo inferior al de tu formación.
El sueldo, si eres becario, va de los 400 a los 600€. Y, si no lo eres pero es tu primer trabajo, como máximo será de 900. Siempre brutos, por supuesto.
Te darán de alta en la Seguridad Social, pero el contrato será temporal, y sin días libres.
Tu puesto será un monumento a la precariedad laboral.

Pero estarás entusiasmado. Porque tienes trabajo. Porque no te importa cobrar poco, ya irás subiendo. Porque no te importa no librar, ya has pasado meses metido en casa. Porque te da igual que te puedan echar con mirarte mal, estás trabajando.

Y te dirán que eres un conformista que facilitas a la patronal la explotación... y estarás de acuerdo. Pero ni por un instante soñarás en rechazar ese puesto que te ha costado muchos meses, muchas entrevistas, muchos rechazos y muchas noches sin dormir.

Irás a trabajar entusiasmado. Porque has encontrado trabajo. Porque hay un desempleado menos (de ellos se enorgullece Rajoy cuando nos dice que estamos saliendo de la crisis, sin contarnos a qué precio).

Y no será para menos. Debes estar contento.

Lo triste es que para estar contento tengas que conformarte con tan poco, por culpa de una crisis que nada tiene que ver contigo, de unos políticos que deciden sin importarles tu vida, y de unas empresas que (como debe ser) miran por su propio beneficio.

Pero no pasa nada. Llegarán tiempos mejores. Las cosas se irán arreglando. Y tú podrás poco a poco desprecarizarte.

De momento tienes trabajo. Alégrate, sonríe, y tira a la basura tus "zapatos de ir a entrevistas", que espero que no necesites ningún otro en muchísimo tiempo.

Y a trabajar.

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