23 de mayo de 2014

Las flores de verdad llevan horquillas

Cuando uno se va a lo fácil, al final se le ve el plumero. Ya sea en un trabajo, o en los pequeños detalles de la vida.

Cuando fui a ver Ocho apellidos vascos, en la escena en que Clara Lago se iba quitando los abalorios del traje de gitana (y el traje en sí), me llamó la atención que la flor la llevaba enganchada en una pinza.

Poco después, vi que en muchas tiendas, con el tirón de la feria de abril y sus delegaciones en las diferentes discotecas madrileñas, se vendían lo que en mi tierra se llaman los avíos del traje de flamenca. Y todas las flores llevaban pegada una pinza o un pasador de algún tipo.

Y eso no es así, señoras y señores, eso es una falacia, una mentira, y es el camino fácil hacia un lugar complicado.

Toda andaluza que se haya vestido de gitana sabe que la flor va enganchada a la cabeza con horquillas, y que el proceso en que una se pone y se quita la flor tiene mucho intríngulis.

Primero hay que decidir qué peinado se quiere llevar, y qué lugar ocupará en él la flor: El clásico moño (o "rodete") con la flor sobre la oreja y con la cara despejada, el pelo suelto y la flor debajo de la oreja, cola alta y la flor en la coronilla, media cola... 
A continuación hay que dar con una flor que pegue con el vestido y con el estilo del peinado (a veces este paso va antes del primero). Normalmente, si la persona en cuestión es andaluza y vive con más mujeres, tendrá en su casa una caja, cajón, bolsa... en la que se acumulan flores pequeñas, grandes, de diferentes colores y tonalidades entre las de escoger.
Y les adelanto que ninguna de ellas lleva pinza ni nada que se le parezca.

A menudo la flor es del color que predomina en el vestido, aunque a veces es del tono de los detalles del traje, o a conjunto con el pañolillo, o de un color que no está en ninguna tela pero le pega. Siempre queda bien, y por lo general conjunta con la peineta, o los peinecillos, o alguno de los abalorios.
Escoger la flor cuando una se compra un traje nuevo, implica una cierta reflexión sobre el color que quiere llevar, el tamaño, el estilo... No es cualquier cosa.

(Si te prestan el vestido, normalmente te prestan todos los complementos y te ahorras muchas tonterías).

Una vez escogido el peinado y la flor, hay que unirlo todo.

Normalmente, si una se viste de gitana, primero se ducha, peina y maquilla, y anda por la casa en chándal y monísima de cara hasta que se mete en el vestido. (Que por cierto, el traje de gitana es el único vestido regional español que queda bien y favorece a la mujer en la mayoría de los casos, y que tiene la suficiente variedad como para que cada una encuentre su estilo. Eso para los que hablan de la gitana vestida de rojo con lunares negros. No es así.)

La flor es de tela flexible, con el tallo de alambre cubierto de papel crepé o tela fina. Hay
que darle forma al tallo según dónde se vaya a colocar, y a continuación se fija con horquillas.
Las horquillas son, en un peinado de flamenca, tu mejor y peor enemigo al mismo tiempo.
Las horquillas te taladran la cabeza.
Cuando eres muy pequeña, para que no se te caiga la flor mientras corres.
Cuando eres una niña mayorcita, para que no se vaya volando mientras te montas en el Canguro Loco o en el Top Gun.
Cuando eres adolescente, para que no se te vaya en las vueltas de las sevillanas, o mientras te enrollas con tu novio, o mientras tu amiga te sujeta el pelo para vomitar.
Y cuando eres mayor, porque no te las sabes poner de otra manera.
Al principio te las coloca tu madre, o tu abuela. Después aprendes a hacerlo tú.

Las horquillas se te incrustan en el cráneo, y te crean una tensión tremenda en la cabeza. Las mujeres que suelen vestirse de gitana tienen pocas arrugas porque las horquillas del peinado les mantienen la piel de la cara tensa, estirada, inamovible.
Y, cuando te las quitas, pueden pasar dos cosas: Que te vayas quitando una horquilla tras otra, sintiendo cómo la sangre te vuelve a fluir en la cabeza, o que des un tirón porque estás hasta las pelotas de la flor, y desees morir.
Si te quitas la flor a lo bruto, corres serio riesgo de quedarte calva. Además, vivirás un fenómeno desagradabilísimo: la horquilla que resbala. Cuando una horquilla se deslice en horizontal por un mechón de tu pelo, sin arrancar pero tirando, te darán escalofríos.

Cuando por fin te quites la flor, la peineta, los peinecillos y el clavel que te vendió la gitana en la caseta, y te sueltes el pelo, te sentirás una persona feliz y nueva, y te entrarán muchas ganas de hacer un anuncio de Herbal Essence en pelotas con el pelo chorreando debajo de una cascada.

Entonces dejarás la flor en la mesita de noche, con las horquillas enganchadas, para volver a ponértela al día siguiente. Y de un año para otro, guardarás la flor tal cual.
¿Por qué? Por una parte, por pereza de quitar las horquillas. Y por otra, porque es la mejor forma de que al año siguiente no te encuentres con doce flores y sin ninguna triste horquilla que llevarte a la cabeza, un día en que el chino esté cerrado.

Así que, señoras y señores, las flores de verdad, las verdaderas flores que las andaluzas se ponen en el pelo, tienen un proceso, una historia, una personalidad y un millar de horquillas. Y en ningún caso una pinza. Eso es para débiles.

Feliz feria, a los que ya la han celebrado, a los que estamos en ello, y a los que aún la están esperando.



***


(Muchas gracias a Brujita por posar para las fotos)



3 comentarios:

  1. Totalmente; es como el dicho de "lo bueno, sale caro", interpretando en este caso lo "bueno" con lo bonito, y lo "caro" con difícil. Ataviarse con el típico traje de faralaes, es un arte; tanto como vestirse de fallera, o con cualquier traje regional. No es entrar en la primera tienda de souvenirs o en cualquiera de los puestos que pululan en cualquier ciudad andaluza a adquirir la tan socorrida flor con la pinza para ser "una más". Yo debo admitirlo: tengo una flor con pinza, tal vez porque hace años que no me visto de flamenca/cordobesa/verdiales/rociera (he probado todos los estilos), y he tirado por el camino fácil.

    Pero no, el arte de "saber vestirse" es saber que engloba un arte no sólo en el vestido en sí mismo, sino en el peinado, en los aderezos, en saber moverse con los zapatos (ya sean los propios de tacón o las tan socorridas y cómodas cuñas de esparto).

    Debo reconocer que no tengo arte en saber vestirme "a la andaluza", pero reconozco ése arte tan nuestro que hoy nos has mostrado.

    Fdo. Sakura (alias... MAVICHI) ;)

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    1. No sabía que había tantas variantes, me has sorprendido ^^

      (Y tranqui, que desde el primer comentario te tenía fichada.... =P)

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  2. Qué pedazo de post!!! ole y ole porque no dices más que verdades !! un beso y sigue así guapísima :)

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