27 de mayo de 2014

La primera vez que voto

El pasado domingo, con la juerga de las elecciones europeas, voté por primera vez en mi vida.

No, no acabo de cumplir 18 años, de hecho éstas han sido las quintas elecciones que vivo desde mi mayoría de edad.

No, tampoco me he abstenido de manera "revolucionaria" hasta ahora.

Mis primeras elecciones con derecho a voto fueron las europeas de 2009. No voté porque estaba de exámenes y pasaba de bajar a Cádiz desde Madrid, o liarme con el voto por correo, en medio de los finales.

Las siguientes fueron las municipales. Y lo cierto es que ahí fue pasotismo puro. No vivo en la ciudad en la que estoy empadronada, ni tengo intención de volver a vivir allí, y no conozco ni a sus políticos ni los programas que llevaban, así que ni me lo planteé.

Y luego llegaron las generales de 2011.

Esas elecciones me pillaron en París de Erasmus, pero estaba decidida a votar. Me bajé toda la documentación, me enteré de dónde estaba la embajada española en París...
Y resulta que dos semanas antes de cerrarse el plazo para ir a votar, cambió totalmente el método de voto desde el extranjero. Fuimos a la embajada, nos informaron del cambio, nos dijeron de muy malas maneras que esa gestión se hacía en el consulado (bastante lejos de París, y no digamos de mi barrio) y no allí, y nos mandaron a hacer puñetas.
Ya no nos daba tiempo a ir al consulado antes del fin del plazo, así que nos quedamos sin votar. Bueno, nosotros y la inmensa mayoría de los que residíamos fuera de España en aquel momento, salvo quienes fueron al consulado con tiempo suficiente. Un hecho que no se comentó en los medios, a pesar de que supuso muuuuchos votos menos por una decisión de última hora tomada por el ministerio del Interior.

Esa jugada tan sucia me cabreó tanto que cuando en marzo fueron las andaluzas mandé a la mierda a Interior y a su puñetera madre. Pasaba de que me trolearan otra vez y me mandasen a la embajada andaluza en Francia, que lo mismo estaba en Rennes o algo. Que se fueran a la mierda.

Así que entre pitos y flauta casi me dan los 24 sin haber entrado en una cabina electoral. Que, la verdad, cada vez parece que tenga menos utilidad ejercer el voto, pero a mí me hacía ilusión hacerlo al menos una vez.

Cuando supe de las europeas, me planteé qué hacer. Había varias opciones, que han sido amplísimamente difundidas en las redes sociales:


-Pasar del tema. "Son todos unos hijos de puta", "son todos iguales", "yo no voto más en mi vida", "votar no sirve para nada"... etc. El descontento general de la mayoría de la población vuelto en contra del sistema, y de las lagunas de esta democracia nuestra con tan poca credibilidad. Opción especialmente virulenta entre quienes votaron al PP en 2011 sin ser peperos y se sintieron traicionados.

-Practicar la "abstención activa". Esto lo han defendido a ultranza bastantes personas que conozco, y debo decir que a mí me parece una gilipollez. Si no crees en el sistema y no quieres votar, estupendo. Pero estás en la categoría uno. Por ir a manifestaciones no estás ejerciendo la abstención activa, porque estamos en un sistema en el que las cosas se resuelven por las urnas, o por leyes, y ambas pasan por la democracia sin importar lo maltrecha que ésta esté. Simplemente te estás yendo de manifa un día de elecciones para sentirte guay y combativo.

-Votar a los mayoritarios. La avalancha de propaganda electoral que ha llegado a los buzones y ha llenado de banderolas las calles lo pedía a gritos. Valenciano, Cañete, y en menor medida IU, pedían que siguiéramos confiando en ellos. Una pena que no entiendan eso de que la confianza cuesta una vida ganarla y un segundo perderla. Igual les iría mejor.

-Votar a un minoritario. Yo estaba en su día muy en contra de esta opción, bajo la premisa de "¿para qué les voy a votar, si aunque les vote y ganen no tienen infraestructura para gobernar?". Pero con los años he decidido que la idea de votar a los minoritarios no es que ganen, sino dar pluralidad al parlamento, dificultar las mayorías absolutas dictatoriales, y poner trabas al bipartidismo. Aún así, tampoco es que los minoritarios den mucha más confianza que los otros. Al fin y al cabo los políticos son reflejo de la sociedad, y la sociedad que parió a Rajoy es la misma que ha parido a Pablo Iglesias. No conviene olvidarlo.

-Votar en blanco. Votas. Tu voto cuenta. Pero es pa nadie. Pos vale.

-Votar nulo. Votas. Sales en las estadísticas de participación. Tu voto no cuenta porque la papeleta es chunga. No vale de mucho, pero si te lo curras igual tu voto se vuelve viral en las redes sociales y todo el mundo se echa una risas viéndolo.

Decidí votar a un minoritario. Elegí a quién por una razón bastante simple: Su propaganda electoral, en vez de petar los buzones, la repartían como flyers a la 1 de la mañana por el centro de Madrid. Eran flyers súper currados, invitándote a "la fiesta de la democracia" y me hicieron mucha gracia. Así que les voté.

Y fueron las elecciones. Entré en el cole acompañada por mi madre, tuve que consultar tres veces las listas para enterarme de en qué mesa tenía que votar, me metí en el probador ese lleno de papeles, y llevé el voto a la mesa.
Muy democrático todo.

Y ya está. El PP ha perdido 8 escaños y se ha fumado un puro a su salud por ser los más votados. El PSOE ha perdido 9 y se replantea su cabecera. Podemos ha dado el pelotazo, y yo no me fío un pelo, porque a Pablo Iglesias lo conozco de la Complutense y me parece un megalómano peligroso. Y de su programa no me gusta casi nada, así que no creo que traiga la opción salvadora que muchos están adjudicándole. Ni muchísimo menos.
Y otros minoritarios han florecido como setas.

Me alegro, la verdad, de cómo ha ido aquí la cosa. Aunque sé que la ley electoral española, con sus circunscripciones y su ley de Hont va a dificultar enormemente repetir esta variedad política en las generales. Es muestra de que al menos parte de la población acusa el desgaste. La mitad, más o menos, que son los que han ido a votar. El resto ha pasado de votar, o ha practicado "abstención activa". Me temo que no hay gráficas de cuántos hacen cada cosa.
Eso sí, todos ellos se quejarán a voces de los resultados aunque no hayan querido participar porque "No sirve para nada".
Están en su derecho, por supuesto, pero no deja de ser irónico.

Por otra parte, yo me he puesto a darle vueltas, y dado que el parlamento es europeo, tal vez sería más justo que se presentaran candidaturas internacionales, y que si un grupo de políticos de Francia, República Checa, Austria y Andorra forman un partido que me mola, yo les pueda votar. Creo que así podría aumentar la participación entre los que están asqueados de los políticos patrios. Aunque claro, también tiene su peligro, porque ¿cuántos españoles votarían a un partido europeo encabezado por la ultraderecha de Le Pen? Seguro que muchos... Quizás es mejor entonar el Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy...

Así que hale, a disfrutar de lo votado, o de lo pasado, o de lo activamente abstenido. Y a no perder de vista que en el país de aquí al lado el partido de más ultraderecha que se pueda uno echar a la cara ha tenido el 25% del voto francés. Y que en general, el Parlamento Europeo es más que conservador. Cuidaito.



Voto europeas









2 comentarios:

  1. Voy a sonar bastante carroza, pero "cuando yo era joven y se alcanzaba la mayoría de edad, se veía el hecho de votar por primera vez hasta con ilusión". Creo que la primera vez que voté fue en el 2003, por las elecciones municipales. No recuerdo por quién voté, pero creo que fue por un partido en el que mi prima iba como segunda suplente.

    Luego llegó el 2004, estaba en cuarto de carrera, y las elecciones coincidieron con 11-M. Recuerdo que el día del atentado, todos colapsamos las cabinas (sí, cabinas; aún no existía el WhatsApp), y estábamos más preocupados por la gente que teníamos en Madrid, que por las elecciones. Fueron unas elecciones que, dado el momento que vivíamos, todos pensamos que debían posponerse. No debía hacerse campaña en mitad de aquel dolor, en mitad de aquella masacre. Sí, muchos políticos fueron los que se acercaron y marcharon sobre Madrid, en repulsa por el atentado, mostrando tal vez una cercanía con el pueblo que sólo una vez presencié y sentí: en Julio de 1997, momento en que por primera vez sentí que todos, independientemente de ideologías políticas o leches en vinagres, estábamos unidos para decir "Basta". Pero lo del 11-M no fue como aquel Julio de 1997.

    Llegó el 2007, año de municipales. Seguía empadronada en el pueblo, y como suele suceder en los pueblos, votas por la cercanía a los vecinos, no por ideologías o colores. Si conoces a alguien y te cae bien, y encima encabeza un partido, lo votas; y esto sucede más en los pueblos pequeños como es el mío. Sucedió un caso singular ese año: IU pactó con Falange Auténtica, olvidando ideales, para hacerse con la alcaldía (y lo cierto es que hicieron mucho bien por Ardales, bajo mi punto de vista). Pero ahí queda la anécdota.

    Luego, las elecciones anticipadas de 2011. Recuerdo mi voto por el Senado, un órgano que no me merece credibilidad y apoyo ninguno, en el sentido de que es meramente consultivo y, para mantener a los 350 senadores, que realmente no hacen gran cosa, me parece que es mejor abolirlo e invertir lo que cuesta su mantenimiento en otras cosas. Voté nulo, y tuneé una papeleta muy mona con una imagen de Goku haciendo la bola Genki (o Genki Dama), y plasmé en ella las siguientes palabras: "Voto a Goku que ha vuelto de los muertos en tres ocasiones y nos ha salvado a todos". Creo que le hice una foto y todo. Tengo que buscarla.

    Lo realmente significativo de estas elecciones ha sido la desazón, la desidia de los ciudadanos y la desilusión, La sensación de que no votando, votando nulo o en blanco, ya sentían que estaban haciendo algo, cuando así no se pueden cambiar las cosas...

    Lo realmente significativo, a nivel europeo, ha sido la emergencia de las tendencias ultraderechistas.... Y en España, la emergencia de una izquierda extrema...

    No me gustan los extremos.Nunca me han gustado. La historia nos ha demostrado que tanto la izquierda extrema como la ultraderecha no dan buenos resultados y tan sólo traen mierda y más mierda a su paso. No son buenos los extremos. Para nadie.

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  2. Ya era hora de votar, maja! A mí me han vuelto a pillar fuera y confieso que me he desentendido del lío del voto a distancia, que bastante tengo ya con toda la burocracia internacional. Vaya tela con los franceses, me gustaría saber qué les pasa por la cabeza para votar a un partido como el FN. En fin, me alegro por los partidos minoritarios, pero en España seguimos teniendo un problema grande con los políticos. Yo creo (o quiero creer) que España se está transformando poco a poco, que las cosas van a cambiar... pero que la política no lo está haciendo con la sociedad. Veremos!

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