13 de mayo de 2014

Celia en la Revolución, un cuento sobre la Guerra Civil

Celia en la revolución pdf
Contaba hace unos días que por fin había encontrado el libro "Celia en la Revolución" en pdf. Una rareza bibliográfica en la que la heroína infantil de los españoles de principios de siglo se veía metida de cabeza en la Guerra Civil.

Me lo terminé en menos de una semana, y me dejó un pellizco amargo en el pecho, y la sensación de haber aprendido una lección importante.

Esta novela cuenta, en trescientas páginas, una historia muy sencilla: Celia, una chica que al comienzo del libro tiene casi quince años, de familia bien, que se crió en la calle Serrano, que siempre ha tenido servicio... ve de pronto cómo se produce un golpe militar mientras ella está pasando unos días en casa de su abuelo, en Segovia.

Celia no sabe lo que es un falangista. Celia no sabe quién es Franco. Celia sabe que de pronto su abuelo da armas a los campesinos que viven cerca de él, y que esa misma noche se lo llevan, y cuentan que lo han fusilado mientras gritaba "¡Viva la libertad!".

Y comienza un periplo angustioso. Celia huye de Segovia, tomada por los golpistas, en dirección a Madrid, donde está su padre. Le acompañan sus dos hermanas pequeñas (Teresina y María Fuencisla) y Valeriana, que servía en casa del abuelo y les sigue fielmente. El único niño de la familia, Cuchifritín, estudia en un internado en Londres y es totalmente ajeno a la guerra.

Durante los tres años del conflicto Celia vive temporalmente en Madrid, Valencia, Albacete, Barcelona, Valencia de nuevo, Madrid otra vez, y ya hacia el final se marcha a Francia, casi, casi como preámbulo de "Celia institutriz en América".

Y a través de esa historia, de ese viaje angustioso, he visto yo una guerra civil que nadie me había contado nunca, que no he visto en muchos libros de historia, y que probablemente beba de la experiencia de la misma Elena Fortún.

He leído un Madrid muerto de hambre, que al principio devoró la harina, poco después la carne, convirtió los jardines en huertos, echó a la cazuela perros, gatos, palomas... y ya hacia el final suplicaba por cazar una rata bien gorda.
Un Madrid en el que a partir de un momento dado se dejó de aceptar dinero, y se cambiaban en las calles productos por comida, bajo el miedo de que la moneda republicana dejara de ser válida, y bajo la necesidad.
Un Madrid sobre el que llovió pan envuelto en banderas con el águila negra, prometiendo a los asediados pan y comida bajo Franco.

He leído a unos españoles envilecidos de odio. Amas de casa que se alegraban del fusilamiento de "los otros", profalangistas que se encontraban en zona republicana y rezaban por la entrada del Ejército, cocineras que delataban a sus jefes y veían como les daban el paseo tras extorsionarlos durante meses, ojos suspicaces ante las palabras "buenas tardes" en vez de "salud". 
Gente que quería la revolución social por las malas, a cualquier precio, y no la paz.
Gente que sólo quería vivir su vida, dejar de pasar hambre.
Aristócratas, militantes de derechas, que al ir acercándose el final de la guerra se quitaban la careta y escupían a republicanos que les habían ayudado, frotándose las manos ante las perspectiva de que fueran a ser ellos los fusilados en poco tiempo.

Me ha hecho mucha gracia constatar que vivimos en la hora que no es, ya que durante la novela (ambientada antes del cambio de hora del 42) los personajes siempre comen a la una del mediodía.

He leído lo ajenos que fueron muchos niños al conflicto. Las propias hermanas de Celia reían y aplaudían al escuchar llegar los aviones cargados de bombas, disfrutando con el sonido que hacía temblar la tierra.
He aprendido sobre los niños que fueron sacados de España sin conocimiento, en muchos casos, de sus padres. Cómo los llevaron a Valencia, a Alicante, a Barcelona, a Francia, a América, a Rusia... en un exilio interminable (con la pobre Celia detrás de los autocares).

Con cierta vergüenza ajena, he visto a Celia preocuparse por un gatito callejero cuando en
Celia en la Revolución
la calle morían personas a centenares. La he visto ir a arreglarse el pelo a su salón de belleza de la Gran Vía mientras en su casa ella y Guadalupe (a ratos amiga y a ratos criada, a menudo ambas) llevaban sin comer tres días.  La he visto ir de compras por Barcelona, buscando cuellos para vestidos, guantes y bufandas una hora después de que bombardeasen las calles.
Y con ternura la he visto enamorarse en el peor momento posible.

Esas contradicciones, de niña bien que vive la guerra comiendo poco cuando había hambre, y comiendo mucho cuando estaba en una ciudad abastecida, la hacían más creíble. Porque en el fondo, una adolescente de dieciséis años vive en su mundo aunque la realidad entera se está cayendo a pedazos. Y probablemente, justo cuando el mundo no puede ser más espantoso, refugiarse en la cotidianidad inesperada de comprarse ropa puede hacer que todo sea un poco menos duro.

Todo contado con una sutileza exquisita, y con un vocabulario precioso. Curiosamente, he encontrado palabras que yo creía exclusivamente andaluzas (como "morisqueta") y que resulta que vienen de un castellano más antiguo que a nosotros se nos ha quedado.
La manera en que Elena Fortún pone voz a los personajes, refleja la forma de hablar de la gente de campo, de los jóvenes de Madrid, de los milicianos... es magistral. Con muy poco logra muchísimo, y el retrato que dibuja está muy claro.

Y el libro termina con una Celia angustiada, que ha pasado tres años creyendo a pies juntillas que la República se alzaría victoriosa, porque era lo que la radio y su padre decían, y de pronto se ve obligada a emigrar sin saber exactamente adónde... ni por qué.

Y a mí se me quedó un pellizco en el corazón.

Yo no viví la guerra.
Mis padres no vivieron la guerra.
De mis abuelos, los maternos no habían nacido, y los paternos eran niños durante la guerra.

En mi familia son ya tres las generaciones que han pasado desde aquel conflicto. Todo lo que sabemos sobre ella lo sabemos por testimonios cada vez más lejanos, por las clases de historia, y por la propaganda política de unos y otros.

No es raro escuchar acusaciones sobre esa guerra nuestra. No reproches a la dictadura que impidió a muchos enterrar debidamente a sus muertos, y juzgar a los asesinos (el régimen franquista llevó a cabo multitud de procesos judiciales contra republicanos). No. Ni tampoco a los militares, milicianos, brigadistas, regulares, legionarios, combatientes y civiles que asesinaron, robaron, violaron, humillaron y causaron todo el daño posible al "enemigo". No. Acusaciones personales, viscerales, "tu abuelo mató a mi abuelo", "por culpa de fachas hijos de puta como tú murió Lorca", "otra guerra tendría que venir para que los rojos de mierda aprendierais". Ataques personales por parte de personas que no vivieron el conflicto, hacia otras personas que tampoco lo vivieron.

Se utiliza con alegría la palabra "fascista", sin tener en cuenta todo lo que implica llamar a alguien semejante cosa.


Celia en la Revolución pdf
Nos refocilamos en "las dos Españas" cuando hace mucho tiempo que aquella guerra terminó. Bien, mal, beneficiando a un bando, seguida por muchos años de gobierno dictatorial. Sí. Pero terminó. Y empeñarnos en remover la hiel no sólo perpetúa el odio, sino que hace imposible mirar hacia delante.

A mí nadie me había contado nunca la guerra de forma tan humana como lo ha hecho Elena Fortún, que estuvo allí, que era republicana, y feminista, y de clase alta,y católica... y que sin embargo retrata las miserias de todos los que por allí pasaron.
A mí me han contado una serie de estrategias bélicas, o bien una peli de buenos y malos demasiado parecida al cine para ser real.

Yo no viví la guerra.
Mis padres no vivieron la guerra.
Mis abuelos vivieron escasamente la guerra, los que la vivieron.

¿Por qué tenemos que seguir, entonces, deformando esa historia? ¿Por qué seguir haciendo películas, escribiendo libros, cada vez más y más alejados de cualquier cosa que ocurriera de verdad?

¿No nos saldría mejor aprender la lección con humildad, dejar de deformar el pasado y mirar hacia delante?

Tal vez así podríamos salvar algo como país, como Estado, como nación, como pueblo, me da igual la palabra que cada cual prefiera escoger.

Y evitar que en un futuro no demasiado lejano, "Celia en la revolución" sea, en vez de un testimonio pasado, una premonición que busquemos perpetrar.


Celia en la Revolución Elena Fortún

2 comentarios:

  1. "Celia en la Revolución" es un libro que, dentro de su aparente sencillez, encierra una valiosa lección: no hay que repetir la historia, a pesar de que la experiencia nos diga que la historia siempre se repite.

    Este libro llegó a mi vida cuando sólo tenía doce años, en un año en que el calor y el cuidado de mi abuela (aquejada de demencia senil), fueron los protagonistas. Recuerdo que fuí a la biblioteca del pueblo y, tras haberme leído la bibliografía completa de "Celia", en libros ajados y algunos descompuestos que incluso encolé para evitar que se desvencijaran aún más, encontré "Celia en la Revolución". Lo devoré, literalmente, en dos días; y aún tuve tiempo de leerlo dos veces más antes de devolverlo a aquella estantería cubierta de polvo.

    Lo memoricé hasta tal punto de que aún recuerdo pasajes completos, como aquel en que Celia descubre unos cadáveres tras las tapias del orfanato/hogar para niños en el que echaba una mano; era dantesco leer como los niños se reían al ver que una hilera de hormigas entraba por la nariz de algunos muertos... También me llamó muchísimo la atención el hecho de cómo Teresina, la hermana de Celia, y aun María Fuencisla (siendo aún casi un bebé, de dos añitos), cuando los bombardeos sobrevolaban el cielo de Chamartín, se reían al tirarse al suelo y sólo deseaban que volvieran otra vez.

    Recuerdo cómo Celia descubrió estar enamorada de Jorge, del hermano de su amiga Adela... Amor en mitad del horror, con un desenlace un tanto... mejor no sigo hablando, por si hago spoiler.

    Años después, ya con 18 años, volví a la Biblioteca por el libro. Estaba roto, ajado y pintarrajeado con mensajes tales como "Rojos de mierda", "Viva la República", etc. Muchas páginas estaban arrancadas y otras tantas desaparecidas, pero su desaparición no impidió que recordara los pasajes. Le enseñé a la responsable el estado de aquel libro, que le indiqué era una joya, por su valor de coleccionista, pero se comportó de una forma que... mejor obviarla, que me enervo.

    Opino como tú: es uno de esos libros de los que, sin apenas ofrecer nada, ofrece mucho, y es la visión de la Guerra de primera mano, escrito con un lenguaje sencillo, alejado de simbologías. La historia tal como fue...

    Creo que es el mejor libro que he leído en mi vida, pues es el que, sin haberlo leído tantas veces, es el único que puedo afirmar que recuerdo de memoria, de pe a pa. Y el único cuyo mensaje ha quedado grabado en mí a fuego: que no repitamos aquel horror.

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  2. CELIA EN LA REVOLUCIÓN SERÁ AL FIN REEDITADA (JUNTO CON TODOS LOS LIBROS DE CELIA) http://www.libropatas.com/mundo-editorial/celia-en-la-revolucion-sera-al-fin-reeditada-junto-con-todos-los-libros-de-celia/

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