2 de mayo de 2014

Celia en la Revolución, el libro fugitivo

Celia en la revolución

Cuando cumplí siete años, mi abuela paterna me regaló Celia, lo que dice.
Un libro cuadrado, con tapas blancas grisáceas y letras verdes.

Me dijo que era uno de sus libros favoritos de la infancia, que era una colección.

El libro tenía un larguísimo prólogo de una señora que se llamaba Carmen Martín Gaite y que yo nunca había oído nombrar. Mi abuela me aconsejó que me lo saltase y fuera directa a la historia de Celia, pero yo con mi pundonor de lectora quise recorrer el libro entero.

Por supuesto, el prólogo me resultó infumable. No sabía qué era la guerra civil, qué era "zona republicana" ni dónde estaba el Parque del Oeste.
Al releerlo, muchos años después, sonreí a mi yo del pasado con indulgencia. Como para entenderlo una enana de siete años...

El libro me encantó. Me gustó Celia, aunque a ratos me parecía algo ingenua y un poco mimada. Pero era aventurera como yo, jugaba a inventarse mundos, como yo. Y quería a su hermano con una mezcla de protección y celos, como me pasó a mí (aunque por suerte a mí no te mandaron interna como consecuencia de esos celos).

Me leí todos los que sacaron en aquella edición cuadrada y blanca. Me gustó sobre todo Celia en el colegio, ya que yo había visto un par de capítulos de la serie de RTVE sin saber que estaba inspirada en un libro, y me entristeció mucho Celia madrecita.

Y luego devoré los tres que había en casa de mi abuela: Cuchifritín y Paquito, todo desvencijado y con las páginas amarillentas, Celia institutriz en América, que me emocionó, y Celia te casa, que me gustó menos.

Eran libros que ninguno de mis amigos conocía, y con el tiempo supe que se escribieron muchísimos años antes de que mis padres nacieran y que dejaron de ser editados y publicitados, por lo que los lectores nacidos en los 80 y 90 éramos más que escasos.

En la contraportada de Celia se casa encontré la lista entera de los libros, y vi que me quedaban bastantes por leer. Pregunté a mi abuela, y me respondió que esos no los habían sacado en la edición nueva, y que ella nunca los tuvo porque se los prestaba una amiga. Así que sería bastante difícil llegar a leerlos todos.

Me resigné, porque los que me faltaban eran de Cuchifritín, o de las otras hermanas de Celia, así que me importaba menos no llegar a leerlos.

Pero había uno especial. Uno que se mencionaba de pasada en el prólogo de Martín Gaite, y que yo quería leer: Celia en la Revolución.

La autora de los libros, Encarnación Aragoneses de Urquijo (alias Elena Fortún) había vivido la Guerra Civil, y la mencionaba de pasada en Celia Institutriz. Pero resultó que había planeado escribir un libro en que su heroína contaba en primera persona su experiencia de la contienda.
Redactó un borrador en 1944, y a su muerte su nuera quiso que se publicase.

El libro finalmente vio la luz en 1987, aunque sólo se imprimió una edición.

Desde que supe que existía, y tuve edad para entender ya no sólo su rareza bibliográfica sino su importancia sentimental, lo empecé a buscar.
No estaba en la biblioteca de mi ciudad ni en ninguna cercana.

Llegué a dar con amigos que habían podido verlo, e incluso tenerlo en sus manos, en bibliotecas de otras ciudades, pero en todos los casos el libro desapareció de las estanterías, robado por algún coleccionista.

Supe que en algunas librerías de viejo quedaba suelto un ejemplar que otro, pero el precio oscilaba entre los cien y doscientos euros.

De vez en cuando, en estos años, e intentado buscarlo en formato digital, ya que en papel es imposible (y si me van a venir con monsergas sobre los derechos de autor, vayan a hablar con la editorial que no ha querido reeditarlo, yo lo compraría encantada, para mí y para regalo). Pero ni por ésas. Las veces que encontraba un enlace, estaba caído o era mentira.

Hasta que el lunes pasado... apareció.

Regalado vía mail lo pude por fin leer.

Y me encantó.

Creo que Elena Fortún merece un reconocimiento muchísimo mayor que el que ha recibido. La habilidad de esa mujer para dibujar escenarios, presentar personajes, transmitir sentimientos... con un lenguaje sencillo y rico es impresionante.

Tuvo la mala suerte de escribir literatura infantil, que desgraciadamente es un género despreciado pese a contar con joyas increíbles.
Tuvo la mala suerte de ser republicana y feminista, por lo que el franquismo le tapó la boca cuanto pudo, a pesar de que sus libros estaban en la mitad de las estanterías de España.
Y tuvo la mala suerte de que sus obras se reeditaran poco.

Pero en Celia en la revolución consigue el retrato más sencillo, honesto y claro de ese conflicto absurdo que vivimos en los años treinta que yo haya podido leer. Sin estridencias.
Hablando de los olores de la guerra, de los sonidos, de los problemas cotidianos de un Madrid asediado por un bando y tomado por el otro.

Desde el punto de vista de Celia, una chica de catorce años de familia bien, que no sabe de política, cuyo abuelo materno y padre son republicanos, y su tía paterna y primo son fascistas, se desarrolla una historia muy bien contada, pausada, rica. Y tremendamente dolorosa por lo sutil, por lo bien reflejada que está la manera en que nos hicimos pedazos como país, todos contra todos.

Por fin he encontrado este pequeño tesoro literario que he buscado durante mucho tiempo sin éxito, y que ahora tengo para leer cuantas veces quiera, y para incorporar a la colección de novelas de Elena Fortún.

Aún no he terminado de leerlo, tal vez cuando lo haga me extienda más en lo que cuenta, porque la verdad es que llega más dentro de lo que cabe esperar. Tal vez porque aunque hace cuarenta años que se escribió, nosotros seguimos siendo los mismos.

Me voy al carromato, a seguir leyendo, que se hace tarde.

Celia Guerra Civil

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