2 de mayo de 2014

Conversación a media luz


Anda, hacía mucho que no venías por aquí, preciosa. ¿Cómo estás?
La última vez que te vi estabas tristona, comida de nervios y de dudas. Casi no parecías tú, me recordabas más a la de antes.
Pero eso es diferente ahora... ¿no?

Bueno, en realidad ya era diferente antes, ¿verdad?
Sí, claro que sí. Hace muchos meses que encontraste a Wally, que despertaste siendo mejor que antes, que comenzaste luchas nuevas.
Aquel último día que nos vimos sólo estabas un poco nerviosa, preparándote para algunas cosas que parecían a punto de empezar.

¿Ocurrieron?
Por supuesto que ocurrieron.
Sabías que iban a ocurrir, aunque ni en tus sueños más dementes imaginaste que sería tan perfecto.
¿Cómo lo describió Caballera? Dos piezas de puzzle que encajan a la perfección.
Es una gran definición, esa chica sabe.

Y si ya ocurrieron, ¿por qué otra vez te veo dudar, niña de ojos grandes?
¿Acaso no has comprobado más que de sobra que lo tienes todo en la palma de la mano?
Ya, la espera es incómoda. Y una parte de ti siente que ahora que esa parte de tu vida vuelve a rebosar felicidad (de hecho, más felicidad que nunca, ventajas de ser mejor por dentro) tal vez no merezcas que también en esto te lleguen buenas noticias.

Bueno, pues te equivocas, pequeñusca.
Te mereces lo mejor.
Te mereces que te pasen todas las cosas buenas del mundo una detrás de la otra.
¿Que por qué?

Bueno, ¿y por qué no?

No sé quién os ha metido en la cabeza a los humanos que sólo podéis aspirar a parcelitas de felicidad, que no podéis tenerlo todo.
No sé quién os envenenó con la falsa modestia, con el rechazo a uno mismo, con el conformismo y el miedo, pero debía quereros muy poco.

Te mereces lo mejor porque sí.

La cosa es, ¿estás dispuesta a luchar por ello?

Sabes que es una pregunta retórica. Llevas dejándote los cuernos por ello desde hace meses. Concretamente, hoy hace ocho meses.
Bueno, tal vez algo menos, las primeras semanas consistieron básicamente en llorar y convertirte en polvo de cristal. En desintegrarte para poder construirte de nuevo. Para poder ser.
Porque luego decidiste cambiar, y dar un giro. Y te juraste que serías mejor, que serías una persona que irradiase luz, que serías alguien feliz, optimista, que se quisiera.

Y te dejaste todo en conseguirlo.
Y, hey, lo conseguiste.

¿O te lo tengo que recordar?

Me encanta quedar contigo, siempre que quedamos me siento bien, en paz, tranquila...

Estás muy diferente.

Joder, qué cambio...

Es como que... tienes otra luz, otra energía... Y mira que yo no me creo esas cosas.

¡Dios! ¡Estás guapísima!

Antes estábamos bien, antes ya me encantabas, pero ahora... Es más. Es mejor.


Has conseguido el objetivo grande. 

Poco después, conseguiste el objetivo que al principio era el grande y pasó a una sana retaguardia.

Sólo queda un objetivo pendiente, y lo estás rozando con los dedos.
¿O acaso te crees que ha sido casualidad retratar palabra por palabra lo que dijiste en su momento? Venga ya. Casualidades a estas alturas. Y más en esto. No me jodas.

El "no" existe. Siempre existe. Es parte del juego, y lo sabes bien. Debe existir para que este mundo siga siendo fiel a sus normas, y para que quienes persiguen la felicidad sean capaces de aceptarla en todas su variantes, y desapegarse.
Pero el "no" puede ser sólo un abstracto... Como ya ha ocurrido.

¿O no? ¿Quién te iba a decir hace exactamente 30 días, a las dos de la mañana del dos de abril, que un mes después habría ocurrido todo esto?
Tú lo sabías. Lo supiste desde el principio. Y aceptaste el "no". Y te desapegaste. Y lloraste cien veces, y te impacientaste, y te frustraste, y te ilusionaste, y aceptaste el dolor con una dignidad admirable.
Y en el fondo siempre supiste lo que iba a ocurrir... Hasta que ocurrió.

Porque, ¡¡ocurrió!! Con tal nivel de exactitud y perfección que parecía que lo hubieras descrito en un libro que alguien leía.

Entonces... ¿por qué ahora no va a ser así?

Lo tienes todo a tu favor. Todo.

¿Ellos? ¿Qué saben ellos? ¿Cuándo han tenido razón?

Te decían que tu camino no era el bueno, te reprochaban, chasqueaban la lengua. Te miraban con condescendencia.
Y te dio igual. Sabías la verdad en el fondo de ese corazón tuyo.
Y tuviste razón.
Pero no por tener razón, sino porque si el cielo es azul y las nubes son blancas, por más que te empeñes en imaginar colores no va a cambiar por ti. Y tú sabías bien de qué color era el cielo.

Pues ahora lo mismo, niña de ojos grandes. Ahora tú sabes, en el fondo de tus entrañas, lo que tienes a los pies. El último bastión de esta batalla. La otra gran misión.
A punto de caramelo.

El camino ha sido largo, y en ocasiones muy muy difícil, doloroso y frustrante. Lo sé. Probablemente nadie lo sepa mejor que yo.

Pero ha valido la pena hasta ahora, y continuará valiendo la pena.

Y a quienes traten de hacerte dudar, a quienes te vean avocada al fracaso, no los escuches. Se equivocan. Tú sabes, sientes, creas, crees y avanzas.
Lo demás son conjeturas, olas ante un muro de roca viva.

Esto es sólo un nuevo peldaño hacia una gran felicidad.

Que estás rozando con los dedos.

Cierra los ojos.
Concéntrate.
Respira.
Siente ese calor.
Visualiza.
Crea.
Repite.
Sonríe.

Celebra.

Ya está aquí.

Funambulista, niña, artista.

Has pasado el mástil más grande del circo, del que te separaba un centenar de metros.
Después cruzaste el hilo de metal, con sangre en los pies, hasta el mástil verde mar.
Vas por la última cuerda, de fina seda, hacia la plataforma final.
El público contiene el aliento
los niños se refugian en el regazo de sus madres para no verte caer
y tú aprietas los dientes, con gotas de sudor escociéndote en los ojos
segura
tranquila
confiada
concentrada
Llegas. Es un hecho que llegas, pero es un hecho que aún no ha llegado hasta ti.

Sólo unos pocos pasos más, niña de ojos grandes, no te desconcentres, no vaciles.

Ya estás a punto de llegar.

Ya has llegado.

Lo prometo.
Ilsiai.


No hay comentarios:

Publicar un comentario