23 de abril de 2014

Retratos del carromato: Leygaz

Durante esos complicados meses en que todo parecía a punto de desaparecer de la faz de la tierra, hubo un reducido grupo de personas que consiguió mantener los pedazos unidos, y me ayudó a mantenerme entera. Unas veces con una conversación, otras con una bronca en su momento, y a menudo simplemente con largos correos que yo enviaba, y ellos leían y respondían con todo el cariño del mundo.

Ahora que la tormenta ha pasado, siento que les debo algo. Un pequeño agradecimiento por tanto. Y lo voy a intentar hacer de la mejor forma posible, en esta serie de retratos.


***


Le conocí a través de Internet. En aquel genial grupo de personas que descubrí gracias a aquel Fotolog que fue mi primer rinconcito online en el que soltar palabras.

Me fascinó cómo escribía. Al leer sus textos te imaginabas una mezcla entre un juglar y un monje escribano, con jubón y calzas, que hablaba en castellano antiguo.

Cuando, al conocerle, resultó ser un chico malagueño delgado, no muy alto y sonriente, vestido como una persona del siglo XXI, me chocó.

Su voz sorprende. De entrada no te la esperas, pero cuando te acostumbras no te lo imaginas hablando en otro tono. Es parte intrínseca de él mismo.

Le cuesta darse cuenta de hasta qué punto es increíble, y de lo mucho que merece que le quieran y le traten bien. Pero poquito a poco se va valorando, y yo asisto con alegría al cambio.

Ha sabido ver a través de mí muchas veces. A menudo dándose cuenta de cosas que yo misma no era capaz de nombrar. Ha sido el bastón de certeza absoluta en que apoyarme cuando, a veces, no era capaz de sentirme segura de nada. Sin embargo, ha sido capaz de empujarme a confiar en mi propia seguridad cuando tocaba.

Juntos nos hemos reído mucho, y hemos despotricado a más no poder sobre los hombres y lo incomprensibles que resultan en ocasiones, ya sean gays o heterosexuales.

Me redescubrió Sevilla en un fin de semana inolvidable y divertidísimo.

Es sensible, culto, amable y empático. A veces sería capaz de cortarse un brazo antes de causar dolor a un ser querido, y eso le ha hecho sufrir mucho en ocasiones.

Tres de las veces que nos vimos me regaló un libro: "Cometas en el cielo", "Azafrán" y "Los aires difíciles". Los tres dedicados con muchísimo cariño.

Se merecía la última entrada, no porque fuese el último, sino porque siempre siempre siempre siempre que le he mandado un wasap angustiada y sin saber qué hacer ha tenido la palabra que me ha llevado a la cordura. La última, en ese sentido, antes de empezar a bromear sobre chorradas.

Hemos caminado juntos sin ir por el mismo camino, y en el otro vemos el reflejo de lo mucho que se puede avanzar si de verdad se quiere.

Y nos quedan muchas palabras, y muchos abrazos, y muchos caminos nuevos.


1 comentario:

  1. Si mi pequeña humanidad me niega agradecerte en toda su dimensión todo lo que mereces que te entregue, la gran verdad de que estamos vivos porque nos queremos -y esta vez no al revés- nos regalará todo ese mundo puesto a nuestros pies de sueños que conquistamos, de realidades que alcanzamos, de vuelos que alzamos y de tiempos que cruzamos. Mil gracias por darme siempre a entender que no importa el camino que decida escoger cuando, con tus alas por bandera, cualquier rumbo nos abrirá todas nuestras más recónditas puertas. Te quiere, tu cisnecillo.

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