4 de abril de 2014

Retratos del carromato: Caballera

Durante esos complicados meses en que todo parecía a punto de desaparecer de la faz de la tierra, hubo un reducido grupo de personas que consiguió mantener los pedazos unidos, y me ayudó a mantenerme entera. Unas veces con una conversación, otras con una bronca en su momento, y a menudo simplemente con largos correos que yo enviaba, y ellos leían y respondían con todo el cariño del mundo.

Ahora que la tormenta ha pasado, siento que les debo algo. Un pequeño agradecimiento por tanto. Y lo voy a intentar hacer de la mejor forma posible, en esta serie de retratos.


***

Hay personas que se pasan la vida en el telón de fondo de la historia de los demás. Otras, sin embargo, destacan.

Cuando conocí a Caballera era una niña muy muy callada de orejas de soplillo, rubia y con unos ojos que dejaban sin aliento.
Su hermana, DM, era mi íntima amiga. Y, aún así, a mí me gustaba tener a Caballera cerca.

Con el tiempo, terminó siendo mi amiga al mismo nivel que su hermana. Y durante los meses de la reconstrucción fue un pilar inamovible.

Caballera es pacífica. No discute, aunque a veces se enfade, prefiere dejar que otros griten. No suele alzar la voz.

Muchas mañanas en Niort las pasamos hablando por Facebook, cada una en su trabajo, cuando no había mucho quehacer. Yo le mandaba relatos, o le pedía que leyera entradas del blog, y ella me daba su opinión, y después me contaba sus novedades.

Descubrimos a María juntas, y vino a aquel maravilloso concierto del 5 de octubre de hace casi dos años.

Es artística sin tener que hacer nada. Cuando la ves llegar, sabes que estás delante de una artista.
Si, además, coge la guitarra, o se pone a dibujar, te sientes pequeñito.
Me reí muchísimo con ella en las clases de don José, y más de una vez compartimos partituras.

Fue la primera que me habló del WoW, y me llevó a Orgrimmar con los mayores cuando mi pobre elfa de sangre apenas levantaba un palmo del suelo con su nivel 12.

El día en que fue nombrada Caballera de la Corte de Honor creí que iba a reventar de orgullo. No conocí nunca a nadie que lo mereciera tanto.

Ha sido difícil verla al volver a Madrid. Su habilidad para cancelar quedadas ha rivalizado durante un tiempo con la de Alano, pero al final lo conseguimos.
Y me sentí tan bien al volver a hablar con ella...

A Caballera le encanta el pesto, sobre todo el que hago yo. A veces creo que si dejo un reguero de esa salsa verde desde su casa hasta la mía vendrá andando, mojando pan en el rastro.

Tiene una elegancia involuntaria, y es dulcísima al hablar, al andar, al mirarte y sonreírte. Cuando te sonríe te sientes especial.

Es una de las personas más guapas que conozco, pero no es muy consciente de ello.

Comprende las cosas hasta el fondo, hasta su esencia más pura, sin que sea necesario explicárselas. Me dejó boquiabierta cuando, tras contarle algo muy complejo para mí, y que sabía bien que podía resultar absurdo, y pedirle opinión, me dijo "No sé qué decirte... Es que me estás diciendo algo que es. Es así, sin más."

En estos meses ha sido un poco Guadiana, pero cuando ha estado ha sido al cien por cien.

Hace muchos muchos años que la conozco, y aspiro a seguir cerca de ella por mucho tiempo más. Lo consideraré un privilegio.



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