1 de abril de 2014

Retratos del carromato: C.

Durante esos complicados meses en que todo parecía a punto de desaparecer de la faz de la tierra, hubo un reducido grupo de personas que consiguió mantener los pedazos unidos, y me ayudó a mantenerme entera. Unas veces con una conversación, otras con una bronca en su momento, y a menudo simplemente con largos correos que yo enviaba, y ellos leían y respondían con todo el cariño del mundo.

Ahora que la tormenta ha pasado, siento que les debo algo. Un pequeño agradecimiento por tanto. Y lo voy a intentar hacer de la mejor forma posible, en esta serie de retratos.


***

C. es el ejemplo perfecto para ilustrar que hasta las ciudades pequeñas pueden sorprender a quien lleva toda la vida viviendo en ellas. A pesar que me lleva sólo un año, y de haber estado en el mismo instituto durante el bachillerato, no nos habíamos visto en la vida.

Yo le conocí en las reuniones pre-Niort, y a través de su madre. Y él casi casi me conoció cuando llegué a la casa de la escalera estrecha con cara de despistada y una maleta inmensa, en domingo y sin comida. Él estaba sentado en una cama pequeña con una manta de lana roja con cuadros, llevaba las gafas puestas y me pareció considerablemente más simpático de lo que me había resultado en las reuniones previas.

C. despista. Para algunos de sus amigos es una persona muy callada, tímida e introvertida. Sin embargo, para mí (y creo que para todos los niorteses) es un tío tremendamente divertido, ocurrente, y "bavard". Escucharle hablar en italiano inventado con Veramente, y verle bailar una sevillana con mucho arte y poca técnica son dos de las perlas a recordar.

Como suele pasar cuando convives, nos vimos en momentos buenos y otros bastante chungos. Cada uno actuó como mejor supo. A mí me ayudó mucho, sobre todo con conversaciones y estando en el sitio y momento exacto sin tener que pedirlo. Yo hice lo que pude, pero C. es reservado y a veces no sé si lo conseguí tanto como me habría gustado.

A C. no le gusta complicarse cocinando. Los días entre semana, sobre las ocho, cuando la cocina de Niort era un caos en el que tres personas preparábamos el tupper para el día siguiente mientras Veramente intentaba hacer su cena, no era raro que C. tirase de latas infames de lentejas o pasta (lo que llamábamos "el anticristo"), o que se hiciera extraños refritos.

Es un friki encubierto. Me enteré de que jugaba al LoL sólo porque yo comenté que me flipaba el WoW. Le gustan las series, la música y las pelis, es un flipado del cine y tiene una imaginación increíble.

Tuvo el ¿honor? de ser la primera persona en aparecer con pseudónimo en el Baúl, y el único con derecho a que se use su inicial. Porque sí.

C. huye de los malos rollos. Hasta cuando parece imposible no cabrearse, procura limar asperezas, mediar y, si es imposible, pasar del tema para no acabar mal con nadie.

Quiere con más intensidad de lo que parece.

Fue la primera persona que me tomó por optimista cuando yo aún estaba aprendiendo a serlo ("No es capaz de ver el lado positivo, como nosotros"). Me marcó mucho, me hizo entender que no era tan difícil.

Habla un inglés impecable, y un francés considerablemente mejor que hace seis meses. Escribe bien, y es muy bueno jugando al Jungle Speed. Nunca había estado una tarde cantando mientras otro tocaba la guitarra hasta que yo compré la mercenaria de Niort.

C. es "vastísimo", es "buena ésa", es "illa, paso", es "¡venga ya!" con los ojos muy abiertos.

Se propuso que mi cumpleaños en Niort fuese especial, y lo consiguió.

Me ha exasperado más que nadie en el mundo con el inicio de frase "Los tíos son..." y "Todas las tías...", aunque creo que él mismo no se creía al cien por cien todas esas frases.

De vuelta en España, nos juntamos varias veces para hablar de lo maravilloso que es poder expresarte en un idioma sin tener que pensártelo dos veces, y para hablar del futuro y sus incertidumbres.

De las personas que llegaron "después de" creo que es el que mejor ha entendido mi forma de actuar. Y el que más me ha apoyado a tomar decisiones según las sintiese.

Es un tío que tiene suerte. En parte porque es afortunado y en parte porque se asegura de tener la actitud que hace que la suerte se acerque a él. Fue capaz de encontrarse, en un sólo fin de semana, una gorra de marca, unos cascos y a un amigo de Sevilla en Burdeos. Creo que si nos hubiésemos quedado un día más se habría encontrado un sobre lleno de dinero.

Antes de irme de Niort le regalé uno de mis Petit Nicolas (como a Veramente y a Fleur) y una caja de kinder chocolate. 

Todavía tiene secuestrado mi cuaderno naranja, pero no se lo tengo en cuenta, porque sé que me lo terminará dando.

Empezó la Leonardo afirmando que no era posible tener una amiga del sexo opuesto con la que tomarse un café sin que hubiera intenciones libidinosas por parte de ninguno de los dos. Al terminar, sabía que es más que posible.

De los retratados en esta saga es el que llegó más tarde, y aún así se abrió hueco a pulso para estar aquí, sin pretenderlo ni saberlo.

Y ahí seguimos, teniendo cuidado de que no nos ataquen los lagartos, y procurando ser optimistas aunque el mundo intente que dejemos de serlo.





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