26 de abril de 2014

Reflexiones en zapatos de tacón

No soy una de esas mujeres que flipan con los zapatos. De hecho, durante muchos años, he tenido únicamente tres pares de zapatos que renovaba cuando se deshacían.
Recientemente mi colección de prendas para los pies ha aumentado, primero porque mi padre me ha regalado varios pares muy buenos que no se me han roto, y segundo porque las necesidades sociales hacen que tenga más.

A día de hoy tengo zapatillas (igual que las Converse pero sin sellito, porque son del Carrefour y costaron 6 euros), sandalias planas y con cuñas, zapatos de deporte, botas, botas de montaña (unas maravillosas Chiruca), botines, unos espartos blancos y unas pisacacas rojas.

Y unos tacones.

No soy, tampoco, una mujer a la que le gusten los tacones. Con ese tipo de zapatos me pasa un poco como con el alcohol: en su día no me esforcé en acostumbrarme a lo malo que tenían, para integrarme usándolos, y cuando se me pasó la edad decidí que era una idiotez.
Así que cuando llevo tacones ando como una niña de 13 años que se los pone por primera vez en su vida.

Hay varias razones por las que no los he llevado: En primer lugar, soy alta, bastante alta para ser mujer, y además terminé de crecer cuando los demás aún andaban decidiendo si daban o no el estirón. Por lo tanto si con quince años llevaba tacones tenía que agacharme para saber de qué hablaban los demás por ahí abajo.
En segundo lugar, tengo un pie grande, y hasta hace muy pocos años encontrar en una zapatería de España calzado femenino del 41 ya era jodido, como para encima pedir tacones o algo especial.

Tampoco tuve la influencia social que supone la pareja en estos casos. Conozco a muchas chicas avergonzadas de que su novio sea de su misma altura porque "si me pongo tacones parezco su madre". Quieren un novio alto para llevar zapatos con alza y ser casi tan altas como él. Porque además, muchos chicos se sienten incómodos si su novia los supera en altura, con o sin tacón.
Como yo no tuve pareja hasta los diecisiete años, y cuando la tuve fue una cosa muy raruna que no invitaba a arreglarse, tampoco me adiestraron por ahí.
En cualquier caso, yo en mi interior pensaba que en mi ciudad de origen no había casi ningún chico que superase mi 1,76, y que llegado el momento lo de llevar tacón iba a estar complicado.

Además de todo esto, tengo un esguince crónico en el tobillo izquierdo, por lo que los tacones de aguja quedan automáticamente descartados, y los otros con una advertencia en amarillo. Llevando tacón es mucho más fácil que se te tuerza el pie, y además caes desde más alto y la torcedura es más pronunciada.
Esto también supone que cuando ando con tacones parece que fuera a pisar una mina antipersona, porque camino despaciiiito y pisando con mucho cuidado. Y cada vez que el pie hace un giro raro, hago "hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh" (véase ese sonido consistente en cerrar fuerte los dientes, abrir los labios al máximo y aspirar mucho aire. Eso es, como estás haciendo ahora).

Pero aparte de todo esto, lo cierto es que no le veo el encanto a los tacones, igual que no se lo veo al tanga. ¿Por qué? Pues porque, para mí, las funciones de la ropa son: protegerte de las inclemencias del tiempo, hacerte sentir cómodo, y hacerte sentir atractivo. Y ni los tacones ni el tanga cumplen las dos primeras, y la tercera... la cumple porque nos han educado para verlo así. Porque un hilo tapando la raja del culo a mí jamás me ha parecido sexy, y unos dedos de los pies enroscados para entrar en la punta del tacón, mientras se ve la tensión en el tobillo no me parece una imagen bonita. 

Por lo que cuentan, hay tacones cómodos. Mi respuesta siempre es preguntar si ese zapato sería cómodo si se lo pusiera mi hermana Brujita, que tiene doce años y jamás ha llevado tacones. Si la respuesta es "No, se tiene que acostumbrar", es que ese zapato no es cómodo. Lo llegará a ser cuando su cuerpo se acostumbre a andar de puntillas, cargar más peso en los dedos de los pies, los lumbares y los gemelos, a caminar sobre una superficie estrecha e inestable, y a corregir el bamboleo de los tobillos al andar sobre algo tan fino. Pero a priori, no son cómodos. Igual que un tanga la primera vez que te lo pones no es cómodo ni de coña.
Cómodas son unas zapatillas de andar por casa, y unas bragas que tienes hace siglos y se saben la forma de tu culo de memoria. Pero ninguna de esas prendas es sexy ni la puedes llevar a la calle.
(Sobre el tanga ya habló Molinos largo y tendido aquí).

Desgraciadamente, llega un momento en tu vida adulta en que te tienes que calzar un zapato de tacón.
En mi caso, si es verano, tiro siempre de sandalias o espartos de cuña (zapato de feria por excelencia), porque la base es ancha y no siento que el tobillo me vaya a dar una pirueta con tirabuzón. Es verdad que se siguen estrujando los dedos de los pies, pero voy más segura.
Si es invierno, o me toca una situación formal en la que una sandalia no es apropiada, tengo unos tacones "cómodos". Es decir, durante la primera hora sólo me molestan un poco y temo por mi tobillo, y a partir de la hora y un minuto ando como Tommy de los Rugrats y quiero quitármelos sea como sea. El uso prolongado ha conllevado consecuencias tan maravillosas como que me apareciese una ampolla debajo de la uña del dedo gordo del pie (algo que ni siquiera sabía que podía suceder) y que eso me haya supuesto perder media uña.
Cada vez que me los pongo me acuerdo de Jen, en The IT Crowd, en el episodio de los tacones rojos (es sólo un fragmento, atención sobre todo a los segundos finales).

Los motivos parejiles también terminaron por afectarme. Cuando empecé a salir con el chico del sombrero, que me saca fácilmente dos cabezas, empecé a ponerme zapato alto para salir con él de vez en cuando, no sé por qué. Supongo que porque llevamos las convenciones sociales más dentro de lo que parece. Lo más absurdo de ir con zapato alto yendo con él es que, como no está acostumbrado, tiende a besarme en la barbilla y necesita recalibrar la distancia que nos separa.

El caso es que a veces toca sufrir. Y es muy injusto, y me parece una de esas pequeñas cosas sexistas que a menudo no registramos: Que una mujer con tacón siga siendo paradigma de lo sexy, lo sofisticado, lo elegante... es sexista, porque se trata de un zapato que objetivamente es malo para la salud del pie, y porque a los hombres no se les impone un zapato equiparable.
El tacón no permite correr (no, no lo permite, lo que hacéis cuando lleváis tacones y perdéis el bus no es correr, es el ridículo), no permite saltar, no permite andar sin entrenamiento... Y sólo lo llevamos las mujeres (y mira que se inventó, allá por la Francia renacentista, para los hombres).
Pues me cabrea. Y me gustaría poder ir plana sin que se considere que voy mal arreglada, o que "con unos taconcitos ya estarías perfecta".

Reivindico la comodidad de mis pies, y la integridad de mis uñas pediculares. Muerte a los tacones.



***

Acabada la disertación zapatera, aprovecho para contaros que C. ha puesto en marcha (sin querer) una iniciativa por la foto de los propios pies, el feetie o piestureo. Su proclama es la siguiente: 
"Hola, yonkis del postureo.
La cara está sobrevalorada y pasada de moda. El new meta son los pies: han llegado los "feeties" (fotopies, en español); y cuanto más absurdo, rocambolesco (vaya palabra guapa), gracioso o feo sea mejor. Sean bienvenidos a la era de los pies"

Si os animáis a sumaros al movimiento piestureo, podéis dejar vuestras fotos de pies (con tacones, descalzos, en calcetines, con las proverbiales zapatillas...) en la página de Facebook del baúl.




1 comentario:

  1. Yo tacones no he usado nunca ;-) pero hace unos meses me pasé al "barefoot running". Llevaba bastante tiempo con molestias después de salir a correr. A pesar de usar las carísimas zapatillas recomendadas por los expertos, no había manera. Escuché hablar del concepto de correr descalzo (o casi descalzo, con zapatillas básicas, "sin suela" y muy flexibles) y me puse manos a la obra. Me leí el libro "Nacidos para correr" (imprescindible siempre leer un libro antes de hacer un cambio en la vida :D ) y me animé a intentarlo. Y desde entonces encantado con el cambio. Zapatillas planas, suelas de pocos milímetros y a disfrutar de la comodidad.

    Hay opiniones para todos los gustos pero tiene sentido que, si el ser humano ha estado miles de años descalzo, el cuerpo puede haber evolucionado para esta circunstancia. Y ahora nos hemos empeñado en usar taconazos o zapatillas estratosféricas por moda.

    Iba a mandar una fotillo con mis FiveFingers pero hoy me he tenido que saltar el entrenamiento y no he podido hacerla. A ver si saco un rato en los próximos días.

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