21 de abril de 2014

El Sufribus

Entre mi casa en el sur y mi casa en Madrid hay 642 kilómetros.
Según Google Maps, se tardan seis horas y cuarto en hacer ese trayecto en coche.
En tren son cuatro horas.
Pero yo voy en autobús.

¿Por qué?
Porque es más barato. Mucho más barato. El trayecto en bus cuesta la cuarta parte que en tren, la mitad que en coche compartido, la tercera parte que en coche solo, y la octava parte que en avión.

¿Merece la pena?
No.
Ese autobús es el infierno. Llevo seis años viajando en él tres o cuatro veces al año (ida y vuelta cada vez) y lo detesto con toda mi Alma. Es el Sufribus. Es el Purgatorio en la Tierra.
Pero es tremendísimamente barato, y como estudiante del pasado y buscadora activa de empleo del presente... Es lo que toca.

El proceso entero de viajar en el Sufribus es un suplicio. Veámoslo por fases:

1.- El billete.

Lo primero es comprar el derecho a viajar. A priori no debería presentar ningún problema, se va a la web de la empresa y listo, ¿verdad?
Pues no. 
¿Por qué? Porque la empresa Sufribus SL no permite comprar billetes con descuento en su web. Si quiere usted beneficiarse de las ventajas ahorrativas del carnet joven, de ser familia numerosa o de ser dicapacitado, tiene que ir sí o sí a una estación de autobuses en la que viaje Sufribus. Es eso, o pagar el billete normal, más el suplemento de compra online.

Así que nada, a ir a la estación que está donde Cristo perdió el mechero, hacer la infaltable cola inmensa, y comprar los billetes.

Antes había un riesgo importante en la compra del viaje: Los autobuses que salían a medianoche. En el billete figuraba la fecha "nueva", es decir, que si usted se iba el viernes por la noche, en el billete ponía que su viaje era el sábado a las 00:00. Esto era algo que no todo el personal de las taquillas de Sufribus entendía, y que los viajeros no solían comprobar, por lo que habitualmente en los buses de medianoche había siempre retrasos por la gente que se sentía estafada.
Eso cambió cuando cambiaron la hora de salida de esos autobuses a las 23:59. Soluciones sencillas para problemas causados por la incompetencia. Punto para Sufribus.


2.- La estación

Una vez tiene usted el billete, llega el día del viaje y baja usted a las dársenas. Siempre las mismas, por suerte. Tiene entonces que localizar su coche, dado que a menudo varios buses hacen el mismo trayecto. El coche principal es siempre el 11. Siempre me he preguntado por qué no el 1, o el 10, o cualquier otro número aleatorio. ¿Qué tiene el once? Tal vez sea el número de millones que Sufribus se embolsa al año, o la edad del hijo de su dueño cuando se fundó la empresa, o el máximo de horas que te pueden tener ahí dentro sin que tengas derecho a denunciarles...
Nadie lo sabe, pero así es. El primer coche es el 11, luego 12, 13... Y así.


3.- El equipaje

Localizado el coche, hay que dejar las maletas: Maletero de la derecha si va usted a tal, tal o tal sitio, y de la izquierda si va a los otros. Pifostio monumental entre los viajeros novatos que no saben adónde van, no distinguen derecha e izquierda, o querían ser más listos que nadie y metieron la maleta donde no era por querer ser los primeros.
En esto los veteranos llevamos ventaja: Te pones al lado de la puerta que te toca, metes la maleta y entras en el bus antes de que el resto empiece a liarla y el chófer se ponga a dar gritos y a tirarse de los pelos (o no, porque en Sufribus abundan los conductores alopécicos).

Usted mete sus maletas. Una, treinta o doscientas veinticinco, no hay el menor control de equipajes, algo bastante llamativo teniendo en cuenta los rayos X de Atocha y los magreos aeroportuarios. Se ve que si 50 pasajeros de autobús mueren en un atentado con bomba en Despeñaperros, como es menos espectacular que un avión que se cae... da lo mismo.
Yo he llegado a ver a un chaval metido en el maletero del Sufribus, entre las maletas. Al ver mi cara de susto se llevó un dedo a los labios para que no dijese nada, y se rió. Yo flipaba, ¿quién puede querer viajar en una bodega de autobús a oscuras, muerto de calor y totalmente encerrado?
En esa ocasión, alguien se lo dijo al chófer y en la siguiente parada estaba la poli esperando. Abrieron el maletero, cogieron al polizón y se lo llevaron. Y menos mal, porque el cabrón le había puesto a un de mis maletas una etiqueta con su nombre, imagino que para intentar quedársela al llegar a Madrid. Traía su nombre y teléfono (o un presunto nombre y teléfono), y una amiga me dijo que igual quería que le llamase. Si ése era el caso, vaya forma de ligar.
Nunca le llamé, ¿qué futuro se puede esperar con alguien dispuesto a hacer que el viaje más coñazo del mundo sea aún peor? Seguro que le iba el sadomaso. Quita, quita...


4.- Inside the machine

El siguiente paso es acceder a su asiento. Cola delante del autobusero que va comprobando los billetes. Este paso puede ser relajado o tremendamente estresante. Algunos conductores pedirán el DNI, otros no. Unos solicitarán las tarjetas de los descuentos del billete, otros no. Unos le impedirán entrar con maletas de mano, otros pasarán tres kilos de usted. Pero el revisado de billetes será invariablemente interrumpido por las preguntas a voces de viajeros de ese coche o de otros que tienen miedo de acabar en Tombuctú en vez de en su destino.
Que digo yo, ¿cuál es el porcentaje de españoles analfabetos? Porque en la luna del autobús pone SIEMPRE adónde va. Y en el cartel luminoso que está en la dársena. Y en el panel luminoso del hall de de la estación. Y sin embargo los ataques de histeria de "Chofeeeeeeeer, ¿dónde va este coche?" están a la orden del día. ¿Estará maquillando el Gobierno las tasas de analfabetismo español para que no nos echen de la UE?

Una vez dentro, puede hacerse usted una idea de la calidad del viaje según varios factores:
  • Wifi sí/ Wifi no: Si el bus lleva Wifi, las cosas pueden ir mejor. Su portátil podrá ir conectado, su smartphone gastará menos batería... Eso sí, el Wifi de Sufribus falla más que una escopeta de feria, y lo habitual es que la red exista pero no deje conectarse a nadie, así que no se confíe.
  • Enchufes sí/Enchufes no: Los trayectos de Sufribus son de mínimo 5 horas, y pocos ordenadores aguantan tanto sin comer. Los buses con enchufe son raros, y los que los incorporan llevan sólo tres, situados encima del baño del coche, pero menos es nada. Un Sufribus con enchufes permite dejar el portátil cargando mientras se echa uno una siestecita para después seguir por el capítulo de la serie que estaba viendo.
  • Espacio: Hay buses de esta empresa con huecos entre los asientos estrechos, muy estrechos, y modo granja avícola intensiva (con hueco exclusivamente para poner los huevos). Y esto no tiene paliativos, si es un bus para gallinas ponedoras... Respire hondo.
  • Orden de los asientos: No todos los autobuses de Sufribus tienen los asientos distribuidos de la misma manera, por lo tanto aunque usted pidiera al taquillero un asiento en ventanilla, eso no es garantía de que lo obtenga. Según el coche, lo tendrá o no lo tendrá. Lo mejor en estos casos es llegar el primero, colocarse en la ventanilla le corresponda o no, y cuando llegue su compañero hacerse el dormido. Para cuando decida dejar de fingir estarán viajando y al vecino le dará mucha pereza hacer que usted se levante para cambiarse.


5.- El viaje

Y, unos diez minutos después de la hora prevista, comienza el viaje.

Al principio de mi experiencia con Sufribus, en los buenos tiempos, el trayecto duraba siete horas, siendo las paradas: Madrid, pueblo de Sevilla 1, pueblo de Sevilla 2, pueblo de Sevilla 3, laparadaantesquelamía y Mi parada (y después otras dos), o viceversa en los viajes de vuelta.
Pero en algún momento, un lumbrera decidió que dado que Córdoba estaba más o menos cerca de nuestro trayecto, sería mucho más barato hacer que el mismo autobús se detuviera también en Córdoba y en pueblo de Córdoba 1. ¿Consecuencias? Ahorro para la empresa (que por supuesto no se ha visto reflejado en el precio del billete) y aumento del tiempo del viaje en una hora. 8 horas ahí metida, con suerte, porque a menudo hay retrasos y es aún más tiempo.

Dada la tremenda duración del viaje, ¿es mejor viajar de día o de noche? Pues depende.
Si usted tiene facilidad para coger el sueño, yo le recomiendo viajar de noche. Eso sí, llévese un cojín para no acabar sin cervicales, y procure sentarse en un asiento sin nadie detrás para poder reclinar el respaldo al máximo. Con cojín, asiento tumbado y música suave, es posible que duerma 6 de las 8 horas. Eso sí, si no se duerme se va a morir del asco, porque la batería del portátil dura lo que dura, y no se puede leer. Con lo cual llegará a su destino echo polvo, y pasará las primeras horas de sus vacaciones durmiendo, para despertar con el jet lag del autobús nocturno.

Si viaja de día habrá mucho más ruido durante el viaje, podrá leer, ver series, charlar con el de al lado mientras se carga el ordenador... Dormir será bastante difícil, porque la tolerancia del pasajero de atrás al respaldo reclinado en un viaje diurno es mínima (o inexistente). Pero llegará a su destino despierto, y sin jet lag.


6.-La fauna autobusera

Precisamente por su precio, en el Sufribus viaja gente de todos los colores. Son especialmente comunes: los adolescentes vociferantes que creen que van solos y hablan a gritos de sus culebrones, y de sus experiencias sexuales, los ancianos pejigueras, y los niños.
Lo peor que te puede tocar, peor incluso que una manada de adolescentes disfrazados del elenco completo de Cardcaptor Sakura que van al Salón Manga, es viajar con niños. Los niños pequeños no son capaces de aguantar las ocho horas del viaje tranquilos, como es lógico. Y eso conlleva que, si son bebés, al menos una hora del trayecto la pasarán llorando. Si tienen entre 2 y 5 años, intentarán correr por el pasillo, y al no conseguirlo tendrán una rabieta, o bien directamente se pondrán a cantar a voces, o a preguntar en bucle infinito cuánto falta para llegar. Si tienen entre 5 y 10 años normalmente aguantarán el viaje en relativo silencio, aunque si viajan con hermanos, hay probabilidades del 85% de al menos una bronca, probablemente del tipo "Mamááááá, ha puesto la mano en el brazo del asiento y dijimos que era para mííííí".
Llevar a sus niños en un viaje en bus de ocho horas es una mala idea. Para usted, que acabará desquiciado, para los niños, que sentirán que el tiempo se estira hasta el infinito y se querrán morir del asco, y para los demás viajeros, que clamarán por Herodes.

Aunque el personaje del bus que más importancia tiene es su vecino, su compañero de asiento. Con él (o ella) compartirá ocho horas en un espacio de un metro por metro y medio, una cercanía bastante íntima.
Puede tocarle un compañero dicharachero, agradable y charlatán.
Puede tocarle un vecino huraño, que le mire mal, le ladre, y bufe cada vez que usted se mueva.
Puede tocarle una compañera molona como la que me tocó a mí una vez, que se descojonó al ver que estaba jugando a Pokémon en el portátil, y al explicarle que era porque no tenía cascos para ver una peli, me prestó los suyos.
Puede tocarle un baboso (o babosa) que le haga el viaje realmente insoportable.
Puede tocarle alguien con un serio problema de gases (probablemente lo peor que le puede pasar, porque además de aguantar el pestazo, medio autobús pensará que es usted y no su vecino).
Puede tocarle alguien que ronque como si no hubiera mañana y le impida dormir.
Puede tratarse de una persona con un drama en ciernes, que se pase el viaje llorando y/o hablando por teléfono de su drama, provocando una situación verdaderamente incómoda (yo fui esa compañera una vez, y sinceramente ni me acuerdo de la cara de quien iba a mi lado, pero me sufrió que no veas).
En cualquier caso, el mejor compañero es siempre el que ha perdido el bus. Un asiento vacío es una oportunidad de estirarse, dejar cosas, y de un viaje, si no feliz, al menos más cómodo.


7.-La parada (el monopolio de Paco Prior)

En los orígenes, el Sufribus hacía su parada obligatoria en una venta de carretera pasado Despeñaperros.
Pero, por la misma época en que fusionaron el trayecto gaditano y el cordobés, comenzaron a parar en diferentes establecimientos de una cadena de restauración: Paco Prior.
¿Por qué? Probablemente por beneficios comunes.

Estos establecimientos son tan similares que podrían ser fácilmente intercambiables, y no descarto que los vendan en Ikea: Estación de servicio a la izquierda, parking techado con chapa, escalera de acceso, y entrada al área de servicio. 
Una vez dentro, aseos al fondo a la derecha, comida y bebida delante, tiendecita a la derecha delante de los servicios, y muchas sillas.

La comida y bebida de estas áreas de servicio es escandalosa, vergonzosa y abominablemente cara. Sale MUCHO más rentable llevarse un bocata de casa que pagar un dineral por sándwiches envasados mustios, bocadillos de pan duro, y tapas y raciones que saben a plástico y se cobran a precio de El Bulli.

La parada sirve para estirar las piernas, vaciar la vejiga en un baño que no mida un metro cuadrado ni huela a muerto (que es el caso del que está dentro del bus), y aspirar el olor de los olivos jienenses o cordobeses durante viente minutos.

Tras el descanso, el conductor se cambia por otro (siempre me he preguntado si duermen allí cuando se les deja) y se sigue palante.


8.-La llegada

Si tiene suerte, no hay atascos, el autobús no pincha en mitad de la nada obligándole a esperar a que venga otro, y no se duerme y pasa su parada... Llegará a su destino. Cansado, agobiado, y con ganas de correr y de tirarse a dormir a partes iguales. Sufriendo, además, las que podríamos llamar Dolencias del Sufribus: Tortícolis de dejar caer el cuello al quedarse dormido, agarrotamiento del glúteo sobre el que se ha apoyado mayoritariamente durante todo el viaje (normalmente, el más alejado de su compañero), sensación de suciedad (da igual que se haya duchado antes de salir, del Sufribus se sale sintiéndose muy sucio) y dolor de cabeza.
Y jurará, poniendo a su deidad correspondiente por testigo, que el día en que cobre un sueldo digno, no volverá a coger un autobús para viajes de más de 300 kilómetros. Ni aunque le paguen.

Ya ha acabado el viaje, puede descansar... Hasta que le toque el de vuelta.

Yo volví ayer. Me chupé 9 horas y cuarto de viaje por un atasco enorme a la altura de Bailén, más el de la entrada a Madrid. Creo que aún no me he recuperado, aunque compartir el trauma siempre ayuda.

Feliz regreso a la rutina, itinerantes ^^

1 comentario:

  1. Te felicito por la historia...muy divertida. Yo también estoy con la duda y he encontrado esto: http://www.lasprovincias.es/v/20131106/sucesos/tres-jovenes-implicados-persecucion-20131106.html
    o_O :o :O :OO
    Que podría ser peor? encima de noche... Bueno, hay una opción: un conductor de Sufribus fugitivo!!! jeje

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