30 de marzo de 2014

Vivimos en la hora que no es

Anoche, una vez más, cambiamos la hora.
Bueno, entre comillas, porque con tanto cacharro como utilizamos, que se cambia automáticamente, realmente el gesto de atrasar o adelantar un reloj lo hacemos sólo los nostálgicos que tenemos relojes de pulsera, de mesa o de pared, que cada día somos menos.

Pero el caso es que a las dos fueron las tres, tuvimos una hora menos de noche, y ahora se supone que sufriremos un pequeño jet lag hasta que nos acostumbremos al cambio horario.

Lo que la mayoría de los españoles no sabe es que de manera habitual vivimos en un jet lag interminable, ya que la hora que tenemos no es la que deberíamos tener.

Cuando, en 1884, una conferencia internacional estableció en Washington los husos horarios, España cayó en el GMT (u horario europeo occidental), dado que el meridiano de Greenwich pasa por nuestro país. Es decir, que teníamos el mismo horario que tienen hoy Portugal, Reino Unido, y Canarias.

Y en ese huso estuvimos hasta el 16 de marzo de 1940, cuando de acuerdo con un decreto ministerial del Gobierno de Franco los españoles tuvieron que adelantar su reloj una hora.
¿A qué vino esa decisión?
Poco antes, la Alemania de Hitler había obligado a los países ocupados que tuvieran el horario europeo occidental a cambiar sus relojes al GMT+1 (europeo central) para tener la misma hora que Berlín. Las razones podían ser colonizadoras (al tener el mismo horario que el invasor, te sientes algo más identificado) o administrativas (ya sabemos que los alemanes son muy organizados).
Y Franco, que en aquel momento veía asegurado el triunfo del totalitarismo europeo, aprobó que los españoles llevásemos en nuestros relojes la misma hora que Hitler y Mussolini consultaban en los suyos.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, todos los países ocupados volvieron a su horario anterior. Bueno, todos no, Francia decidió mantenerse en el europeo central, dado que en su caso tenía medio país en un huso y medio en otro, y no les merecía la pena volverse a cambiar.

Pero en España nunca volvimos a nuestra hora anterior. Nos quedamos en el horario europeo Central, cuando somos más occidentales que Reino Unido, que ya tiene el occidental de por sí.

¿Qué supone que tengamos un horario que no nos corresponde?

De forma natural, los animales tenemos un horario solar. Nos despertamos, comemos, nos relacionamos... en función de la posición del Sol en el cielo. Es algo instintivo, y cuando se establecieron los husos en Washington se pretendía racionalizar ese instinto con un horario en consonancia.

Pero al cambiar nuestro huso, y mantenerlo así, se consiguió que los españoles, de manera corriente, vayan más adelantados respecto al Sol de la cuenta.
Si ha estado usted viviendo en Francia, o en Inglaterra, habrá notado lo temprano que allí comen, cenan, se acuestan... Que, curiosamente, levantándose a la misma hora que nosotros, sus días parecen ir más rápido.

Esto se debe a que nosotros, cuando comemos a las dos de la tarde, en realidad estamos haciéndolo a la una de nuestra hora solar natural. El cuerpo nos lleva adonde instintivamente desearíamos estar, pero el reloj nos dice una cosa diferente.

Por eso, también somos uno de los países con menos horas de sueño. Entramos a trabajar a las ocho o a las nueve, como en toda Europa, pero todo nuestro día está descompensado. Los programas de la tele empiezan a las diez o a las diez y media, o sea que es raro que antes de medianoche estemos en la cama.
En Francia, por ejemplo, los programas de prime time empiezan a las nueve, o incluso a las ocho, y a las once están todos encamados.

Tanto cuando viví en París como durante los meses en Niort, tuve que lidiar con la sorpresa de los franceses ante mi horario tardío. Y en ninguno de los casos conocía esta historia (me la contó C. cuando ya llevábamos bastante tiempo allí). Pero sabiéndola, la cosa cambia.

Y resulta que nuestro Gobierno se ha dado cuenta de este desajuste, y en septiembre del año pasado aprobó la elaboración de un informe sobre los beneficios de volver a nuestro horario natural.
Sin embargo, cambiar el reloj no sería suficiente, ya que todos tenemos muy arraigado lo de comer a las dos (o a las tres) y ver la tele a las diez de la noche. Habría que pasar por un proceso de reeducación en el que nos habituásemos a hacerlo todo más temprano, y a acostumbrar nuestros cuerpos y nuestra industria al horario que de verdad necesitamos.

La mayor imbecilidad que he escuchado respecto a este tema ha sido la reacción del Gobierno canario ante el informe. El consistorio isleño ha alegado que si la Península cambia su hora, ellos tendrán menos presencia en los medios, ya que se perderá el "una hora menos en Canarias".
Partiendo de la base de que por esa regla todas las comunidades autónomas tendrían derecho a menciones especiales, para estar en igualdad de condiciones, lo cierto es que Canarias podría continuar teniendo una hora menos, porque se está un poco en el limbo entre dos husos.

No sé si finalmente se aprobará cambiar la hora, ni si se pondrán todas las medidas necesarias, una vez cambiada, para que tengamos un horario más lógico y menos agotador. 
De lo que esto segura es de que, si llega a hacerse, media España llegará tarde al día siguiente. Porque, acostumbrados como estamos a que los cachivaches cambien la hora por nosotros, ese día que no estará automatizado nos olvidaremos de hacerlo.

No nos libraremos jet lag...



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