2 de marzo de 2014

Una escalera a oscuras


Cuando pones el pie en el primer escalón, sientes cómo te tiembla el pulso.

La escalera está totalmente a oscuras, no puedes ver nada. Dependes por completo de tus otros sentidos... Y de tu confianza.

Te han explicado cómo es la escalera. Aún sin haberla pisado nunca, sabes perfectamente cuál es su forma, cómo son sus peldaños, dónde lleva... Podrías haberla diseñado tú.

Y aún así... tiemblas.
Y aún así... dudas.

Temes, con un instinto de conservación muy humano, caer. Al no poder contar con tus ojos, quienes siempre te han ayudado a avanzar anticipando lo que vendría, sientes sin poder evitarlo que vas a precipitarte al vacío. Que el próximo escalón desaparecerá, que la escalera no terminará nunca.

Sientes cierta angustia al estar a ciegas.

Y cierras los ojos.
Decides dejar de ver, en vez de decidir que la oscuridad te lo impida, decides ser tú.
Permites que tus otros sentidos se abran.
Y te obligas a recordar que conoces esta escalera, aunque nunca la hayas pisado.

Sonríes con serenidad, una serenidad que brota de un lugar de tu interior hasta hace poco inexistente.
Y posas el pie una vez, y otra, y otra más, continuando hacia arriba con los ojos cerrados, y con tal decisión que resulta difícil creer que no conoces el suelo que pisas.
Pero así es.

Y cada peldaño que subes es un pequeño triunfo increíble, una prueba de seguridad, serenidad, decisión y sabiduría.

¿Cuántas veces te rendiste ante escaleras semejantes, incapaz de aceptar el reto?
¿Cuántas veces te sentaste a llorar a mitad de camino, con la angustia devorándote, sintiendo que no podrías llegar al final, que los escalones desaparecerían y caerías al vacío?
¿Cuántas veces envidiaste a quienes hacían cabriolas y trepaban por el pasamanos?

Y ahora... Tú lo haces.

Asciendes poquito a poco, tomando confianza, sintiendo muy en el fondo una calma callada que no tiene prisa y sonríe.
Asciendes peldaño a peldaño, silbando o bailoteando en soledad.

Y sabes que al final te espera una luz inmensa, que llevas contigo donde quiera que vayas, y que te permitirá subir nuevos escalones, siempre hacia arriba, siempre a mejor.

Pones un pie en el siguiente escalón.
El ascenso ha sido largo.
Pero ya casi estás llegando.
Y por ello sonríes.

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