26 de marzo de 2014

Tu propio camino

Suena el despertador. Las siete y media.
Sales de la cama, los ojos pegados, el sueño entorpeciendo tus movimientos.
Te lavas la cara, bostezas.

Vas hacia la silla de tu cuarto para meter en la mochila los libros de hoy. Lengua, Física, Música...
Te detienes.
¿Mochila? ¡Qué dices! Hace años que acabaste el instituto.

Sonríes. Por un momento has creído estar en otro momento, ya muy lejano.
Recuerdas las mañanas en aquellas mesas verdes, escuchando al profesor, garabateando en el cuaderno cuando te aburrías, mirando en el libro los temas futuros, para saber qué ibas a dar el mes que viene.
Te vienen a la mente los exámenes, la frustración de las notas, los bocadillos del recreo, el test de Cooper que te dejaba sin aliento.

Cuánto tiempo ha pasado...

A veces parecía que no servía para nada. Que aquellas horas de cada mañana, que todos esos ejercicios en casa, o en la biblioteca, eran sólo una pérdida de tiempo.
No tardaste en aprender que no era así.

El camino te fue enseñando lo que la vida llevaba a quienes se quedaron sentados en las mesas verdes, y a los que decidieron ir por otro lado.

Ninguna opción, ningún camino, fue malo por sí mismo. Pero tú, que pasaste de los libros de Vicens Vives a otros más específicos, que de los trabajitos en grupo pasaste a las grandes bibliografías, o a las prácticas en empresas, te das cuenta de que con cada paso que dabas, con cada curso que dejabas atrás, con cada bifurcación en la que elegías seguir aprendiendo, te ibas haciendo más libre.

Sabes, hoy que puedes mirar atrás, que no saber a qué te querías dedicar cuando tenías 13, 14 o 16 años no tenía importancia, porque escogiste el único camino que te permite acceder a todos los demás.

Aquellos que se alejaron demasiado pronto, comenzando a trabajar porque se convencieron a sí mismos de que estudiar no era "lo suyo" a menudo terminaron regresando a las mesas verdes, años después, mientras tú aprendías con fascinación cómo desempeñar el trabajo de tus sueños.

Hoy sonríes, recordando con cariño aquellos profesores que te animaron a seguir, que buscaron la manera de hacerte entender que merecía la pena. Buena parte del recorrido lo hiciste por inercia, pero hubo siempre mucho de intuición, de ambición. Una parte de ti sabía sin darse cuenta que quien aprende más es más libre, que quien se cultiva más llega más alto. Llega a una felicidad mayor.

Dejas que el recuerdo de la mochila vuelva a su sitio. Coges tus cosas y te vas al trabajo, que a lo mejor no es el mejor pagado, ni el más emocionante, pero es el que durante tu (aún) corta vida luchaste por conseguir. Aprendiendo, probando, equivocándote, mejorando. Siendo libre, y siendo tú.




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Dedicado a los alumnos de 1ºA, 1ºC, 21A, 2ºC y 3º A del IES Grupo Cántico, de Córdoba.

Y para la madrina de los Amegadame.

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