28 de marzo de 2014

Retratos del carromato: Melazzura

Durante esos complicados meses en que todo parecía a punto de desaparecer de la faz de la tierra, hubo un reducido grupo de personas que consiguió mantener los pedazos unidos, y me ayudó a mantenerme entera. Unas veces con una conversación, otras con una bronca en su momento, y a menudo simplemente con largos correos que yo enviaba, y ellos leían y respondían con todo el cariño del mundo.

Ahora que la tormenta ha pasado, siento que les debo algo. Un pequeño agradecimiento por tanto. Y lo voy a intentar hacer de la mejor forma posible, en esta serie de retratos.


***

Me la presentaron como "Mari" hace ya doce años. No sé si alguien la habrá vuelto a llamar así en su vida. Francamente espero que no, porque no le pega nada.
Si en aquel momento me hubiesen dicho la importancia que iba a tener en mi vida no me lo habría creído.

La vi dos tardes a la semana durante unos meses y luego desapareció. Durante los siguientes años su vida y la mía fueron bastante turbulentas y nos fuimos cruzando en distintos momentos.

Fue testigo casi mudo de la época oscura, aunque se mantuvo a distancia. Con el tiempo, me enseñó que a veces quien quiere ayudarnos no se acerca a nosotros para no invadir nuestro espacio y no hacernos sentir incómodos. Fue una lección que me ayudó, entre otras cosas, a no enfadarme con quienes convivieron conmigo en Niort.

Llegó a Madrid antes que yo, y me propuso que quedásemos apenas puse un pie aquí. El primer día la dejé plantada sin querer, ya que además no tenía su teléfono para avisarle.

La segunda vez fuimos al McDonalds de Sol. Ella y una amiga suya pidieron ensalada, y yo hamburguesa. Casi me sentí mal.

Al principio me costó entenderla, y me intimidaba un poco. Es una de esas personas brillantes, no sólo en inteligencia o capacidad (que también) sino que iluminan y hacen que los demás las sigan con los ojos, atraídos por una fuerza invisible.

El año pasado estuve en su casa y me enamoré de sus gatos. Me hizo reconciliarme con la comida japonesa con un ramen absolutamente delicioso y el primer sushi que me ha sabido bien en mi vida. Incluso consiguió que bebiese té y me gustase su sabor.

Y llegó el otoño.

Y todo explotó.

Y me fui a Niort.

Creo que nunca he intercambiado tal cantidad de mensajes de Facebook con nadie. Le envié tochos inmensos, a veces hasta con adjuntos, que siempre siempre siempre tenían respuesta.

Me enseñó el truco de pensar repetitivamente en una receta, o en cómo colocar los dedos en la guitarra durante una melodía antes de dormir para evitar rayadas y malos sueños.

Tiene un carácter totalmente felino: Cariñosa de una forma independiente, atenta, seria a veces pero con un humor único. Tenaz.

Es una friki de mucho cuidado, y eso es algo que me encanta. Ha picado en leerse "Canción de Hielo y Fuego", y hace poco ha caído en el Mundodisco. Da gusto hablar con ella de cualquier cosa.

Es la artífice de uno de los dibujos más bonitos, con más significado, y que más me han emocionado en mi vida. Que lógicamente llevaré siempre conmigo.

Desde que volví de Francia hemos tenido una sincronicidad brutal para cambiarnos de ciudad al mismo tiempo, de manera que fuera virtualmente imposible coincidir sin vernos en una estación.

Al final, lo conseguimos, aunque Jazztel nos robara un buen rato.

Melazzura es el sentido común con gafas. Consejos racionales llenos de cariño, y que siempre respetan lo que tú sientas sobre el tema.

Con ella estuve en mi primera barbacoa con comida vegetariana, lo que fue una experiencia muy muy divertida.

Ella era la destinataria de una de las tres cartas que no llegaron. A día de hoy seguirá perdida, dando vueltas por Europa.

Es la persona a la que preguntar si quieres saber algo sobre gatos. O sobre filosofía. O sobre Harry Potter. O sobre música. O sobre marketing. O sobre... en fin, básicamente sobre casi todo.

Pero tiene ese poder mágico que consiste en que a pesar de ser inteligentísima, guapísima, talentosísima, independiente, curranta... en vez de dar asco y envidia, da ternura. Porque es adorable. Y yo la quiero muchísimo, y tengo mucho por lo que darle las gracias.



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