15 de marzo de 2014

"Perdona, ¿tienes un momentito para ser solidaria?"

Cuando uno quiere mucho a una persona, normalmente la idealiza hasta el punto de maquillar un poco sus defectos. Eso mismo pasa con las ciudades, sobre todo si vives un tiempo lejos de ellas.

Y yo, en mi nostalgia por volver a pisar suelo madrileño, no me acordaba de algunas de las cosas que son un coñazo. Pero se ha encargado de recordármelo pronto, para superarlo y continuar con nuestro amor ciudad-ciudadana.

El otro día me pasé la mañana dando vueltas por el centro, de trámite en trámite. Y tuve un par de encuentros con esa especie de buitre autóctona de las calles que rodean Sol: Los captadores de ONGs. Esos chicos y chicas con chalecos de colores, carpetas y una gran sonrisa que intentan interceptarte cuando vas andando por la calle.

Se trata de una especie que se encuentra en otras ciudades, pero creo que en pocas es tan agresiva como en  Madrid.

Ya mientras caminaba los vi abordando a la gente. Es fácil seguirlos porque parecen piojosos en el patio del colegio: los viandantes cambia su rumbo al andar para esquivarlos en ángulos de 45, 90, y hasta 180 grados. Ellos persiguen a la potencial víctima unos 4 ó 5 pasos mientras le preguntan si quiere ser solidaria, y al ver que no hay posibilidades, van a por otra.

Tomé aire y me acerqué al coto de caza, sabiendo lo que venía.

Vaya por delante que a mí el sistema entero de captar a gente en la calle para organizaciones de ayuda humanitaria me disgusta. Para empezar, como estudiante que era y desempleada que soy, el dinero no me sobra, y prefiero invertir con tiempo y ayudando (que, a menudo, hace más bien y es más directo) que dando un dinero que puedo necesitar. Para seguir, el día en que decida colaborar con una ONG, me empaparé en Internet de vídeos, documentos, fotos, informes… de las que me interesen hasta elegir una con la que realmente me identifique. No me voy a hacer socia ni a dar dinero a una entidad por lo que me diga un chaval en 20 minutos. Chavales que, además, en la mayoría de los casos y contrariamente a lo que se cree, no son voluntarios ni están asociados a la ONG para la que captan, sino que son asalariados.

Total, que allí me metí. Y como me da un poco de pena que la gente les ignore tan brutalmente, me paré con el primero que me abordó. (El pobre lo primero que hizo fue preguntarme si ayudaba a una ONG, y decirme que normalmente sólo se paran con ellos los que ayudan).

Era un chaval agradable, que me contó de qué iba la historia con mucha gracia y una sonrisa, y a la hora de decirme que pagara no me presionó. Yo le di largas, la verdad, y al final me convenció para darle mi correo y que me mandara más información por si al final me decidía. Me quedé con buen sabor de boca.

Apenas di dos pasos se me echaron encima dos captadoras de la misma organización, pero les dije que ya había hablado con su compañero. Pensé que deberían darte una pegatina cuando hablas con ellos, para ponértela en el abrigo y que no te interrumpan más.

Si todo se hubiera quedado en eso, yo me habría ido a casa con buena sensación y este post no existiría.

Pero no.
Un par de horas después, cuando iba con el tiempo híper justo, muy cansada, y con un hambre tremenda, me enganchó otro de otra diferente. Y me paré.

Empezamos mal, porque se lió a explicarme su proyecto hablando no lo que la ONG hace, sino de que es necesario que la gente se asocie para presionar al Gobierno maligno del PP. Mal. Si me asocio, será para ayudar a los somalíes, a los niños sin casa de Moratalaz, o a la pulga común en peligro de extinción, pero para presionar al Gobierno tengo otros medios que además no me sacan dinero. Además, ¿y si yo hubiera sido la presidenta de Nuevas Generaciones o alguien que esté de acuerdo con el Gobierno actual (si eso existe)? Pierdes al potencial cliente nada más abrir la boca.

Debió notar mi cambio de cara y se puso a toda prisa a explicarme los proyectos de su asociación. Y fijaos si lo haría mal, que no me acuerdo. Sólo recuerdo que tenía una voz muy repelente, y que en el discurso que me dio había mucha mención a las malvadas multinacionales y muy poca a los proyectos concretos para ayudar a la gente. De hecho, lo único que me llamó la atención fue que se puso a explicarme las características de un brote de cólera en no recuerdo qué país, y me dijo que le daban mantequilla de cacahuete a los enfermos para que se curasen. Me hizo gracia, aunque pensé que igual agua limpia les iba mejor.

Y cuando llegó la hora de poner la mano, fue cuando de verdad me cabreó. Le expliqué mi opinión sobre estas cosas, y me dijo que sólo el 1% de los asociados en ONGs lo hacen a por su cuenta, y que al resto los captan ellos. ¿Conocen ustedes a alguna persona en el mundo entero que se haya hecho socia de algo a través de esta gente? Porque yo, no.
Me dijo la manida frase de “¿no puedes renunciar a tomarte una caña al día para ser solidaria y ayudar a salvar vidas?”. Frase que me toca mucho la moral, porque por un lado la única persona que conoce mis gastos, y a lo que puedo y no renunciar, soy yo, y por otro lado si un mes estoy fatal de pelas, no me tomo la caña, pero el pago de la ONG me lo pasan por el banco, igual que cualquier otra factura, por solidaria que sea.
Ya me estaba mosqueando, porque además tenía una actitud chulesca que a veces se da en esta gente y que me parece totalmente contraproducente. Me estás pidiendo que te compre algo, tío, soy el cliente, véndemelo.
Encima, me pide el teléfono y no sé cuántos datos más (aún yo diciéndole que pasaba millas) y al contestarle que no iba a ir dando mis datos alegremente si no me pensaba apuntar, se puso en plan 15M (el de ahora, no el original) a hablar de las grandes empresas que trafican con nuestros datos, y a decirme que una ONG JAMÁS vendería mis datos, y que no podía creer que no le quisiera dar el teléfono (lo mismo le molé, pero vamos, no era mutuo así que tampoco se lo habría dado).
Pero su cagada determinante fue decirme que si me apuntaba con él, me llamarían para hacerme una encuesta y que le pusiera nota. Y al repetirle que no, la frasecita fue “pues nada, buscaré a alguien más solidario y que esté dispuesto a ayudarme con su nota”.
Y ahí, que ya me estaba yendo, me giré en redondo y le dije que entonces sí que no me apuntaba, porque con ese chantaje emocional, y la presión absurda que me estaba metiendo, la nota que le iba a dar sería una mierda.
Y me fui, y le dejé muy indignado. Y me quedé pensando en el absurdo que supone que llamen insolidarias precisamente a las pocas personas que se deciden a escucharles, y que tal vez podrían llegar a hacerse socias. Porque así se garantizan que no se vuelvan a parar con ningún captador en la vida.

Que ustedes dirán, ya, pero ellos lo que quieren es que te apuntes, y lo sabes ¿pa qué te paras? Pues tienen razón. Pero el caso es que a mí me dan un poco de pena, y pienso que me resultaría muy frustrante que mi trabajo consistiese en que todos los transeúntes de Madrid me esquivaran a toda leche. Y realmente me interesa lo que me cuentan, y si fueran capaces de no insistir en la inscripción de esa manera tan desagradable, seguramente me pararía muchas más veces, y el día en que decidiera asociarme, después de buscar información, me iría con uno de ellos a apuntarme. Pero es que, por ejemplo, a la ONG del segundo chaval no creo que me apunte nunca (o al menos hasta que se me olvide) sólo del coraje que me dio su actitud de mierda.
Porque o bien te me acercas para venderme la maravilla de la solidaridad, de tu proyecto que va a salvar al mundo y darnos felicidad a todos, o me dices claramente que vas a comisión y que necesitas que la gente se apunte para cobrar a fin de mes. Pero no me llames insolidaria, ni me cuentes milongas que tú no te crees.

Porque la próxima vez que vaya al centro, no sólo les voy a esquivar, sino que igual hasta les salto por encima con tal de no aguantar estupideces. Y eso va en contra de ellos, y del bien que sus asociaciones puedan intentar hacer.

Así que ya lo saben. No se paren a no ser que tengan súper claro que quieren hacerse socios o que el captador/a sea tremendamente guapo, en cuyo caso piensen que le pueden dejar su número de teléfono.

Pero, si no, recurran al drible o al grito de “¡Ya soy socio!” y huyan a toda velocidad.

7 comentarios:

  1. Yo les grito "Soy Scout!" y corro igualmente jajajaja. Doy fe de que son asalariados, concretamente hay una empresa, Iberian Marketing, detrás de estas captaciones, entre otras. Cruz Roja no, los de Cruz Roja son voluntarios y propios de la entidad.

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  2. Me ha encantado!! Yo una vez me peleé con uno en Callao, por lo mismo, me paré a escuchar y terminó tocándome las narices, tanto que finalmente le solté que prefería no ser solidaria, gracias, y que me iba a gastar el dinero en un buen libro en la Fnac en ese mismo momento...xD

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  3. Bueno, mi opinión es que es gente que está desempeñando un trabajo, ni mejor o peor que otro, simplemente un trabajo, que para los tiempos que corren, no es poco. A partir de ahí, unos lo hacen bien, como el primero que te atendió, y otros lo hacen muy mal, como el segundo. Pero eso pasa en este y en todos los trabajos.

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    1. No creo que sea exactamente lo mismo, desde el momento en que estás vendiendo solidaridad, que es un producto muy emocional. No lo puedes vender como el que tiene un kiosco de pipas, ni utilizar según qué métodos, porque no tiene mucho sentido. Y si la solidaridad te da lo mismo, igual éste no es tu trabajo.
      Que esa mentalidad actual de "como hay crisis cualquier trabajo vale" ni es inteligente ni a la larga da resultados...

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    2. Bueno, no sé si es más o menos inteligente, probablemente no lo sea mucho, pero en determinadas ocasiones la necesidad está por encima de la inteligencia.

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    3. No sé, Paco, normalmente los que se meten a esos trabajos son personas jóvenes que no tienen una necesidad laboral enorme, sino que lo hacen más bien por ahorrar y tener para sus gastos (porque además los sueldos son ridículos). Nunca ves a alguien muy mayor.
      Puede que haya un tanto por ciento que lo haga por necesidad, pero no es el cso de la mayoría. Y si te vas a meter en un trabajo así, lo suyo es hacerlo en algo para lo que tengas aptitudes. Yo sé que no tengo paciencia para los niños pequeños en manada, así que no me metería en una ludoteca... La necesidad, evidentemente, me obligaría a hacer lo que fuese pero si no es el caso, tiraré por algo que sepa que puedo hacer bien...

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  4. Buhonera, ayer despues de separarnos en la boca del metro, me adentré por Fuencarral para llegar a Lobo Feliz, en San Mateo. Como tu dices.. MAL.
    Me costó atravesarla una media hora, es exagerado, había mas de una docena de veinteañeros o menos, en el tramo peatonal, unos a la derecha y otros a la izda, a una distancia de 2 o 3 metros no más. Era inevitable no parar en alguno por que te encierran en la pared. Tendré que alargar mi ruta y cruzarme Malasaña la proxima vez.

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