18 de febrero de 2014

No me gusta matar bichos

Ya he comentado alguna vez por aquí que soy scout desde hace años, y que esto ha influido en mi manera de ser en muchos sentidos.

Uno de ellos, tal vez el más absurdo, es que en general no me gusta matar bichos.

Por supuesto, todos tenemos un pasado. Cuando aprendí qué era la ósmosis, y me contaron que si le echabas sal a un caracol o a una babosa se deshacía, me pareció fascinante, y me dediqué a liquidar así a todos los que amenazaban las macetas de mi madre.

Sin embargo, con el paso del tiempo, y en especial desde que me convertí en monitora, empecé a desarrollar más compasión por los insectos y demás fauna pequeña y algo asquerosa, y dejé de matarla.

Bueno, matizo: No mato a ningún bicho que no me haya atacado injustificadamente ni tenga intención de hacerlo. Los mosquitos no se incluyen en esa definición, así que los aplasto sin el menor remordimiento.
Pero a arañas, avispas, polillas, escarabajos, moscas y demás mini animales de los que te encuentras por casa procuro respetarlos. Incluso a las cucarachas, a no ser que sean plaga preocupante.

¿Por qué? Pues porque no encuentro ninguna razón racional para hacerles daño. No tienen nada en mi contra, están haciendo su vida, están indefensos ante la monstruosidad gigantesca que les supongo, su muerte no me proporciona alimento ni seguridad ni ropa ni nada. Así que, ¿por qué acabar con ellos?

Por supuesto, también intento evitar que se maten bichos estando yo delante, algo que me ha llevado a vivir situaciones muy divertidas en más de un piso compartido con amigos aniquilainsectos.

Yo tengo mi técnica: Espero a que el bicho se pose en alguna parte, me acerco con cuidado y le echo encima un vaso, como si fuera una cúpula. Tapo la boca del vaso con un folio o cualquier papel que tenga por ahí, salgo de la casa, destapo el vaso, dejo que el bicho se vaya y me voy a fregar el vaso.
Esos sencillos pasos han salvado la vida de muchos, y acabado con la histeria de más de un compañero entomofóbico.

Siempre es divertido ver la reacción de alguien que me ve hacerlo por primera vez.

Ejemplo: Entra una polilla enorme en la casa.
Gritos, saltos, intentos por aplastarla... (Que digo yo, si cuando entra una mariposa todos observan fascinados, ¿por qué las polillas despiertan ese instinto homicida? Hasta en el reino animal se discrimina a los feos...)
La Buhonera se levanta, va a por un vaso, esquiva a quienes enarbolan escobas, trapos y cojines para aplastar al pobre bicho aterrorizado, encierra la polilla en un vaso y la libera.
Caras de susto y asombro.
"¿¿Qué haces?? ¿Por qué no la has matado?"
"¿Para qué la quieres matar si no te ha hecho nada?"

Este comportamiento me ha hecho merecedora de la sospechas de C de no ser trigo limpio, pero qué le voy a hacer. Mi espíritu scout, y mi mala conciencia por todos los caracoles asesinados con sadismo y sal, me hacen tratar de respetar a los animales más frágiles cuando otros prefieren quitarlos de enmedio.

Hoy he rescatado a una avispa, suma y sigue.

2 comentarios:

  1. Pues yo soy un poco como tú. Si el bicho no puede hacerme nada, no lo mato. Sólo si trata de agredirme. Mi excepción quizás son las arañas y las cucarachas. El domingo, sin ir más lejos, salvé a un pobre mosquito que se había caído en el agua de una amiga. Me dio penina verlo patalear.

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  2. yo los mato porque no me gustan y a mi perro tampoco , mi perro se los cme enteritos

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