7 de febrero de 2014

Letrasado lo será usted

Soy de letras.
Me siento MUY orgullosa de ser de letras.
Y, aunque pueda parecer increíble, soy una persona inteligente.

Tuve la mala suerte de tropezarme con el peor profesor de matemáticas que ha existido en el mundo, y de que me acompañase durante primero y segundo de la ESO, años cruciales. Un profesor que no sabía explicar las matemáticas, y al que además le daba igual no hacerlo.

Eso tuvo como consecuencia que cuando llegué a tercero y tuve un profesor en condiciones… Las matemáticas se transformaron en mi infierno personal durante dos años.

Aún así, yo quería tirar por letras desde antes. Porque me gustaba escribir, porque me gustaba el mundillo, o lo que de él entendía.

En tercero de la ESO todos los “listos” que queríamos hacer letras soportamos una campaña de acoso y derribo por parte de los profesores de física y biología que veían nuestras buenas notas (porque, sí, aunque era nula para las mates, me apasionaba la biología y se me daba genial la química). Nos advirtieron sobre las pocas salidas de esas carreras, y nos dijeron que era una pena que personas tan inteligentes se fueran por “el camino fácil”.

Convencieron a un par. Pero el resto tiramos por letras. Porque era lo que nos gustaba.

Yo hice humanidades puras. Latín, griego e historia del arte. He traducido a Virgilio, César, Apolodoro, Jenofontes… Sé lo que es el aoristo, el ablativo absoluto, y cómo se mide la poesía latina. Y tuve que echarle muchas horas.
Después estudié periodismo. Aprendí sobre cómo redactar periodísticamente, y tuve muchas asignaturas que nada tenían que ver (directamente) pero en las que aprendí mucho: historia, relaciones internacionales, psicología, sociología, economía, derecho constitucional, derecho de andar por casa…
No sé qué es una derivada ni para qué sirve. Y las ecuaciones me provocan sudores fríos.

No obstante, sigo siendo una persona inteligente, y si quisiera podría dedicarme a aprender las matemáticas que lamentablemente no entendí con doce años.
Tengo, además, curiosidad científica, y me informo cuanto puedo de temas que me interesan. Me gusta mucho leer sobre medicina y, gracias a un amigo físico, entiendo más o menos de astronomía.

Y estoy un poco harta de que me llamen “letrasada” o me hagan de menos por tener una carrera que no es científica ni técnica.

Vivimos en un mundo capitalista y tremendamente competitivo, además de utilitarista. Las cosas se valoran en función de la utilidad que tengan. Y saber latín, hoy en día, vale para mucho menos que saber diseñar helicópteros. Por lo tanto, extraemos que el ingeniero aeronáutico es más valioso para la sociedad… y más listo.
Más listo no en función de su capacidad para resolver problemas en su vida diaria, ni de su inteligencia emocional, ni de su CI, sino de que se considera que ha estudiado una carrera más difícil.

Bien. No cabe duda que el aprendizaje requerido para resolver problemas y hacer algoritmos es más complejo que el que he necesitado yo para aprenderme las teorías de Foucauld o de qué iba el caso Watergate. Pero, ¿eso hace a un ingeniero más inteligente que yo?
Desde luego que no.

Es más. Si la premisa de que los de ciencias son más inteligentes que los de letras fuera cierta, ¿no serían las carreras científico-técnicas las que tendrían menos cantidad de repetidores? Al fin y al cabo, si los más inteligentes están allí, deberían hacer la carrera a toda prisa.

Y, sin embargo, es justo al revés. Curioso, ¿no?

Les voy a explicar por qué.
Las horas de estudio de los estudiantes de las carreras de letras y de ciencias son las mismas.
Es decir. En periodismo hay personas que se pasan todas las tardes de su vida pasando apuntes y leyendo periódicos, y lamiendo el culo a los catedráticos, igual que hay estudiantes de medicina o potenciales ingenieros que se dejan las pestañas noche tras noche.
Sin embargo, existe un grueso de estudiantes (en todas las carreras) que se lo pasan estupendamente todo el cuatrimestre, y en enero y mayo (y agosto) se transforman en monjes de clausura para sacar el curso. Esto lo hace el ingeniero, el lingüista, el maestro, el psicólogo y el matemático.
¿Qué pasa? Que como las carreras de letras basan su programa en el aprendizaje de memoria, yo me puedo pegar un atracón de derecho constitucional, ir al examen, soltarlo, y volver a casa con un sobresaliente. Dependiendo de la buena memoria que tenga y de la técnica de estudio que utilice, necesitaré más o menos días, pero es abarcable.
Sin embargo, usted no puede aprender a resolver problemas deprisa y corriendo en una semana, porque eso no se memoriza. Es necesario entenderlo y practicarlo.
Por lo tanto, el mismo tiempo de estudio a los de letras no les cunde igual que a los de ciencias… porque ellos no saben estudiar en función de su carrera. (Seguimos hablando del grueso de estudiantes, no de los extremos).

Además, hay algo que nunca se tiene en cuenta, y es toooodo eso que no sale en las notas, pero sí en el currículum: El estudiante de letras promedio normalmente está metido en otras cosas (teatro, la revista de la uni, deportes, asociaciones…) mientras que es muy típico el “síndrome del científico” por el cual un estudiante de carrera científico-técnica no sale de su casa porque “tiene mucho que estudiar”… pero tampoco estudia. Se queda en su silla viendo series, o haciendo castillos de naipes, y pensando en los apuntes que se van acumulando en su mesa.

Terminamos la carrera y, en efecto, los ingenieros encuentran empleo con más facilidad que los periodistas. Algo tremendamente frustrante para el periodista que ha terminado la carrera a curso por año y con magníficas notas, y ve a su colega aeronáutico que es más viejo que la biblioteca de su facultad, que nunca ha sacado más de un 5 y que vivía por y para septiembre encontrar trabajo antes de él.

 Pero… ¿todos los que estudiaron ciencia son ingenieros? ¿Todos los que estudiaron letra son periodistas?

En absoluto.

Muchos de los que estudian ciencias sufren el paro. Los enfermeros y los fisio emigran a Francia, los médicos mendigan becas tras terminar el MIR, los biólogos se tiran de los pelos… Y muchos terminan como docentes de instituto, una profesión que aúna a ambas vertientes, aunque a menudo “el de naturales” se siga creyendo más listo que “el de sociales”.

Entonces, si no hay ningún dato objetivo que afirme que los que se dedican a la ciencia son más inteligentes… ¿por qué tengo que soportar yo que me llamen letrasada? ¿Por qué tengo que callarme cuando estoy agobiada con los exámenes si no quiero que algún ingeniero me diga “anda, anda, anda, si lo tuyo no es ni una carrera”? ¿Por qué tengo que aguantar coñas por no saber qué es una integral, si ellos no tienen ni puta idea de lo que es el dativo, y ni yo voy a necesitar una integral en mi vida, ni él va a declinar (a no ser que aprenda un idioma con declinaciones... oh, vaya...)?

Al principio de todo esto, cuando los griegos llamaban a todo filosofía (amor por el saber, está en griego ^^) no había diferencia entre letras y ciencias. Todo era saber.
En el renacimiento, los humanistas como Leonardo diseñaban cacharros y pintaban cuadros.
Hace veinte años, estudiabas latín en bachillerato aunque fueras a estudiar medicina. Y mates aunque te fueses a dedicar a historia del arte. Es más, con aquel BUP y COU que hicieron nuestros padres, podías hacer un bachillerato de letras y una carrera de ciencias. ¿Que era una locura porque no tenías base? Puede ser. Pero es que hoy obligan a los chavales de 4º de la ESO a decidir las disciplinas a las que se dedicarán el resto de su vida, cuando la mayoría ni siquiera saben quiénes son.

Y se sigue fomentando esa separación entre ciencias y letras, y ese desprecio divertido hacia las letras, que tiene mucho de ignorante y entraña no poco peligro. Porque arrastra a chicos inteligentes a carreras de ciencias aunque no les gusten porque son “de listos”, y acaban en la universidad amargados. Y crea una cierta inseguridad en algunos chicos de letras (o de artes, que ahora hay bachillerato de eso). Y no es justo.


Así que, desde mi bachillerato de humanidades, mi licenciatura en periodismo, mi amor por la literatura, la filosofía, la historia, la medicina, y mi inteligencia  mi curiosidad por todo lo que pueda aprender de cualquier cosa, le digo que letrasado lo será usted, porque desde luego yo no tengo un pelo de tonta.

2 comentarios:

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  2. Tengo la gran fortuna de estudiar una carrera que aúna asignaturas técnicas con humanísticas, independientemente del esfuerzo relativo entre aprobar asignaturas como cálculo de estructuras o historia del arte (la diferencia es grande) puedo afirmar con rotundidad que la frontera entre ciencias y letras simplemente no existe, todo forma parte de un saber universal. Las matemáticas son una herramienta abstracta imprescindible para comprender la esencia de cualquier ciencia como la física, la historia o el arte, por otra parte, saber solo de matemáticas sin tener conocimientos humanísticos no sirve de nada en la vida real, va todo unido por mucho que intenten hacernos creer que son ámbitos separados. La conclusión a la que he llegado tras unos cuantos años es que quien cuestione tu inteligencia solo en función del tipo de carrera que hayas cursado posiblemente sea debido a su complejo de inferioridad. Brillante reflexión.

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