11 de febrero de 2014

A medianoche

La perfección.
La perfección de una gota de lluvia que pende de una hoja, a punto de caer, durante un instante.
La perfección del momento en que abres los ojos y la realidad parece hecha a la medida de tus sueños.
La perfección de una mirada en la que sobra todo lo demás.
La perfección de una lágrima que dibuja la mejilla y se pierde en el pelo.
La perfección de una ola que recorre una bahía de extremo a extremo, dejando a quienes la miran con la eterna duda de si es la misma ola o muchas que se pusieron de acuerdo.
La perfección del segundo robado al tiempo.

La belleza, la quietud, la felicidad.

Lo que buscamos cada día, a veces pasando por un dolor que escapa a lo imaginable.
¿Quién fue el sádico que inventó que es necesaria la agonía para alcanzar lo que se anhela?

Las dudas, el miedo, la incertidumbre, el cansancio, el hastío, la desesperanza...
Enemigos que a veces se hacen demasiado fuertes, que aplastan con su peso, que llevan a la imposibilidad de creer en nada más.

El dolor.

Y aún así, la capacidad de crear, de creer, de seguir, de luchar, de confiar, de celebrar.
De aprender.

La belleza de la piel cálida de un cuerpo dormido.
La belleza de un río que fluye.
La belleza de las huellas que quedan en la arena al pasear.
La belleza de los libros que se empiezan.

El recuerdo.
La nostalgia, la esperanza y el anhelo.
Lo difícil que resulta a veces creer en lo increíble.

La maravilla.
La maravilla de descubrir que todo es cierto.
La maravilla de descubrir lo inesperado.
La maravilla de vivir la felicidad pura.

La incapacidad para rendirse, que tanto ayuda y tanto duele.

Las noches en soledad, cuando todo parece tan lejano e inalcanzable.
Cuando la vida fuera de las sábanas parece demasiado escarpada.
Cuando todo se vuelve demasiado oscuro.
...pero siempre vuelve a amanecer.


Mantenerse en pie.
Mantenerse firme.
Mantenerse fuerte.
Mantenerse contenta.
Mantenerse esperanza.
Mantenerse luchadora.
Mantenerse nueva.

Y poder decir al mirarse al espejo que hay un orgullo que supera lo demás, y que la promesa de la felicidad que se busca es superior a la tristeza que a veces se filtra sin querer.

Un día termina, otro empieza. Y las oportunidades llegan.

Todo saldrá bien.
Todo está bien.
Todo es perfecto.

Y hoy es sólo un escalón hacia una gran felicidad.




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