26 de febrero de 2014

El día de Andalucía en el colegio... y el independentismo Pony

Esta mañana, alrededor de mi casa, he escuchado el himno de Andalucía a toda leche media docena de veces. ¿Por qué? Porque el próximo 28 de febrero es el día de Andalucía, en el que se conmemora el referéndum de 1980 en el que se aprobó la autonomía de esta región.

En los colegios se celebra hoy porque el 28 es festivo y mañana, día 27, se celebra el "día de la comunidad educativa", que no sé exactamente en qué consiste ni por qué merece ser festivo (en mi época no existía), pero no hay clase.
Total, que para los niños de mi ciudad (y, por lo que sé, de unas pocas andaluzas) hoy es viernes.

Hacía seis años que no pasaba en Andalucía esta fecha, y ya no me acordaba de lo importante que era para los escolares.

Todos los años era similar: Durante la semana anterior al 28 se hacían concursos, exposiciones, juegos... con Andalucía como centro. Bien ensalzando a los artistas andaluces, aprendiendo quién era Blas Infante, tocando en música la melodía del himno (que es pomposo y repelente hasta decir basta), o simplemente coloreando banderas verdiblancas con su Hércules en medio.

Y, el día antes de irnos de puente, salíamos al patio, cantábamos el himnos, y normalmente desayunábamos un colacao y pan con aceite y azúcar o algo similar.

En el instituto la cosa iba a menos, pero siempre se hacía algo. Poner música andaluza durante el recreo, o dedicar algo de tiempo en alguna clase a explicar el referéndum.

Yo me fui a vivir a Madrid con 17 años, y comprobé con cierta sorpresa que allí no tenían himno, ni nada muy especial en su día autonómico (el 2 de mayo) más allá del orgullo por echar a los gabachos (que es más español que madrileño, y lo dice una gaditana...).
Los madrileños están más bien orgullosos de ser capitalinos, pero sin mucha estridencia.

Con el tiempo y la distancia, he llegado a darme cuenta de que en realidad el día de Andalucía es menos inocente y más político de lo que te puede parecer cuando eres pequeño. Es una estrategia política, una manera de inculcar en los niños un sentimiento regional que, de manera normal, no se tiene. De hacer hincapié en que su región es diferente a las demás, mejor, y que ha dado cosas imprescindibles que no podían haber surgido en otro lugar.

Una estrategia patente también en las asignaturas. En casi todos los temas de Conocimiento del Medio, Sociales y, más tarde, Historia, latín y griego, había apartados específicos sobre los temas que se daban aplicados a Andalucía. No a España, no, a Andalucía (o la Bética, o Al Andalus, o como se llamase en cada momento).

Es decir, se crea en cada nueva generación una identidad regional fabricada por completo, a través de actos simbólicos escolares que son apoyados por los millones de pesetas y euros invertidos por la Junta de Andalucía en propaganda distintiva andaluza (del tipo "Productos andaluces, de lujo", o cartelitos para comercios en los que pone "aquí se habla andaluz", además de propaganda televisiva de todo tipo).

Identidad alimentada además a través de la manera de hablar. Se enseñan con insistencia los rasgos distintivos del dialecto andaluz, en los medios de comunicación regionales se exagera el acento hasta el ridículo, y se considera que cualquiera con un acento castellano con abundancia de eses habla "fino".

Esto es una putada, porque un dialecto que, a mi parecer, es bonito al oído, tiene palabras preciosas que no existen en otros sitios de España, y gramaticalmente es totalmente correcto, es ridiculizado desde dentro, lo que favorece que no se le tome en serio fuera.

Y caer en la cuenta de todo esto me llevó a otra reflexión, que creo que deberían hacer muchos ciudadanos.

Si en Andalucía, que al fin y al cabo como región "independiente" es de segunda división, se hace este lavado de cerebro a los niños, y se invierte tiempo de su formación en hacerles sentir andaluces... ¿que no se hará en regiones cuya clase política desde hace mucho busca el independentismo? ¿Cuántas generaciones han sido educadas en el sometimiento de su nación al yugo español y en su única y genuina identidad nacional cultural, musical, económica e histórica?

No quiero entrar en el debate de si esto es moral o no. Hace muchos años que se decidió que España sería un Estado de autonomías a medio camino entre el centralismo y el federalismo, y se dio a las regiones carta blanca en educación e identidad propia. Si no nos parecía moral, haber votado otras cosas.

Me voy más bien a la insistencia de muchos en que las ideas independentistas de Ponilandia (por favor, miren esta genialidad que han sacado para los que estén hartos del conflicto catalán) son fruto exclusivamente de su clase política.

Es posible que en un primer momento fuese así. Pero, ¿cuántas generaciones de catalanes, vascos... se han criado siendo educados en su identidad nacional a lo largo de toda su vida escolar? ¿A cuántos se les ha enseñado ese independentismo? Más de dos, seguro.

Por lo tanto, es algo que ya llevan a fuego dentro, sobre todo si no se han planteado nada más allá. Porque yo salí de Andalucía, viví fuera de mi región y fuera de España, y llegué a la conclusión de que lo de la "patria chica" es una estupidez de cerrados de mente, y a que tanto tengo en común con uno de Getafe como con uno de El Ejido.
Y, aún así, me siento andaluza de una forma indefinible, y tengo un apego a la totalidad de Andalucía que no tiene demasiado sentido, ya que hay partes de ella que ni siquiera conozco.

Si en mi caso, que la dogmatización fue leve y sin querer la combatí con sentido común y viajes, ha quedado ese poso, ¿cómo no van a clamar independencia quienes la vivieron con mucha más fuerza, y además no han salido de su región?

Se nos ha educado así. Se nos ha educado en ser diferentes, en que por haber nacido en esta región somos mejores, o simplemente somos una cosa distinta al resto. Y es una educación que ni está cambiando ni va a cambiar, de hecho casi se radicaliza más con cada legislatura que pasa.

Y todas esas generaciones educadas en separarse en lugar de en unir posturas, no van a cambiar de opinión con facilidad. Y menos con una crisis que hace que cualquier alternativa grandiosa parezca un camino hacia la felicidad, y con un Gobierno central ciego, sordo y estúpido para todo lo que no sea la economía.

¿Quieren saber por qué el Estado de las autonomías se convertirá en reinos de taifas? Porque el 26 de febrero los niños en el patio cantan el Himno de Andalucía sin saber lo que están diciendo desde hace 34 años.





***

Igual en un tiempo me da por contar lo que supone irse siendo andaluza a Madrid, y cómo nos ven fuera, y defiendo a muerte las peculiaridades de esta región. Si lo hago, no quiero que me tiren huevos por incongruente. Una cosa es que sea consciente de que se me ha lavado el cerebro, y otra que niegue la realidad actual de que un andaluz y un madrileño hablan y son diferentes en muchas cosas, y que los estereotipos están por todas partes.

Y ya curada en salud (y perdido todo el efecto de mi último y dramático párrafo) me voy con la música a otra parte. En concreto, con la del grande (andaluz, precisamente) que ha fallecido hoy.




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