25 de febrero de 2014

"Católicos no practicantes", el híbrido español

En España hacemos muchas cosas de manera diferente a como las hacen en otros lugares, unas veces para bien y otras para mal.

A mí una de las que más me chirrían es algo que jamás me había planteado antes de salir de España, y que tal vez habría seguido sin chocarme de no haber ido a parar a Francia.


Se trata del "catolicismo no practicante" que profesa la mayoría de los ciudadanos de este país.

Vivimos en un Estado aconfesional (ja) que mantiene vínculos con la Iglesia católica reglados por la Constitución de 1978. En teoría, la mayoría de la población es católica ya que los niños se bautizan y hacen la comunión, y las parejas se casan por la Iglesia.
En Europa se nos ve como un país profundamente católico.

Y resulta que, en la mayoría de los casos, no es más que un paripé.

Si preguntas a esos católicos españoles, una gran parte de ellos se reconocerán "católicos no practicantes", una modalidad religiosa que consiste en pasar por todos los ritos católicos (salvo, en la mayoría de los casos, la confirmación y la unción de enfermos), en llevar a sus hijos a catequesis y dar religión en el colegio. A menudo, estos "católicos" no están de acuerdo con la doctrina de su Iglesia en casi nada, no se han leído la Biblia ni por curiosidad, desconocen TODO sobre la historia de su religión, y jamás se han planteado por qué son católicos. Son "no practicantes", y con eso vale.

Partiendo de la base de la gilipollez que supone llamarse "católico" cuando la mayoría son una suerte de pseudocristianos que no se ajustan ni a católicos ni a ortodoxos ni a protestantes, es llamativo ese "catolicismo social" que es más una especie de cultura española asimilada que una creencia sincera.

Siendo ya el colmo de esta tendencia los amantes de la semana santa (capillitas, en mi tierra), y de espectáculos como la romería del Rocío. Gente que sólo se acuerda de Dios y la Virgen en su trocito del año correspondiente, y sólo para llorarle a la imagen de turno, o llenar el Facebook de fotos al respecto. Todo esto mientras se comen un chuletón en viernes santo, se han pasado la cuaresma de fiesta cada sábado y no tienen ni idea de por qué se cambia la Pascua de fecha cada año.
Eso sí, si se te ocurre señalar su falta de coherencia, te explican vehementemente que una cosa es la religión y otra la semana santa. Ajam.

Comparemos para aclarar conceptos: Francia es un país laico de pata negra... y sin embargo tiene a algunos de los católicos más profundamente creyentes (llegando al extremismo en algunos casos) que me he tropezado en mi vida. Gente que se confirma, gente que recibe revistas de católicos, gente que viaja a España a la JMJ con una devoción acojonante, gente que de verdad se lo cree.

Curioso, ¿verdad?

Yo he desarrollado mi propia teoría al respecto:

En España llevamos dos tercios de nuestra Historia con la Iglesia (primero cristiana a secas y después católica) subida a la chepa. Hemos tenido Inquisición, hemos tenido obispos, cardenales, y sacerdotes de a pie metidos en política, hemos tenido lucha contra los moros y contra los judíos, hemos tenido monarquía (que conviene no olvidar que es un sistema que se basa en la asunción de un líder nacional que lo es por elección divina de su dinastía) durante casi toda nuestra andadura desde los romanos, hemos tenido hasta hace cuatro días una dictadura católica que de hecho llamó a la guerra civil "Cruzada". Y en la puta vida nos han enseñado teología en condiciones, ni nos han animado a leer la biblia solos (eso es de protestantes) ni nos han enseñado la historia de la religión y la Iglesia.
Eso cala. Eso hace que la religión se incruste en la conciencia colectiva sin un ápice de reflexión, asumiéndola como parte de la cultura hispana, igual que se puede decir del idioma o la querencia por el jamón (algo, por cierto, unido a lo religioso: para que a uno no le quemasen por judaizante o morisco había que tener orgasmos sólo oliendo el jamón).

¿Qué pasó en Francia? Que en el siglo XIX se pasaron por la guillotina a todo el alto clero, amén de la monarquía y de muchos que sólo pasaban por allí. Y que después de eso hubo muchas idas y venidas de emperadores, intentos de reyes, intentos de democracia y repúblicas a tutiplen (van por la quinta y les va bien). Y en un momento dado de todo ese torbellino se hizo borrón y cuenta nueva, se decidió que la sociedad era laica, pero que cabía todo el mundo, y cada cual se dedicó a cultivar su religión en su casa, con una convicción absoluta que no tiene que justificarse ante nadie. Eso conlleva a veces extremos (no hay más que ver las manifestaciones contra el matrimonio homosexual de 2012), pero también una convicción de quien es creyente y una libertad de quien no lo es francamente envidiable.

Un ejemplo en otro sentido puede ser Estados Unidos, que prácticamente vive asentada sobre su cristianismo (en su mayoría luteranismo evolucionado, con lugares donde hay más catolicismo, calvinismo, evangélicos...). Por defecto eres cristiano, el lema es "Dios bendiga América", y sin complejos.
No es un modelo que a mí me guste en absoluto, pero sigue siendo más coherente, en el sentido en el que se da a la religión un lugar en la vida de las personas, más allá de convencionalismos sociales ridículos.

Pero aquí, no.
Aquí la mayor parte de los niños dan religión y hacen la comunión, pero el porcentaje de los adolescentes "católicos" que se confirma es ínfimo.
Aquí los que no dan religión, dan poca cosa. Y encima nuestro gobierno pretende seguir imponiéndonos esa religión concreta en las aulas pese a quien pese.
Aquí es habitual escuchar a una pareja decir "hombre, nos casaremos por la Iglesia, que es más bonito, lo del juzgado no tiene gracia".
Aquí no es extraño que si en una pareja uno cree y el otro no, el hijo se bautice porque "a él/ella le hace ilusión y a mí me da igual". Cuando creo que hay pocas cosas más chungas que iniciar a un bebé en una religión por desidia.
Aquí se llora con la Macarena, pero no se sabe qué son las advocaciones, con qué se hace la ceniza del Miércoles de ceniza, o por qué los sacerdotes católicos no se pueden casar (no siempre fue así, y lo es por razones históricas y no religiosas).

Por supuestísimo que hay católicos devotos, practicantes y que conocen su fe. Pero son los menos. La mayoría se deja llevar y nunca se plantea si lo que hace tiene el menor sentido.

Yo me crié como católica, y desde siempre la religión me ha fascinado. Conozco bien el cristianismo, hasta el punto que más de un creyente se ha sorprendido al comprobar que sé más que él sobre su fe sin compartirla ni de lejos. Intento aprender sobre otras creencias, y entenderlas, porque me resultan fascinantes.

Creo que la espiritualidad es algo muy serio. Creo que es una parte más del ser humano, que debe ser educada y cultivada como lo son el intelecto o el físico. Y me parece que se deja pudrir en el 75% de los individuos. Bien porque se aliena bajo una religión, sin permitir a la persona explorar, descubrir esa religión, vivirla, conocer otras... O bien porque se rechaza cualquier cosa que huela mínimamente a espiritualidad (ya sea religión o simple curiosidad por lo trascendente) y se impide que la persona se forme en ese sentido.

Nos tomamos la religión como un aglutinante social, dejando a un lado todo lo que puede (o no) aportar a una parte de nosotros. Ni la asimilamos (que puede ser una puerta a criticarla, abandonarla y explorar nuevos caminos) ni la sustituimos por otro nutriente espiritual (ya sean otras religiones o cualquier experiencia trascendental, en el fondo todo puede ser útil). Nos refugiamos en la comodidad del "no, yo soy no practicante" para no enfrentar lo vacíos que a menudo estamos en cuanto a cualquier cosa que vaya más allá de la realidad de todos los días.

A veces, llegando a un punto intermedio, entendemos la religión como una suerte de voluntariado, de ayuda al prójimo, pero sin profundizar en su trascendencia. Pensando que por ser católicos y (tal vez) donar algo a Cáritas o marcar la X en la declaración de Hacienda creamos un mundo mejor de manera más activa que el que colabora en una ONG.

Pero no es lo mismo. Una cosa es la espiritualidad y otra la solidaridad. Pueden ir de la mano o no (hay creyentes insolidarios y ateos solidarios), pero son realidades muy diferentes. No por ayudar a otras personas haces crecer tu espiritualidad, igual que por mejorar tu espiritualidad no te mejora la forma física. Son áreas de la persona muy diferente, y todas ellas requieren de atención.

Es por eso que me crispa tanto ese "no practicante", que sin mojarse se queda a medias. Prefiero (aunque a menudo sus ideas choquen frontalmente con las mías, y sus formas me hagan rechinar los dientes) un extremista convencido, informado y ferviente a un indolente aborregado. Mil veces.

Y pienso que deberíamos ser responsables para con nosotros mismos y cuidar esa parte de nuestra humanidad, aunque sea simplemente por conocer más, aprender, y mirar el mundo con una mente más abierta.

Porque al fin y al cabo, si al morirnos resulta que no hay nada, mejor si podemos dejar nuestro cuerpo con la tranquilidad de que intentamos ser mejores en cada aspecto de nuestra vida.
Y, si lo hay, no viene mal hacer currículum, aunque sea en diferentes áreas.



***

"—Si yo hubiera visto a Om, allí de verdad, vivo de verdad, lo llevaría dentro como una fiebre. Si yo pensara que existe un dios quien de verdad le importa más de dos pimientos la gente, que los vigila como un padre y los cuida como una madre... Bueno, a mí no me pillarías diciendo cosas como "Todo se puede ver siempre desde dos lados" o "Tenemos que respetar las creencias de los demás". A mí no me encontrarías siendo amable en general con la esperanza de que todo acabara saliendo bien, no si esa llama estuviera ardiendo dentro de mí como una espada implacable. Y he dicho ardiendo, Señor Avenas, porque así es como estaría. Tú dices que los tuyos ya no queman a la gente ni la sacrifican, pero eso es lo que significaría la fe verdadera, ¿entiendes? Sacrificar la propia vida a la llama, día tras día, declarar su verdad, trabajar por ella, respirar su alma. Eso es la religión. Todo lo demás no es más... no es más que ser amable. Y una forma de estar en contacto con los vecinos.

Yaya se relajó un poco y continuó con voz más tranquila:

—En todo caso, así sería yo, si creyera realmente. Y creo que hoy en día eso no está de moda, porque parece que si hoy en día ves el mal, tienes que retorcerte las manos y decir: "Oh, cielos, esto lo tenemos que debatir". Así opino yo, señor Avena.Mejor dejar las cosas como están. No persigas la fe, porque no la alcanzarás nunca. —Y agregó, casi como una acotación al margen—. Pero tal vez se puede poner fe en la propia vida.

Le rechinaron los dientes cuando una ráfaga de viento helado le sacudió el vestido mojado contra las piernas.

—¿No llevarás encima otro libro de palabras sagradas? —añadió.

—No —dijo Avena, todavía impresionado. Y pensó: Dios mío, si alguna vez esta mujer encuentra una religión, ¿qué va a salir de estas montañas y arrasar los llanos?"

(Carpe Jugulum - Terry Pratchett)

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Vivimos en una sociedad hipócrita que además se permite el cinismo de señalar a quienes no compartimos el ideario religioso del sesgo que sea.
    Al hilo del artículo quiero comentar que: "No puedo entender como un cuerpo que hace gala de una mística devoción a su patrona contravenga los principios cristianos. Caridad y misericordia, fueron negadas con nocturnidad, no sé si con alevosía, en la playa de Ceuta."
    Declararse cristiano y luego no actuar como tal es una parodia que debe ofender a quienes se toman muy en serio la religión.

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