28 de febrero de 2014

Caelum finis est

Sus pétalos se abrieron lentamente.
Se separaron con delicadeza, poco a poco, como si quisieran preservar la tibieza del sueño antes de salir al mundo.
Pero terminaron por abrirse.

Brillaban bajo el rocío matutino, en el silencio lleno de ruido que caracteriza el bosque.

Tres pétalos arriba, tres abajo. Una simetría casi perfecta. Un mundo de símbolos contenidos en algo tan pequeño, tan sencillo.

Las raíces clavadas con profundidad en la tierra. Madre, creadora, calma. Recogiendo el agua que a veces no sabía llegar del cielo.

Y, a los pies, dos huellas felinas que venían de Asia.

Comenzando una mañana, un día nuevo, un nuevo momento irrepetible...

...a la espera de un ave que dejase caer sus plumas al servicio de la tinta y la belleza. Un regalo del cielo que todo parece saberlo, como muestra de todo lo que cambia y cambió.






Caelum finis est
Hoc, escalae ad beatitudo maiorem est

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