7 de enero de 2014

¿Queridos...? ¿Reyes? ¿Magos?

Ser consecuente es una putada. Muy grande. Y quien diga que no, o bien miente o no tiene nada con lo que serlo.
Vas por la vida siendo una persona de principios, segura de los pasos que das, encantada con tu filosofía de vida... y zas.
Las contradicciones más inesperadas te asaltan a la vuelta de la esquina, te dan una paliza y te dejan patitiesa.
No existe (que yo sepa) un código moral, ético, filosófico o metafísico que te permita vivir todos los días de tu vida sin ir en contra de él en algún momento. Ya sigas una religión, una ideología política o una filosofía de vida cualquiera, es sabido que llegará ese asqueroso segundo en que te mires, te des cuenta de lo que estás haciendo y pienses "Mierda...".
Y lo peor no es eso. Lo peor es que en ese momento tendrás una nutrida multitud a tu alrededor que estará encantada de señalarte y burlarse de ti.
Además, como la vida es muy puñetera, cuanto más radical y severo seas en tus principios, más grande será la multitud que vea cómo el escupitajo que lanzaste hacia arriba tiempo atrás te deja un cráter en la frente.

Hay contradicciones hasta cierto punto justificables, como el católico que se hincha a sexo prematrimonial porque "la Iglesia no es Cristo" porque "luego me arrepiento y me perdonan" o porque le pica la ingle como a todo hijo de vecino. Son cosas esperables y comprensibles.
Otras tocan más las narices, como esos consabidos comunistas que acaparan más billetes que el tío Gilito, y tratan de apelar a lo inapelable con tal de defenderse.
Algunas hacen sonreír de lado. Todos conocemos a algún derechoso a ultranza, rayano en el fascismo más rancio, que lleva meses jurando en arameo contra ese PP al que votó no hace tanto. Y aunque vivimos la misma mierda que él, verlo rasgarse las vestiduras nos saca una sonrisa.
Las hay que joden, sin más, por el descaro. Ese conocido antisistema, anticapitalista, quinceemeista (de lo que es el 15M ahora, no de lo que fue cuando empezó) que se pasa la vida gritando consignas, pero que en su vida diaria no tiene la menor solidaridad para quienes le rodean, su realidad más cercana, su verdadero drama diario, al margen de políticos y banqueros.

Pero de todas esas, y de todas las que nos podemos encontrar a lo largo de la vida, las que más joden son las que ni siquiera esperamos.
Porque claro, si tú sabes que no estás siendo consecuente, si te pasas uno de tus principios por el arco del triunfo en nombre de un bien mayor, o simplemente por pragmatismo, pero sabiendo que lo haces, puedes justificarte.
Sin embrago, si la pedrada viene de fuera, y sin esperarla, se te queda una cara de gilipollas...

A lo mejor están ustedes preguntándose de qué hablo (aunque el título de la entrada debería darles una pista). Es muy sencillo. Imaginen la siguiente situación:
Joven español.
Con estudios ("la generación más preparada de España que exportamos...blablabla")
Republicano por convicción, ¿qué es eso de un Jefe de Estado que hereda el cargo?
Ateo, o agnóstico, por convencimiento puro y duro. No tiene sentido otra cosa.

Navidades.

5 de enero.
Reunión de amigos/Estado de Twitter
"¡Mañana vienen los reyes!"

Zasca.

"¿Los reyes? ¿Pero tú no eras republicano pedazo de hipócrita? Claro, para lo que te interesa, ¿no? Seguro que en tu infancia querías ser una princesa/querías casarte con una princesa... ¡Monárquico asqueroso!"

"¿¿Cómo que mañana vienen los reyes?? Valiente ateo estás tú hecho... Celebrar una fecha religiosa, católica, que lava el cerebro a los niños y les compra con regalos para que se acerquen a una religión..."

"¿En serio tú también caes en esa fiesta del consumismo que pretende que todos seamos felices sólo porque es navidad, y que se escuda en la tradición para llevarnos a comprar y comprar y comprar y comprar?"

Qué pelotón de fusilamiento en un momento, ¿verdad?

Y el pobre y bienintencionado joven (o jóvena... o jóvenx) se queda blanco, y se siente fatal.
Porque, pensándolo bien, todas esas cosas que le han dicho son ciertas.
Que alguien que no es creyente celebre una fiesta católica como es la Epifanía... es bastante incongruente.
Que una persona que se dice republicana celebre la llegada, no de uno, sino de tres monarcas mientras pide que le den una patada en el culo al rey de su país... es bastante incongruente.
Que alguien que defiende el consumo responsable festeje algo tan consumista como las navidades occidentales... es bastante incongruente.




Vaya mierda, ¿no? En un momento tres sólidos principios parecen haberse desvanecido. Parece que no eres capaz de sostener esos ideales, ya que crees en algo tan despreciable como los reyes magos.
Porque, ¡piénsenlo!
Los reyes magos, además de ser reyes (un poder antidemocrático que reside en una sola persona teóricamente designada por una deidad), además de ser católicos o por lo menos protocristianos (acudieron a adorar a la figura de Jesuctristo), atentaban contra muchos otros principios:
-Eran unos machistas. Todos tíos. Los reyes, los pajes... ¡hasta los camellos! Ni una reina, ni una princesa, ni una paja paje mujer que les acompañase en el camino. Seguro que las tenían a todas en casa, barriendo, limpiando el horno y preparando roscón.
-Eran unos maltratadores de animales. Los pobres camellos ahí, surcándose Oriente siguiendo a la estrellita de marras, dejándose las pezuñas en la arena en un viaje larguísimo. ¿Qué pasa, que los señores no podían ir a pata? ¿Por qué tenían que usar a esas pobres criaturas como medios de transporte? ¿No eran magos? ¡Pues haber ido en alfombra mágica en vez de abusar de los pobres camellos!
-Ésa es otra, ¡eran magos! Manipuladores e ilusionistas que sin duda utilizarían sus poderes para someter a sus gobernados.
-Por no hablar de los regalos que le llevaban al crío: Oro, símbolo internacional del capitalismo, de la avaricia, de la explotación a los débiles. Incienso, un precursor del gas lacrimógeno, para someter y aterrorizar al pueblo oprimido. Y mirra, que además de obtenerse mutilando a un pobre árbol inocente, era utilizada por los romanos para drogar a los condenados a muerte.

No hay por dónde cogerlos, no hay por dónde cogerlos. Los reyes magos son una traición a todos y cada uno de los principios de cualquier persona decente y políticamente correcta.


Pero claro.
Es que al pensar en reyes magos, eran otras cosas las que le venían a la mente. Cosas anteriores a esos principios de los que se fue revistiendo al crecer.
La ilusión de abrir los regalos.
La emoción de la noche anterior, que le impedía dormir.
El esmero con que dejaba un cubo de agua para que los camellos pudieran beber y descansar. Los polvorones y el vino para los reyes (y esa reflexión infantil temerosa de "a los reyes no les hacen controles de alcoholemia, ¿verdad mamá?").
El temor de las semanas anteriores, de que algún paje espía te pillase haciendo algo malo (qué chantajeados nos tenían... pero cómo molaba).
La incredulidad al ver esos juguetes que el resto del año eran inalcanzables, allí, junto a sus zapatos.
La euforia de aquella vez que, dudando de su existencia, dejó una carta exigiendo que se la firmasen, que dejasen su rúbrica como prueba inapelable... y la carta amaneció firmada con tres coronas.
Los ruidos que hacían en las escaleras, o en el salón. Nunca supo si sonidos reales o inventados, pero qué más daba. Esa noche era mágica. Eran los reyes.

Todas aquellas cosas que existían en su vida cuando todo era más sencillo, cuando no se veía atado por la intransigencia de otros y la suya propia. Eso eran los reyes magos.

Y llegados a ese punto, la pregunta es: ¿puede seguir siendo así? ¿Puede uno dejar todas sus etiquetas, todos sus principios, de lado en favor de una ilusión infantil injustificable en un adulto? Es más, ¿es correcto criar a un hijo al que no se le va a iniciar en ninguna religión, que se va a intentar que sea demócrata, haciéndole creer en los reyes magos sólo por esos recuerdos, sólo por tradición?

No hay respuesta buena. Pero tal vez sea sano dejar de lado ocasionalmente todo lo que nos hemos construido para definirnos, y soñar un poco, y dejar que nos caiga un escupitajo en la frente si las consecuencias van a ser carbón de caramelo y regalos en zapatos propios y ajenos.

Al fin y al cabo, puestos a ser incongruentes, y con la cantidad de veces que lo somos a lo largo de la vida, seámoslo para ser consecuentes con nuestro niño pasado, que bastante abandonado le solemos tener.

Espero que la noche de reyes fuera para ustedes mágica de una u otra manera.



Imagen del libro "Celia, lo que dice", de Elena Fortún
Capítulo "Noche de Reyes"

3 comentarios:

  1. Al principio, he decir que me ha impactado tu manera de tocar la hipocresía, pues estoy de acuerdo; lo de los reyes me ha chirriado, pero le has dado la vuelta muy genialmente; el final, simplemente, te he de decir que es muy bello. Aunque te tengo que decir que a mí, a mis veinte tacos, pues qué te voy a decir si no es otra cosa que, aparte de haber contestado a mis padres, monárquicos, que por mí fuera sólo dejaría entrar a los camellos (ellos se dieron por aludidos jaja), la ilusión es nada, puro recuerdo. Que no te quito que de niños fue bonito; yo he sido un niño así, tonto yo, como todos, que dudaba (como en la fe cristiana :D -agnóstico, cuasi o no tan cuasi ateo, ahora yo-), y quería creer también; pues, creo que los hombres sin sueños pierden una parte que da luz, como daba luz la intriga de los regalos, la luz innusal de las decoraciones por todas partes (salvo si has vivido en un pueblo -gracias a los dioses, he estado en ambas situaciones-), la simbología que de niño crees de Cristo y pandilla, etc. También la hipocresía de todo ello; pero también su belleza y su ilusión.
    El hombre tiene mil caras, y una careta que sostiene todas, e inevitablemente, creo yo, por aguantar todas ellas, somos hipócritas. No hay ni Dios (ni otros dioses, grecolatinos, germanos o de las ideologías) que no lo sea, lo haya sido o que lo vaya a ser.... Es imposible "críticar" lo que nos compone en nuestra esencia, se podría decir, aunque es muy relativo, claro está.
    Es muy tarde XDXDXD, pero Feliz Navidad o Saturnalia (que tanto monta, monta tanto...) y Año Nuevo.
    Te he dado un +1 de ésos. No sé si servirá mucho, pero espero que valga para algo. Un gusto pasarse.
    Un saludete de Samuel desde mi Vardulia castellana.

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  2. Eso de la paja me ha encantado xDDD
    Estoy en clase y todo lo ajeno al Benchmarking es diversión :p
    Yo, por mi parte, me la pela que me tachen de cualquier cosa por ser atea y republicana, cuando celebro Reyes, Navidad y toda la hostia. Es una tradición que no hace daño a nadie (por lo menos mi forma de celebrarla), y yo sigo siendo una niña chica cuando abro la puerta del salón y me encuentro con el sofá lleno de regalos... ¿Consumismo? Vale, a mí me encanta comprar xD ¿Religión? Meh, ni voy a la iglesia, ni rezo, ni creo en nada, pero en nuestro país esto no tiene mucho que ver con la religión. ¿Monarquía? Nunca comparé a los Reyes Magos con el Rey de España, ellos eran magos y traían regalos chachis, los otros no tenían nada que ver en mi vida.

    Por supuesto hay personas que no quieren regalos y no le enseñarán esa tradición a los hijos, pero yo, que quieres que te diga, cuando tenga un enano quiero verle ilusionado en las cabalgatas, chantajearlo con que se porte bien porque los Reyes los miran y ver su cara de asombro al ver el muñeco que toque, esperándole envuelto a las 7 de la mañana (puñeteros niños que se despiertan tempranísimo xD).

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  3. Me quedo con lo que dices al final. Los reyes magos son ilusión e infancia. Cierto que hay un trasfondo religioso, y de consumo pero lo que tenemos en la cabeza es la niñez, los sueños, la ilusión. Hay que ser benevolente con estas cosas.

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