23 de enero de 2014

Han cerrado el Ohlalá

Hoy, paseando, me he dado cuenta de que ha cerrado el Ohlalá. Era una cafetería que llevaba en el mismo sitio casi toda mi vida. A la que cuando era pequeña iba muchísimo. En la que desayuné el día en que por fin me hice los agujeros de las orejas, con catorce años. Un sitio especial de la ciudad en la que crecí.

Hacía tiempo que no era la de siempre, y al cambiar de dueño tuvo denuncias por el trato a sus trabajadores, así que supongo que mejor cerrada que con la gente a disgusto... pero verla así me ha hecho pensar.

Porque no es algo aislado. Desde que empezó la crisis son muchos los comercios y bares que han cerrado.
Como vengo poco por aquí, he visto el proceso como en fotos, por etapas: Primero rebajas interminables, después letreros de liquidación, cartel de se traspasa, cambio de dueño, cartel de se alquila y por último el escaparate vacío o cubierto con papel, y el cartel de se alquila desteñido por el sol.

Se trata de una ciudad pequeña, costera, de las que viven casi exclusivamente del turismo. Un sector peligroso para tenerlo como piedra angular, ya que un año vienen montones de extranjeros que no notan la crisis, pero al siguiente te toca un verano de mochileros low cost, y te hunden.
En invierno el ambiente es escaso, y en verano cada vez más te encuentras un julio medio vacío y un agosto en el que no cabe un alfiler, hasta dar asco ir por la calle, y no digamos bajar a la playa.

Ahora estamos en enero, y están sólo los que viven aquí todo el año, y los que estamos de paso.

Y yo recorro las calles por las que iba a inglés cuando tenía 15 años, y no las reconozco.
Da mucha pena. Ves tiendas que llevaban veinte años en el mismo sitio, en las que habías entrado alguna vez, y de las que no queda nada. Zapaterías, bares, tiendas de ropa, la tienda en la que te hiciste las fotos de la comunión... Decenas de escaparates vacíos en la calle principal, y auténticos callejones fantasma en los que sólo hay portales de viviendas junto a locales cerrados.

Y se me encoge el corazón al pasar junto a mi librería favorita y ver el escaparate vacío... para luego respirar al darme cuenta de que sólo están cambiando los libros. Por ahora, al menos, porque no hay comercio a salvo.

¿Cómo se llega a esto? ¿Cómo una ciudad pierde más de la mitad de los negocios de su centro?

No hay un solo motivo, y supongo que cada lugar tiene sus peculiaridades, pero las razones principales son evidentes si se piensa un poco:

Por una parte, los grandes centros comerciales. En muy poco tiempo han abierto dos enormes áreas comerciales en los alrededores. Macro tiendas con todas las franquicias de moda y restauración imaginables, al lado de grandes superficies como Decathlon, Ikea, Media Markt...
Y claro, ante tanta oferta concentrada, el grueso de la población prefiere ir a una gran superficie en la que tiene tres zapaterías una al lado de otra antes que ir a la tienda de Puri, que lleva vendiéndote los zapatos desde que usabas patucos. Hay más oferta, y normalmente los productos son más baratos (Puri tiene menos margen para bajar precios que Amancio Ortega y compañía).

Por otra parte tenemos la política económica de los dos últimos gobiernos españoles, que se han cargado el consumo. Sueldos más bajos, IVA e IRPF más altos, proliferación de contratos basura, 6 millones de desempleados y bancos que no dan un euro así los maten, conllevan que la gente tienda a cerrar el puño y ahorrar todo lo posible. Es decir, si antes ibas de paseo por el centro, merendabas en una cafetería y te comprabas un fulard bonito en una tienda, hoy paseas por el centro, sí, pero luego te vas a merendar a tu casa. O no meriendas, que tampoco pasa nada.
Y, si tienes que hacer compras, te vas al centro comercial, que es más barato, compras las tres cosas que necesitas, y te vas. No te complicas.

Sobre esto es importante entender una cosa: Si no hay consumo no hay movimiento de dinero, cierran empresas, se echa a más gente y de la crisis no salimos en la vida por mucho que Merkel nos dé latigazos en la galera. Y el consumo se estimula bajando impuestos y dando ayudas a las PYME, ayudas de verdad. Pero bueno, Mariano, tú y tu colega Cristóbal sabréis.

Mientras tanto, del centro de esta ciudad, como de los de muchas otras, seguirán desapareciendo los pequeños comercios, haciendo que la vida del lugar languidezca y se empobrezca, dañando la economía local hasta que sea casi imposible restaurarla.

Pero, ¿qué más da? Si el 2014 es el año en el que saldremos de la crisis, ¿no?



1 comentario:

  1. Es toda una pena, yo cada vez que he estado bajando a Marbella he vivido exactamente lo mismo que tú relatas. La calle donde he vivido toda mi infancia cuando iba al Conservatorio, el ultramarinos de Maruja donde te comprabas las patatas de media tarde, o Moderna donde ibas a comprarte las 3 tonterías para Teatro han desaparecido; incluso la tienda de música donde yo compré todo mi material del Conservatorio durante 10 años de mi vida, ya no existe. Es muy muy triste y a mi especialmente, que mis padres viven del pequeño comercio, me asusta y mucho, porque veo que gente que ha luchado toda la vida por un trabajo están llegando asfixiados a la jubilación y eso si llegan; y lo que es peor ¿qué les espera cuando lleguen? Bueno, no me enrollo más que va a parecer que es mi blog xD Muchas gracias por todas tus entradas, tus fans americanos te seguimos desde el país de la hamburguesa donde todas estas cosas suenan, tristemente, a una lejana pesadilla.

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